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Distintas clases de amor.

Pocas personas estarán en desacuerdo al considerar el amor como el principal generador de emociones en el ser humano. El amor se manifiesta de muchas y diversas formas. Cada una de ellas tiene sus características propias, pero en general todas comparten la intensidad del sentimiento.

Pocas clases de amor pueden ser tan intensos como el amor materno. Siempre se ha dicho que no hay más dolor más intenso que el de una madre cuando muere su hijo. El amor por la familia suele ser profundo y duradero. Hay otras muchas clases de amor, pero si hay una que destaca sobre las demás por su pasión e intensidad es el amor romántico.

El enamoramiento, el amor por nuestra pareja, el amor romántico es un auténtico torbellino de sentimientos que transforma por completo a los seres humanos.

Esta clase de amor, cuando la persona enamorada es correspondida, da los mayores momentos de felicidad. Por el contrario, cuando el amor no es correspondido, produce un dolor tan intenso, que puede hundir a la persona en una profunda depresión.

Ahora bien, aunque el amor es una fuente incesante de emociones, no siempre se ha manifestado de la misma forma a lo largo de la historia. Cada época tiene sus peculiaridades y a veces, nos puede costar trabajo entender las costumbres de los enamorados en tiempos pasados.

El Amor en la Edad Media.

Una de las épocas, en las que el amor aparece más mitificado es la Edad Media. Los caballeros y damas medievales han sido protagonistas de numerosas historias amorosas que nos han dejado una profunda huella.

Amor cortés, amor caballeresco, trovadores y romanticismo, el amor medieval sigue estando en el centro de la concepción moderna del amor.

Cuando pensamos en la Edad Media, poco a poco se nos va formando una imagen. Trovadores, juglares, caballeros, damas, dueñas, castillos e incluso temibles dragones, todo esto es muy romántico, ¿pero era verdaderamente en esta atmósfera donde florecía el amor?

El amor medieval: damas, caballeros y castillos.

El amor medieval: damas, caballeros, trovadores y castillos.

Etapas de la edad Media.

Se suele considerar la Edad Media en bloque, como el periodo puente entre antigüedad y la era moderna.

Pero, en realidad, la Edad Media se divide en tres etapas bien diferenciadas. Del año 500 al año 1000 o 1100 sabemos muy poco. Fue un periodo oscuro y bárbaro del que apenas nos han quedado testimonios escritos.

La alta edad media va del 1100 al 1300. Ésta es la época medieval más antigua de la que hayan llegado hasta nosotros testimonios escritos y muestras artísticas. El desarrollo de las artes en este periodo fue considerable y especialmente notable.

Finalmente, el periodo comprendido entre 1300 el 1500 marca el declive de la Edad Media y el inicio del Renacimiento.

El amor y las clases sociales.

Había en la Edad Media tres clases sociales bien diferenciadas: la nobleza, el clero y el pueblo. Es, sobre todo, en la primera de estas clases donde los escritores y cineastas han encontrado una gran fuente de inspiración para ofrecernos películas y novelas de ambiente medieval.

La nobleza se componía de los caballeros, los señores y las damas. El verano era una época llena de festividades y de torneos para diversión de los habitantes de los castillos en los que el pueblo también encontraba motivos de alegría. Durante este periodo del año, también se organizaban grandes partidas de caza.

Pero llegado el invierno, todo se volvía aburrido y glacial, sobre todo en aquellos grandes castillos de piedra. Era el momento en que los señores y caballeros partían a la guerra o a las cruzadas a los países paganos para mayor gloria de Dios. Por una u otra razón ya tenían una buena excusa para la aventura.

Juglares y trovadores.

Las damas y dueñas se acostumbraban mal a estas partidas. Esta es la razón por la que los juglares y trovadores iban de castillo en castillo cantando las epopeyas heroicas de los caballeros lejanos.

A estas epopeyas se las denominaba Cantares de Gesta. Pero, aunque esto era del agrado y gusto de las damas, no conseguía liberarlas de su hastío y aburrimiento; no les alegraba el corazón.

La leyenda dice que un famoso juglar llegó un día al ducado de Aquitania a cantar la gloria de los caballeros en su lucha contra los infieles. La señora, aburrida hasta la muerte de estas canciones guerreras, no le ofreció sino un pobre jergón y un poco de comida.

El juglar, para que le trataran un poco mejor, decidió agradar a la dama cantando sus virtudes. Ésta, que se llamaba Leonor de Aquitania, quedó encantada y retuvo al juglar a su servicio. Este tipo de canción se propagó rápidamente por todo el sur de Francia y dio lugar a lo que se llamaría el amor cortés.

Años más tarde, cuando Leonor de Aquitania, que era la madre de Ricardo Corazón de León, se instaló en el norte de Francia, llevó con ellas a numerosos juglares y trovadores que hicieron del amor cortés la forma oficial del amor en la edad media.

El amor cortés nace en la corte de Leonor de Aquitania

El Amor Cortés nació en la corte de Leonor de Aquitania

En la poesía galaico portuguesa ocupan un lugar destacado las cantigas de amor, de las que aún se conservan más de setecientas. Las cantigas de amor tienen como protagonista a un hombre que canta su amor por una dama.

El amor cortés.

El amor cortés se manifestaba como una violenta emoción que embargaba al caballero, resultado de su adoración por una dama. Inspirado por esta emoción, el cobarde se volvía repentinamente valeroso y el valiente aún más osado y decidido.

El buen caballero era una curiosa mezcla de orgullo y venganza. Para conquistar el amor de su señora debía luchar sin descanso en el campo de batalla. Se hacía con ello digno del amor de la dama.

Pero en el momento en que se deponían las armas para ir a reunirse con su amada, dejaba de ser digno de su amor puesto que había dejado de combatir. Eran un amor sin salida: el caballero estaba siempre en la guerra.

El amor cortés equivalía a amor imposible e inalcanzable. Lo que por otro lado, se ajustaba bastante a la realidad, puesto que las damas estaban ya casadas y los caballeros no tenía ninguna posibilidad de materializar sus deseos.

Durante las largas veladas de invierno, las damas y dueñas se reunían y hablaban de amor. Llegaron así a crear un código de ética muy estricto al que añadieron unos principios fundamentales.

Sometimiento a su dama.

El caballero debía estar totalmente sometido la dama. Ésta era superior y él debía hacerse merecedor de ella. Necesitaba para ello, una gran dosis de paciencia y de sufrimiento, unido a la realización de grandes hazañas.

Es de aquí de donde se deriva lo que hoy entendemos por galantería: dejar pasar a las damas primero, abrirle las puertas, dejarles el lado interior de la acera al caminar juntos, etc.

Seguidamente venía la cortesía. Todo debía hacerse con gran delicadeza y belleza. El arte de amar tenía todo un ritual: no era el acto lo importante, sino el sentimiento.

Las proezas guerreras del caballero se atribuían al ardor que le inspiraba la dama y no a su amor a la patria. Un caballero debía, siempre, estar dispuesto a demostrar su valor y coraje ante la amada.

Finalmente, por supuesto hubo adulterios, pese a que estaba fuertemente castigado por la iglesia en aquella época.

En realidad, a medida que el amor cortés se desarrollaba, las relaciones sexuales se fueron haciendo más importantes.

Trovadores y juglares cantando al amor cortés.

Trovadores y juglares cantando al amor cortés.

Entrega incondicional y sacrificios del enamorado.

El amor cortés es la base de la concepción moderna del amor. Era al mismo tiempo sensual, sentimental y sexual. El amor cortés exigía, asimismo, que se tuviera, cara al amor, la voluntad de aceptarlo todo y entregarse totalmente a él.

El caballero enamorado estaba dispuesto a cualquier tipo de sacrificio o renuncia, si ello servía para contentar a su dama. Esta concepción del amor se alimentaba de la poesía árabe. El amor era descrito por los poetas árabes como intoxicación emocional y era sinónimo de pérdida de uno mismo. Ahora bien, en la poesía árabe de la época hay una clara permisividad de la homosexualidad. Por el contrario, el amor homosexual era duramente castigado y perseguido por la Iglesia.

Cuando los caballeros no estaban en la guerra, organizaban torneos para complacer a las damas. Estos juegos, para ellos de gran diversión, eran también muy arriesgados puesto que se ponía en peligro la vida de los rivales. Pero los caballeros pagaban gustosos con su vida por conseguir una sola mirada de amor apasionado de su señora.

El amor cortés y el clero.

El clero tuvo un papel determinante en la evolución de la Edad Media. Era respetado y temido, siendo la única clase social verdaderamente erudita.

En aquellos tiempos, como ahora, la educación era muy cara y si hoy es sólo una parte de la población la que accede a la universidad, la proporción en la edad media era ínfima. A las pocas personas que sabían leer y escribir (algo muy complicado en la época) se les otorgaban dotes mágicas y por tanto ejercían una gran fascinación. El clero, único grupo social que accedía a la educación, era muy respetado.

La Iglesia afirmaba que todo lo concerniente a las actividades que pudieran conducir a un posible pecado, eran de su competencia. Evidentemente, el pecado principal, aparte del de renegar de la fe, era el pecado de la carne.

Para la iglesia el único amor permitido era el que se manifestaba dentro del matrimonio. El amor matrimonial tenía como finalidad principal la procreación. Toda actividad sexual, que no fuera encaminada a engendrar hijos, era una sexualidad pecaminosa.

La lujuria del clero en el arte medieval

La lujuria del clero en el arte medieval

Persecución de la sexualidad.

En una época determinada, el clero intentó que se hicieran leyes relativas a todo lo que concernía a “la sexualidad desviada” (casi toda, según ellos). Este intento fracasó porque la Iglesia no tenía el poder suficiente. Se creó entonces el derecho canónico que hoy es el derecho eclesiástico.

Paradójicamente, el medio en el que la Iglesia encontraba más dificultades para corregir a los pecadores era el propio clero.

En efecto, parece que las desviaciones sexuales abundaban en el seno de la iglesia. Los escritos de la época nos hablan de homosexualidad, de sodomía, de fugas nocturnas.

Había incluso códigos, en los que se consignaban las penas a las que se exponían los pecadores: por ejemplo, tres años de penitencia por tener relaciones incestuosas con la propia madre, dos años y medio por prácticas de bestialismo, dos años por masturbación y un año por travestismo.

Pero, en lo que al pueblo se refiere, estas historias les traían sin cuidado, ya que la iglesia sólo castigaba verdaderamente el adulterio.

La Edad Media fue también un periodo de contrastes. El amor que era refinado y cortés en la nobleza, se volvía vulgar y picaresco en las otras clases sociales. El amor cortés, que tanto cantaban juglares y trovadores para recreo de todos, pertenecía más bien a un plano idealizado que real.

En última instancia, el amor cortés solo se llevaba a cabo entre la clase dominante: la nobleza. El clero maldecía su práctica, mientras la nobleza lo ensalzaba. Pero una cosa sí era cierta: el amor, bendecido por unos, maldecido por otros, era el centro de todo, como lo sigue siendo hoy en día.

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