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¿Qué son los mecanismos de defensa?

Los mecanismos de defensa son actividades psicológicas, generalmente usadas de forma inconsciente, mediante las cuales un sujeto puede evitar que pensamientos, representaciones, deseos o emociones de carácter desagradable lleguen a hacerse conscientes.

Ahora bien, podemos preguntarnos ¿de qué tipo de materiales tratamos de defendernos? Los contenidos que tratamos de mantener fuera de nuestra conciencia pueden ser variados en su forma (imágenes, recuerdos, pensamientos o emociones). A su vez, en cuanto a la temática, pueden ser materiales psíquicos que generan ansiedad en el sujeto, que hieren su autoestima, que le provocan culpabilidad, que le deprimen o bien que le generan una agresividad que no puede tolerar.

Hace unos días, en un Blog de la Universidad Complutense de Madrid, escribía sobre Alfred Hitchcock y la influencia del psicoanálisis, no sólo en sus películas, sino también en su vida. En este artículo, analizaba la película “Marnie, la ladrona”. En dicha película, la protagonista padece eritrofobia o miedo irracional al color rojo. Cuando ve algo de color rojo, sufre un ataque de ansiedad, que le deja inmovilizada, sudorosa, taquicárdica y con un miedo irracional e invencible.

Analizaba en este artículo los mecanismos de defensa, que el fóbico pone en juego para librarse de sus contenidos inconscientes. Pensé que no era mala idea repasar todos los mecanismos, que las personas usamos cada día en nuestras actividades más cotidianas. Pero, quizás antes de hablar de los mecanismos de defensa, sea necesario aclarar lo que entendemos por inconsciente.

Inconsciente, subconsciente y preconsciente.

El Inconsciente.

En lenguaje coloquial utilizamos la palabra inconsciente de dos formas. Una, es cuando nos referimos a alguien, que ha perdido el conocimiento, generalmente tras sufrir un desmayo o un síncope. Debido a esto, no es capaz de percibir lo que ocurre a su alrededor.

En sentido figurado, utilizamos el término inconsciente, para referirnos a una persona imprudente, temeraria y con poca capacidad de reflexión, que comete toda clase de actos sin meditar las consecuencias que pueden acarrear, tanto para él como para los que le rodean.

El inconsciente

(1) El inconsciente es la cara oculta de nuestra personalidad.

En psicología, sin embargo, la palabra inconsciente tiene otro significado, sobre todo desde finales del siglo XIX, gracias a las grandes aportaciones de Sigmund Freud. El padre del psicoanálisis descubrió que existen pensamientos, emociones e impulsos que no son tolerados por nuestra consciencia. Por este motivo, tratamos de impedir que se hagan conscientes y por lo tanto quedan alojados en el inconsciente.

El Subconsciente.

El término subconsciente fue utilizado en la literatura psicoanalítica, durante algún tiempo, como sinónimo de inconsciente. Era todo aquello que se encontraba por debajo del nivel de la consciencia y a lo que no se podía acceder o era de muy difícil acceso.

En 1900, el propio Freud, recomendó dejar de usar este término para evitar confusiones. Sin embargo, el término subconsciente no se ha erradicado por completo, al menos a nivel extra académico y se sigue usando.

El Preconsciente.

En la actualidad, la palabra subconsciente sería más o menos equivalente al concepto de preconsciente, usado por Freud en su primera tópica o primera descripción del aparato psíquico. En esta descripción distingue tres partes del psiquismo: la consciencia, el inconsciente y el preconsciente.

El preconsciente estaría constituido por una serie de contenidos que no son conscientes en ese momento, pero que no están reprimidos y por lo tanto son capaces de hacerse conscientes bajo determinadas circunstancias.

Se suele describir esta descripción del aparato psíquico, propuesta por Freud en su primera tópica, con el ejemplo de un iceberg. La punta del iceberg, visible fuera del agua sería lo consciente. La base del iceberg, visible a veces con el oleaje y otras veces sumergida, sería el preconsciente. Finalmente, la parte más grade enterrada bajo las aguas, sería el inconsciente.

Los contenidos del preconsciente pueden ir a parar al consciente (por ejemplo, mediante la psicoterapia) o permanecer mucho tiempo alejados de la consciencia hasta acabar formando parte del inconsciente.

El inconsciente es como un iceberg

(2) El inconsciente es como la parte sumergida de un iceberg.

Un ejemplo de contenidos inconscientes.

Un caso típico, que aparece en la infancia es el complejo de Edipo. La niña quiere a su padre en exclusiva para ella. Ve a su madre como una rival, que capta la atención y el cariño de su padre. Se siente celosa y rivaliza con ella por el amor del padre. Se da cuenta de que si su madre desapareciera ya no habría rival y su padre sería para ella en exclusiva.

Sin embargo, no puede tolerar que estos sentimientos de odio hacia la madre se hagan conscientes. Si la chiquilla verbalizara esas fantasías dirían que está loca. Pero, incluso, aunque no dijera nada y simplemente se recreara interiormente en esos pensamientos, se sentiría tremendamente culpable y sufriría una gran ansiedad.

¿De qué forma actúa el psiquismo de la joven para defenderse de la ansiedad que le generan sus fantasías de odio a su madre? La respuesta es simple: usa sus mecanismos de defensa. Gracias a estos mecanismos, la agresividad hacia la madre se queda olvidada en lo más profundo de su consciencia (en su inconsciente). Así, la hija consigue vivir ignorando por completo esos sentimientos hostiles, que tanta angustia le producen.

Los mecanismos de defensa: Tipos.

Antes que nada, conviene aclarar que los mecanismos de defensa están presentes en la vida de todos los individuos. Son mecanismos psíquicos completamente normales. Sólo en los casos en que estos mecanismos son muy rígidos y dificultan enormemente la vida del sujeto, podemos considerarlos patológicos.

Los mecanismos de defensa son muy variados y se suelen alternar a lo largo de nuestras vidas. En el año 2011, la psicoanalista Nancy MacWillians publicó el libro “Psichoanalitycs Diagnosis”. En esta obra, merecedora del premio Goethe, la autora analiza y clasifica los mecanismos de defensa en dos grandes grupos: primarios y secundarios.

Los mecanismos de defensa primarios son los que se desarrollan en las fases más iniciales de la evolución del psiquismo infantil. Se caracterizan por ser mecanismos más primitivos. Su objetivo principal es la negación de la realidad de una forma muy contundente.

Por su parte, los mecanismos de defensa secundarios son más elaborados y aparecen en épocas más tardías de la evolución y desarrollo del psiquismo. Son más evolucionados y en ellos podemos apreciar una mayor aceptación de la realidad.

Mecanismos de defensa primarios.

Negación de la realidad.

Nos encontramos aquí, con un mecanismo tremendamente primitivo. En sus primeras fases, el bebé vive un estado de absoluto egocentrismo. En esa fase la realidad solamente existe en la medida en que es aceptada por el sujeto. Ante una situación desagradable o traumática, el sujeto piensa: “Mientras que yo no acepte esa realidad, esa realidad no existe”.

Es un mecanismo de defensa muy patológico, aunque en determinados momentos puntuales puede funcionar como un buen mecanismo de defensa adaptativo, ante un suceso de muy difícil aceptación.

La negación como mecanismo adaptativo

(3) La negación puede ser un mecanismo adaptativo en momentos críticos.

Veamos un ejemplo: Una madre recibe la noticia de que su hijo ha muerto de forma brusca en un accidente de tráfico. En un primer momento la madre hace una negación absoluta del suceso, porque la sola idea de la aceptación provocaría un colapso de todo su aparato psíquico. Posteriormente, empieza a aceptar la realidad y a enfrentarse a tan terrible trauma.

Vemos aquí un uso adaptativo y temporal de la negación que puede ser válido. Ahora bien, si la negación se perpetúa y el sujeto sigue sin aceptar la realidad, nos encontramos ante una seria patología mental.

Replegamiento.

También llamado retraimiento. Es muy propio de la edad más temprana del bebé. Lo que ocurre aquí, es que se produce un alejamiento (un retraimiento) de la realidad. El sujeto ante un estímulo desagradable busca la huida en sus sueños o en sus fantasías. No hay una negación de la realidad, en sentido estricto. Más bien deberíamos hablar de una ignorancia de la realidad. Un ejemplo muy típico, puede ser el de un bebé, que se siente agobiado por el entorno y decide dormirse, ignorando a todos los que le perturban el descanso. Si no se abusa de este mecanismo no llega a ser especialmente nocivo.

Idealización.

Mediante este mecanismo, el sujeto asigna y enaltece de cualidades a una persona a la que está unido, a la que siente próxima a él o de la que depende emocionalmente. Dicho en otras palabras, convierte en Dios a la persona que quiere. De esta forma, toda la omnipotencia y todas las virtudes, que se han depositado en esa persona, servirán para solucionar todos los problemas del sujeto.

Vemos este mecanismo en las primeras fases del enamoramiento. La persona amada, deja de tener defectos y es un cúmulo de virtudes a los ojos del enamorado.

Desidealización.

Nos encontramos en este caso, en el reverso de la moneda del mecanismo anterior. Al no haberse cumplido las expectativas, que el sujeto, tenía en su ser idealizado, le retira todas esas virtudes, lo despoja de cualquier valor y lo rebaja a una categoría ínfima.

Nuevamente vemos como el amor nos muestra esta otra cara. Cuando surge la frustración amorosa, el ser amado que estaba en los altares, es descendido al lodazal y se convierte en un ser abominable.

Control omnipotente.

El control omnipotente es otro mecanismo de defensa bastante primitivo, que enraíza con el pensamiento mágico. Está basado en la errónea creencia de que todo lo que se desea se puede conseguir. Se produce, por lo tanto, una negación de la causalidad de los sucesos y se vincula esta causalidad con el pensamiento y la voluntad propia. “Puedo conseguir todo lo que quiera” sería el lema de este mecanismo.

En su modo de presentación más suave o benévolo puede ser un acicate o un estímulo para aumentar el rendimiento del sujeto. La creencia de que puede conseguir todo lo que quiere es errónea, pero le puede motivar (“Si estudio tres horas diarias aprobaré esta asignatura”). Ahora bien, llevado a sus últimas consecuencias, puede provocar que el sujeto se fije metas inalcanzables y caiga en una profunda depresión al no conseguirlas (“Si hago ejercicio intenso seré inmortal”).

(4) La escisión es un mecanismo de defensa que separa lo bueno de lo malo.

La escisión.

Mediante la escisión, el sujeto hace una clara y tajante separación entre lo bueno y lo malo, entre las virtudes y los defectos. La escisión permite al sujeto evadirse de situaciones o personas que le producen sentimientos ambivalentes. Para el sujeto que usa la escisión, el mundo es blanco o negro. Para él no existe el color gris.

La escisión suele ir unida a la idealización y la desidealización, pues el sujeto puede pasar a convertir a su amigo más leal, de la noche a la mañana, en la persona más traicionera, al sufrir el más mínimo desengaño. Para el que escinde no existen las personas con virtudes y defectos a la vez. O es bueno o es malo.

Con frecuencia, podemos ver mecanismos de escisión en los hinchas de un equipo de fútbol. La distorsión de la realidad, que sufren les impide ver los defectos propios y las virtudes ajenas.

La disociación.

Nos encontramos, en la disociación, con otro mecanismo primario, dónde el sujeto se desconecta de una situación actual, y crea otra imagen de sí mismo. Esto le permite sobrellevar situaciones muy dolorosas o traumáticas.

Quizás lo podamos entender mejor con un ejemplo. Una persona acaba de recibir la noticia del fallecimiento de un familiar. Ante esa situación, se pone a jugar una partida de ajedrez y se mete tan profundamente en el juego, que se aísla de la realidad hasta el punto de que todo lo que le rodea y sea ajeno a la partida de ajedrez, le pasa desapercibido.

Podríamos decir, que el ejemplo anterior, es un caso de escisión leve. Cuando la escisión se agudiza y se mantiene en el tiempo puede dar lugar a graves perturbaciones como el trastorno disociativo de la personalidad o las personalidades múltiples.

La proyección.

La proyección es un mecanismo primario muy extendido y del que en mayor o menor grado hacemos uso todas las personas. Consiste en volcar en los demás nuestras virtudes y nuestros defectos, al no ser capaces de reconocerlos como sentimientos propios.

La proyección puede ser positiva, como cuando proyectamos en el ser amado virtudes, que realmente son nuestras, pero las hacemos propias del otro.

Por el contrario, la proyección negativa, es más patológica y aparece cuando volcamos en el otro todos nuestros defectos. Podemos ver un ejemplo, en una pareja donde uno de los dos es muy celoso e inseguro. Esta inseguridad le obliga continuamente a estar haciendo reproches a su pareja, acusándole de que mira más a otras, de que no le presta atención, etc.

Mediante la proyección, el sujeto expulsa el problema y el malestar que conlleva, fuera de sí. Hace al otro culpable de sus males y distorsiona la realidad hasta el punto de llegar a creer en una realidad ficticia.

Mediante la proyección expulsamos nuestros fantasmas

(5) Mediante la proyección expulsamos nuestros fantasmas hacia los demás.

Introyección.

Es un mecanismo de defensa mediante el que un sujeto incorpora a su psiquismo y a sus emociones elementos externos del ambiente que le rodea. La introyección es uno de los principales mecanismos que intervienen en la modelización de la personalidad.

Así podemos introyectar las imágenes paternas y los buenos mensajes que rodean, pero también podemos introyectar de forma inconsciente, los mensajes educativos negativos que pueden provocar una merma en nuestra autoestima: “Tú no sabes hacer nada, eres un inútil, nunca llegarás a nada”.

Podemos ver otra forma muy negativa de introyección, en la identificación con el agresor. Los niños maltratados pueden introyectar la figura del maltratador y convertirse en futuros maltratadores.

Identificación proyectiva.

En este mecanismo existe inicialmente una proyección de los aspectos negativos del sujeto sobre otra persona. En una segunda fase se produce una identificación con esos aspectos que se han proyectado y que ya no se consideran propios sino del otro.

Quizás un ejemplo, pueda mostrar mejor este mecanismo de defensa un poco enrevesado. La identificación proyectiva tiene una importancia capital en el psicoanálisis y en los procesos de transferencia y contratransferencia que se desarrollan en la terapia.

Mediante la identificación proyectiva el paciente pone en el analista todo lo doloroso e indeseado que hay dentro de él. El paciente, al hacer esto, piensa que estos sentimientos son del analista y no suyos, lo que le hace experimentar una sensación de bienestar y de euforia. La misión del analista será contener las emociones transferidas y devolverlas cuando el paciente sea capaz de comprenderlas y aceptarlas.

Mecanismos de defensa secundarios.

Dentro de este grupo de mecanismos, más elaborados y más cercanos a la aceptación de la realidad tenemos:

Regresión.

Es un mecanismo de defensa en el que el sujeto adopta de forma inconsciente comportamientos infantiles que ya había abandonado en su desarrollo madurativo. Es una forma de evitar los conflictos que aparecen con el cambio y el desarrollo. El ser humano no suele avanzar en su desarrollo de forma lineal, sino más bien en zigzag, dos o tres pasos adelante y uno hacia detrás.

Represión.

En la represión el sujeto olvida de forma voluntaria algo doloroso tras haber sido consciente de ello en un primer momento. Se aplica el lema: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. El olvido puede ser total (se olvida la vivencia y todas las emociones ligadas a ella) o parcial (se recuerda la vivencia, pero se reprimen los afectos que la acompañaban).

La represión fue descrita por Freud, tras sus estudios de pacientes histéricas en el Hospital de La Salpêtrière en París, junto al neurólogo francés Charcot. Posteriormente, en el estudio de algunos de sus más célebres casos, consideró que la histeria era el resultado de la represión de los deseos sexuales.

Pacientes histéricas de Charcot en el hospital de la Salpetriere

(6) Pacientes histéricas de Charcot en el hospital de la Salpêtrière de París.

Aislamiento.

Mediante este mecanismo el sujeto consigue separar la carga emocional de los hechos o de los pensamientos. Nos encontramos ante un mecanismo útil, cuando hay que mantener la calma en situaciones críticas de riesgo vital, como un cirujano en una operación delicada.

El aislamiento podría confundirse con la disociación, pero la diferencia radica en el hecho de que en el aislamiento solamente se aparta de la consciencia la carga emocional, pero se es consciente del hecho concomitante. El abuso del aislamiento puede producir una personalidad fría, totalmente racional y casi anestesiada sentimentalmente.

Una forma más evolucionada del aislamiento es la intelectualización, donde el sujeto es capaz de aceptar la existencia de afectos, emociones y sentimientos, pero está bloqueado y es incapaz de manifestar esas emociones. El abuso de este sentimiento acerca al hombre a las máquinas y los robots, acabando por deshumanizarlo.

Racionalización.

Mediante el mecanismo de la racionalización el sujeto es capaz de aceptar situaciones traumáticas, buscando razones que minimicen el daño ocasionado. Al no conseguir algo deseado, puede decirse a sí mismo, que realmente no era tan necesario. Si sucede algo malo, puede argumentar, que al fin y al cabo no era tan malo como parecía. Otro ejemplo sería, minimizar el dolor por la muerte de un ser querido, argumentando que se ha ahorrado muchos dolores y sufrimientos si la enfermedad se hubiese alargado.

El desplazamiento.

Mediante este mecanismo de defensa, la carga emocional ligada a su objeto original es redirigida hacia otro objeto, animal o persona. Esto es debido a que sería demasiado penoso para el sujeto dirigir esos afectos hacia el objeto original. Éste es uno de los principales mecanismos de defensa que operan en las fobias, junto al de simbolización.

La formación reactiva.

Mediante el mecanismo de la formación reactiva un sujeto transforma un afecto o una emoción en su contrario. Así el sujeto puede transformar la ira en amor. Suele aparecer en personas que temen profundamente sus emociones de tipo agresivo. Puede subyacer también en casos de homofobia que ocultan una homosexualidad inconsciente.

Inversión.

Mediante la inversión el sujeto cambia su papel en una situación, dejando de ser activo para tomar una posición activa. Vemos este comportamiento en personas que adoptan comportamiento de ayuda desinteresada y altruismo porque no quieren depender de los demás.

Compartimentalización.

Es aceptar dos situaciones que están en conflicto directo, y que coexisten al mismo tiempo, sin sentir vergüenza, culpa o remordimiento. “Donde dije digo, digo Diego”. Pensar en los políticos resulta inevitable.

La anulación.

Es un mecanismo para compensar un daño originado a otro, mediante una acción inconsciente que borrará el sentimiento de culpa. Vemos un ejemplo en el esposo infiel, que regala sin motivo aparente a su mujer un ramo de rosas, tras una aventura extra conyugal. Se suele adjudicar a la acción reparadora un carácter mágico.

Actuación.

La actuación es una forma de inversión, donde se pasa de lo pasivo a lo activo, pero que conlleva además un componente de actuación, de realizar un hecho concreto. Se actúa en la realidad algo que resulta muy doloroso a nivel afectivo para el sujeto. La actuación es la base del “acting out” muy frecuente en la terapia psicoanalítica. Lo que no se encara y habla en la sesión, se actúa fuera de ella.

Acting Out

(7) La actuación, como mecanismo de  defensa, es la base del Acting Out.

Sexualización.

Mediante el mecanismo de la sexualización el individuo busca transformar una experiencia dolorosa en otra placentera. Por ejemplo, el abuso físico o psíquico puede ser sexualizado para que no resulte tan traumático y se asemeje a un acto gratificante.

Sublimación.

Este mecanismo de defensa, podríamos decir que es de los más evolucionados y civilizados. El sujeto con unos deseos o impulsos que no puede llevar a cabo por las prohibiciones sociales, busca una vía alternativa para conseguir esa descarga. Esto lo consigue mediante la aceptación, el desplazamiento y la transformación del impulso prohibido.

Por ejemplo, un cirujano, puede canalizar y sublimar en el quirófano sus instintos más sádicos, mediante una operación quirúrgica.

Conclusión.

Como hemos visto, los mecanismos de defensa son muy variados. En general, podemos decir que surgen cuando nos vemos desbordados y no podemos aceptar una situación. En ese momento y de forma inconsciente tratamos, mediante esos mecanismos de evitar el dolor psíquico que la situación nos está produciendo.

Los mecanismos de defensa van evolucionando con la edad. A un adulto, le puede hacer gracia observar los mecanismos de defensa más infantiles, como la “política del avestruz”, la negación de la realidad escondiendo la cabeza bajo tierra. Sin embargo, este mecanismo es muy útil en los bebés o en los adultos ante situaciones muy traumáticas.

Gracias a los mecanismos de defensa, utilizados de forma no abusiva, nuestra vida es más tolerable. Con un buen uso, nos pueden ayudar a canalizar nuestros deseos y a mejorar como seres humanos.

Si, por el contrario, los usamos de forma abusiva y continuada, pueden acabar alterando nuestra percepción de la realidad y generar serias patologías mentales.

Referencias bibliográficas.

  • McWilliams, Nancy. (2011). Psychoanalytic diagnosis: Understanding personality structure in the clinical process (2ª ed). New York, NY, US: Guilford Press. Enlace.
  • Breuer, Josef y Sigmund Freud. (1895) Estudios sobre la histeria. Enlace.
  • Freud, Anna. (1980). El Yo y los mecanismos de defensa. Barcelona: Editorial Paidós Ibérica. Enlace.

Galería de imágenes.

Las imágenes usadas en este artículo han sido tomadas de Pixabay y de Wikimedia Commons. A continuación citamos a sus autores:

 

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