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¿Crees en la posesión diabólica? ¿Piensas que es posible que el demonio o un espíritu maligno entre dentro de ti y se apodere de tu cuerpo y de tu alma, y haga que te comportes como él quiera?

Antecedentes históricos de la posesión diabólica.

Posesiones en la Antigüedad.

El fenómeno de la posesión demoníaca o diabólica es conocido desde la antigüedad y sabemos que los sumerios realizaban exorcismos para expulsar a los demonios hace 3500 años A.C.

En la Biblia y el Nuevo Testamento las alusiones a endemoniados, exorcismos y curaciones milagrosas son muy numerosas, tanto por Jesucristo como por sus apóstoles. Fueron precisamente los cristianos los que más se esforzaron en la detección de los casos de posesiones diabólicas y consta en los escritos que San Hipólito, buscaba las “marcas del demonio” en los presuntos posesos.

Estas “marcas del demonio” eran zonas de piel sin sensibilidad para el dolor. Para diagnosticar al endemoniado, el bueno de San Hipólito se dedicaba a pinchar sobre la piel del sujeto con un punzón y si en algún momento no sentía dolor se convertía en un serio candidato para ser un poseído.

Imaginemos a un pobre hombre que hubiera quedado parapléjico, y por lo tanto con analgesia de cintura para abajo, siendo acribillado con el punzón en las piernas, para llegar a la conclusión de que estaba endemoniado.

Brujas y Edad Media.

La Edad Media es la época donde el oscurantismo, el fanatismo y la persecución de brujas o de endemoniados, alcanza su máxima expresión. Dos monjes inquisidores dominicos publican en 1487, en Alemania, el Malleus Malificarum o Martillo de Brujas, uno de los libros más terribles y que más daño ha hecho a la humanidad.

En el Malleus Malificarum, se detallaban pormenorizadamente los métodos para la caza de brujas, y durante más de dos siglos sería la obra de referencia, para mandar a la hoguera a miles de brujas, que tenían alguno de los estigmas diabólicos descritos en el libro.

En el siglo XVII era una creencia generalizada que la posesión diabólica era debida a las brujas o brujos que colocaban algún objeto maléfico entre las pertenecías de un sujeto que automáticamente quedaba poseído por los diablos. Era aún más común, la creencia de que los brujos seducían a las mujeres y tras mantener relaciones sexuales con ellas quedaban endemoniadas.

Convento de monjas en Loudun

Contexto histórico de los sucesos de Loudun.

Esta conexión entre sexo, brujería y posesiones es toda una constante durante estos tristes y oscuros años del siglo XVII, y es el origen de esta sórdida historia, donde un sacerdote acabó quemado en la hoguera para expulsar a los demonios de su cuerpo. Sucedió en 1634 en el pueblo francés de Loudun, y es la historia sobre posesión demoníaca colectiva más conocida, pues todas las monjas ursulinas del convento de la localidad, fundado en 1626, afirmaron haber sido seducidas por el cura y como consecuencia de estas relaciones sexuales quedaron poseídas por el demonio.

Aunque el suceso de las monjas endemoniadas de Loudun, es el más famoso caso de posesión demoníaca colectiva, no es el único, pues unos años antes, en 1610, otro sacerdote francés fue acusado de brujería en Aix, por haber seducido a todas las monjas de su comunidad, que quedaron poseídas. Por esas fechas, la Inquisición Española investigó otro caso similar en el convento de San Plácido en Madrid, donde la madre superiora confesó que ella y veintisiete monjas más, habían mantenido relaciones sexuales con un demonio, llamado Peregrino, y habían quedado poseídas.

La víctima: Urband Grandier.

El párroco de la localidad de Loudun, era un joven y atractivo cura, bastante mujeriego y del que se conocía que había seducido, y probablemente dejado embarazada, a la hija del fiscal del rey. Ésta no era la única de sus conquistas, y su afición a las mujeres le había creado no pocas enemistades.

El sacerdote llamado Urband Grandier tuvo una seria disputa contra uno de sus enemigos, que era amigo del cardenal Richelieu. El asunto acabó en juicio en París y Grandier acabó en los calabozos y suspendido de sus tareas eclesiásticas. Más tarde y gracias a sus influencias, fue restituido en su cargo, aunque a raíz de varios enfrentamientos se ganó el odio del cardenal Richelieu, primer ministro del rey Luis XIII.

Cuando Grandier llegó a Loudun, el convento se encontraba bajo la dirección de la madre superiora, Juana de los Ángeles, una mujer poco agraciada e intrigante, que se sintió atraída por el joven párroco. Para acercarse más a él y poder intimar, le pidió que fuera su director espiritual y el confesor de las diecisiete jóvenes monjas ursulinas de la comunidad. Urband Grandier rechazó el ofrecimiento, y el puesto de confesor del convento fue dado al canónigo Mignon, declarado enemigo suyo.

Urband Grandier párroco de Loudun

Acontecimientos sobrenaturales y posesión demoníaca.

En 1631 varias de las hermanas relataron visiones pecaminosas de espíritus malignos (posiblemente inducidas por el confesor Mignon), sufrieron temblores inexplicables y se negaron a comulgar. Ante estos fenómenos histéricos, Mignon vio una excelente oportunidad para vengarse de Grandier.

Mignon llamó a otro párroco, para que dictaminara que las jóvenes monjas estaban poseídas. Tras el veredicto de posesión diabólica, Mignon y otros curas de la localidad, comenzaron los exorcismos, durante los cuales las monjas empezaron a blasfemar, a sufrir convulsiones. Se retorcían e incitaban sexualmente a los exorcistas, babeaban y echaban espuma por la boca, gritaban y contaban sueños eróticos y obscenos.

La madre superiora, Juana de los Ángeles, relató a los exorcistas, cómo cada noche dos demonios, Asmodeo y Zabulón, tomaban posesión de su cuerpo y culpó de ello a Urband Grandier, que le habría dado unas rosas embrujadas. Ante las amenazas que se cernían contra él, Grandier recurrió al arzobispo de Burdeos, amigo suyo, y consiguió detener los exorcismos a mediados de marzo de 1663.

Condena por brujería y exorcismos.

Nuevos exorcismos.

La tranquilidad duró poco tiempo para el pobre párroco. Un juez, amigo del cardenal Richelieu, Jean de Laubardemont, llegó a Loudun y Grandier cometió la torpeza de enfrentarse políticamente a él. Con este pretexto, sus enemigos, con la ayuda del cardenal Richelieu, consiguieron acusarlo de brujería. Empezaron de nuevo los exorcismos y las monjas confesaron entre convulsiones, espumarajos y gestos soeces, que una infinidad de demonios las poseían, y todas acusaron a Grandier de haberlas embrujado.

Diecisiete monjas poseidas por el demonio

La Madre Superiora acusó al párroco de tener cinco “marcas del demonio” en la espalda, en las piernas y en los testículos. Un médico taladró sin piedad, con un punzón, el cuerpo del sacerdote buscando algún punto indoloro. No hay que tener mucha imaginación para suponer que no encontró ninguno y que los gritos de dolor fueron desgarradores.

Muerte en la hoguera.

En el verano de 1634, Grandier fue torturado para que confesase su culpa. Literalmente, le trituraron las piernas a golpes para obtener la confesión. Como la tortura no logró su fin y él seguía proclamando su inocencia, fue declarado culpable y condenado a morir quemado en la hoguera. El 18 de agosto, en un gesto de “piedad” le prometieron qué si confesaba, le darían muerte por estrangulamiento antes de ser quemado, para ahorrarle el sufrimiento de las llamas. Grandier proclamó a gritos que era inocente y murió abrasado. De la densa humareda salieron sus últimas palabras: “Señor, perdona a mis enemigos.”

Al poco tiempo de la muerte de Grandier, muchos de los que tomaron parte en su condena murieron repentinamente, como si una maldición hubiera caído sobre ellos, por la injusticia cometida.

Tras la muerte de Urband Grandier, las posesiones y los exorcismos continuaron hasta 1637 con una enorme afluencia de público. La Madre Superiora era la protagonista del espectáculo y afirmaba que los demonios le habían dejado escrito en su piel los nombres de Jesús, María y José. Estuvo a punto de morir, pero se curó milagrosamente, según ella por intercesión de San José. Se hizo famosa por sus estigmas y por su “milagro”. Peregrinó por toda Francia, fue recibida por la reina y murió en “olor de santidad” en 1665 de una hemiplejía.

La posesión diabólica: Ciencia y religión.

La posesión para la ciencia.

Para la psicología y la psiquiatría los casos de posesión entran dentro de los trastornos disociativos de conversión, es decir lo que a principios del siglo pasado se conocía como histeria.

Jean Martin Charcot, famoso neurólogo francés, fue el primero en apreciar el parecido entre la histeria y la posesión diabólica. Pierre Janet curó a un “endemoniado” mediante la hipnosis en 1890.

Joseph Breuer y Sigmund Freud publican en 1895 su “Estudios sobre la histeria” donde refieren el caso de “Anna O” una joven austriaca, pionera en la lucha de los derechos de la mujer, que presentaba personalidad múltiple y hablaba varias lenguas. “Anna O”, pseudónimo de Bertha Pappenheim, fue tratada mediante el método catártico, que habría de dar lugar años más tarde al psicoanálisis.

La OMS en su clasificación internacional de enfermedades (CIE-9) lo considera como “un trastorno de trance o posesión” o bien como un “trastorno de personalidad múltiple”.

La Asociación Americana de Psiquiatría en su Manual de Diagnóstico Estadístico (DSM-IV) lo denomina “demoniopatía” y lo describe como la creencia del paciente de estar poseído por una divinidad o demonio.

Las posesiones para la religión.

Para la religión católica, las posesiones diabólicas existen y el exorcismo sería la forma natural de tratar estos casos. No obstante, la Iglesia cada vez es más cauta a la hora de asegurar que una persona se encuentra poseída por el demonio.

Caza de brujas - Posesiones por el demonio

Uno de los exorcistas más prestigiosos, afirma que el tiempo es la mejor herramienta para diagnosticar a un endemoniado. Esta afirmación se basa en que muchos casos donde inicialmente no aparece ninguna enfermedad mental responsable de la presunta sintomatología demoníaca, al cabo del tiempo acaban siendo diagnosticados como casos de trastornos disociativos o de esquizofrenia.

En cualquier caso, la Iglesia antes de asegurar que una persona está endemoniada, pide un informe médico a dos psiquiatras cualificados. Sólo en los casos en qué al cabo del tiempo, normalmente varios años, los síntomas de posesión no pueden ser achacados a una enfermedad mental, la autoridad eclesiástica llega a la conclusión de que la persona está endemoniada y necesita un exorcismo.

Síntomas de la persona poseída por el demonio.

Para Valter Cascioli, médico psiquiatra, portavoz y asesor científico de la Asociación Internacional de Exorcistas (A.I.E) describe los síntomas que debe reunir una persona para poder ser diagnosticado de posesión diabólica.

Síntomas de posesión.

  • Odio y repulsa hacia todo lo que tenga un carácter religioso. Aquí nos podemos encontrar reacciones de ira y agresividad ante actividades religiosas como la oración, ante lugares sagrados. Blasfemias, insultos o agresiones físicas ante símbolos religiosos como la cruz, o el agua bendita.
  • Conocer de forma súbita y en profundidad temas desconocidos por el sujeto. Saber la ubicación de objetos escondidos. Hablar y comprender idiomas desconocidos, en ocasiones lenguas muertas.
  • Manifestar una fuerza descomunal y sobrehumana impropia de su constitución física.
  • Fenómenos de levitación, adivinar sin conocimiento previo sucesos acaecidos en el pasado o adivinar sucesos futuros.

Para llegar al diagnóstico de posesión diabólica no basta con alguno de estos síntomas de forma aislada, sino que debe presentar varios de ellos. Ante la presencia de un posible caso, el exorcista consulta con un psiquiatra de suficiente formación académica, pero a la vez espiritual, quién decide si los síntomas presentes pueden ser explicados por una enfermedad mental.

¿Posesión o fenómenos paranormales?

El prestigioso exorcista Sante Babolin S. J. reconoce qué,  del total de las personas que solicitan un exorcismo, sólo un 2% presenta síntomas inexplicables para la ciencia. Aquí nos movemos en terreno resbaladizo pues muchos de estos síntomas son fenómenos paranormales, como la xenoglosia (hablar lenguas desconocidas para el sujeto).

Algunos investigadores han estudiado la xenoglosia en profundidad y han concluido diciendo, qué en muchos casos, el sujeto que habla una lengua desconocida, ya ha tenido contacto previamente con esa lengua y puede conocerla, aunque no lo recuerde en la actualidad. Sin embargo, existen casos donde no se ha podido demostrar ese conocimiento previo y son inexplicables para la ciencia. Podemos citar el caso de una niña de cinco años que empezó a hablar en dialecto bengalí. Otro caso inexplicable es el de una mujer estadounidense de 35 años, qué en 1958, bajo hipnosis hablaba, entendía sueco y que afirmaba ser una campesina sueca de 17 años que vivía en el siglo XVII.

En este punto, ante la presencia de sucesos paranormales la causa de los mismos puede ser atribuida a demonios, espíritus, ovnis y un sinfín de causas esotéricas.

El Exorcista - Niña endemoniada

La posesión diabólica en la cultura.

El tema de la posesión saltó a la fama en 1973 con la película “El exorcista” de William Friedkin, donde la joven actriz Linda Blair representa a chica de 12 años que presenta un sinfín de síntomas de posesión, como ojos en blanco, contorsiones corporales, xenogloxia, vómitos, coprolalia, giros de cuello, levitación, etc. Tras este gran éxito cinematográfico, que gano dos Oscar en 1974, han proliferado numerosas películas sobre posesiones diabólicas y exorcismos.

El caso de las monjas de Loudun inspiró al escritor Aldous Huxley su ensayo “Los diablos de Loudun”. La historia también ha sido llevada al cine en la película “Madre Juana de los Angeles” en 1961 y posteriormente en “Los Diablos” de Ken Russell en 1971. Así mismo ha inspirado dos óperas musicales.

 

Bibliografía.

– Aldous Huxley: “The devils of Loudun”.
– Wikipedia: Endemoniadas de Loudum.
– Sigmund Freud: “Estudios sobre la histeria”.
– Asociación Americana de Psiquiatría: DSM-IV.
– National Geographic: “El diablo en el convento”.
– José María Zabala: El Infierno del convento de Loudun.

 

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