La envidia: Cómo reconocer a una persona envidiosa.

La envidia. Cómo reconocer a una persona envidiosa

Todo el mundo ha sentido envidia en alguna ocasión, pero ¿cuándo ésta se vuelve preocupante? Las personas envidiosas ven reducida su calidad de vida y muchas veces ni siquiera son conscientes de que lo son y que ello se ve reflejado en su comportamiento.

¿Qué es la envidia?

La envidia es un sentimiento de dolor y frustración que surge al no tener aquello que posee otra persona y que uno no ha conseguido (dinero, relaciones sentimentales, atractivo físico, éxito laboral…). Dicho término proviene del latín invidere, que significa ver con malos ojos, pues la persona ve con malos ojos las posesiones, las cualidades y/o los éxitos ajenos, ya que provocan en ella profunda insatisfacción al verse poco valiosa en comparación con el otro. La envidia es, por lo tanto, una emoción social que deriva de la comparación negativa con iguales, es decir, de personas de la misma clase social o del grupo de referencia con el que se identifica.

Cabe destacar que la envidia no consiste únicamente en desear lo que los demás tienen: lo que caracteriza principalmente a la envidia es el deseo de que el otro no tenga lo que uno desea, de que su éxito sea sólo mera apariencia.

“El envidioso desea que el otro deje de tener lo que él desea”.

Por ello, la persona envidiosa tiende a infravalorar el éxito ajeno, atribuyéndolo a factores externos como los contactos o la suerte, haciendo una lista mental de desventajas o incluso aventurándose a vislumbrar su futuro fracaso. Evidentemente, todo ello genera hostilidad hacia el envidiado, que puede llegar a ser castigado psíquica e incluso físicamente por la persona envidiosa debido a su gran frustración y experiencia de privación y carencias acumuladas.

El envidioso siente agresividad hacia la otra persona

El envidioso siente hostilidad hacia la otra persona.

Diferencia entre envidia y otras emociones.

Existen determinadas situaciones que pueden provocar emociones que guardan cierta similitud con la envidia, complicando su discernimiento. En ocasiones, las personas afirman sentir envidia por las cualidades o éxitos de otras personas.

Si bien es cierto que hay un deseo de emular a la persona, no se trata de envidia, sino de una admiración que provocaría un deseo de superación. A veces, también se puede criticar al sentir indignación por un éxito ajeno, lo cual no tiene por qué deberse a un sentimiento de envidia, sino que puede haber razones objetivas y fehacientes de una injusticia.

“La admiración por los éxitos ajenos, que genera un impulso de autosuperación, no puede confundirse con la envidia”.

Asimismo, tampoco ha de confundirse la envidia con el disgusto que puede generar el conocer el éxito de una persona que no resulta de agrado, pues la noticia, más que envidia, genera frustración.

Diferencia entre los celos y la envidia.

Como se ha comentado previamente, la envidia es la reacción negativa por no tener algo que otra persona sí posee; en cambio, los celos son la sensación que se produce ante la posibilidad de perder algo valioso a causa de una tercera persona.

En este sentido, conviene señalar que los celos suelen darse por motivos afectivos (p. ej. los niños ante la llegada de un hermano pequeño); mientras que la envidia puede deberse también a objetos materiales, cualidades y logros.

De esta manera, la emoción predominante en el celoso es el miedo a la pérdida de afecto; mientras que en el envidioso predomina el sentimiento de frustración al no poseer de aquello que otro sí tiene.

“No se deben confundir los celos con la envidia”.

Si bien es cierto que tanto los celos como la envidia pueden llegar a niveles patológicos, la persona envidiosa suele desarrollar cuadros depresivos por la tristeza y la rabia que le causan frustración, quedando estancada en su dolor y resentimiento, dirigiendo su malestar hacia la persona objeto de envidia para quitarle lo deseado.

Sin embargo, las personas celosas suelen tomar un papel más activo, pudiendo actuar de manera hostil e incluso violenta al dejarse llevar por la ira que le ocasionan esa tristeza y ansiedad ante la incertidumbre que les genera la situación, que no la persona.

Cómo reconocer a una persona envidiosa.

Existen una serie de rasgos y actitudes por las que se puede reconocer a las personas con envidia:

Actitudes que delatan al envidioso.

  • Elogia, pero minimizando los logros ajenos: Para demostrar que no sienten envidia estas personas suelen hacer cumplidos, aunque les delata su tendencia a ignorar o minimizar el éxito ajeno asociándolo a factores que nada tienen que ver con las habilidades personales que les haría perder en su propia comparación (p. ej. la suerte o la casualidad).
Al envidioso le gusta presumir ante los demás

Al envidioso le gusta presumir ante los demás

  • Alardea de su éxito, compitiendo con el de los demás: Curiosamente, las personas envidiosas sí consideran que sus logros se deben a sus propios méritos, de manera que procuran que los demás sean conocedores de los mismos para ser los más valorados.

“Es muy común en los envidiosos presumir de forma excesiva de sus logros o de sus posesiones.”

  • Desanima o da malos consejos: Las personas envidiosas no quieren que los demás alcancen el éxito que ellas mismas no han sido capaces de obtener, por lo que sabotean a los demás desanimándoles o incluso dándoles malos consejos intencionadamente.
  • Imita a la persona envidiada: Las personas envidiosas son muy competitivas y tienden a compararse constantemente con los demás. Por ello, tenderán a emular a la persona objeto de envidia, buscando superarla incluso en actividades que no sean de su gusto o interés (p. ej. ropa, deportes, forma de ser, amistades).
  • Critica: Cuando el éxito es ajeno, la persona envidiosa suele evitar participar en los momentos de celebración o minimizar los logros ajenos difundiendo rumores o criticando a la persona sin llegar a confrontarla directamente. Asimismo, recordará repetidamente su contribución para el éxito alcanzado o, incluso, rescatará logros mejores que acaba de alcanzar.

Otras actitudes.

  • Humilla: Si bien es cierto que la crítica puede ayudar al que yerra, las personas envidiosas dedican gran parte de su tiempo a señalar los errores de manera insensible e inoportuna. Esto lo hacen con el único propósito de mostrarse superiores ante el resto y excluir a sus competidores.

“El envidioso procura aprovechar la oportunidad de humillar y señalar los defectos de la persona envidiada”.

Además, estas personas pueden llegar a revelar las carencias y defectos ajenos a fin de destacar sobre el otro. También tienden a alegrarse y regodearse en el fracaso ajeno (en alemán incluso tienen un término para describir dicho sentimiento: schadenfreude).

  • Se aleja sin motivo aparente: Estas personas pueden mostrarse frías o comportarse de manera extraña cuando a uno le ocurren cosas positivas. La sensación de incomprensión es normal, pues muchas de estas personas se muestran cercanas, pero luego no dan el apoyo ofrecido, justificándose con una falsa actitud de asombro y pena, haciendo que el otro se sienta culpable.

¿Por qué se siente envidia?

La envidia surge fundamentalmente por un sentimiento de desigualdad, el cual puede haber sido fomentado por los padres al comparar excesivamente las cualidades de un niño con las de otro, primando la competitividad y la rivalidad en las relaciones, incluso entre hermanos. De esta manera, el niño crece en un ambiente altamente crítico y exigente, con celos y resentimiento hacia el envidiado, el cual ha sido catalogado como más válido y, por ende, más digno de afecto.  

Un sentimiento de desigualdad puede generar la envidia.

El sentimiento de desigualdad puede generar la envidia.

De esta manera, la envidia siempre nace del sentimiento de inferioridad, el cual es confirmado cada vez que los demás consiguen algo que uno mismo no ha logrado obtener. Esta comparación termina generando frustración y, en los casos más extremos, odio hacia el otro.

“Las continuas comparaciones de los padres entre sus hijos pueden generar sentimientos de inferioridad y envidia entre ellos”.

Así, estas personas terminan centrándose en los demás, obviando sus propias virtudes y aquellas habilidades que podrían desarrollar para alcanzar sus anhelos, de manera que no se hacen responsables de su porvenir, lo que merma lentamente su autoestima, alimentando más su envidia.

La personalidad del envidioso

Respecto a la personalidad, cabe destacar que tanto la soberbia como el egoísmo juegan un papel importante en la envidia. Esto se debe a que el egoísta desea poseerlo todo y no le presta importancia a los demás, y el soberbio se considera mejor que el resto y no acepta que otro pueda tener mejores cualidades o éxito.

Esta soberbia y egoísmo podrían explicar por qué se han asociado los estereotipos negativos, los prejuicios y la discriminación con la envidia: porque, bajo el prisma de una persona envidiosa, sería injusto que una persona considerada inferior tuviera más éxito que ella.

Por último, no se debe menospreciar la influencia cultural en el desarrollo de la envidia. Actualmente, las sociedades democráticas promueven un modelo de igualdad que puede generar frustración en ciertas personas, pues, aunque disfruten de los mismos derechos y oportunidades, cada persona tiene cualidades que la diferencian del resto de forma inmutable.

“En cierto modo, la sociedad actual promueve el sentimiento de la envidia”.

En resumen, la envidia se originaría por el deseo de vanagloria y el afán de posesión, que encontraría su explicación en el desconocimiento de las propias cualidades y límites, así como en el miedo a fracasar al considerarse superado en sus capacidades, ya que eso le convertiría en una persona vulnerable.

¿Cómo funciona el cerebro de una persona envidiosa?

El concepto de envidia no sólo ha sido objeto de debates filosóficos y morales, también ha llamado la atención de numerosos profesionales como economistas o neurólogos.

Respecto a la activación cerebral del cerebro envidioso, los investigadores del Instituto Nacional de Ciencias Radiológicas de Japón encontraron que cuando los participantes afirmaban sentir envidia se activaban zonas cerebrales implicadas en la percepción del dolor físico. En cambio, cuando la persona envidiada fracasaba en sus propósitos, el schadenfreude (la alegría maliciosa) provocaba la liberación de dopamina en áreas cerebrales del estriado ventral, activándose así el mecanismo de recompensa cerebral en proporción a la intensidad de la envidia percibida.

La envidia activa circuitos cerebrales.

La envidia activa circuitos neuronales en algunas zonas del cerebro.

Por otra parte, un grupo de psicólogos israelíes realizaron una resonancia magnética funcional a un grupo de voluntarios mientras realizaban un juego de azar. Así, observaron que algunos jugadores estaban contentos cuando, a pesar de haber perdido dinero, el jugador rival perdía más que ellos mismos.

“Los sentimientos de envidia activan determinados circuitos neuronales en el cerebro”.

De hecho, el estriado ventral -zona cerebral relacionada con la recompensa y el placer- se activaba en la misma medida que cuando era el propio sujeto el que ganaba, por lo que se alegraba por su éxito en la misma medida que por la derrota del rival a pesar de que esto no implicase su propia victoria.

Las consecuencias psicológicas de la envidia.

Diversos autores han planteado que el origen de la envidia se encuentra en los albores de la humanidad, pues el ser humano debía competir en la búsqueda de recursos y generar estrategias con las que conseguir la ventaja necesaria para sobrevivir.

El problema radica en que muchas personas desean unas cualidades o un estilo de vida por los que no luchan, centrando su atención en los otros en lugar de en lo que les falta a ellos para alcanzar sus metas. De esta manera, la envidia no estimula a la imitación como sí lo hace la admiración, sino que conduce al deseo de ver mermado el éxito ajeno en lugar de a mejorar ellos mismos para conseguirlo.

“El envidioso busca mermar el éxito ajeno, más que alcanzar el éxito propio”.

Esta forma de pensar termina generando frustración y rabia por el éxito ajeno. Todo ello refleja la falta de autoestima y el sentimiento de inferioridad que siente la persona envidiosa, que en ocasiones puede utilizar la ironía, la burla, la injuria y la presunción como estrategias de defensa de su propio ego. En los casos más extremos, la persona envidiosa puede llegar a tener reacciones más hostiles, llegando a rechazar a la persona envidiada o a tener un comportamiento agresivo debido a la ira contenida.

Trastornos psicológicos provocados por la envidia.

Asimismo, la envidia sostenida en el tiempo puede transformarse en resentimiento, lo que puede conducir a padecer trastornos depresivos al sentirse impotente ante la posibilidad de no ser capaz de conseguir lo deseado y entristecido por las propias carencias.

Además, la persona puede desarrollar problemas de estrés o ansiedad debido al desajuste emocional que le provoca la enorme diferencia entre su yo real y su yo ideal, entre cómo es y cómo desearía ser, esto es, la preocupación por su propio estatus. Por último, destacar que la persona envidiosa puede sentirse culpable por su hostilidad hacia el envidiado, por quien guarda resentimiento e incluso odio.

“La envidia cronificada puede llevar a la persona a padecer trastornos depresivos y de ansiedad”.

Si bien es cierto que la envidia es un sentimiento difícil de controlar, en la siguiente entrada del blog se ofrecerán una serie de pautas para aprender a gestionarla, tanto en el caso de que uno sea objeto de envidia como en el de que sea el que padece el problema.


Referencias bibliográficas.

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  • La envidia, mirar con malos ojos a alguien. (s. f.). Psicoadapta.
  • Morgado, I. (2018). La envidia y el cerebro del envidioso. El País. Enlace.  
  • Ruíz, J. J. (2016). Aspectos psicológicos de la envidia. Psyciencia. Enlace.  

 


 

Autora.

Mª Victoria Orbe Valls - Psicóloga Clínica

Mª Victoria Orbe Valls es psicóloga general sanitaria. Está graduada en Psicología por el CES Cardenal Cisneros (Universidad Complutense de Madrid), cuenta también con los másteres de Psicología General Sanitaria (Universidad Antonio de Nebrija) y Sexología Clínica y Terapia de Parejas (Instituto Superior de Estudios Psicológicos), así como con formación en Mindfulness y grafopsicología. En la actualidad compagina su actividad como psicóloga con la divulgación científica. Es colaboradora en el Blog de Nuestro Psicólogo en Madrid.


 

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