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Historia de la depresión: de los dioses antiguos a la psiquiatría moderna

Revisado por: Gerardo Castaño Recuero el 17 noviembre, 2025 – Psicólogo sanitario experto en TFE. Colegiado nº M-27809
La historia de la depresión desde la antiguedad hasta nuestros días

La depresión, en la actualidad reconocida como un trastorno de salud mental, no es un fenómeno exclusivo de la modernidad. A lo largo de la historia de la humanidad, el sufrimiento psicológico profundo, el abatimiento y la falta de ganas de vivir han sido descritos de diversas maneras, reflejando la evolución de nuestro entendimiento del bienestar mental.

La depresión a través de la historia.

A pesar de su gran trascendencia social, la depresión no es una enfermedad nueva, específica de nuestra sociedad. La depresión ha estado presente a lo largo la historia y el hombre ha tratado de combatirla con distintos métodos y desigual fortuna.

Los antidepresivos son los fármacos utilizados para el tratamiento de la depresión. Existe un antes y un después en la historia de la depresión, que viene marcado por el descubrimiento de la iproniazida, el primer antidepresivo, que empezó a usarse clínicamente en 1957.

Por lo tanto haremos, en primer lugar, un repaso de la historia de la depresión desde el neolítico hasta la aparición de los antidepresivos, y en una segunda entrega hablaremos de la historia de los antidepresivos hasta nuestros días.

*** Referencias Bibliográficas: [9][16][18][20][22]

Historia de la depresión: Neolítico

Tenemos que recurrir a la arqueología para encontrar los primeros vestigios sobre la posible existencia de la depresión en la antigüedad, remontándonos miles de años atrás.

La primera pista: El pensador de Hamangia

En la historia de la depresión, la primera pista más célebre y visualmente impactante que tenemos es una pequeña estatua de terracota. Se la conoce como «El Pensador de Cernavoda» (o de Hamangia), encontrada en Rumanía y datada en la cultura Hamangia, hace aproximadamente unos 7.000 años.

Estatuilla neolítica que muestra a un hombre sentado en actitud reflexiva y melancólica
(1) – ¿El pensador de Hamangia tenía depresión?

La figura es magnética. Es un hombre sentado en un pequeño taburete, con los codos en las rodillas y la cabeza descansando pesadamente entre sus manos. Su postura nos resulta increíblemente familiar, casi una copia prehistórica del «Pensador» de Rodin.

Lo que sabemos es que esta figura, junto con su contraparte femenina («La Mujer Sentada»), fue encontrada en una necrópolis, es decir, un cementerio. Su postura es universal y evoca, sin lugar a dudas, introspección, agotamiento o duelo.

Esto nos dice algo crucial: la gente del Neolítico ya no solo se representaba cazando o en rituales de fertilidad; también se paraban a pensar y a sentir. La tristeza o la reflexión profunda eran emociones lo suficientemente importantes como para ser inmortalizadas en arcilla y acompañar a los muertos.

Es tentador, al ver la estatuilla, pensar en ella como un «Dios Melancólico» y suponer que la gente que sufría de depresión le rezaba o le hacía ofrendas buscando curación. La realidad es que no tenemos absolutamente ninguna prueba de ello. Es una interpretación moderna. Es una prueba de que la tristeza existía y se expresaba, pero no necesariamente de que existiera un culto al «dios de la depresión».

Trepanación de cráneos humanos

Si el sufrimiento mental existía, ¿aquellos hombres intentaban curarlo? Aquí es donde encontramos la evidencia más dramática y escalofriante: la trepanación: Desde el Neolítico, y por todo el mundo, encontramos cráneos con agujeros redondos perfectamente perforados. Estos cráneos podrían ser la prueba de los primeros tratamientos en la historia de la depresión.

¿Qué podemos saber con certeza?

Sabemos que lo hacían. Y sabemos que eran cirugías sorprendentemente exitosas: muchos cráneos muestran claros signos de curación en los bordes del hueso, lo que significa que el «paciente» sobrevivió semanas, meses o incluso años a la operación. No era, por tanto, un simple ritual funerario.

¿Qué es menos probable (pura especulación)?

Aquí la gran pregunta es el «por qué». No dejaron manuales de medicina. La teoría más aceptada es que estas operaciones se realizaban para liberar la presión o los «malos espíritus».

Imaginemos a un chamán neolítico enfrentándose a alguien con un sufrimiento que no comprende: un dolor de cabeza insoportable (migraña), convulsiones (epilepsia) o, por qué no, una depresión severa con síntomas psicóticos o un cambio radical de comportamiento. Para su mentalidad, la causa solo podía ser un espíritu o una presión maligna atrapada en la cabeza. La solución lógica era «abrir una ventana» para dejarlo salir.

No podemos afirmar que la trepanación fuera «el tratamiento neolítico para la depresión», pero es casi seguro el único procedimiento que tenían para intentar aliviar un sufrimiento mental o neurológico grave que no entendían. Era una medicina drástica para tiempos desesperados.

*** Referencias Bibliográficas: [11][12][20][23]

Historia de la depresión en el antiguo Egipto

Si seguimos avanzando en la historia de la depresión nos encontramos con la civilización del antiguo Egipto. Los egipcios, alrededor del 2000 a.C., utilizaban términos muy visuales para referirse a los estados depresivos, como «Fiebre del corazón» o «Corazón seco». Esta terminología no era casual. Los antiguos egipcios ubicaban en el corazón, al que llamaban ib, la sede de la parte anímica o psíquica de la persona.

Para los egipcios, el ib no era solo un órgano físico, sino el centro de la inteligencia, la memoria, las emociones y la voluntad. Creían que era el registro de todas las acciones de una vida, y que sería pesado en el Juicio de Osiris tras la muerte. Por lo tanto, un «corazón seco» no era una simple metáfora, sino una crisis existencial y espiritual que afectaba al núcleo de la identidad del individuo.

Esta visión del ib explica por qué la enfermedad y la depresión, para ellos, tenía un carácter sagrado o mágico.

«La melancolía se interpretaba a menudo como un desequilibrio en el Ma’at (el orden cósmico y la justicia), una aflicción enviada por los dioses, o el resultado de influencias mágicas malignas».

Por ello, el tratamiento no podía ser puramente físico; requería la intervención de sacerdotes-médicos que supieran cómo apaciguar a las deidades y restaurar la armonía espiritual del paciente.

Hombre deprimido del antiguo Egipto arrodillado en un templo, rezando con gesto de angustia ante los dioses.
(2) – Historia de la depresión: Un ciudadano egipcio implora a sus dioses en el templo

Un caso de depresión extraordinariamente conocido aparece documentado en el texto «Diálogo del desesperado con su alma» (también conocido como «Disputa de un hombre con su Ba«). En él, un hombre sumido en un profundo pesimismo y sufrimiento debate consigo mismo:

“Mi alma se indigna contra mí, porque no la he escuchado y porque me arrastró hacia la muerte antes de llegar el tiempo y me arrojó al fuego”.

Este texto es una prueba literaria de que los egipcios reconocían y reflexionaban sobre la desesperanza extrema, la depresión e incluso el suicidio. Muestra un debate interno donde el hombre, asqueado del mundo, anhela la muerte, mientras su Ba (un aspecto de su alma) intenta disuadirlo. Esto demuestra una comprensión sofisticada del sufrimiento psicológico como un estado de alienación y angustia. La «Disputa de un hombre con su Ba» podría ser considerado como el primer texto de la historia de la depresión.

El tratamiento de la depresión en el antiguo Egipto se centraba en una especie de terapia del sueño o incubatio. El paciente pasaba un día (o más) en un templo, donde se le administraban hierbas medicinales y sustancias que le inducían el sueño. Los sacerdotes entonces interpretaban las visiones y los sueños del paciente, buscando revelaciones divinas sobre la causa y la cura de su mal.

Gozaron de una gran popularidad para estos fines algunos templos, que funcionaban como auténticos centros de sanación integral, como el templo de Philae y el de Imhotep, en Saqqara (cerca de Menfis).

Imhotep, un erudito y arquitecto histórico que fue deificado como patrón de la medicina, atraía a peregrinos que buscaban que el propio dios se les apareciera en sueños. A estas interpretaciones oníricas, se le sumaban actividades terapéuticas complementarias, como la danza, la pintura o la música, buscando restaurar el equilibrio completo del paciente.

*** Referencias Bibliográficas: [9][20][22][23]

La depresión para hititas y judíos

Tras los egipcios, en nuestro paseo por la historia de la depresión, nos encontramos con dos grandes culturas: hititas y judíos. Aunque geográficamente cercanos, los hititas y los antiguos judíos tenían enfoques distintos para el sufrimiento mental, ambos profundamente arraigados en su visión del mundo.

Los hititas (que florecieron entre 1600 y 1178 a.C.) veían la depresión y la desesperanza como el resultado de una impureza espiritual o una influencia mágica maligna. Para combatirla, no recurrían a la medicina en un sentido moderno, sino a complejos rituales religiosos de purificación.

Los hititas creían que la persona afligida estaba «contaminada» y necesitaba ser limpiada ritualmente para restaurar el orden. Un ritual típico podía implicar que el enfermo se diera un baño nocturno, se afeitara todo el cuerpo y fuera ungido con aceites purificadores.

Este proceso culminaba con una ofrenda de alimentos, a menudo dispuesta dentro de un círculo mágico, diseñada para apaciguar a los dioses o expulsar la entidad maligna que causaba el mal.

Para los antiguos judíos, tal como se documenta en la Biblia Hebrea, el sufrimiento profundo y la melancolía se entendían casi exclusivamente en un contexto teológico. La enfermedad depresiva se consideraba, en la mayoría de los casos, una consecuencia directa del pecado. No era una simple tristeza, sino la manifestación de una ruptura en la alianza de la persona con Dios.

Se pueden encontrar descripciones vívidas de esta angustia en varios libros bíblicos, que ilustran el sufrimiento de sus personajes en esta historia de la depresión:

  • Las Lamentaciones expresan el dolor colectivo de una nación.
  • El libro de Job explora el sufrimiento de un hombre justo, debatiendo si toda desgracia es un castigo por el pecado.
  • Los Salmos están repletos de lamentos personales, donde el salmista clama a Dios desde la desesperación (por ejemplo, «Mi alma está abatida dentro de mí»).
  • Un caso claro de melancolía patológica es el del rey Saúl, quien, tras desobedecer a Dios, es atormentado por un «espíritu maligno» que le provoca paranoia y episodios de ira. Finalmente, el rey Saúl se suicida arrojándose sobre su espada. En el libro de Samuel podemos leer:

«Entonces tomó Saúl su propia espada y se echó sobre ella».

El rey Saúl, abatido y con la espada en la mano, medita desesperado al caer la tarde en el campo de batalla.
(3) – El rey Saúl, sumido en una profunda desesperación, aferrado a su espada antes de su trágico final.

Dado que el origen de la enfermedad era el pecado, la curación no se buscaba en remedios físicos, sino en la restauración espiritual. La única cura posible, por tanto, solo podía venir de Dios, y el camino para obtenerla era a través del arrepentimiento, la oración y la súplica por la gracia divina.

*** Referencias Bibliográficas: [9][22][23]

Historia de la depresión: China

La medicina tradicional de la antigua China (hace unos 2.300 años) desarrolló una comprensión de la depresión basada en los conceptos de energía y equilibrio orgánico, tal como se registra en textos fundacionales como el «Clásico de Medicina del Emperador Amarillo» (Huangdi Neijing).

La depresión en la antigua China

A diferencia de las visiones mágicas o teológicas de otras culturas, la explicación china era fundamentalmente fisiológica, aunque ligada a la metafísica. Los trastornos de tipo depresivo se consideraban el resultado de una disfunción en el flujo de la energía vital, conocida como «Qi» (o «Chi»).

Así pues, nos encontramos ante la primera gran civilización, dentro de la historia de la depresión, en considerar que el origen de esta enfermedad es, salvando algunos matices, fisiológico.

Específicamente, los desequilibrios que provocaban los síntomas depresivos e insomnio se atribuían a:

  • Calentamiento Excesivo de la Sangre: Una condición que generaba agitación.
  • Alteración del Meridiano del Corazón: El Corazón no era solo un órgano físico, sino la morada del «Shen» (el espíritu/mente). Una alteración en su canal energético (meridiano) causaba inestabilidad emocional.
  • Obstrucción del «Qi»: Un estancamiento en los canales de energía vital, particularmente aquellos asociados con órganos clave en la gestión de las emociones, como el hígado (vinculado a la ira y la frustración), el bazo (vinculado a la preocupación) o el riñón (vinculado al miedo).

«El estancamiento del Qi del hígado, provocado por frustraciones o estrés, era una de las causas más comunes de lo que hoy llamaríamos depresión o tristeza crónica».

Tratamiento y farmacopea de la depresión

El tratamiento se centraba en restaurar el flujo armonioso del Qi y disipar el calor excesivo. Aunque se utilizaban técnicas como la acupuntura, el pilar fundamental del tratamiento era la farmacopea herbal.

Se usaban complejas fórmulas diseñadas para actuar directamente sobre los meridianos afectados y corregir los desequilibrios orgánicos. Un ejemplo muy conocido y aún utilizado es el bebedizo llamado «Jia Wei Xao Yao Wan» (Píldora de la Vía Libre Aumentada).

Este compuesto se prescribía específicamente para la depresión causada por el estancamiento del Qi del hígado y la deficiencia de la sangre. Sus ingredientes, que incluían desde jazmín, menta y rábano, hasta complejas raíces y cortezas, estaban destinados a calmar el espíritu (Shen), eliminar la obstrucción (Qi) y nutrir la sangre, restaurando así el equilibrio emocional del paciente.

Absolutamente. Aquí tienes la sección sobre la Antigua Grecia, reescrita y ampliada, fusionando tu texto original con nuevos detalles para enriquecer la explicación:

*** Referencias Bibliográficas: [9][12][18][20]

Historia de la depresión en la Antigua Grecia

La comprensión de la enfermedad en la Antigua Grecia estuvo dominada por la Teoría de los Cuatro Humores, una doctrina cuyo precursor fue Empédocles (siglo V a.C.) y que alcanzó su máximo desarrollo e influencia con Hipócrates (460-377 a.C.). Se perpetuaría desde la época griega hasta la Ilustración abarcando un amplísimo periodo de la historia de la depresión.

Esta teoría sostenía que la salud era un estado de perfecto equilibrio entre cuatro fluidos corporales fundamentales: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra.

El Origen de la Melancolía

Para Hipócrates, cualquier alteración o desequilibrio en la proporción de estos humores era la causa directa de la enfermedad física o mental. Esta mezcla de humores también determinaba el temperamento de la persona, dando origen a cuatro tipos básicos: el colérico, el flemático, el sanguíneo y el melancólico.

La melancolía, término griego para lo que hoy conocemos como depresión, se consideraba específicamente una alteración del exceso de bilis negra. Esta bilis negra se creía que era producida por el bazo o el hígado. Hipócrates describía al individuo melancólico como sensible, pasivo y tendente al pesimismo, y se creía que si esta bilis negra se calentaba o se acidificaba, podía provocar estados de locura más severos.

Hipócrates explica la teoría de los cuatro humores a un joven melancólico, junto a vasijas de sangre y bilis negra.
(4) – Historia de la depresión: Hipócrates, padre de la medicina, interpreta la melancolía como efecto del exceso de “bilis negra”

Tratamiento y «Crisis»

El objetivo del médico hipocrático era restaurar el equilibrio humoral perdido. Esto se hacía provocando la «crisis», que era la expulsión del humor en exceso del cuerpo en el momento adecuado.

El tratamiento consistía en ayudar al cuerpo a evacuar la bilis negra mediante vías naturales. Esto incluía la aplicación de hierbas y medicamentos destinados a provocar sudoración, orina, heces, o incluso vómitos y sangrías (flebotomía).

Para Hipócrates, la clave del éxito médico radicaba en saber aplicar estos métodos purgativos en el momento «crítico» de la enfermedad, facilitando la limpieza del cuerpo y la vuelta a la armonía humoral.

Aunque su teoría estaba equivocada en términos biológicos modernos, la contribución de Hipócrates fue fundamental: desvinculó la enfermedad de la intervención divina o mágica, postulando que la melancolía era una enfermedad natural con una causa física identificable, un concepto que sentó las bases de la medicina occidental.

*** Referencias Bibliográficas: [1][2][3][4][9][21][23]

Historia de la depresión en la Edad Media

La Edad Media fue un periodo de transición donde la herencia médica grecorromana se fusionó con la teología cristiana. Así, la Teoría de los Humores y el concepto clásico de la melancolía persistieron y se mantuvieron vigentes hasta bien entrado el siglo XVII. Sin embargo, el fenómeno de la tristeza profunda y la desesperanza adquirió una nueva dimensión moral y espiritual.

La Acedía: Un pecado y una enfermedad del Alma

Durante la época medieval, el término médico «Melancolía» convivió con el concepto de «Acedía» (o pereza espiritual). Este vocablo fue propuesto inicialmente por los Padres del Desierto y popularizado por el monje Juan Casiano (Jean Cassien, siglo V) en su obra Sobre el espíritu de la tristeza.

Para Casiano, la acedía era sinónimo de ansiedad, hastío o tristeza profunda, y la consideraba una enfermedad producida por la pérdida de la fe en Dios o una negligencia en el cumplimiento de los deberes espirituales. Vemos, como este concepto de la acedía, vuelve a introducir a la religión en la historia de la depresión.

La acedía se identificó como uno de los ocho (y luego siete) pecados capitales. Se manifestaba en forma de una profunda desgana o taedium vitae (cansancio de la vida), que afectaba especialmente a los monjes, quienes sentían una aversión total a la oración y al trabajo.

Tratamientos Duales

La coexistencia de la melancolía (médica) y la acedía (teológica) obligaba a un enfoque de tratamiento dual:

  1. Tratamiento Espiritual: En el caso de la acedía, la curación residía en el retorno a la disciplina y la fe. El tratamiento esencial era la oración, el trabajo manual (como antídoto al ocio contemplativo), y la obediencia estricta a la regla monástica para recobrar el fervor espiritual y la voluntad.
  2. Tratamiento Físico: Cuando el mal se diagnosticaba como melancolía, los médicos seguían los preceptos de Galeno (el gran sistematizador de la teoría humoral). Esto implicaba el uso de dietas, purgas, sangrías y el uso de hierbas (como el eléboro negro, ya usado por los griegos) para expulsar el exceso de bilis negra que se consideraba la raíz del problema.

La Edad Media, por lo tanto, no solo mantuvo el origen físico de la depresión, sino que añadió una capa moral que influiría en el estigma asociado a los trastornos mentales durante siglos.

*** Referencias Bibliográficas: [9][11][13][21][23]

Historia de la depresión: Monje medieval abatido por la acedía, sentado sin fuerzas en su celda.
(5) – La acedía se manifestaba en los monjes como un profundo cansancio de la vida y rechazo a la oración y al trabajo.

Historia de la depresión en el Renacimiento

El Renacimiento (siglos XIV-XVI) se caracterizó por la recuperación de los textos clásicos y un profundo humanismo, pero, curiosamente, aportó pocas novedades radicales sobre la naturaleza de la depresión. En lugar de descartar la sabiduría antigua, la medicina renacentista mezcló la Teoría Humoral de Hipócrates con nuevas concepciones astrológicas y cosmológicas.

La melancolía y el temperamento saturnino

La melancolía se consolidó como el temperamento más estudiado y complejo de la época. Para los médicos y humanistas, el estado melancólico se asoció íntimamente con el planeta Saturno, considerado el astro más frío, oscuro y lejano. Esta conexión elevó al melancólico de simple paciente a un arquetipo cultural.

La visión era ambivalente: el individuo influido por Saturno (el melancholicus o saturnino) era visto como alguien lento, solitario y propenso a la tristeza (el aspecto negativo de la depresión).

Al mismo tiempo, esta influencia planetaria se creía que otorgaba una capacidad de reflexión profunda, genialidad y creatividad. Esta dualidad hizo de la melancolía el signo distintivo de los intelectuales, artistas y filósofos de la época. En la historia de la depresión, no deja de ser curioso que, en esta época de grandes genios, artistas y humanistas, el origen religioso de la enfermedad fuera desplazado por la teoría planetaria, que poco o nada parece tener que ver con la depresión.

La influencia dual de la Religión y la Teología

A pesar del auge del humanismo, la marcada influencia de la religión persistió, especialmente en el diagnóstico de los trastornos mentales. Muchos pensadores debatían sobre si la tristeza era producto del humor (bilis negra) o si era una manifestación del mal, como la vieja acedia medieval.

En este contexto, la esfera de acción del médico se vio desafiada por el teólogo. Figuras como Pedro de Mercado (siglo XVI), en su influyente obra De Melancolía, afirmaron que, dada la sutil línea que separaba la melancolía patológica del pecado o de la posesión demoníaca, era el teólogo quien debía diagnosticar y determinar la naturaleza última del sufrimiento, decidiendo si el tratamiento debía ser médico (purgas) o espiritual (exorcismos o penitencia).

El Renacimiento, por lo tanto, no solo mantuvo viva la bilis negra, sino que la dotó de un significado cultural y cosmológico, haciendo de la persona melancólica un ser potencialmente genial, pero siempre al borde de la desesperación o la condena espiritual.

*** Referencias Bibliográficas: [6][7][8][9][10][13][21]

De la Ilustración al Siglo XX: El Nacimiento de la Psiquiatría

El periodo que abarca desde la Ilustración hasta el inicio del siglo XX fue testigo del abandono progresivo de la Teoría Humoral y el surgimiento de la psiquiatría como disciplina médica. La melancolía comenzó a ser vista, no solo como un desequilibrio de humores, sino como una enfermedad del cerebro y de la mente.

Historia de la depresión: La Ilustración y el Manicomio

Durante el siglo XVIII (la Ilustración), la medicina se orientó hacia el empirismo y la clasificación. La melancolía (o tristeza profunda) fue incorporada a grandes sistemas de clasificación de enfermedades y se le dio el nombre formal de «Monomanía» (una locura parcial centrada en un único tema), aunque la bilis negra aún era referenciada.

La gran novedad de esta era fue el tratamiento moral. Figuras como Philippe Pinel en Francia y William Tuke en Inglaterra lideraron la reforma de los manicomios.

Pinel propugnó «desencadenar» a los pacientes y tratarlos con respeto, trabajo y terapia ocupacional. Tuke fundó el York Retreat, un centro que aplicaba el tratamiento moral para fomentar la autodisciplina y el self-control en un ambiente tranquilo, marcando un hito en la humanización del cuidado mental.

Philippe Pinel libera de sus cadenas a los internos de un manicomio, símbolo de la reforma ilustrada de los asilos.
(6) – Historia de la depresión: Con la Ilustración, médicos como Pinel iniciaron la reforma de los manicomios

Siglo XIX y el Romanticismo: Hacia la Neuropatología

A principios del siglo XIX, la melancolía se convirtió en una afección característica del Romanticismo, donde la tristeza profunda fue a veces idealizada como un signo de sensibilidad y genialidad. Sin embargo, en el ámbito médico, la investigación se volcó en el cuerpo.

Es en esta época cuando en la historia de la depresión se produce un hito importante. La psiquiatría alemana, liderada por figuras como Emil Kraepelin (fines del siglo XIX), se centró en la observación y la clasificación rigurosa de las enfermedades mentales

.Kraepelin diferenció la enfermedad en dos grandes grupos que hoy seguimos utilizando en esencia: la demencia precoz (antecesora de la esquizofrenia) y la locura maniaco-depresiva (el trastorno bipolar y la depresión mayor). Por primera vez, se postuló que la causa de estos trastornos era inherentemente biológica y no solo moral o social.

«Emil Kraepelin describe la psicosis maniaco depresiva, hoy conocida como trastorno bipolar, y sustituye el término melancolía por el de depresión.».

El Camino hacia la Bioquímica (Inicios del Siglo XX)

El siglo XX consolidó el enfoque biológico. Las teorías de Sigmund Freud (psicoanálisis) aportaron una comprensión psicológica de la depresión.

La melancolía para Freud es el resultado de una pérdida de objeto, donde la agresividad se vuelve hacia el propio yo tras identificarse con lo perdido, bajo un superyó extremadamente castigador.

Por otro lado la investigación farmacológica empezo a dirigir todos sus esfuerzos se hacia el cerebro.

El punto de inflexión llegó en la década de 1950, cuando la investigación de fármacos para la tuberculosis y la psicosis condujo, de manera accidental, al descubrimiento de los primeros fármacos antidepresivos, que serán analizados en otro artículo.

La historia de la depresión en el siglo XX se ve jalonado por varios hitos remarcables:

Décadas de 1950–1960: nacimiento de los antidepresivos
Se descubre el efecto antidepresivo de la iproniazida (IMAO) y, poco después, de la imipramina (tricíclicos). Empieza la era psicofarmacológica y se refuerza la hipótesis monoaminérgica.

Décadas de 1960–1970: DSM-II y expansión del diagnóstico de depresión
La depresión se define como una “neurosis depresiva” relativamente unitaria; se amplía el uso del término depresión frente a melancolía tanto en la clínica como en la literatura científica.

1980: Publicación del DSM-III
Supone un cambio de paradigma: se introducen criterios operativos para el “trastorno depresivo mayor”, se separan claramente depresión unipolar y trastorno bipolar y se abandona casi por completo el término melancolía como categoría madre.

Década de 1980–1990: irrupción de los ISRS (fluoxetina, etc.)
Con la fluoxetina y otros ISRS la depresión pasa a tratarse en atención primaria, se normaliza socialmente hablar de depresión y se consolida la idea de un trastorno frecuente y tratable.

Finales del siglo XX: modelos biopsicosociales
Se generaliza la visión de la depresión como resultado de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales, integrando psicofármacos, psicoterapia y abordajes psicosociales en las guías de práctica clínica.

Recorrido a través de la historia de la depresión desde las antiguas civilizaciones hasta nuestros día
(7) – Recorrido por la historia de la depresión

*** Referencias Bibliográficas: [11][12][14][15][16][17][18][19][20][24][25]


FAQ sobre la historia de la depresión

¿Desde cuándo se tiene constancia de la depresión?

En la historia de la depresión los primeros indicios de esta enfermedad se remontan al Neolítico, con figuras como el Pensador de Hamangia y evidencias de trepanaciones. Más tarde, textos médicos griegos describen cuadros de tristeza profunda y desesperanza que recuerdan claramente a lo que hoy llamamos depresión.

¿Cómo se interpretaba la depresión en las civilizaciones antiguas?

En las civilizaciones antiguas, como Egipto o Mesopotamia, la tristeza extrema se entendía como un desequilibrio espiritual o mágico, ligado a dioses y fuerzas invisibles. Por eso, los tratamientos combinaban hierbas y remedios físicos con rituales, oraciones y prácticas destinadas a restablecer la armonía con lo sagrado.

¿Qué es la melancolía y qué relación tiene con la depresión?

En la historia de la depresión la melancolía ocupa un lugar importante, pues fue durante siglos el nombre clásico de lo que hoy llamaríamos depresión, explicada por Hipócrates como un exceso de bilis negra. Aunque el modelo humoral es erróneo, esas descripciones de tristeza intensa, miedo, culpa y lentitud mental encajan muy bien con los síntomas depresivos actuales.

¿Cómo veía la Edad Media cristiana la tristeza profunda?

En la Edad Media la tristeza profunda se interpretaba como melancolía, pero también como acedía, una especie de pereza espiritual y rechazo de la vida religiosa. Esto hizo que la depresión se asociara tanto a enfermedad como a posible pecado, mezclando remedios médicos con prescripciones morales y religiosas.

¿Cuándo empieza a hablarse de depresión como enfermedad mental moderna?

Entre la Ilustración y el siglo XIX, con el nacimiento de la psiquiatría, se empiezan a clasificar de forma sistemática los trastornos del ánimo. Kraepelin, a finales del XIX, agrupa la melancolía en la psicosis maníaco-depresiva y populariza el término depresión en un sentido muy cercano al diagnóstico actual. Éste es un hito importante en la historia de la depresión.


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Gerardo Castaño Recio está licenciado en Medicina y Cirugía, especializado en Medicina de Familia y Comunitaria. Colegiado nº 45/03187-1.
Estudió Psicoanálisis en el Centro Peña Retama de Madrid. Aficionado a la informática se ha dedicado a la programación sobre inteligencia artificial.
Ha sido campeón de España de programas de ajedrez y 4º clasificado en el campeonato del mundo en París. Autor del programa Salud 2000 para la gestión integral de consultas de Atención Primaria.
En la actualidad, desempeña tareas de asesoramiento médico y escribe artículos en el Blog de Nuestro Psicólogo en Madrid.

Aficionado a la historia y la literatura.