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La personalidad controladora: Relaciones tóxicas

    Personalidad controladora

    ¿Cómo puede identificarse una personalidad controladora? El cariño lleva inevitablemente a preocuparse por la otra persona, procurando lo mejor para ella. En ocasiones, este vínculo puede verse comprometido sin apenas tener conciencia de ello, pues la confianza dificulta percibir cuál es el límite entre el consejo genuino y el intento de influencia en el comportamiento ajeno.

    Personalidad controladora: Comportamientos característicos.

    Para identificar a las personas controladoras, puede ser de gran utilidad observar si tienen algunos de los siguientes comportamientos que enumeramos a continuación.

    Rasgos típicos de la personalidad controladora.

    • Critican constantemente a los demás: Los comentarios comienzan desde un nivel más sutil (p. ej., “déjame a mí, que no sabes hacerlo”), pero tienden a afianzarse con el tiempo, volviéndose más dañinos (p. ej. “es que no te enteras de nada”). Desvalorizar los éxitos ajenos y tachar al otro de incapaz, excepto cuando cumple el propio estándar de perfección, son algunos indicios de que una persona está intentando controlar a otra.
    • Suelen tener cambios de humor bruscos: Debido a la falta de tolerancia a la frustración, la persona controladora puede tener problemas para gestionar su ira. De esta manera, suele tener reacciones bruscas, mostrando malas maneras en situaciones de tensión, cuando las cosas no salen como ella quería.
    • El afecto y aprobación están sujetos a sus condiciones: Si bien es normal poner ciertos límites en las relaciones, esta persona sólo muestra afecto al otro cuando actúa conforme a sus deseos (“si me quisieras lo harías”).

    “Las personas controladoras no buscan la cooperación, sino que exigen un apoyo incondicional”.

    • Siempre tienen que tener la razón: La persona controladora necesita ganar todas las discusiones y tener la última palabra. Por ello, sus allegados pueden tildarle de hipócrita y soberbio, pues actúa como si tuviera la verdad absoluta y es prácticamente incapaz de admitir un error. Esto se debe a que la persona controladora cree que pueden tacharla de incompetente o tonta y echarle en cara el error en el futuro. En este sentido, puede decirse que no tiene término medio, al igual que sus reglas. Su inseguridad hace que precise demostrar que es una persona práctica, lógica e inteligente.

    Otros rasgos frecuentes de la personalidad controladora.

    • Usan la culpa para manipular: El controlador emplea la culpa para obtener lo que quiere del resto, pues el hacerle sentirse culpable hace que se sienta en deuda, amoldando su conducta a los intereses de la persona controladora (“has cambiado mucho, no me gusta la persona en la que te has convertido, eres un desagradecido”). Además de la culpa, estas personas pueden recurrir a la amenaza directa (p. ej. a través de la violencia verbal) o indirecta (con conductas pasivo-agresivas como los castigos) para conseguir sus propósitos.
    El controlador usa la culpa para manipular
    (1) – El controlador usa la culpa para manipular a la otra persona

    • No toleran ser cuestionadas: Creen tener siempre la razón y estar en lo correcto, por lo que perciben las preguntas acerca de las razones que sustentan su opinión como un ataque, por lo que se sienten ofendidas y responden a la defensiva. También les cuesta tolerar las opiniones y el estilo de vida ajeno cuando son diferentes a los suyos, pues creen que los demás están en un error, de manera que tienden a corregir a los demás en cualquier aspecto.
    • Imponen sus reglas, invadiendo el espacio ajeno: Los celos y la suspicacia pueden hacer que llegue a quebrantar los límites del otro, buscando conocer e influir en todos y cada uno de los detalles de su vida privada. Evidentemente, este tipo de conductas reflejan su dificultad para generar vínculos sanos con los demás, en los que el protagonista siempre termina siendo únicamente él mismo.
    • Sobreprotegen a la otra persona: Puede decirse que actúan con una actitud paternalista, tratando de influir en todas las decisiones y corrigiendo constantemente al otro, al creer que su deber es “no hacer perder el tiempo” o “hacer lo correcto para ti”. En este sentido, se muestran dominantes y no temen reprochar al otro su falta de criterio propio y de sólo hacer caso al resto a la hora de tomar sus decisiones.
    • Aíslan a la persona controlada: Una persona controladora desea que el otro esté disponible constantemente, mostrándose molesta cuando no es así. También tiende a interferir en las relaciones personales ajenas, al juzgar su adecuación y conveniencia, lo que suele hacer que el otro termine alejándose de sus amistades, familiares, etc.

     

    Cómo diferenciar la personalidad controladora de otros perfiles psicológicos con rasgos comunes.

    Cuando se habla de personas controladoras, suele venir a la mente el prototipo de persona manipuladora y dominante, que puede llegar a mostrarse agresiva cuando pierde los nervios porque no ha obtenido lo deseado. Sin embargo, las personas controladoras no son un grupo homogéneo que se comporta siempre de la misma manera:

    “las personas controladoras no tienen por qué ser agresivas verbal y físicamente, hay muchas formas de controlar a los demás, p. ej. a través de la manipulación”.

    Por ello, para evitar la confusión entre distintos perfiles, a continuación se detallan otros tipos de personalidad con rasgos comunes:

    Personas con un carácter fuerte.

    Los individuos con un carácter fuerte a veces son confundidos con personas controladoras. La diferencia sustancial reside en que la persona controladora es intransigente e intolerante, no permitiendo al otro tomar sus propias decisiones o ser ella misma.

    En cambio, las personas con un carácter fuerte o, como suele decirse, “con mucha personalidad” no buscan que el otro siga sus instrucciones, sino que les gusta exponer su opinión de manera sincera, sin tapujos, influyendo a la otra persona por su dialéctica en lugar de mediante la amenaza o de la manipulación.

     

    Persona con fuerte carácter no es igual a personalidad controladora
    (2) – Un fuerte carácter no es igual a personalidad controladora

    Personas con labilidad emocional.

    Hay personas que sufren cambios de humor rápidos y abruptos, lo que se conoce en psicología como labilidad emocional. En consecuencia, estos cambios drásticos de humor pueden hacer que la otra persona se sienta responsable por lo sucedido, culpabilizándose del malestar ajeno y buscando adaptar su conducta a las necesidades del otro.

    No obstante, las personas con labilidad emocional -que pueden llegar a mostrarse irascibles- no pretenden controlar al otro, sino que se sienten invadidas por sus emociones, siendo insuficientemente hábiles a la hora de gestionarlas.

    Personas envidiosas.

    Tal y como se comentó en otra entrada del blog, las personas envidiosas anhelan poseer aquello por lo que destacan los demás, deseando que el otro deje de tener el objeto de su deseo.

    A causa de su frustración, estas personas pueden mostrarse frías o comportarse de manera extraña cuando a uno le ocurren cosas positivas y criticar constantemente las conductas ajenas, lo que puede llevar al otro a sentir que el envidioso desea controlar su conducta.

    El lenguaje corporal de las personas controladoras.

    El lenguaje corporal es el medio de comunicación más genuino, pues transmite una información que difícilmente ha podido ser manipulada. Por ello, examinar el rostro, las manos y la postura corporal puede ayudar a conocer cuándo una persona está intentando controlar la situación.

    En primer lugar, es importante señalar que una persona controladora no siempre va a mostrar este lenguaje corporal, ya que éste depende de las circunstancias. No obstante, las personas utilizan estos gestos como apoyo, lo que les ayuda a recuperar la sensación de control.

    De esta manera, cuando alguien desea controlar determinada situación, su rostro tiende a mantenerse ciertamente impersonal y rígido, pues la persona busca mantener la comunicación bajo control, aunque no siempre lo consigue.

    Asimismo, las personas con un carácter dominante suelen fijar su mirada, incluso sin apenas pestañear, lo que puede llegar a resultar intimidante y desafiante, al igual que otras de sus expresiones faciales (p. ej. levantar el mentón, mostrando cierta altivez).

    “Las personas controladoras tienen un lenguaje verbal muy característico, su expresión corporal es tensa, transmitiendo altivez e incluso cierta impaciencia”.

    Respecto al lenguaje corporal, se trata de personas que suelen adoptar gestos que proyectan superioridad como colocar sus manos en su cintura, levantar los hombros y expandir el pecho. También pueden levantarse durante una discusión, de manera que sienten una sensación de mayor poder (p. ej. ellas pueden moverse, mientras que la otra persona les mira desde abajo, manteniendo limitados sus movimientos).

    Por otra parte, durante una discusión, es habitual que realicen movimientos rápidos e imprecisos con las manos, transmitiendo así una imagen de energía y contundencia. La persona controladora también muestra cierta tendencia a señalar al otro con el dedo índice, lo que condiciona el estado emocional del señalado al hacerle sentirse acusado por parte del otro.

    Lenguaje corporal de la persona controladora
    (3) – Lenguaje corporal de la persona controladora

    Consecuencias de mantener una actitud de control excesivo.

    Para algunas personas, tener el control de todas las situaciones les resulta una idea enormemente atractiva. Esto se debe a que les confiere una sensación de seguridad y fortaleza. Sin embargo, ambas sensaciones son una quimera, pues duran un instante, trayendo consigo fundamentalmente las siguientes consecuencias negativas:

    Ventajas e inconvenientes del exceso de control.

    • Estrés y ansiedad: Si bien el ir un paso por delante planeando cómo van a suceder las cosas calma el miedo, a largo plazo esa sensación de seguridad termina enganchando y no se permite que las cosas ocurran de manera natural, lo que finalmente provoca estrés e incluso ansiedad. Inconscientemente, la persona cree que sólo controlando cada aspecto de su vida satisfará sus necesidades.
    • Falta de tolerancia a la frustración: Cuando las cosas no salen acorde con lo planeado, la persona se sentirá especialmente frustrada, ya que su día a día transcurre de manera muy controlada, sin momentos de improvisación. Asimismo, dicha baja tolerancia a la frustración puede provocar episodios de ira.
    • Evitación de los cambios y cumplimiento estricto de las reglas: La situación sólo puede controlarse mediante estrategias conocidas. De esta manera, la persona intentará mantenerse en su zona de confort, procrastinando y bloqueándose ante cualquier necesidad de cambio, sin llegar a tomar una decisión que implique un riesgo, por mínimo que éste sea.
    • Inflexibilidad y exigencia: El no permitirse improvisar también hace que uno pueda terminar absorto en la rutina, sin permitirse vivir momentos emocionantes y espontáneos. Asimismo, este elevado nivel de exigencia puede conducir a sufrir depresión.

    Otras consecuencias.

    Otras consecuencias negativas que pueden derivarse del excesivo control son:

    • Baja autoestima: Las personas controladoras necesitan controlar la situación porque si no les invade el miedo de que no serán capaces de superar las distintas situaciones, por lo que los demás las devaluarán.

    “En realidad, las personas controladoras son muy vulnerables y utilizan el control para gestionar su miedo y baja autoestima”.

    Personalidad controladora con baja autoestima
    (4) – Personalidad controladora con baja autoestima
    • Problemas en sus relaciones con los demás: El mostrarse exigente e intransigente con los demás generará fricciones que irán desgastando la relación, llegando incluso a enfadarse con allegados al percibir éstos la relación como abusiva.
    • Agotamiento: Este punto toma especial relevancia en el ámbito laboral, pues la persona tiende a cargarse con excesivas responsabilidades al no ser capaz de delegar en otras personas por miedo a que no salga exactamente como ella quiere. De hecho, creen que las cosas sólo saldrán adelante si las hacen ellas mismas.

    Dada la relevancia de las consecuencias de mantener esta actitud de control hacia los demás, en un próximo artículo se hablará sobre cómo puede reconducirse esta situación.


    Referencias bibliográficas.


    Autora.

    Mª Victoria Orbe Valls - Psicóloga Clínica

    Mª Victoria Orbe Valls es psicóloga general sanitaria. Está graduada en Psicología por el CES Cardenal Cisneros (Universidad Complutense de Madrid). Cuenta también con los másteres de Psicología General Sanitaria (Universidad Antonio de Nebrija) y Sexología Clínica y Terapia de Parejas (Instituto Superior de Estudios Psicológicos), así como con formación en Mindfulness y grafopsicología. En la actualidad compagina su actividad como psicóloga con la divulgación científica. Ha trabajado como colaboradora en este Blog.


    Otros artículos de la misma autora.


    Galería de Imágenes.

    • Imagen de Portada de Alex Yomare en Pixabay.
    • (1) – Imagen de Kalhh en Pixabay.
    • (2) – Imagen de Lukas en Pixabay.
    • (3) – Imagen de Tumisu en Pixabay.
    • (4) – Imagen de Raphael en Pixabay.

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