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Cómo superar el miedo al fracaso

Cómo superar el miedo al fracaso.

En este artículo vamos a tratar el tema de cómo superar el miedo al fracaso. Hace ya algunas semanas en nuestro Blog, el tema del miedo al fracaso fue tratado extensamente.

En aquel momento, vimos como a algunos individuos, la posibilidad de fracasar les bloquea, pues viven en la inseguridad, con baja confianza en sí mismos. El fracaso provoca una humildad forzosa, al conectar a la persona con su vulnerabilidad, lo que puede llevarla a sentirse frágil y desesperanzada.

Si bien esta huella es esencial para fortalecer la propia resiliencia, en ciertas personas puede dejar una carga emocional negativa, desmoralizante y, en los casos más extremos, autodestructiva.

Por ello, en la presente entrada, se ofrecen una serie de pautas para superar el miedo al fracaso, cuyo origen y mantenimiento fue explicado anteriormente. Ya que, como dijo Richard Bach:

«Justifica tus limitaciones y te quedarás en ellas».

Resignificar el miedo al fracaso.

El sentir miedo ante una situación demuestra el valor que tiene, lo que debe llevar a que uno se plantee diferentes estrategias para abordarla lo mejor posible, identificando los errores para poder corregirlos, interiorizando nuevas habilidades.

Reducir el nivel de incertidumbre.

Conocer el origen del miedo es necesario para poder afrontarlo. El analizar la situación temida para poder anticiparse a ella ayuda a reducir el miedo a un desempeño inadecuado, pues permite adquirir o practicar aquella habilidad requerida para la correcta ejecución del plan, lo que aporta seguridad y confianza en las propias capacidades. Planear un plan alternativo por si las cosas no salen tal y como se espera puede resultar reconfortante, pues reduce el malestar ante la posibilidad de fracasar.

Considerarlo como una forma de evaluar el riesgo.

En ocasiones, las personas sobrevaloran las consecuencias que tendría el cometer un error, catalogándolo como un acto catastrófico e incluso irreparable. Para analizar la situación de forma más racional y sin dejarse llevar por la emoción (miedo), se puede analizar el riesgo en base a la probabilidad de ocurrencia (alta, media o baja) y la severidad de las consecuencias (muy perjudicial, perjudicial, poco perjudicial).

Usar el fracaso como fuente de motivación.

Normalmente, el fracaso lleva a la reflexión, a examinar lo acontecido. No cabe duda de que el fracaso es un maestro duro, pero el detectar las mejoras necesarias a instaurar suele servir como revulsivo energizante para volver a afrontar la situación con ilusión y esperanza.

Aprender del fracaso.

Al igual que cuando un niño aprende a escribir, los adultos necesitan cometer errores antes de poder hacer las cosas correctamente. El triunfo es inherente al fracaso, por lo que caer en la amargura y el pesimismo no sólo no elimina el error, sino que no ayuda a mejorar.

Intenta superar el miedo al fracaso
(1) – Intenta superar el miedo al fracaso y no te dejes vencer.

«De hecho, algunos de los más importantes hallazgos de la historia, como la penicilina, se debieron a lo que se conoce como serendipia, un descubrimiento inesperado fruto de descuidos y errores».

Ajustar las expectativas.

Cuando se comienza una actividad, lo normal es mejorar conforme pasa el tiempo, fruto de la dedicación y la experiencia. Fijar metas irrealizables, además de resultar frustrante, termina conduciendo a la pasividad y el derrotismo.

Deshacerse de las creencias limitantes.

Muchas veces, tiende a asociarse el fracaso con ser un fracasado, ser un desgraciado o un inútil y con que nunca se conseguirá aquello a lo que se aspira. En lugar de quedarse con la parte negativa del fracaso:

«es recomendable considerarlo como una nueva oportunidad, parte de un aprendizaje necesario para alcanzar el éxito, unos ajustes que servirán para mejorar».

Tomar decisiones.

Para dejar de procrastinar es necesario actuar, permitirse fracasar a la búsqueda de una mejora personal. A la hora de tomar decisiones, es importante conocer las fortalezas y debilidades propias, es decir, los recursos disponibles. De esta manera, se puede establecer un plan de acción que uno sea capaz de cumplir.

Proponerse metas realistas.

Plantear objetivos intermedios que lleven a la consecución de la meta final, rechazando aquellos proyectos que no encajen con los objetivos, sirve para incrementar la sensación de competencia y ver avances a corto/medio plazo. Además, el valorar adecuadamente las partes del proceso y no únicamente el resultado final ayuda a ser más justo con los propios resultados, viéndolos como aciertos o errores parciales y no globales.

Reducir el perfeccionismo.

Se trata de reducir la dicotomía de «todo es perfecto» o «todo es desastroso» para evitar que la autoexigencia conduzca a la frustración, impidiendo proponerse nuevas metas.

Diferenciar entre exigencia y excelencia.

Mientras que la excelencia simboliza el compromiso con los propios objetivos y con el proceso de cambio; la exigencia dificulta separar lo que uno es de lo que uno hace. Ante un fracaso, las personas exigentes sienten amenazada su propia integridad y profesionalidad, tolerando las críticas con mayor dificultad. En cambio, las personas comprometidas con la excelencia viven el error desde la flexibilidad, como una oportunidad que les permite avanzar hacia sus objetivos.

Cuestionar al «crítico interior».

Ante un error, enseguida aparece «el crítico interior», un pensamiento con tintes pesimistas y dañinos que se ha interiorizado a raíz del exceso de corrección o crítica durante la infancia. Es importante reconocer este pensamiento y ver cómo esta «voz» influye en uno mismo para poder cuestionarla.

Evitar compararse con los demás.

Cada ser es único, de manera que tiene aptitudes diferentes. Compararse para ver cómo mejorar es positivo y puede ayudar a clarificar objetivos, pero juzgar las propias competencias basándose en las ajenas puede llevar a desarrollar envidia.

Es muy difícil complacer a todo el mundo
(2) – Es muy difícil complacer a todo el mundo

Asimismo, el intentar complacer a los demás a costa de renunciar a los propios deseos suele llevar al fracaso, tal y como recoge esta frase de Woody Allen:

«No conozco la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo».

Ser justo con uno mismo.

Valorarse a uno mismo y su trabajo es esencial para emprender las tareas con dedicación y empeño. En este sentido, es importante valorar las partes del proceso, no sólo el resultado final, el cual puede ser modificable.

Reformular el fracaso.

El fracaso pone a prueba la tenacidad de una persona, pues triunfar supone necesariamente aprender a fracasar, ya que para alcanzar el éxito es imprescindible cometer errores. Valorar los distintos pasos del proceso en lugar de únicamente el resultado final facilita el planteamiento de nuevos ajustes y la evaluación de la evolución del proyecto en su conjunto.

Diferenciar entre fallar y fracasar.

Fracasar es cometer un fallo irreparable, el cual impide la consecución de un objetivo de manera definitiva. En cambio, fallar es cometer un error que puede sentar las bases para evolucionar, hay que tener en cuenta que:

«el no haber conseguido el resultado esperado no significa fracasar».

Alejarse de personas tóxicas.

Hay personas que ponen el acento en los defectos de los demás, ya sea porque consideran que así mejorarán o porque son personas envidiosas. En ambos casos, conviene autoprotegerse, marcando distancias tal y como se explicó en una entrada anterior.

Ser consciente de los propios logros.

Valorar aquello que se consigue, no atribuyéndolo a la suerte o al azar, es fundamental para poder desarrollar la autoestima necesaria para afrontar las situaciones con resiliencia.

¿En qué puede ayudar un psicólogo a una persona con miedo al fracaso?

En ocasiones, el miedo al fracaso llega hasta tal punto que la persona se siente desprovista de las herramientas necesarias con las que hacer frente a sus temores. La inseguridad generada por la percepción negativa de sus propias capacidades unida al perfeccionismo extremo hace que estas personas precisen el apoyo de un profesional para entender por qué se sienten paralizadas y qué estrategias pueden aprender para mejorar su situación personal.

En estos casos, el psicólogo puede resultar de gran ayuda para:

Descubrir el verdadero origen de su miedo.

A veces, las personas no conocen con exactitud la fuente de sus miedos o éstos le impiden perseguir sus objetivos. Conocer el origen, p. ej. el miedo a la crítica o perder el status quo, es necesario para encontrar las herramientas adecuadas para poder afrontar dichas dificultades.

Anular los bloqueos que llevan a experimentar ese miedo.

La mayoría de las veces, el obstáculo entre el éxito y uno mismo son los propios pensamientos autolimitantes. Conocer la función de estos pensamientos y plantearse cuánto de cierto hay en ellos es el primer paso para poder vencer los propios miedos.

Clarificar los propios valores.

Plantearse qué impide alcanzar el éxito no resulta sencillo, especialmente cuando uno muestra indecisión y desconocimiento de sus aspiraciones reales.

Debemos ser conscientes de nuestros logros
(3) – Superar el miedo al fracaso siendo conscientes de nuestros logros

Rebajar las propias exigencias.

La flexibilidad es una cualidad que aparece necesariamente ligada a la tolerancia a la frustración. Permitirse fracasar es imprescindible para alcanzar las propias metas, tal y como dice J. K. Rowling:

«Es imposible vivir sin fracasar en algo, a menos que vivas tan cuidadosamente que dé lo mismo que estés viviendo. Y en ese caso habrás fracasado por defecto».

Mejorar la gestión emocional.

El miedo a fracasar suele provenir del recuerdo de cómo uno mismo se sintió ante experiencias de fracaso pasadas, el cual se reactiva ante la posibilidad de fracaso. Reelaborar estas experiencias con ayuda de un psicólogo puede ayudar a liberarse de las vivencias pasadas y de los patrones de conducta limitantes relacionados con el miedo al fracaso.

Incrementar la confianza en uno mismo.

El tener un diálogo interno negativo con autoinstrucciones negativas (p. ej. «no voy a ser capaz») reduce la confianza en uno mismo. Ser consciente de los propios logros, así como de las virtudes y de los defectos es la única forma de tener una autoestima adecuada. Evidentemente, nadie niega la dureza del fracaso, pero, como dijo Theodore Roosevelt:

«Es duro fracasar, pero es todavía peor no haber intentado nunca triunfar».

Triunfadores que fracasaron antes de alcanzar el éxito.

Suele decirse que un ejemplo vale más que mil palabras. Por ello, a continuación, se citan algunos fracasos de personas ilustres a fin de ilustrar cómo el fracaso puede actuar de revulsivo, pues significa ir más allá de los propios límites y, en ocasiones, como decía Henry Ford, puede ser más productivo que el éxito:

  • Anna Wintour (editora de Vogue EE.UU.): A los nueve meses de comenzar como editora de moda junior en Harper’s Bazaar, Anna fue despedida porque sus ideas -poco convencionales- no encajaban con el perfil de la empresa.
  • Coronel Sanders (fundador de Kentucky Fried Chicken): Con 60 años, Sanders comenzó a vender su receta de pollo. Tras más de mil rechazos contabilizados, terminó fundando la cadena de restaurantes de comida rápida Kentucky Fried Chicken.
  • Michael Jordan (jugador de baloncesto): En una entrevista, reconoció haber fallado más de 9.000 tiros, perdido casi 300 juegos y haber fallado 26 tiros vitales para la victoria de su equipo. Tras esta confesión, hizo una reflexión acerca de la importancia del fracaso:

«He fracasado una y otra vez en mi vida y eso es por lo que tengo éxito».

El éxito llega en ocasiones tras muchos fracasos
(4) – El éxito llega, en ocasiones, tras muchos fracasos.

Otros triunfadores que superaron el miedo al fracaso.

  • Oprah Winfrey (presentadora de televisión): Según el productor de la cadena CBS de Baltimore (WJZ-TV), Oprah no encajaba en su puesto de reportera ni en la televisión porque se involucraba excesivamente en las historias que relataba.
  • Steve Jobs (cofundador de Apple): Tras ser despedido de Apple por desacuerdos con el director ejecutivo, creó dos empresas (NeXT y Pixar). Posteriormente retomó su empleo en Apple para sacarla de la crisis en la que estaba inmersa.
  • Walt Disney (pionero en la industria de animación): En 1919, Disney fue despedido del periódico en el que trabajaba por «falta de imaginación y no tener buenas ideas». Tras un periodo improductivo de búsqueda de empleo, decidió explorar la técnica de proyección sobre la pantalla en la que trabajaba y, tras varios fracasos, comenzó a producir dibujos animados por su cuenta.

En definitiva, el miedo al fracaso supone anticiparse negativamente a los acontecimientos, lo que lleva a renunciar a las aspiraciones personales para prevenir posibles errores, los cuales se desconoce si sucederán o no. Por ello, es recomendable llevar a cabo las actuaciones que sean necesarias para superar los propios miedos y valorar con objetividad la situación.


Referencias bibliográficas.


Autora.

Mª Victoria Orbe Valls - Psicóloga Clínica

Mª Victoria Orbe Valls es psicóloga general sanitaria. Está graduada en Psicología por el CES Cardenal Cisneros (Universidad Complutense de Madrid). Cuenta también con los másteres de Psicología General Sanitaria (Universidad Antonio de Nebrija) y Sexología Clínica y Terapia de Parejas (Instituto Superior de Estudios Psicológicos), así como con formación en Mindfulness y grafopsicología. En la actualidad compagina su actividad como psicóloga con la divulgación científica. Es psicoterapeuta en Nuestro Psicólogo en Madrid y colaboradora en este Blog.


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Mª Victoria O. Valls - Psicóloga Clínica

M.ª Victoria Orbe Valls es psicóloga general sanitaria.

Está graduada en Psicología por el CES Cardenal Cisneros (Universidad Complutense de Madrid), cuenta también con los másteres de Psicología General Sanitaria (Universidad Antonio de Nebrija) y Sexología Clínica y Terapia de Parejas (Instituto Superior de Estudios Psicológicos), así como con formación en Mindfulness y grafopsicología.

En la actualidad compagina su actividad como psicóloga con la divulgación científica.