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El Síndrome de Estocolmo

Revisado por: Gerardo Castaño Recuero el 19 noviembre, 2025 – Psicólogo sanitario experto en TFE. Colegiado nº M-27809
Mujer esposada con Síndrome de estocolmo

Con el término «Síndrome de Estocolmo» se denomina el comportamiento que presenta un individuo que ha sido objeto de un secuestro (o abusos) y desarrolla actitudes amistosas y sentimientos de simpatía hacia sus captores.

¿Qué es el Síndrome de Estocolmo? Definición y mecanismo.

El Síndrome de Estocolmo es una respuesta psicológica paradójica en la que una víctima de secuestro, abuso o retención contra su voluntad desarrolla sentimientos de simpatía, empatía e incluso afecto hacia su captor o agresor.

Lejos de sentir odio o buscar la huida inmediata, la persona afectada puede llegar a justificar las acciones del delincuente, interpretar sus pequeños gestos de «bondad» (como no agredirla físicamente o darle comida) como actos de generosidad inmensa y, en los casos más extremos, colaborar con él frente a la policía o las autoridades.

Es importante entender que no es una elección consciente de la víctima, sino un mecanismo de adaptación extrema ante una situación de amenaza vital.

Más allá del secuestro: El mecanismo de supervivencia paradójico

Aunque el término nació a raíz de un atraco bancario, la psicología moderna entiende este fenómeno como un mecanismo de defensa inconsciente. Ante una situación traumática donde la vida o la integridad física dependen totalmente del agresor, la psique de la víctima busca una estrategia desesperada para sobrevivir.

Este proceso se cimenta en lo que conocemos como vínculo traumático, que suele seguir este patrón:

  1. La amenaza: La víctima percibe un peligro real para su vida.
  2. La indefensión: Siente que no puede escapar y que su destino está en manos del otro.
  3. El aislamiento: Se pierde el contacto con el mundo exterior y la única perspectiva que recibe es la del captor.
  4. La «bondad» distorsionada: Cuando el agresor muestra un pequeño gesto de humanidad (o simplemente cesa la violencia momentáneamente), la víctima lo magnifica, sintiendo una gratitud desproporcionada que cimenta el vínculo emocional.

Este mecanismo no es exclusivo de los rehenes; se observa con mucha frecuencia en relaciones de pareja abusivas, sectas destructivas y casos de violencia intrafamiliar.

¿El Síndrome de Estocolmo es un trastorno mental reconocido?

A pesar de su fama mediática y su uso habitual en criminología, es fundamental aclarar que el Síndrome de Estocolmo no está reconocido como un trastorno mental oficial en los manuales de diagnóstico psiquiátrico de referencia, como el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) o la CIE-11.

Esto significa que un psicólogo no «diagnostica» Síndrome de Estocolmo como una enfermedad en sí misma (como podría ser la depresión o la ansiedad).

La comunidad científica lo considera más bien una reacción emocional temporal o un síntoma dentro de cuadros más complejos, como el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) o los Trastornos de Estrés Agudo. No se trata de una patología de la víctima, sino de una respuesta adaptativa al trauma: el cerebro trata de «humanizar» al agresor para reducir el miedo y el estrés que supondría verlo como un monstruo capaz de matarnos en cualquier momento.

Víctimas del síndrome de Estocolmo
(1) – Las víctimas de violencia pueden padecer el síndrome de Estocolmo

Referencias bibliográficas: [1][2][3][4][8][9][11][19]

Síntomas y Fases: Cómo identificar a una víctima

El Síndrome de Estocolmo no surge de la noche a la mañana. Es un proceso psicológico progresivo en el que la identidad de la víctima se va erosionando para dar paso a la sumisión y la dependencia. Identificarlo a tiempo es crucial, ya que la persona afectada suele negar rotundamente que exista un problema.

Las 4 fases del desarrollo del síndrome de Estocolmo

Para que este vínculo traumático se consolide, la relación entre víctima y captor (o maltratador) suele atravesar cuatro estadios diferenciados:

  1. Fase de Shock y desorientación: Al inicio del secuestro o del abuso, la víctima experimenta un terror paralizante y confusión. [4]
  2. Fase de Identificación y dependencia: El agresor alterna violencia con pequeños gestos de «bondad» (dar comida, permitir ir al baño, pedir perdón). La víctima, en su necesidad de aferrarse a la esperanza, magnifica estos gestos y empieza a ver el lado «humano» del agresor.
  3. Fase de «Nosotros contra el mundo»: La víctima empieza a percibir a las personas externas (policía, familia, amigos que intentan ayudar) como una amenaza para su seguridad o para la del agresor. Se asume la narrativa del captor como propia.
  4. Fase de Consolidación: La víctima defiende activamente al agresor, justifica sus actos violentos («lo hizo porque estaba nervioso», «yo le provoqué») y rechaza cualquier intento de rescate o intervención.

Referencias bibliográficas: [4][1]

Señales de alerta psicológicas y conductuales

Tanto si hablamos de un secuestro como de una situación de violencia intrafamiliar, existen síntomas claros que los familiares y amigos pueden detectar:

  • Justificación constante: La víctima siempre tiene una excusa racional para el comportamiento violento o controlador del agresor.
  • Aislamiento progresivo: Rechazo a comunicarse con familia o autoridades por miedo a que «perjudiquen» al agresor.
  • Hipervigilancia: La persona parece estar siempre «caminando sobre cáscaras de huevo», midiendo cada palabra para no alterar al otro.
  • Culpabilidad asumida: Cree firmemente que el maltrato es consecuencia de sus propios errores y se siente agradecida de que el agresor no sea «más duro» con ella.

El «Síndrome de Estocolmo Doméstico»: Cuando ocurre en la pareja

Este es, sin duda, el escenario más frecuente en la práctica clínica actual. No hacen falta rejas ni armas de fuego para desarrollar este síndrome; las paredes del hogar y la violencia psicológica son suficientes.

En el contexto de la violencia de género y las relaciones tóxicas, este fenómeno se conoce también como Vínculo Traumático. Muchas mujeres (y hombres) atrapadas en relaciones de abuso desarrollan una lealtad paradójica hacia su pareja maltratadora.

¿Por qué no se van? Porque la dinámica funciona mediante el refuerzo intermitente:
El agresor no es violento el 100% del tiempo. Alterna episodios de agresividad con fases de «luna de miel», arrepentimiento y cariño. Estos momentos de «amor» actúan como una droga potente que mantiene a la víctima enganchada, esperando que esa sea la verdadera personalidad de su pareja y que el abuso sea solo algo puntual.

Entender que esto no es amor, sino una respuesta de supervivencia al trauma, es el primer paso esencial para poder romper el ciclo y pedir ayuda terapéutica.

*** Nota: Este contenido no sustituye la evaluación profesional. Si crees que tú o alguien cercano está en riesgo, llama al 112 (emergencias). Para información y ayuda en España: 016 (teléfono y WhatsApp; también chat y mail). [20]

Atraco al banco de Norrmalm - Estocolmo
(2) – Síndrome de Estocolmo: Atraco al banco de Norrmalm  en 1973.

Referencias bibliográficas: [2][3][4][6][8][9]

Origen histórico del síndrome de Estocolmo: El asalto al banco de Norrmalm

Para comprender este fenómeno, debemos viajar al 23 de agosto de 1973, fecha en la que un intento de atraco en el Kreditbanken de Estocolmo (Suecia) cambió para siempre la psicología forense.

Lo que debía ser un robo convencional se convirtió en un secuestro de seis días que desconcertó al mundo entero. Fue el criminólogo y psiquiatra Nils Bejerot quien, al observar el comportamiento ilógico de los rehenes, acuñó el término Norrmalmstorgssyndromet (Síndrome de Norrmalmstorg), que más tarde se conocería internacionalmente como Síndrome de Estocolmo.

El caso de Jan-Erik Olsson y Kristin Enmark (1973)

El protagonista del asalto fue Jan-Erik Olsson, un convicto fugado que tomó a cuatro empleados del banco como rehenes. Sin embargo, la figura central para la psicología fue una de las cajeras: Kristin Enmark.

Tras la liberación, los rehenes se negaron a testificar contra los captores e incluso recaudaron dinero para su defensa legal, evidenciando que el vínculo emocional creado bajo presión extrema podía anular el sentido común.

Otros casos mediáticos: Patty Hearst y Natascha Kampusch

Aunque el caso sueco le dio nombre, la historia reciente nos ha dejado otros ejemplos que ayudan a entender la complejidad de este mecanismo de supervivencia:

Natascha Kampusch (1998): Un caso mucho más complejo por su duración. Secuestrada a los 10 años por Wolfgang Priklopil, permaneció cautiva en un sótano durante 8 años. Al escapar, y tras enterarse de que su captor se había suicidado, Natascha lloró su muerte.

Este caso demuestra cómo, cuando el secuestro ocurre en la infancia, la figura del captor se convierte en la única referencia afectiva y paternal (aunque sea abusiva) que tiene la víctima para desarrollarse.

Patty Hearst (1974): Quizás el caso más famoso en EE. UU. Patricia, nieta del magnate William Randolph Hearst, fue secuestrada por el grupo terrorista Ejército Simbiótico de Liberación (SLA). Meses después, sorprendió al mundo apareciendo en las cámaras de seguridad atracando un banco junto a sus captores, empuñando un arma y adoptando el alias de «Tania».

Su caso es el ejemplo clásico de cómo el aislamiento y el adoctrinamiento pueden romper y reconfigurar la identidad de la víctima.

Patricia Hearst con un rifle en las manos, fue víctima del Síndrome de Estocolmo
Patricia Hearst con un rifle tras unirse al grupo terrorista SLA.

Referencias bibliográficas: [5][7][6][2]

Causas psicológicas: ¿Por qué defendemos al agresor?

Para un observador externo, la conducta de una persona con Síndrome de Estocolmo resulta incomprensible. ¿Por qué alguien protegería a quien le está haciendo daño? La respuesta no está en la lógica racional, sino en el instinto de conservación más primitivo.

No estamos ante una decisión voluntaria, sino ante una reprogramación forzada de la psique. Cuando una persona se enfrenta a un trauma severo y prolongado, su cerebro activa mecanismos de defensa extremos para evitar el colapso emocional y garantizar la supervivencia física.

La indefensión aprendida y el lavado de cerebro

Uno de los pilares fundamentales de este síndrome es el concepto de indefensión aprendida: tras intentar escapar sin éxito, la víctima asume que no hay salida y que su vida depende totalmente del otro.

Esta dinámica ha sido objeto de análisis recientes, destacando el estudio «Understanding Individuals with Stockholm Syndrome», debatido ampliamente en la Society for the Advancement of Psychotherapy. Las conclusiones de este organismo son esclarecedoras: bajo situaciones de secuestro o dominio extremo, se activan esquemas cognitivos distorsionados.

Según estas investigaciones, la víctima deja de ver al captor solo como una amenaza para percibirlo también como un soporte vital. Esta alteración en la percepción no es voluntaria, sino producto de una intensa necesidad de sobrevivir que modifica la autonomía y la visión del mundo del rehén.

En este estado, se producen dos fenómenos clave:

Aislamiento de la realidad: Al igual que en los lavados de cerebro de sectas, la víctima pierde su perspectiva crítica y acaba adoptando los «sentimientos positivos» hacia el captor para evitar el colapso mental.

El agresor como «Salvador»: Se produce una paradoja macabra. Como el agresor tiene el poder de quitar la vida pero decide no hacerlo, la víctima interpreta esa «no-agresión» como un acto de bondad inmensa.

Referencias bibliográficas: [5][7][17][18][6][2]

El miedo a la libertad y la dependencia emocional

A medida que el vínculo traumático se consolida, se produce una regresión infantil. La víctima, privada de su autonomía adulta (decidir cuándo comer, cuándo hablar, cuándo ir al baño), empieza a comportarse emocionalmente como un niño pequeño dependiente de una figura de autoridad.

Esta dependencia genera dos miedos paralizantes:

  1. Miedo a la represalia: El terror a que, si colabora con la policía o intenta huir, el castigo será peor que el cautiverio.
  2. Miedo a la libertad: Paradójicamente, el mundo exterior se vuelve amenazante. La víctima siente que «nadie fuera entenderá su relación» o que solo el agresor puede protegerla.

Esta identificación con el agresor llega al punto de que la víctima desarrolla una hiper-empatía hacia él. Necesita anticipar sus deseos y estados de ánimo para evitar la violencia, lo que acaba borrando los límites entre su propia identidad y la del maltratador.

Patricia Hearst detenida y esposada por el FBI
Patricia Hearst pasó de secuestrada a detenida y juzgada por terrorismo.

Referencias bibliográficas: [3][8][15][16][1][4][9]

Tratamiento actualizado para el Síndrome de Estocolmo.

El tratamiento del Síndrome de Estocolmo es muy parecido al de los trastornos por estrés (ya sea agudo o postraumático) y en este sentido como la inmensa mayoría de los trastornos de ansiedad requiere una doble vertiente terapéutica: la farmacología y la psicoterapia.

Fármacos.

El manejo farmacológico debe ser individualizado y siempre supervisado por un profesional. Las benzodiacepinas pueden considerarse de forma puntual y a corto plazo por riesgo de dependencia y otros efectos; no son de primera elección.

Los antidepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina (ISRS) pueden emplearse cuando hay sintomatología ansioso-depresiva (y según valoración clínica). En algunos trastornos de ansiedad están indicados los gabapentinoides (p. ej., pregabalina) por existir evidencia específica. Su perfil no está libre de riesgos (sedación, mareo, y síntomas de retirada).

Para el llamado “síndrome de Estocolmo” los gabapentinoides no están indicados expresamente. Su uso requiere valoración médica y no son fármacos de primera línea para este fenómeno, donde la prioridad es la psicoterapia centrada en el trauma.

Psicoterapia.

En cuanto a la psicoterapia es necesario reelaborar la vivencia traumática y analizar los mecanismos que el sujeto ha puesto en marcha para hacer frente al impacto emocional vivido.

La recuperación no siempre es fácil y en ocasiones pueden para años hasta que el individuo es capaz de superar la situación.

En general, es conveniente trabajar la autoestima y aumentar la confianza del sujeto.

No debemos olvidar que en la génesis del suceso traumático el secuestrado ha pasado de una situación cotidiana de placidez a un estado angustioso, donde ha sentido que su vida no valía nada y dependía del capricho o “la bondad” del secuestrador.

Esta sensación de ver cómo su vida pende de un hilo, genera en el paciente una profunda inseguridad y una quiebra en toda su escala de valores.

El secuestrado vive ese momento con la convicción de que sólo puede sobrevivir plegándose a los gustos del agresor, y de esta forma se identifica con sus puntos de vista, hace suya su manera de pensar y acepta sin objeciones todo lo que se le impone.

En buena lógica, esta actitud conlleva una destrucción de la autoestima y una desaparición de la confianza.

En cualquier caso la recuperación vendrá marcada por la intensidad del impacto emocional. La duración del secuestro suele ir relacionada directamente con el tiempo de recuperación, pues cuanto mayor haya sido la duración, durante más tiempo la víctima ha interiorizado la forma de pensar del agresor.

Avances en la psicoterapia para el síndrome de Estocolmo.

A continuación, se presenta una síntesis actualizada de las estrategias en psicoterapia más efectivas:

1. Terapia Cognitivo-Conductual (TCC): Esta terapia sigue siendo una de las principales intervenciones utilizadas en el tratamiento del síndrome de Estocolmo.

La TCC ayuda a los pacientes a identificar y desafiar las creencias irracionales y los pensamientos negativos que surgen como resultado de su cautiverio o abuso, promoviendo una reconstrucción de su percepción del mundo y de sí mismos.

2. Terapia enfocada en el trauma: Este tipo de psicoterapia está especialmente diseñada para abordar las raíces del trauma. Esta terapia facilita a los individuos la oportunidad de procesar y comprender sus experiencias traumáticas, permitiéndoles desarrollar nuevas estrategias para manejar sus emociones y reacciones.

3.  Apoyo empático y construcción de confianza: Los terapeutas proporcionan un entorno seguro donde los afectados pueden sentirse comprendidos y apoyados, lo que es crucial para restaurar la confianza en los demás y en las instituciones sociales, a menudo vista con escepticismo por quienes han desarrollado el síndrome.

*** Nota: Este contenido no sustituye la evaluación profesional. Si crees que tú o alguien cercano está en riesgo, llama al 112 (emergencias). Para información y ayuda en España: 016 (teléfono y WhatsApp; también chat y mail). [20]

Referencias bibliográficas: [10][11][12][13][14][4][9][1]

El Síndrome de Estocolmo en el cine y la cultura popular

El cine y la literatura han explorado fascinados esta dinámica psicológica, a menudo romantizando una situación que en la realidad es traumática. Ver estos ejemplos ayuda a entender cómo la cultura popular ha normalizado a veces el vínculo entre captor y víctima.

Una película clásica es “Portero de Noche” (1974) de Liliana Cavani. En ella un ex oficial de las S.S. alemanas (Dirk Bogarde) entabla relación con una antigua víctima de un campo de concentración (Charlotte Rampling). Ella lo reconoce y entre ellos se estableve una perversa relación.

El síndrome de Estocolmo en el Cine
Portero de Noche – Liliana Cavani (1974)

De «La Casa de Papel» a «La Bella y la Bestia»

Más allá de los casos policiales, la ficción está llena de relaciones basadas en este síndrome, aunque a veces las llamemos «historias de amor»:

La Casa de Papel: En esta exitosa serie española reciente, el ejemplo es tan literal que el personaje se bautiza a sí mismo como «Estocolmo». Mónica Gaztambide, una secretaria rehén en el atraco, acaba enamorándose de uno de sus secuestradores (Denver) y uniéndose a la banda criminal, ilustrando a la perfección la fase de identificación y defensa del captor.El síndrome de Estocolmo en el cine.

La Bella y la Bestia: Es el ejemplo arquetípico que casi todos hemos visto en la infancia. Bella es retenida contra su voluntad en un castillo por una «Bestia» irascible. Con el tiempo, su miedo se transforma en compasión y finalmente en amor, cumpliendo el patrón clásico de identificar la humanidad en el agresor para poder sobrevivir emocionalmente al encierro.

¡Átame! (Pedro Almodóvar, 1989): Un clásico del cine español donde el personaje de Antonio Banderas secuestra al de Victoria Abril para «hacer que se enamore de él». La película retrata magistralmente cómo el aislamiento y la dependencia forzada acaban generando ese vínculo afectivo paradójico en la protagonista.

Referencias bibliográficas: [6]

Conclusión

El Síndrome de Estocolmo nos demuestra que la mente humana es capaz de adaptarse a las situaciones más extremas con tal de sobrevivir. No es un síntoma de debilidad ni de locura, sino un mecanismo de defensa inconsciente ante el miedo y la soledad.

Es fundamental dejar de juzgar a la víctima con la lógica de quien está a salvo. Quien sufre este síndrome no «elige» quedarse ni defender a su agresor; simplemente no puede ver otra salida en ese momento.

La buena noticia es que este proceso es reversible. El vínculo traumático, por fuerte que parezca, se puede romper. Con el apoyo psicológico adecuado, es posible desactivar esos mecanismos de supervivencia que ya no son necesarios, reconstruir la propia identidad y, lo más importante, recuperar la libertad real.

Kristin Enmark, una de las secuestradas.
Kristin Enmark, una de las secuestradas en el asalto al banco de Norrmalm, sufrió síndrome de Estocolmo.

Referencias bibliográficas: [1][2][3][4][6]


FAQ sobre el Síndrome de Estocolmo

¿Cuál es la diferencia entre el Síndrome de Estocolmo y el Síndrome de Lima?

Son fenómenos opuestos. En el Síndrome de Estocolmo, es la víctima quien desarrolla empatía y afecto hacia su captor. En cambio, en el Síndrome de Lima, es el secuestrador o agresor quien empieza a sentir simpatía, lástima o compasión por la víctima, lo que a menudo le lleva a suavizar el trato o incluso a liberarla.

¿Se puede curar el Síndrome de Estocolmo?

Sí, totalmente. No es una enfermedad crónica, sino una adaptación temporal al trauma. Con terapia psicológica especializada (generalmente Terapia Cognitivo-Conductual, Terapia Focalizada en el Trauma), la persona puede desmontar las creencias distorsionadas, procesar el miedo y recuperar su autonomía emocional. El objetivo es romper el vínculo traumático.

¿Cómo puedo ayudar a alguien que sufre el síndrome de Estocolmo?

Es muy difícil, ya que la víctima suele defender a su agresor. Lo más importante es no juzgarla ni atacar frontalmente al maltratador, ya que esto hará que se aísle más. Mantén el contacto, escúchala sin presionar y recuérdale sutilmente su valía y su vida anterior. El objetivo es ser un «puente seguro» para cuando ella empiece a dudar y decida pedir ayuda.

¿Puede aparecer el síndrome de Estocolmo en el trabajo (Mobbing)?

Sí. Se conoce como Síndrome de Estocolmo Laboral o Corporativo. Ocurre cuando un empleado sufre abusos, humillaciones o explotación por parte de un jefe o empresa, pero se niega a denunciar o marcharse, justificando el trato («es que son muy exigentes», «en el fondo me están enseñando») por miedo al desempleo o por una lealtad mal entendida hacia la organización.

¿Cuánto tiempo duran las secuelas del síndrome de Estocolmo?

No hay un tiempo fijo. Depende de la duración del abuso, la gravedad del trauma y la resiliencia de la persona. Sin tratamiento, las secuelas (ansiedad, dependencia, baja autoestima) pueden durar años o cronificarse. Sin embargo, con intervención profesional temprana, la recuperación se acelera notablemente.

¿Por qué las víctimas del síndrome de Estocolmo no huyen cuando tienen la oportunidad?

Porque el «muro» no es físico, sino psicológico. La víctima vive bajo la creencia del terror paralizante y la indefensión aprendida: su cerebro ha asimilado que huir es imposible o que el castigo por intentarlo será peor que quedarse. Además, el vínculo emocional le hace sentir que traicionar a su agresor es algo «malo» o peligroso.


Bibliografía.

  1. APA Dictionary of Psychology — “Stockholm syndrome”
  2. Namnyak, M. et al. (2008). “‘Stockholm syndrome’: psychiatric diagnosis or urban myth?” (Acta Psychiatr Scand)
  3. Cantor, C. & Price, J. (2007). “Traumatic Entrapment, Appeasement and Complex PTSD: an evolutionary perspective” (Australasian Psychiatry)
  4. Rizo-Martínez, L. E. (2018). “El síndrome de Estocolmo: una revisión sistemática” (Clínica y Salud, SciELO)
  5. Polismuseet (Museo de la Policía de Suecia). “Norrmalmstorgsdramat”
  6. Encyclopaedia Britannica — “Stockholm syndrome”
  7. Lang, D. (1974). “The Bank Drama” (The New Yorker)
  8. Graham, D. L. R. et al. (1994). Loving to Survive (NYU Press/JSTOR)
  9. Johnson, H. N. (2021, April). “Understanding individuals with Stockholm syndrome” (Society for the Advancement of Psychotherapy)
  10. NICE. “Post-traumatic stress disorder: recommendations (NG116)”
  11. American Psychological Association. “Clinical Practice Guideline for the Treatment of PTSD in Adults”
  12. ISTSS. “PTSD Prevention and Treatment Guidelines: Methodology and Recommendations (2018)” [PDF]
  13. AEMPS (CIMA). “Pregabalina — Ficha técnica”
  14. EMA. “Pregabalin — EPAR: Product Information” [PDF]
  15. Seligman, M. E. P. et al. (1975). “Depression and learned helplessness in man” (J Abnorm Psychol)
  16. Walker, L. E. (1979). The Battered Woman (ciclo de la violencia)
  17. Sveriges Radio (Archivo). “Phone call from the bank vault (1973): Enmark–Palme”
  18. FBI — History. “Patty Hearst — Famous Cases”
  19. OMS — CIE-11. Navegador oficial de la CIE-11
  20. Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género (España). “Teléfono 016: recursos y canales de ayuda”

Galería de imágenes:

  • Imagen de portada creada con inteligencia artificial
  • Imagen nº 1 tomada de Pxhere.
  • Imagen nº 2 de Oscar Franzén. Dominio público (Wikimedia Commons).
  • Resto de imágenes tomadas del blog de Nuestro Psicólogo en Madrid. Si alguna imagen tiene derechos de autor, ruego nos lo comuniquen para retirarla.
Gerardo Castaño Recuero

Gerardo Castaño Recuero es el fundador y director de Nuestro Psicólogo en Madrid desde 2016. Desde entonces, trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en este centro.
Estudió Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid. Completó su formación con el Master de Especialista en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica (2013-2015).
Curso de Experto en Primeros Auxilios psicológicos en la Universidad Autónoma de Barcelona (2015).
Amplió su formación con el Master en Psicoterapia Humanista Experiencial Psicoterapia Focalizada en la Emoción en en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid (2016-2017).
Curso de Emotion Focused Therapy Level 1 en Glendon Campus of York University (2017).
Curso de Emotion Focused Therapy Level 2 en Canterbury Christ Church University (2018).
Certificación de Nivel B y C de Práctica Supervisada de TFE en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid. (2023-2024).
Colaborador habitual del Blog de Nuestro Psicólogo en Madrid.