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Esquizofrenia: Causas, síntomas, y tratamiento

Revisado por: Gerardo Castaño Recio el 20 noviembre, 2025 – Médico de familia y psicoanalista. Colegiado nº 45/03187-1
Mujer con esquizofrenia en situación agresiva

La esquizofrenia es un trastorno psiquiátrico complejo caracterizado por una profunda alteración del pensamiento, la percepción y las emociones. Esta enfermedad representa un importante desafío tanto para la ciencia médica como para la sociedad.

Este artículo busca proporcionar una amplia visión sobre la esquizofrenia, abarcando desde su etiología multifactorial, incluyendo factores genéticos, neurobiológicos y ambientales, hasta las estrategias más actuales y eficaces en su diagnóstico y manejo.

¿Qué es la esquizofrenia?

La mayoría de las personas identifican la esquizofrenia como una enfermedad mental, aunque con ideas preconcebidas y a menudo peyorativas.

Se asocia a menudo con comportamientos anormales o peligrosos, que afectan gravemente la vida cotidiana de quienes la padecen.

El término, desafortunadamente, se utiliza también en lenguaje coloquial con ánimo despectivo y buscando la finalidad de insultar: “Actúas como un esquizofrénico”.

El origen etimológico del término esquizofrenia, deriva del griego, donde «esquizo» significa «escindir» y «frenia» se refiere a «mente», interpretándose como «mente escindida» o “mente desconectada”.

«El esquizofrénico vive desconectado de la realidad»

Esta «escisión» se refiere a la desconexión de la realidad experimentada por quienes padecen la enfermedad, quienes viven en un mundo propio, donde no cuenta la realidad sino sus percepciones alteradas de la realidad.  Estas vivencias de una realidad alterada tienen una enorme variabilidad de unos sujetos a otros.

*** Referencias bibliográficas [1] [2]

Historia de la esquizofrenia.

La historia de la esquizofrenia antes del siglo XIX se enmarca en un contexto donde la comprensión de las enfermedades mentales estaba profundamente influenciada por creencias religiosas, supersticiones y un limitado conocimiento científico.

En culturas antiguas, como la egipcia, griega y romana, existía cierto reconocimiento de las enfermedades mentales, pero se entendían de manera muy diferente a como lo hacemos hoy.

Los griegos antiguos, por ejemplo, atribuían las enfermedades mentales a desequilibrios de los cuatro humores corporales.

Durante la Edad Media en Europa, la interpretación de los trastornos mentales fue dominada por la Iglesia.

«La esquizofrenia, como tal, a menudo se explicaba como resultado de la intervención demoníaca o brujería»

Las personas que mostraban síntomas de lo que hoy podríamos identificar como esquizofrenia eran a menudo vistas como brujas o endemoniadas y podían ser sometidas a exorcismos o incluso ejecutadas.

A medida que avanzaba el Renacimiento, comenzó a surgir un enfoque más humanista y científico hacia las enfermedades en general, incluidas las mentales.

Sin embargo, la práctica de tratar a las personas con trastornos mentales seguía siendo cruda y a menudo inhumana, con el uso de manicomios donde los pacientes eran encerrados y frecuentemente maltratados bajo la creencia de que era necesario controlarlos físicamente.

En el siglo XVIII, con la Ilustración y el creciente interés por la ciencia y la razón, comenzó a desarrollarse lentamente una comprensión más compasiva y médica de las enfermedades mentales.

Figuras como Philippe Pinel en Francia abogaron por el trato más humano de los enfermos mentales, promoviendo la idea de que la enfermedad mental era un trastorno que requería compasión y tratamiento médico en lugar de castigo o exorcismo.

*** Referencias bibliográficas [1] [2]

Don Quijote imagen de la esquizofrenia en la Edad Media
(1) – Don Quijote de la Mancha prototipo del loco en la Edad Media

Evolución del concepto de esquizofrenia.

El concepto de esquizofrenia ha evolucionado significativamente desde el siglo XIX, época en la que se consolida la psiquiatría moderna en Alemania con figuras como Kraepelin y Bleuler.

Antes de esta época, las enfermedades mentales eran interpretadas como castigos divinos o posesiones demoníacas. Morel introdujo el término «demencia precoz» para describir un trastorno con síntomas de deterioro social en adolescentes.

«Kraepelin desarrolló más adelante el término “demencia precoz”, clasificándolo en tres grupos: paranoide, catatónica, y hebefrénica».

Bleuler acuñó el término «esquizofrenia» en 1911, superando la noción de demencia precoz por considerar que el deterioro no era inevitable y podía ser tratado.

A lo largo del tiempo, la definición de esquizofrenia ha sido revisada y actualizada en la literatura psiquiátrica, reflejando cambios en la comprensión de sus síntomas y clasificaciones. Por ejemplo, entre el DSM-I y el DSM-V aparecen notables diferencias para clasificar y diagnosticar la esquizofrenia. Mas adelante veremos los actuales criterios diagnósticos de la esquizofrenia.

Cabe destacar, a lo largo de los años, la evolución en la percepción de la enfermedad desde una variedad de reacciones esquizofrénicas hasta un trastorno con síntomas específicos que afectan significativamente la vida diaria.

La evolución del concepto de esquizofrenia demuestra los avances en el entendimiento de los trastornos mentales, ajustándose a los nuevos conocimientos neurológicos, aunque aún queda mucho por descubrir.

*** Referencias bibliográficas [1] [2] [9]

Prevalencia de la esquizofrenia.

La prevalencia de una enfermedad indica la proporción de personas diagnosticadas con esa enfermedad en una población en un periodo de tiempo determinado.

Históricamente se ha citado que la esquizofrenia afecta en torno al 1% de la población mundial. Sin embargo, metaanálisis más rigurosos sitúan la prevalencia a lo largo de la vida más cerca del 0,4%–0,7% [3].

Existen ciertas variaciones:

  • Genética: si uno de los padres es esquizofrénico, el riesgo para los hijos aumenta aproximadamente al 10–13%; si ambos padres la padecen, el riesgo se eleva cerca del 40–50% [4].
  • Sexo: es ligeramente más frecuente en hombres que en mujeres (ratio ≈1,4:1). Además, en los hombres suele aparecer antes (final de la adolescencia o principios de los 20 años), mientras que en las mujeres el inicio es más tardío (final de los 20 o principios de los 30 años), lo que a menudo conlleva mejor pronóstico social [9].

*** Referencias bibliográficas [3] [4] [9]

Causas de la esquizofrenia

La esquizofrenia no tiene una causa única. El modelo predominante es el de “vulnerabilidad-estrés”, que propone la interacción entre una predisposición biológica y múltiples factores ambientales a lo largo del desarrollo.

1. Factores biológicos y neuroquímicos

  • Genética: la heredabilidad es alta (≈80%), pero no determinista. La evidencia actual apoya una arquitectura poligénica (múltiples variantes de pequeño efecto) y vías sinápticas implicadas [4][5][15].
  • Neuroquímica (hipótesis dopaminérgica): existe un desequilibrio en los sistemas de neurotransmisión. La hiperactividad dopaminérgica en determinadas vías se asocia a síntomas positivos, mientras que los déficits en otras podrían relacionarse con apatía y anergia. También se han implicado otros sistemas, como el del glutamato y la serotonina [6].
  • Estructura cerebral: Los estudios de neuroimagen muestran, en subgrupos de pacientes, ventrículos laterales algo mayores y reducciones sutiles de la materia gris en regiones específicas. Estos cambios podrían originarse en etapas tempranas del neurodesarrollo [7][16].

2. Factores ambientales y sociales

  • Prenatales/perinatales: las complicaciones obstétricas, las infecciones maternas o la desnutrición se han vinculado a un incremento del riesgo de sufrir esquizofrenia a lo largo de la vida [9].
  • Consumo de tóxicos (cannabis): el consumo de sustancias (especialmente en la adolescencia temprana y con productos de alta potencia) se asocia a un mayor riesgo en individuos vulnerables [8][17].
  • Factores psicosociales: los traumas infantiles, la adversidad social, la migración y vivir en entornos urbanos densos se relacionan con una mayor incidencia, en interacción con la vulnerabilidad individual [9].

*** Referencias bibliográficas [4] [5] [6] [7] [8] [9] [15] [16] [17]

Alteraciones cerebrales en la esquizofrenia
(2) – En la esquizofrenia existen alteraciones cerebrales

Síntomas de la esquizofrenia.

Los síntomas se suelen agrupar en tres categorías principales. Es importante señalar que la intensidad y la combinación de síntomasvarían ampliamente entre personas [9][2].

Síntomas positivos (psicóticos)

Los síntomas positivos de la esquizofrenia son aquellos que representan una distorsión o un exceso de las funciones normales del pensamiento, la percepción y el comportamiento.

Se denominan «positivos» no porque sean deseables o beneficiosos, sino porque añaden algo patológico al comportamiento típico de la persona.

  • Alucinaciones: percepciones sin estímulo real; las más frecuentes son auditivas (oír voces).
  • Delirios: creencias falsas, fijas y resistentes a la evidencia (p. ej., persecución o ideas de grandeza).
  • Desorganización: pensamiento/discurso incoherente y comportamiento motor impredecible o desorganizado.

«Uno de los principales síntomas positivos son las alucinaciones, generalmente auditivas, donde el individuo escucha voces que no existen en la realidad».

Síntomas negativos

Los síntomas negativos se caracterizan por una disminución o ausencia de capacidades y respuestas emocionales normales. Entre los síntomas negativos podemos destacar:

  • Aplanamiento afectivo: reducción de la expresión emocional.
  • Alogia: pobreza del habla.
  • Anhedonia: disminución de la capacidad para experimentar placer.
  • Abulia/Apatía: falta de motivación e iniciativa.

«La apatía, la falta de reacciones emocionales y la falta de expresiones faciales son síntomas negativos de la esquizofrenia».

Síntomas cognitivos

Los síntomas cognitivos se refieren a cambios en la memoria y el pensamiento. Estos pueden incluir problemas con la atención y la concentración, dificultades en la función ejecutiva que afectan la capacidad para entender información y tomar decisiones, y problemas con la memoria de trabajo, que afectan la capacidad para usar información inmediatamente después de aprenderla. [2].

«Los problemas de atención, concentración y memoria son algunos de los síntomas cognitivos de la esquizofrenia».

Fases de la enfermedad

La esquizofrenia es una enfermedad que suele cursar en tres fases:

  • Fase prodrómica: Existen cambios sutiles en la conducta, aislamiento y rarezas que pueden preceder al primer episodio.
  • Fase aguda: Hay un predominio de los síntomas positivos (alucinaciones/delirios). Estos síntomas suelen ser el motivo de la primera consulta.
  • Fase de estabilización y residual: tras el tratamiento, remiten los síntomas agudos, aunque pueden persistir síntomas negativos o cognitivos leves [11].

Diagnóstico (criterios DSM-5-TR)

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, en su última edición (DSM-5-TR), publicado en 2022 por la Asociación Americana de Psiquiatría, establece los criterios específicos para el diagnóstico de la esquizofrenia.

Se requiere la presencia de dos o más de los siguientes síntomas, durante al menos un mes (o menos si se ha tratado con éxito); al menos uno debe ser de los tres primeros:

  • Delirios.
  • Alucinaciones.
  • Discurso desorganizado (p. ej., descarrilamiento frecuente o incoherencia).
  • Comportamiento gravemente desorganizado o catatónico.
  • Síntomas negativos (p. ej., aplanamiento afectivo, pobreza del habla, falta de motivación).

Además, se requiere:

  • Exclusiones: (a) se han descartado el trastorno esquizoafectivo y los trastornos del estado de ánimo con características psicóticas; (b) si existe TEA o trastorno de la comunicación de inicio en la infancia, solo se diagnostica esquizofrenia cuando hay delirios o alucinaciones prominentes durante un mes o más.
  • Deterioro funcional significativo (laboral, social o autocuidado), respecto al nivel previo.
  • Signos continuos del trastorno durante ≥ 6 meses, que pueden incluir fases prodrómicas o residuales (en las que solo haya síntomas negativos o signos atenuados).
  • No atribuible a sustancias ni a otra afección médica.

Nota: el DSM-5 eliminó los subtipos clásicos (paranoide, catatónica, hebefrénica, etc.) por su escasa utilidad clínica y baja estabilidad diagnóstica [9].

*** Referencias bibliográficas [9] [2] [11]

Las alucinaciones son frecuentes en la esquizofrenia
(3) – Las alucinaciones son un síntoma positivo en la esquizofrenia

Tratamiento de la esquizofrenia.

El manejo es integral y combina fármacos con apoyos psicosociales. El objetivo es reducir síntomas, prevenir recaídas y mejorar la funcionalidad y la calidad de vida.

El tratamiento de la esquizofrenia deberá ser individualizado. Tanto el paciente como su familia y entorno cercano deberán formar parte del plan de recuperación de manera activa.

«En algunos casos, como en las fases agudas, el paciente podrá necesitar ser ingresado en psiquiatría para un seguimiento más cercano».

1. Tratamiento farmacológico

Los antipsicóticos son la piedra angular. No “curan” la enfermedad, pero controlan los síntomas y disminuyen el riesgo de recaída. Las comparativas clásicas y más recientes muestran una eficacia global similar, pero con diferencias relevantes en cuanto a tolerabilidad y perfiles de efectos adversos [10][18].

Dentro de los antipsicóticos tenemos varios grupos:

  • Primera generación (típicos): p. ej., haloperidol o clorpromazina. Son eficaces para los síntomas positivos, con mayor riesgo de efectos motores extrapiramidales.
  • Segunda generación (atípicos): p. ej., risperidona, olanzapina, quetiapina o aripiprazol. Generalmente son mejor tolerados en lo motor. Hay que vigilar los efectos metabólicos y la sedación según el fármaco.
  • Clozapina: indicada en casos de resistencia al tratamiento (falta de respuesta adecuada a dos o más antipsicóticos). Requiere controles hematológicos, pero es la opción más eficaz en los casos de TRS (esquizofrenia resistente al tratamiento). [12].

Adherencia: el abandono de la medicación es una de las causas principales de recaída. Los inyectables de larga duración (mensuales, trimestrales o semestrales) mejoran la continuidad terapéutica y reducen el riesgo de recaídas en comparación con la vía oral en ensayos y síntesis de evidencia [19].

Matiz importante: en la mayoría de los casos el tratamiento es prolongado para prevenir recaídas. En un primer episodio único con recuperación completa, algunas guías contemplan una retirada gradual y supervisada tras un periodo de estabilidad (aproximadamente 1–2 años). La suspensión brusca está desaconsejada pues el riesgo de recaída es grande [11][25][26].

Efectos secundarios de los antipsicóticos

Los antipsicóticos pueden producir efectos adversos que conviene anticipar y monitorizar. En los fármacos de primera generación (típicos) destacan los efectos extrapiramidales (EPS) por su mayor frecuencia; en los de segunda generación (atípicos) suele observarse menor riesgo de EPS, aunque aumentan los efectos metabólicos (ganancia ponderal, dislipidemia, alteración glucémica) según el fármaco elegido.

Los efectos secundarios extrapiramidales (EPS) más característicos de los antipsicóticos típicos son:

  • Parkinsonismo: rigidez, temblor, bradicinesia y alteraciones posturales/marcha.
  • Distonía aguda: contracciones musculares involuntarias que causan posturas o espasmos dolorosos.
  • Acatisia: inquietud motora subjetivamente muy molesta, con necesidad de moverse de forma constante.
  • Discinesia tardía: movimientos involuntarios repetitivos (sobre todo orofaciales); puede ser potencialmente irreversible.

«Los efectos extrapiramidales son el mayor inconveniente de los antipsicóticos de primera generación.»

Notas prácticas: Es importante elegir el fármaco considerando el perfil de riesgos del paciente, usar la menor dosis efectiva, monitorizar los síntomas motores (especialmente en 1.ª generación) y parámetros metabólicos (especialmente en 2.ª generación), así como evitar suspensiones bruscas y revisar interacciones. La clozapina requiere controles hematológicos y es la opción de elección en casos resistentes (TRS).

*** Referencias bibliográficas [10] [18] [11]

La esquizofrenia precisa tratamiento farmacológico
(4) – La esquizofrenia precisa tratamiento farmacológico

2. Intervenciones psicosociales

Tras estabilizar la fase aguda, la psicoterapia y los apoyos psicosociales son claves para la recuperación funcional y la prevención de recaídas.

  • Terapia cognitivo-conductual (TCC): ayuda a manejar los síntomas persistentes (p. ej., voces) y a cuestionar creencias delirantes [20].
  • Rehabilitación psicosocial / empleo con apoyo: los programas estructurados favorecen las habilidades sociales y la reintegración educativa-laboral. Los modelos de atención temprana y coordinated specialty care en primer episodio mejoran resultados funcionales [22].
  • Psicoeducación familiar: reduce la carga, mejora el afrontamiento y ayuda a detectar señales tempranas de recaída [21].

*** Referencias bibliográficas [10] [18] [12] [19] [11] [25] [26] [20] [21] [22]

Pronóstico de la esquizofrenia

El pronóstico de la esquizofrenia varía significativamente entre individuos y está influenciado por múltiples factores. Entre ellos destacan la rapidez en el diagnóstico y el inicio del tratamiento, la adherencia, el soporte social y familiar, y el perfil sintomático (especialmente la carga de síntomas negativos) [11][13].

Se trata de un trastorno asociado a una morbilidad considerable y a un impacto notable en la funcionalidad y la calidad de vida, aunque una proporción de personas alcanza recuperación clínica y/o funcional con el abordaje adecuado [13].

La respuesta al tratamiento (especialmente cuando se inicia precozmente y se mantiene de forma consistente) puede influir de manera positiva y relevante en el curso de la enfermedad».

Los estudios de seguimiento han identificado algunos predictores que indican un mejor pronóstico: menor carga de síntomas negativos, inicio más brusco tras un estresor identificable, buena funcionalidad premórbida y apoyo social/familiar sólido. Por el contrario, los síntomas negativos sostenidos se asocian con peor funcionamiento a largo plazo [13].

La esquizofrenia se asocia con mayor riesgo de comorbilidades (trastornos del ánimo, uso de sustancias y enfermedades cardiovasculares), lo que puede empeorar el pronóstico. Asimismo, existe un incremento del riesgo de mortalidad general y por causas específicas, incluido el suicidio, que requiere prevención y seguimiento proactivo [14][23][24].

En conjunto, un manejo integral y continuado —que aborde síntomas psiquiátricos y condiciones médicas comórbidas, con intervenciones psicosociales y psicoeducativas— es esencial para optimizar resultados clínicos y funcionales [11].

*** Referencias bibliográficas [13] [14] [23] [24] [11]

Falsos mitos sobre la esquizofrenia

La esquizofrenia, como muchas otras enfermedades mentales, está rodeada de estigmas y malentendidos que pueden llevar a la discriminación y al aislamiento de quienes la padecen. Desmitificar estas ideas ayuda a mejorar la comprensión pública, reducir el estigma y promover la empatía.

«Las personas con esquizofrenia tienen múltiples personalidades».

Este es uno de los mitos más frecuentes. La esquizofrenia es un trastorno psicótico caracterizado por delirios, alucinaciones y desorganización del pensamiento, mientras que el trastorno de identidad disociativo (antes llamado “de personalidad múltiple”) es un diagnóstico distinto con criterios propios [9].

“La esquizofrenia es causada por una mala crianza o debilidad personal”.

Falso. La evidencia apunta a una etiología multifactorial que incluye vulnerabilidad biológica (p. ej., genética) y factores ambientales; no es fruto de una “mala crianza” ni de falta de voluntad [11][26].

“Las personas con esquizofrenia son peligrosas”.

La mayoría no es más violenta que la población general; además, son con mayor frecuencia víctimas de violencia que perpetradores. Estereotipos mediáticos amplifican este mito y aumentan el estigma [11][26].

“La esquizofrenia no tiene tratamiento”.

Existen tratamientos eficaces: antipsicóticos (incluida clozapina en TRS), intervenciones psicosociales (TCC, psicoeducación familiar, empleo con apoyo) y modelos de atención especializada coordinada. Las guías recomiendan planes individualizados y seguimiento activo [11][25][26].

“Las personas con esquizofrenia no pueden llevar una vida normal”.

Muchas personas logran una recuperación significativa y llevan vidas productivas con apoyo y tratamiento adecuados; los resultados varían, pero la recuperación clínica y/o funcional es posible [13][11].

*** Referencias bibliográficas [9] [11] [25] [26] [13]

Existen muchos mitos sobre la esquizofrenia
(5) – Los falsos mitos sobre la esquizofrenia están muy extendidos

FAQ sobre la esquizofrenia

¿Qué es la esquizofrenia, explicado fácil?

Es un trastorno mental que puede afectar cómo piensas, sientes y percibes la realidad. Algunas personas oyen voces o tienen creencias firmes que no encajan con lo que otros ven. Con tratamiento y apoyo, muchas mejoran y llevan una vida significativa.

¿La esquizofrenia es lo mismo que tener múltiples personalidades?

No. Ese es un mito muy común. La esquizofrenia es un trastorno psicótico (delirios, alucinaciones, pensamiento desorganizado). Tener múltiples personalidades corresponde a otro diagnóstico distinto.

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes?

Suelen dividirse en tres grupos: positivos (alucinaciones, delirios, pensamiento desorganizado), negativos (apatía, menos expresión emocional, poca energía) y cognitivos (dificultades de atención y memoria de trabajo). No todas las personas tienen lo mismo ni con la misma intensidad.

¿Por qué aparece la esquizofrenia?

No hay una causa única. Influyen la predisposición biológica (genes y cerebro) y factores ambientales como estrés, consumo de cannabis de alta potencia, adversidad social o complicaciones en el embarazo. Es la combinación de factores lo que aumenta el riesgo.

¿Cómo se diagnostica la esquizofrenia?

Un profesional de salud mental evalúa la historia clínica y observa si hay un conjunto de síntomas durante un tiempo suficiente (meses), su impacto en la vida diaria y que no se deban a otras causas (p. ej., consumo de sustancias). No se puede diagnosticar por solo una prueba.

¿La esquizofrenia tiene cura? ¿Se puede mejorar?

No hablamos de “cura” en el sentido clásico, pero sí de recuperación. Con medicación, psicoterapia, apoyo familiar y social, muchas personas reducen los síntomas de forma importante y retoman sus estudios, trabajo y relaciones.

¿Cuál es el tratamiento más habitual de la esquizofrenia?

La base son los antipsicóticos, que reducen los síntomas y previenen las recaídas. Se combinan con terapias psicosociales (psicoterapia, psicoeducación familiar, rehabilitación y apoyo para el empleo). En los primeros episodios, los equipos de atención especializada coordinada mejoran los resultados.

¿Qué efectos secundarios pueden producir los antipsicóticos?

Los antipsicóticos de primera generación pueden causar efectos en el movimiento (rigidez, temblor, inquietud, movimientos repetitivos). Los de segunda generación suelen dar menos problemas motores, pero pueden aumentar el apetito y afectar al peso y al metabolismo. El médico debe ajustar el plan de tratamiento para minimizar los riesgos.

¿Qué es la esquizofrenia resistente al tratamiento (TRS)?

Se habla de TRS cuando, a pesar de haber probado dos antipsicóticos a dosis y tiempo adecuados, los síntomas siguen siendo relevantes. En esos casos se usa clozapina, con controles médicos periódicos, porque es la opción más eficaz.

¿La esquizofrenia es hereditaria? ¿Cuál es el riesgo para los familiares?

Hay un componente genético, pero no es determinista. Si un progenitor tiene esquizofrenia, el riesgo para un hijo sube frente al de la población general, aunque la mayoría de los hijos no la desarrollan. El estilo de vida y el apoyo también cuentan.

¿Se puede vivir una vida normal con esquizofrenia?

Sí. Con tratamiento continuo, hábitos saludables y una red de apoyo, muchas personas con esquizofrenia estudian, trabajan y mantienen relaciones. La clave es pedir ayuda pronto y mantener el plan pactado con el equipo de salud.

¿Qué señales tempranas deberían alertar para pedir ayuda profesional?

El aislamiento repentino, los cambios llamativos en el comportamiento, las dificultades para concentrarte o estudiar, la desconfianza intensa, oír voces o tener ideas muy firmes que otros no comparten. Si algo así aparece, se debe consultar cuanto antes a un profesional: empezar el tratamiento lo antes posible suele mejorar el pronóstico.


Bibliografía.

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Galería de Imágenes.


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Gerardo Castaño Recio está licenciado en Medicina y Cirugía, especializado en Medicina de Familia y Comunitaria. Colegiado nº 45/03187-1.
Estudió Psicoanálisis en el Centro Peña Retama de Madrid. Aficionado a la informática se ha dedicado a la programación sobre inteligencia artificial.
Ha sido campeón de España de programas de ajedrez y 4º clasificado en el campeonato del mundo en París. Autor del programa Salud 2000 para la gestión integral de consultas de Atención Primaria.
En la actualidad, desempeña tareas de asesoramiento médico y escribe artículos en el Blog de Nuestro Psicólogo en Madrid.

Aficionado a la historia y la literatura.