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Ataque de ansiedad.

El ataque de ansiedad, también conocido como crisis de ansiedad o como ataque de pánico, es una vivencia sobrecogedora, que quién ha tenido la desgracia de sufrir, difícilmente podrá olvidar en su vida. Un ataque de ansiedad es una de las situaciones más traumáticas que puede a llegar a vivir un ser humano.

Concepto.

Podemos definir el ataque de pánico (“Panik Attack”) como un cuadro de  presentación brusca, que aparece de forma inesperada y suele tener una duración variable. Quién sufre un ataque de ansiedad experimenta una sensación de miedo intenso, totalmente irracional, que no puede controlar. Otras personas sienten una angustia muy difícil de soportar, que les hace pensar que van a morir o volverse locos.

A pesar de esta definición tan dramática, un ataque de ansiedad no conlleva un riesgo vital y no es una patología especialmente grave que ponga en riesgo la vida del sujeto. Sin embargo, desde el punto de vista psicológico, el paciente percibe todo lo contrario. Es muy típico que cuando ha pasado el ataque, el paciente nos diga que estaba convencido de estar sufriendo un ataque cardiaco.

El sujeto siente durante el ataque, una ansiedad extrema, que es vivida con la sensación de ir a morir en el acto. Siente que la vida se escapa por momentos. Se encuentra impotente, incapaz de reaccionar y poner remedio a la situación. Ya hemos mencionado que muchos creen firmemente estar sufriendo un infarto de corazón o un ataque cardiaco. Algunos lo viven con la sensación o el temor de perder el conocimiento. Otros experimentan la sensación de volverse locos. Piensan que están perdiendo la razón y que pueden perder toda su capacidad mental.

Una de las características más típicas del cuadro es su aparición súbita e inesperada. El ataque de ansiedad pilla al sujeto por sorpresa y en apenas unos minutos alcanza su máxima intensidad. La duración total del ataque puede ser muy variable desde episodios de pocos minutos hasta otros que pueden durar horas.

Durante el ataque de pánico, el individuo experimenta síntomas muy intensos y variados, tanto físicos como psíquicos.

Crisis de ansiedad o ataque cardiaco

Epidemiología.

Los ataques de pánico son una patología bastante frecuente, no solamente a nivel de centros psiquiátricos, sino a nivel de urgencias hospitalarias, centros ambulatorios y consultas de cardiología y de atención primaria.

Las crisis de ansiedad afectan tanto a hombres como a mujeres, aunque se suelen dar con mayor frecuencia en el sexo femenino en una proporción de 2 a 1. Los estudios realizados consideran que los ataques de ansiedad afectan a un porcentaje de la población que puede variar entre el 1% y 3%. La edad de aparición suele estar entre los quince y los treinta y cinco años.

Uno de los datos más interesantes del ataque de ansiedad es su alto grado de asociación con otros trastornos. En concreto la asociación con los trastornos depresivos ha quedado totalmente confirmada tras uno de los mayores estudios de comorbilidad realizados hasta la fecha: el Estudio de Comorbilidad Nacional, publicado en “The British Journal of Psychiatry”. Este estudio ha revelado que la asociación entre ataques de pánico y depresión ronda el 50%. Resulta muy significativo que la gravedad de los síntomas depresivos es mucho mayor en los pacientes con crisis de ansiedad, y que los síntomas durante los ataques de ansiedad son mucho más intensos en los pacientes con depresión.

Otros estudios han demostrado la asociación con los trastornos fóbicos y el consumo excesivo de alcohol.

Historia.

Aunque en los actuales tiempos de crisis económica, los ataques de ansiedad han proliferado, en realidad estamos hablando de un trastorno conocido desde hace mucho tiempo y que ya fue tratado a finales del siglo XIX por Sigmund Freud. En su descripción de “las neurosis actuales”, que publicó en 1894, Freud aborda el tema de los ataques de ansiedad, a los que él denomina “neurosis de angustia”. Freud entiende que la represión sexual conlleva la acumulación de libido (energía sexual), que se trasforma en angustia y desencadena todos los síntomas.

Más adelante, Freud descartaría el origen sexual del cuadro. Con la publicación en 1926 del libro “Inhibición, síntoma y angustia” abandonó por completo su teoría sexual inicial.

En la actualidad los ataques de pánico se hayan perfectamente tipificados en el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) de la Asociación Americana de Psiquiatría y se incluye dentro de los trastornos de ansiedad.

Crisis de angustia

Causas.

A pesar de los avances de la medicina, el origen de los ataques de ansiedad sigue siendo desconocido, aunque hay diversa teorías que tratan de explicarlos:

Para algunos autores habría una alteración del “locus ceruleus” a nivel del bulbo raquídeo.

Para otros existiría un exceso de noradrenalina en los sujetos con ataques de ansiedad. En estos pacientes la ingesta de cafeína o de medicamentos como la yohimbina podría desatar las crisis.

Otros autores apuntan al neurotransmisor GABA y su relación con los canales intracelulares de cloro. Cuando el paso del cloro se ve interrumpido por el cierre del canal se desencadenarían los ataques. Refuerza esta teoría el hecho de que las benzodiacepinas (fármacos ansiolíticos) son capaces de abrir estos canales de cloro, lo que conlleva una disminución de la ansiedad.

En cualquier caso, parece que todas estas teorías, son sólo visiones parciales y complementarias de la génesis del problema.

Fisiopatología.

El mecanismo de acción del ataque de ansiedad suele seguir el siguiente esquema:

La sensación de miedo intenso o de terror incontrolable es el sentimiento básico e inicial durante la crisis. Podríamos decir sin temor a equivocarnos, que un ataque de pánico es el momento donde la ansiedad se manifiesta en estado “puro”.

Los mecanismos de alerta del organismo se disparan de forma injustificada y alcanzan un punto álgido, difícil de encontrar, salvo en situaciones de riesgo vital extremo, donde la vida del sujeto se ve seriamente amenazada por un peligro real.

El miedo y la ansiedad desencadenan una brusca descarga de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), que aumentan la frecuencia cardiaca y respiratoria. La presión arterial se eleva considerablemente. Se produce un aumento de la sudoración, los ojos se agrandan y las pupilas se dilatan. Los niveles de glucosa en sangre se elevan, la actividad cerebral se incrementa notablemente. El flujo sanguíneo aumenta y la sangre inunda los músculos. El organismo se prepara para librar una batalla imaginaria. Se pone en marcha los mecanismos más primitivos aprendidos en la evolución de la especie: la lucha o la huida ante el peligro.

El aumento de la frecuencia respiratoria hace que el paciente empiece a hiperventilar. Esto se traduce en una agravación de la mayoría de los síntomas. Si el paciente es capaz de controlar y disminuir la frecuencia respiratoria, los síntomas disminuyen y esto le da el sentimiento de poder controlar, al menos parcialmente, la situación. Así pues una de las primeras medidas a tomar cuando se asiste a un paciente con un ataque de pánico, será infundirle tranquilidad para que sea capaz de controlar su respiración.

Ataque de Panico

Diagnóstico.

En la actualidad para poder llegar a diagnosticar correcto de un ataque de ansiedad se deben cumplir los siguientes puntos:

Sensación de miedo intenso o sensación de malestar o ansiedad extrema, de aparición brusca. Esta sensación debe ir acompañada por la presencia de por lo menos cuatro de los síntomas que se enumeran a continuación:

  • Palpitaciones cardiacas o taquicardia (aumento de la frecuencia cardiaca).
  • Ahogo o sensación de falta de aire. El paciente cree que se va a asfixiar.
  • Sudoración abundante
  • Sofocos o escalofríos.
  • Hormigueos en diversas partes del cuerpo.
  • Opresión torácica o dolor en el pecho (“me duele el corazón”).
  • Temblores o sacudidas musculares bruscas.
  • Dificultad para tragar o sensación de atragantamiento.
  • Mareo o sensación de ir a perder el conocimiento.
  • Sienten que se separan del cuerpo (despersonalización).
  • Miedo a perder la razón y volverse loco.
  • Convencimiento de muerte inminente.

Trastorno de Pánico.

Los ataques son imprevisibles y dejan en el paciente un doloroso y amargo recuerdo. Cuando un sujeto sufre su primer ataque se encuentra desprevenido y la crisis sobreviene por sorpresa. Por desgracia los ataques tienden a repetirse. El paciente no puede saber de antemano cuando sucederá, pero el miedo a que se repita está presente y en muchos casos modifica su conducta y trata de evitar todo aquello que le recuerda el primer ataque, o deja de pasar por los lugares donde sufrió la crisis. En este sentido, hablamos de Trastorno de Pánico cuando:

1, Los ataques se repiten durante un mes o más tiempo.

2. O bien, el sujeto, temeroso de sufrir una nueva crisis, modifica su conducta y trata de evitar situaciones, lugares o actitudes que considera como posibles causas del primer ataque.

Trastorno de ansiedad

Evaluación del paciente.

Ya hemos mencionados los criterios que el DSM-V requiere para el correcto diagnóstico de un ataque de pánico, pero la sintomatología inicial es tan aparatosa y puede ser tan variada, que la mayoría de los pacientes no son atendidos en primera instancia por un psiquiatra o un psicólogo.

La mayoría de los pacientes con ataques de ansiedad son atendidos en servicios de urgencia, bien de hospitales o bien de centros de atención primaria. Muchos de ellos entran en las consultas con el diagnóstico previo de ataque cardiaco por dolor torácico inespecífico. Lógicamente, tras realizar un electrocardiograma se descarta la patología cardiaca.

Lo habitual, es que tras un riguroso examen físico, se realice una evaluación psicológica. Aunque los profesionales de los servicios de urgencia están lo suficientemente entrenados, como para detectar un ataque de pánico a “ojo”, hay que ser precavido y no descartar “a priori” una patología orgánica. No está demás realizar una analítica de sangre y orina para descartar el abuso de sustancias, pues en ocasiones pueden dar cuadros, que simulan un ataque de pánico. Una vez confirmado el diagnóstico el tratamiento médico suele aliviar de forma rápida la angustia del paciente.

 

 Caso clínico.-

La mejor forma de comprender como se siente una persona durante un ataque de ansiedad es viendo un caso clínico real.

El caso de Adela.

Adela es una mujer de 55 años, que vive en Madrid, con el único antecedente patológico de hipertensión arterial. Cabe reseñar que es bastante hipocondriaca.  Adela sufrió el primer ataque de ansiedad una tarde de verano en fue a visitar a su madre enferma, en un hospital de la capital.

Trastorno de Pánico

Primer ataque de ansiedad.

Ella lo relata de la siguiente forma: “Hacía un calor horrible y estaba subiendo una cuesta bastante empinada. Tenía un poco de fatiga y empecé a caminar más despacio. Noté una molestia extraña en el pecho, una especie de sensación de vacío o de nudo torácico. Entonces, me entró miedo, pues pensé que podía ser una angina de pecho. Me paré en el acto, pensando que desaparecería, pero en lugar de eso, me puse más nerviosa. Pensé que me iba a pasar algo malo. Me costaba trabajo respirar y empecé a sudar abundantemente. Me flojeaban las piernas y temía desmayarme”.

“La sensación de opresión en el pecho iba en aumento, pero ahora podía notar los latidos del corazón, muy deprisa, dando golpes contra mi pecho. Ya no tenía ninguna duda, me estaba dando un infarto, me iba a morir a escasos metros de la puerta de urgencias. Quería gritar y pedir ayuda, pero las palabras no salían de mi boca. Cada vez estaba más angustiada y entonces un matrimonio se percató de que algo me pasaba, llamaron al personal médico, me sentaron en una silla de ruedas y me llevaron a urgencias. Ya estando dentro del hospital, la angustia y las molestias fueron disminuyendo, aunque me quedaba una sensación o un temor de que todo se repitiera en cualquier momento.”

Evolución.

En el transcurso de las siguientes semanas sufrió tres nuevos ataques. Fue derivada a cardiología donde no encontraron ninguna patología, salvo su hipertensión ya conocida. Descartaron un hipertiroidismo y finalmente se derivó a psiquiatría con el diagnóstico previo de ataque de pánico, que fue confirmado. Se inició tratamiento con un antidepresivo (paroxetina 20 mg al día) y un ansiolítico (Alprazolam 2 mg al día). Se remitió al psicólogo de la seguridad social y empezó un tratamiento individual de psicoterapia. Tras seis meses de tratamiento los ataques de ansiedad habían desaparecido.

Panik Attack

Miedo a nuevos ataques.-

Cuando un paciente ha sufrido una crisis de angustia, es inevitable que piense que se puede volver a repetir en cualquier momento. En general el recuerdo es tan desagradable que lo asocian de forma errónea con un riesgo vital. Aunque el ataque pasó y le han explicado detalladamente la naturaleza de lo ocurrido, él sigue viéndolo como una potencial amenaza para su vida. Debido a ello, puede caer en la tentación de intentar evitar cualquier actividad, cualquier lugar similar o cualquier situación que le recuerde el primer ataque.

Evitación.

Esta conducta de evitación es totalmente contraproducente, pues está reconociendo de forma implícita, que no tiene ninguna defensa frente a los ataques de ansiedad. Sería algo así como reconocer: “Como no puedo enfrentarme de nuevo a una crisis, tengo que tratar de evitarla por todos los medios”.

Acompañamiento.

Pero como los ataques se siguen produciendo, pese a las conductas de evitación, el sujeto se siente cada vez más aterrorizado. Ya no le basta con no pasar por un determinado lugar, o con no realizar una actividad “peligrosa”. Ahora necesita un refuerzo más para vencer su miedo a sufrir una nueva crisis. El enfermo en esta fase busca compañía en todo momento, pensando que si se produce un ataque le podrán auxiliar y ayudar a superarlo.

Esta conducta le hace sentirse desvalido, dependiente de los demás y tras un breve periodo de tiempo deja de funcionar. Aunque esté acompañado, los ataques se siguen produciendo, su miedo cada vez es mayor, la compañía ya no le sirve y entra en bucle patológico que agrava su situación.

Observación obsesiva.

El miedo a sufrir una crisis hace que esté vigilando de forma continua su organismo. Está pendiente de su temperatura y de su pulso, vigila su frecuencia cardiaca y su respiración. El más mínimo cambio fisiológico actúa como un detonante y pone en marcha un temor enfermizo que cierra un círculo vicioso. Teme sufrir un nuevo e inminente ataque y esto aumenta la angustia y al final se produce una nueva crisis. Su inseguridad es cada vez mayor, cada vez está más pendiente de su cuerpo y cada vez se encuentra más limitado.

Hiperventilación por ansiedad

Agorafobia.

La agorafobia, por el contrario de lo que mucha gente supone, no es el temor a los espacios abiertos, sino el miedo patológico e irracional a situaciones embarazosas, multitudes o lugares de difícil acceso, donde no el sujeto no pueda ser auxiliado si sufre un ataque de ansiedad.

La agorafobia es un trastorno de ansiedad que puede aparecer de manera aislada o bien asociada a los ataques de pánico. Cuando un individuo, por temor a sufrir una nueva crisis, desarrolla conductas de evitación, puede terminar por sufrir un trastorno de agorafobia.

Tratamiento.

El tratamiento de los ataques de ansiedad se debe considerar desde el punto de vista farmacológico y psicológico.

Tratamiento farmacológico.

Ya hemos repetido anteriormente que el ataque de pánico no supone ninguna amenaza para la vida del paciente. Tras el diagnóstico, los síntomas ceden rápidamente con un correcto tratamiento farmacológico.

 En el momento agudo del ataque suelen ser efectivas las benzodiacepinas, como el lorazepán, administrado por vía sublingual. El tratamiento con benzodiacepinas debe ser lo más breve posible por los riesgos de tolerancia y dependencia. Pasado el momento inicial el tratamiento irá encaminado a evitar nuevos ataques. Se suelen utilizar antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS) con muy buenos resultados. Además son muy útiles para evitar la agorafobia y la ansiedad a sufrir nuevos ataques.

Psicoterapia.-

Desde hace bastantes años la terapia cognitivo-conductual ha sido la más empleada para tratar los ataques de ansiedad. Cabe reseñar, que con la Terapia Focalizada en las Emociones (TFE) se están obteniendo muy buenos resultados en los últimos años.

El principal objetivo de la psicoterapia es evitar la cronificación, el temor a nuevos ataques y la aparición de agorafobia.

Consejos y relajación

Prevención y consejos.

Para ello es importante que el paciente asimile algunas ideas que, a medio y largo plazo, pueden dar buenos resultados:

  • Los síntomas del ataque de ansiedad no son peligrosos.
  • Son sólo una manifestación exagerada de las reacciones que nos produce el estrés.
  • Durante la crisis de angustia el paciente debe racionalizar la situación y convencerse de que no entraña peligro.
  • El paciente debe centrarse en los síntomas que tiene en ese momento, no en los que tema que pueden aparecer.
  • Cuando le invada el temor, acéptelo y esté convencido de que es algo pasajero y temporal.
  • Si evita que su imaginación se dispare y piense de forma alarmista, la angustia y el miedo desaparecerán de forma espontánea.
  • Lo más importante es aprender a enfrentarse al miedo. Cuando el sujeto puede controlar la ansiedad y el pánico no tiene sentido adoptar conductas de evitación.
  • Cuando consiga un control parcial del miedo, siéntase orgulloso de lo logrado.
  • Piense en la satisfacción que sentirá cuando controle completamente la ansiedad y la crisis haya cedido por completo.
  • Estos pensamientos positivos se retroalimentan: en cada nuevo ataque, controlará mejor la ansiedad, esto le reforzará la confianza en sus pensamientos y le hará sentirse cada vez más seguro.

Los ataques de ansiedad son una patología lo suficientemente seria como para acudir rápidamente a los profesionales, médicos y psicólogos. El no actuar de este modo conlleva el riego de acabar desarrollando una agorafobia. La psicoterapia y el moderno arsenal farmacológico dan muy resultados.

 

Referencias.

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Ataques de Ansiedad
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Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.

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