Los sentimientos de culpa en el duelo son más frecuentes de lo que podríamos pensar en un principio. La mayoría de las veces, las emociones propias del duelo (rabia, culpa, tristeza) aparecen de manera entremezclada a lo largo de sus distintas fases.
La culpa en el duelo: Introducción
La culpa suele manifestarse como un sentimiento de angustia y autorreproche. La persona se juzga negativamente, considerando que no “hizo lo suficiente” o que no “fue todo lo buena que debería haber sido”. La culpa es, por tanto, una emoción que afecta a nuestro autoconcepto, despreciando al “yo” y rebajándolo.
En situaciones de duelo, el individuo cree firmemente que no hizo lo suficiente por el ser querido. A veces puede pensar que él mismo causó la muerte de la persona o que pudo evitarla de alguna manera. Estas creencias erróneas son fuente de un gran sufrimiento y pueden impedir que el proceso de recuperación de la pérdida se desarrolle con normalidad.
En este artículo abordaremos el por qué de la aparición de este sentimiento en situaciones de duelo y cómo puede gestionarse el sufrimiento que ocasiona.
*** Referencias bibliográficas: [2] [4] [5]
¿Qué es el duelo?
A lo largo de la vida todos debemos enfrentarnos a múltiples y diversas pérdidas. Cuando algo desaparece de nuestra vida debemos volver a recomponernos, ya que la pérdida del objeto implica que nuestro día a día no volverá a ser nunca jamás el mismo. Por tanto, siempre que perdemos aparece un sentimiento de vacío, dolor y profunda tristeza que caracteriza al proceso de duelo.
Elaborar duelos nos permite asumir, asimilar, procesar y recomponernos de la pérdida. Y, por supuesto, las que más nos duelen son las pérdidas de nuestros seres queridos (rupturas, abandonos, muertes, etc.). Cuando perdemos a alguien que amamos, se ponen en marcha una serie de mecanismos psicológicos que nos permiten mitigar el dolor del impacto y después elaborar la pérdida adecuadamente.
Cada duelo es único. No hay una persona que tenga la misma vivencia de una pérdida. La forma en que los individuos elaboramos y expresamos el duelo está estrechamente relacionada con factores como: la cultura, el vínculo que sosteníamos con el ser perdido, las circunstancias de la pérdida, la edad en la que se encuentran ambas partes, etc.
Las respuestas que cada uno manifiesta ante dichas pérdidas son distintas en cada caso. No obstante, el trabajo psicológico del duelo es un proceso complejo para todo el mundo. Esto es debido a que implica asumir que el vínculo que teníamos con el ser querido ya no está o se ha transformado, con el dolor que ello implica. La emoción protagonista del duelo es la tristeza, emoción que aparece en las pérdidas y que nos permite sentirlas, asumirlas y elaborarlas.
*** Referencias bibliográficas: [4] [8]
Etapas del duelo
Fase de shock. Cuando se produce la pérdida a la persona le invade un gran dolor y desconcierto. Los mecanismos psicológicos que se ponen en marcha evitan que el sufrimiento nos abrume; por eso se caracteriza como una etapa de “embotamiento” (o shock), en la que nos cuesta asimilar realmente que ha habido una pérdida.
Los sentimientos suelen ser confusos y poco claros. Normalmente esta fase dura de unas pocas horas a semanas. En ese tiempo la persona puede ir haciendo conciencia poco a poco de la pérdida e ir asimilando el dolor. Los mecanismos de defensa iniciales deberían ir con el tiempo mitigándose para permitir el paso a la siguiente fase.
Fase de anhelo. En esta fase la persona sí es consciente de la pérdida. Pero, como el ser humano tiende a “recuperar los vínculos perdidos” como mecanismo de supervivencia, es normal que aparezcan sentimientos intensos de anhelo y de negación.
La persona necesita convencerse de que tarde o temprano el ser querido volverá. Implica una lucha entre la aceptación de la nueva situación y el deseo de recomponer el vínculo perdido. Aquí, los ritos sociales y el apoyo familiar juegan un papel importante. Acompañar a la persona en su dolor para que poco a poco pueda ir aceptando la pérdida es un factor de protección para el buen desarrollo del duelo.
Fase de desorganización. La persona es consciente de la pérdida y le embargan sentimientos de profunda soledad y tristeza. Debe recomponer su vida sin ese ser querido y aprender a adaptarse a la nueva situación.
Fase de recuperación. Se produce al cabo de seis meses o un año aproximadamente. La persona ya ha podido asumir la pérdida y rehacer su vida con normalidad.
*** Referencias bibliográficas: [4] [8]
Síntomas frecuentes además de la culpa
Las reacciones más típicas que se dan en el duelo suelen ser:
- Bajo estado de ánimo caracterizado por profundos sentimientos de tristeza, soledad y vacío.
- Sentimientos de culpa ante lo que tal vez “se pudo hacer y no se hizo”.
- Pensamientos recurrentes sobre la muerte.
- Trastornos sensoperceptivos (por ej., alucinaciones auditivas).
- Pérdida de apetito (lo que puede dar lugar a una disminución del peso).
- Anhedonia.
- Insomnio.
- Abandono de actividades socio-laborales.
*** Referencias bibliográficas: [4] [3]
¿Por qué aparece la culpa en el duelo?
Como ya hemos mencionado, los sentimientos de culpa en el duelo son relativamente frecuentes. Se caracterizan por un intenso sufrimiento en relación con algo que se hizo (culpa), que se perdió (duelo) y que impactó considerablemente a la persona.
Son muy comunes los pensamientos y sensaciones relacionados con la irreversibilidad de la pérdida (ej. “Nada podrá cambiar lo que ha pasado, ya no podrá volver, ojalá nunca hubiera sucedido…”). Aunque se puede aprender del pasado, gran parte del trabajo que deberá realizar la persona tiene que ver con el manejo de las emociones generadas por las situaciones que se escapan a nuestro control.
La culpa puede expresarse de manera más o menos directa. En ocasiones, es tan intensa que puede ser “tapada” por emociones que a la persona le resulten “más sencillas” o aceptables de gestionar (por ej., la tristeza, agresividad, angustia, etc.). Dado que en este contexto de pérdida puede parecer una emoción “poco lógica”, resulta más difícil de expresar de manera directa. Es común que se manifieste indirectamente a través de diversos síntomas, conflictos y situaciones.
Existen razones por las que la persona evita, con frecuencia, que la culpa emerja: el dolor asociado a la misma, la acción selectiva de la memoria con ciertos recuerdos dolorosos, el hecho de que admitir la culpa implica asumir la posibilidad de una responsabilidad real, etc.
A ello hay que unir otros factores (su carácter, con frecuencia, aparentemente ilógico; la resistencia al razonamiento; la aleatoriedad con la que aparece; su carácter invalidante) que la hacen ser uno de los mayores retos a los que se enfrentará la persona en la elaboración del duelo.
*** Referencias bibliográficas: [1] [2] [7]
Características de la culpa en el duelo
La definición de culpa suele implicar los siguientes elementos:
- Sensación de angustia originada por los posibles actos cometidos por la persona que serían calificados como rechazables, puesto que transgreden una norma (ya sea real o simbólica).
- Objeto acusador, ya sea real, imaginario o simbólico.
- Influencia del contexto educativo y cultural en el que se ha desarrollado la persona.
- Idea de irreversibilidad (sensación de no poder reparar el daño ocasionado).
- Base irracional. Al ser una emoción, la culpa es difícilmente reductible a la lógica.
- Carácter intrusivo e impuesto.
- Cuestionamiento de la propia capacidad empática hacia el otro y de las creencias básicas sobre uno mismo (creencia de que no se es “buena persona”).
- Manifestaciones de aislamiento social.
- Sentimientos de necesidad de castigo o reparación.
*** Referencias bibliográficas: [1] [3]
5. Dificultades para gestionar la culpa
La culpa es una emoción difícil de manejar. Es muy dolorosa, y poder sacarla, revivirla o darle otro significado no es tarea fácil. Mecanismos de defensa como la evitación, la represión o la negación pueden entrar a actuar para minimizar el impacto emocional tan desagradable que puede llegar a tener esta emoción.
A esto se le puede unir un fuerte sentimiento de incomprensión. Como ya hemos mencionado, la culpa en el duelo es irracional y no tiene un origen que podamos denominar como “real”. La persona que siente culpa en este proceso es consciente de lo difícil que resulta que los demás entiendan las razones por las que se siente culpable, y sabe que su emoción suele ser banalizada, deslegitimada y considerada absurda. Negarla evita la sensación de incomprensión o ridículo que podría aparecer.
Además, el hecho de reconocerse culpable significa admitir la posibilidad de ser, efectivamente, responsable del hecho. A las personas que sienten culpa ante la desaparición de un ser querido les suele resultar difícil establecer una percepción objetiva de la responsabilidad y suelen «echarse a la espalda» mucha más carga de la que en realidad correspondería. Debido a todo esto, la culpa constituye probablemente una de las formas más severas de sufrimiento psicológico.
Frente a una emoción negativa, las personas desarrollamos estrategias adaptativas o mecanismos de defensa para lidiar con la sensación de dolor. En ocasiones, la culpa logra ser encapsulada; es decir, no existe en la conciencia inmediata de la persona ni contamina, aparentemente, sus emociones, pensamientos, conductas o relaciones. Pero en cuanto es traída al presente o existe algún hecho significativo que la active, la persona podría revivirla.
Los sistemas de defensa tan férreos, aunque protejan a la persona del sufrimiento inmediato, hacen que sea difícil detectarla y poder trabajar adecuadamente con ella.
*** Referencias bibliográficas: [1] [3] [7]
Cómo se manifiesta la culpa en el duelo
Existen múltiples manifestaciones que pueden indicar que la persona está experimentando sentimientos de culpa:
1. Angustia
Tras la culpa existe un miedo a ser rechazado por aquellas personas significativas de donde procede la norma transgredida. Es una angustia relacionada con la separación, el rechazo y la desaprobación por parte del otro. Esta angustia podrá manifestarse de múltiples formas: de manera directa ante el recuerdo, como crisis de ansiedad, conductas fóbicas, de evitación, etc.
2. Depresión
La asociación culpa con depresión es sólo parcialmente cierta y está probablemente sobredimensionada. En la depresión, el autoconcepto está deteriorado y existe una tendencia a la autoacusación, lo que favorece la aparición de sentimientos de culpa. A veces la tristeza puede “tapar”, tanto ante uno mismo como ante los demás, los sentimientos culposos, de manera que resulta difícil detectarlos y trabajar con ellos.
3. Irritabilidad
No es raro que la misma persona a la que se echa de menos sea fuente de sentimientos de enfado e irritabilidad. Es frecuente que ante la pérdida existan sentimientos ambivalentes de amor-odio hacia la persona fallecida. Se le puede “culpar” de haberse ido demasiado pronto, de habernos dejado solos, de provocarnos tanto dolor y sufrimiento… No es raro que esta rabia se experimente de forma alterna con sentimientos de culpa por sentir dicha rabia (algo que, por otra parte, es bastante normal).
4. Sumisión
Frente a los sentimientos de culpa, no es extraño que el individuo busque activamente el perdón o la reparación. Pero, en ocasiones, la persona no puede hacer frente a ninguna de estas posibilidades y adopta una actitud sumisa. Esta forma de resolver la culpa es especialmente compleja.
La persona no hace ningún intento de reparación, ni de obtener directamente el perdón para poder seguir adelante. En lugar de esto, el propio temor hace que la persona adopte una actitud de permanente autocastigo. Se aspira (simbólicamente) a que la persona supuestamente “dañada” se apiade del sufrimiento del “culpable” y acabe perdonándole. Se intenta obtener el tan ansiado “perdón” de forma pasiva.
5. Trastornos psicosomáticos
En ocasiones, los cuadros de dolor físico surgen como desplazamiento de los sentimientos de culpa. Son tan difíciles de gestionar a nivel psicológico que acaban reflejándose en el cuerpo. Este mecanismo puede explicar la, en ocasiones, inexplicable tolerancia de algunas personas al dolor y su negativa a ponerle remedio: es preferible el dolor físico al dolor psíquico que comporta la experiencia culposa.
*** Referencias bibliográficas: [1] [2] [3]
Tratamiento psicológico de la culpa en el duelo
La culpa puede provocar un gran sufrimiento. Sin embargo, es posible trabajarla en psicoterapia. Ya hemos visto que la culpa consiste en la aparición de un sufrimiento psicológico asociado a pensamientos y emociones de tipo autoacusatorio, en relación con la transgresión de una regla real o simbólica. Cuando aparece durante el duelo, tiene que ver con las emociones que suscitan dicha pérdida y las dificultades que podemos estar atravesando durante el proceso. A continuación, se detallan los pasos para trabajar la culpa en el duelo.
Pasos a seguir
- Es importante poder explicitar los sentimientos asociados a la vivencia de culpa: tristeza, rabia, vergüenza… El espacio terapéutico puede ser el idóneo para permitirse experimentar y narrar cómo se sienten estas emociones sin sentirse juzgado o incomprendido.
- Trabajo con las emociones básicas: Definir adecuadamente y buscar los antecedentes de la emoción principal nos dará las primeras pistas del origen inicial de la vivencia de culpa. Tenemos que tener en cuenta que, para que exista culpa, inevitablemente debe existir la presencia de un «otro»: sin los demás no habría culpa.
- Buscar el foco acusador: La persona siente que ha transgredido una regla. Esta puede ser explícita o implícita, social o personal, pero siempre está presente esa ruptura.
- Trabajar en la búsqueda de la supuesta norma transgredida: Qué es considerado como transgresión dependerá de la cultura y del entorno donde se haya criado la persona. Esto conllevará, generalmente, el análisis de las normas familiares infantiles, de figuras morales relevantes en períodos críticos de la vida y del contexto social de la culpa.
- Explicitar el punto de ruptura: Con frecuencia este no es el aparente inicialmente (la pérdida de la persona) sino hechos, pensamientos o fantasías antecedentes o paralelos.
- Analizar la percepción de responsabilidad de la persona respecto al hecho: Estos actos son evaluados como indebidos de antemano y se debe reflexionar sobre si verdaderamente la persona tiene alguna responsabilidad en lo que ha sucedido. Se debe reflexionar sobre la intencionalidad de la persona y la relevancia de la misma en la vivencia de culpa.
- Analizar el nivel en que lo ocurrido está cuestionando la imagen de sí mismo.
*** Referencias bibliográficas: [1] [3] [9]
Conclusiones
Afrontar la pérdida de un ser querido es una de las experiencias más difíciles a las que se enfrentará una persona. El duelo implica una lucha emocional, donde una parte de nosotros se resiste a perder y la otra desea aceptar la pérdida. Afecta a la persona tanto física como psicológicamente.
A pesar de las múltiples emociones que surgen en este proceso, la culpa en el duelo es muy habitual, aunque a menudo pase desapercibida. Las dudas sobre si “se pudo hacer algo más”, “no despedirse adecuadamente”, etc., pueden invadir a la persona y causarle un gran dolor. Como suele ser considerada una emoción “rara” para un duelo, muchas veces se enmascara, lo cual dificulta enormemente trabajar sobre ella.
Afrontar de manera adaptativa un duelo es fundamental para que la persona pueda rehacer su vida y seguir adelante sin la carga de un trauma (la pérdida) afectando a su presente. La psicoterapia puede ayudar mucho en estos casos.
Cualquiera puede verse en la situación de pasar por un duelo complicado; al fin y al cabo, es una de las situaciones más estresantes por las que pasaremos vitalmente. Pero no tenemos por qué estar solos durante este proceso: contar con apoyo social, familiar y profesional es de vital importancia para elaborar un duelo adecuadamente.
*** Referencias bibliográficas: [5] [6]
FAQ sobre el sentimiento de culpa en el duelo
¿Es normal sentirse culpable tras la muerte de un ser querido?
Sí, es un sentimiento mucho más frecuente de lo que pensamos. Durante el duelo es habitual juzgarse a uno mismo y sentir que «no se hizo lo suficiente» o que «no se fue todo lo bueno que se debería haber sido», aunque estas creencias no tengan una base real.
¿Por qué siento culpa si no fui responsable de la muerte?
La culpa en el duelo suele ser irracional y no lógica. Aparece porque sentimos que hemos transgredido alguna norma interna (real o simbólica) o por la falsa creencia de que podríamos haber evitado el desenlace. Es una forma de intentar controlar lo incontrolable ante el dolor de la pérdida.
¿Puede la culpa causar dolor físico o enfermedades?
Sí. Cuando la culpa es muy intensa y no se gestiona psicológicamente, puede desplazarse al cuerpo. Esto genera cuadros de dolor físico (trastornos psicosomáticos) que actúan como un castigo inconsciente o una forma de tapar el dolor emocional.
¿Por qué siento enfado hacia la persona que ha fallecido?
Es una reacción normal llamada ambivalencia. Puedes sentir amor y, a la vez, rabia por sentirte «abandonado» o por el sufrimiento que te causa su ausencia. A menudo, este enfado genera más culpa (culpa por estar enfadado), creando un círculo vicioso que es necesario trabajar
¿Cómo sé si estoy ocultando mi sentimiento de culpa durante el duelo?
A veces la culpa se «enmascara» porque es demasiado dolorosa. Puede manifestarse indirectamente a través de angustia constante, aislamiento social, irritabilidad, falta de apetito, insomnio o conductas de sumisión y autocastigo sin motivo aparente.
¿Cómo se puede superar la culpa durante el duelo?
Lo principal es permitirse expresar las emociones (tristeza, rabia, vergüenza) en un entorno seguro como la psicoterapia. Se trabaja identificando qué norma creemos haber roto, analizando objetivamente nuestra responsabilidad real y aprendiendo a perdonarnos para poder rehacer nuestra vida.
Bibliografía
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- Mejía Correa, M. P., & Fernández Fuente, S. (2012). La culpa en el duelo. Poiésis, 12(23), 1–8.
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- Vargas Solano, R. E. (2003). Duelo y pérdida. Medicina Legal de Costa Rica, 20(2), 47–52.
- American Psychiatric Association. (2022). Prolonged Grief Disorder (DSM-5-TR). American Psychiatric Association.
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- Stroebe, M., & Schut, H. (1999). The Dual Process Model of Coping with Bereavement. Death Studies.
- Shear, K., Frank, E., Houck, P. R., & Reynolds, C. F. (2005). Treatment of complicated grief: A randomized controlled trial. JAMA.
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Sofía Rodríguez Pantoja es Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid.
Ha cursado el Máster en Psicología General Sanitaria y el Máster en Psicoterapia Humanista Experiencial y en Terapia Focalizada en la Emoción en la Universidad Pontificia de Comillas.
También está formada en psicoterapia EMDR y terapia breve por la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia (SEMPyP). Fue voluntaria en el Centro Joven de Atención a la Sexualidad en Madrid (CJAS Madrid).
Actualmente está cursando el Experto en Trastornos Alimentarios por la SEMPyP.