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Entendemos por superstición el convencimiento que tiene un individuo, sin ninguna base racional, de que determinados  actos o acontecimientos, a los que asigna un carácter mágico, le pueden ocasionar mala o buena suerte.

Un ejemplo de superstición sería creer que si nos cruzamos con un gato negro nos traerá mala suerte. Todos hemos visto en el cine a los indios bailando la danza de la lluvia con el convencimiento sagrado de que su baile desencadenará la lluvia.

Supersticiones.

Un rasgo característico de las supersticiones es su carácter irracional. El supersticioso cree que un suceso A desencadena un suceso B (afortunado o adverso) a pesar de conocer que entre A y B no hay ninguna relación de causalidad.

La creencia en la superstición tiene un carácter mágico, muchas veces ancestral, transmitido a través de generaciones y en ocasiones revestido de un manto sobrenatural o esotérico.

Más adelante hablaremos de las características del pensamiento mágico, que puede llegar a presidir determinadas psicopatologías como el trastorno obsesivo compulsivo, donde el paciente se ve obligado a realizar un ritual para conjurar determinados pensamientos obsesivos que piensan que le traerán desgracias a él o a sus seres queridos.

Supersticiones más comunes.

Algunas creencias muy difundidas y aceptadas socialmente son:

  • Romper un espejo acarrea varios años de mala suerte.
  • El derramamiento de sal conlleva la ruina.
  • Derramar aceite trae mala suerte.
  • Lo mismo sucede al cruzarse con un gato negro.
  • El dicho del refrán: “En martes, ni te cases ni te embarques”.
  • Levantarse de la cama con el pie izquierdo trae mala suerte.
  • Abrir un paraguas dentro de una habitación.
  • Tocar madera evita una desgracia que ha sido verbalizada previamente.
  • Las novias no pueden ser vistas vestidas de ceremonia por su futuro esposo antes de casarse.
  • Los artistas consideran que vestir de amarillo en una actuación es de mal agüero.
Supersticiones - Cruzarse con un gato negro

Supersticiones – Cuando alguien se cruza con un gato negro le trae mala suerte

 

Leyendas urbanas.

Denominamos leyendas urbanas a relatos o cuentos, basados en creencias populares, con elementos inverosímiles, sobrenaturales o paranormales. Estos relatos están íntimamente relacionados con las supersticiones. Se suelen transmitir de boca en boca y en ese camino sufren modificaciones, adornos y enriquecimiento verbal. A pesar del carácter irracional del relato suelen tener una amplia aceptación social en lo que respecta al convencimiento real de su existencia.

Algunas leyendas urbanas conocidas.

En la curva de una carretera se aparece una chica por la noche pidiendo ayuda a los conductores. Esa chica falleció allí mismo hace años en un accidente de tráfico.

Otra afirmación sin ningún fundamento es que la gran muralla china se ve desde el espacio. Aunque la muralla china es muy larga el grosor de sus muros no permite su visualización desde gran distancia.

El cuerpo de Walt Disney congelado, a la espera de ser “resucitado” en un futuro cercano, es otra noticia a la que mucha gente da visos de verosimilitud. El fundamento de esta leyenda urbana se basa en la afición a la tecnología del padre de Mickey Mouse y a un aura de misterio que rodeó su entierro.

Más morbo reúne la historia sobre la muerte de la gran zarina rusa Catalina II. La fama de mujer lujuriosa y promiscua, que acompañó en vida a Catalina, hizo que sus adversarios difundieran el bulo, que acabó convertido en leyenda urbana, de que su muerte fue debida a la penetración de un caballo con el que mantenía relaciones de bestialismo.

Otras leyendas urbanas aluden a personajes vivos de los que se dice que están muertos y han sido sustituidos por un doble, por ejemplo, el integrante de los Beatles, Paul McCartney. También existe la versión contraria. De personajes muertos, como Elvis Presley o Diana de Gales, se dice que están vivos y desaparecidos.

A continuación, veremos en detalle una leyenda urbana que reúne muchos de los ingredientes característicos de estos relatos: la maldición de los cuadros de los niños llorones.

Leyendas urbanas - El fantasma de la chica en carretera

Leyendas urbanas – El fantasma de la chica muerta en accidente de carretera.

La leyenda de un cuadro maldito.

¿Colgarías en la cabecera de tu cama el cuadro de “El niño que llora”? Esta pregunta inocente corría de boca en boca por las calles londinenses, cuando en 1985, el periódico británico “The Sun” publicaba la historia de “La Maldición de el niño que llora”, desatando una oleada de pánico entre sus más de cincuenta mil lectores.

Según el periódico, cuando alguien colgaba el cuadro en la pared de su casa, a los pocos días, el edifico se incendiaba y entre los escombros calcinados aparecía intacto el cuadro de “El niño que llora”.

El Niño que llora.

Retrocedamos unos años en el tiempo, para conocer el desarrollo de esta historia. “El Niño que llora” es un cuadro donde aparece retratado un niño con expresión triste y llorando.

En realidad, este cuadro forma parte de una colección de veintisiete cuadros, llamada “Los niños llorones” obra de un pintor llamado Bruno Amadio, que al parecer se inspiró en los rostros llorosos de los niños de un orfanato sevillano que perecieron abrasados en un incendio.

Para otros investigadores los rostros de los cuadros de la colección corresponden a inocentes niños muertos durante la segunda guerra mundial. Parece ser que al menos, el más conocido de la serie de cuadros, se corresponde con el rostro de un niño que vivía en un orfanato que visitó el pintor.

Bruno Amadio quedó tan impresionado por la triste mirada del niño, que lo dibujó en un cuadro que habría de hacerse célebre. Unos meses más tarde el niño murió calcinado en el incendio del orfanato, y la rumorología popular empezó a decir que el cuadro estaba maldito y que el espíritu del niño se había quedado impregnado en el lienzo.

Leyenda urbana sobre los niños llorones

La leyenda urbana sobre los cuadros de los niños llorones de Bruno Amadio

El autor de la obra.

Bruno Amadio.

Bruno Amadio fue un pintor italiano, nacido en Venecia en 1911 y del que pocos datos ciertos se conocen, pues los hechos verídicos se entremezclan con la leyenda urbana de sus obras malditas. Fue más conocido por el sobrenombre de Giovanni Bragolin, aunque en sus pinturas firmaba como J. Bragolin. Murió en Padua (Italia) a los 70 años.

De los hechos ciertos conocidos, cabe destacar que estudió Bellas Artes y se hizo pintor, desarrollando un estilo propio, que no podría encuadrarse en ninguna corriente artística de la época. Se sabe que en su juventud fue un fiel seguidor de Mussolini y que defendía a ultranza la ideología fascista.

Cuando estalló el conflicto de la segunda guerra mundial, fue llamado a filas, y pudo comprobar con sus propios ojos los horrores de la guerra, siendo testigo de las aldeas italianas arrasadas por los combates, las mujeres viudas y los niños huérfanos. Estas imágenes calaron profundamente en su interior y más tarde serían su fuente de inspiración.

Estancia en Sevilla.

Al acabar la guerra, huyó a España y se quedó a vivir en Sevilla, donde se hizo llamar Giovanni Bragolin. Aquí comenzó a dibujar su colección de cuadros de “Niños llorones” que gozó de una cierta reputación y se empezó a distribuir en miles de copias de papel que se vendieron por todo el mundo en las siguientes décadas.

El tema de la colección es recurrente: niños y niñas de grandes ojos, con aspecto triste y gruesas lágrimas que les caen por las mejillas. En 1970 volvió a Italia, se afincó en Padua y dibujó bodegones de gran realismo, que reflejan un gran dominio de las luces y las sombras.

A los setenta años de edad falleció en esta localidad italiana. Debido a su gran sensibilidad y a la posterior fama que adquirieron sus cuadros malditos, su obra se ha comparado con el “El grito” de Edvard Munch, aunque sus estilos son muy diferentes.

El inicio de la leyenda.

Es difícil saber, a ciencia cierta, cómo se inició la leyenda de sus cuadros. Al parecer dicen, qué ya viviendo exiliado en Sevilla, sus recursos económicos eran escasos, sus cuadros apenas se vendían y él se encontraba en un estado de desesperación.

Acosado por las deudas, hizo un pacto con el diablo buscando el éxito de sus obras y poder salir de la indigencia. Al parecer, el diablo aceptó concederle sus deseos, pero no le dijo lo que le pediría a cambio.

Lo cierto es que, al poco tiempo, sus cuadros empezaron a venderse en la sociedad sevillana y adquirieron cierta notoriedad. Una empresa decidió comercializarlos a gran escala y durante años se vendieron miles de copias por Europa y Estados Unidos. Tras el éxito alcanzado volvió a Italia y eligió Padua como ciudad de residencia. El diablo aún no le había reclamado su deuda.

Supersticiones - Cuadros malditos de los niños que lloran

Supersticiones – La colección de cuadros malditos de “Los niños que lloran”.

Los cuadros malditos.

Al poco tiempo, empezaron los primeros sucesos extraños. La casa del dueño de uno de los cuadros de “El niño que llora” fue devorada por un incendio y lo único que se salvó de las llamas fue el retrato íntegro del niño.

Otros propietarios del cuadro relataron sucesos extraños, decían oír lamentos por las noches, que provenían de la sala donde tenían colgado el cuadro. En otras casas, el cuadro se caía repetidamente de las paredes, como si se negara a quedar sujeto a la pared y pugnara por huir.

Hubo dueños de los cuadros, que trataron de demostrar la veracidad de lo que contaban y grabaron psicofonías, en las que se oían los lamentos del niño. Algunos parientes de propietarios de las láminas murieron en circunstancias misteriosas.

La leyenda maldita de “El Niño llorón” fue tomando forma y muchos quisieron ver en esos sucesos la mano del diablo exigiendo su recompensa por el pacto con Giovanni Bragolin.

The Sun: La noticia se extiende.

En otoño de 1985, el periódico británico The Sun publicó una noticia, bajo el sensacionalista título “La ardiente maldición del niño que llora”. En el artículo se contaba la historia de Ron y May Hall, una pareja que vivía en Rotherham, ciudad de South Yorkshire, Inglaterra. Según la noticia un devastador incendio originado por una freidora había destruido la casa por completo.

El hermano de Ron Hall, que era bombero, relató que lo único que quedó intacto fue una copia del cuadro “El niño que llora”, que se encontró entre los escombros, boca abajo, con leves quemaduras en el marco.

El jefe de bomberos, Alan Wilkinson, relató que sus hombres habían acudido a más de cincuenta incendios en la zona, y en todos ellos el cuadro siempre había salido indemne. Según el oficial, sus bomberos pensaban que el cuadro estaba maldito y a ninguno de ellos se le ocurriría ponerlo en sus casas.

En ese momento, en Inglaterra, había unas 50.000 copias del cuadro colgadas en los hogares británicos. El pánico estalló y empezaron a sucederse infinidad de noticias, no siempre rigurosas en cuanto a su verosimilitud.

Los periódicos ingleses empezaron a repetir múltiples historias donde el elemento básico se repetía: A los pocos días de colgar el cuadro en una pared, la casa se incendiaba y se destruía, quedando el cuadro intacto.

Algunos decían que, para alejar la maldición, habían tratado de quemar el cuadro en los jardines de sus casas, pero el cuadro había resistido a las llamas.

Una cruzada contra los cuadros.

Al poco tiempo un conocido restaurante italiano fue devastado por un incendio y sólo quedó indemne el temido cuadro. Ante la psicosis colectiva “The Sun” organizó una cruzada, donde alentaba a sus lectores a recoger las copias del cuadro, entregarlas al periódico y organizar una gran quema pública de todos los ejemplares.

Algunos regalaron el cuadro a sus conocidos buscando librarse de la maldición. En ese momento era muy difícil discernir entre los hechos reales y los hechos ficticios o inventados para salir en las noticias locales.

Con el paso de los meses, los hechos acaecidos empezaron a ser tomados como una leyenda urbana y fueron cayendo en el olvido.

Las casas se incendian y los cuadros de los niños que lloran sobreviven

Muchas casas se incendiaron y los cuadros de los niños quedaron intactos

El caso de Rebeca.

La última noticia sobre el tema de los cuadros de Bruno Amadio, tuvo a Rebeca como protagonista. Rebeca fue una mujer que un buen día, compró dos cuadros de los niños llorones, en una tienda de pinturas de su barrio.

Sus hijos jugaban a diario con los hijos de los dueños de la tienda, pero a los pocos días de la compra, la tienda cerró y los dueños desaparecieron sin dejar rastro. Rebeca no conocía nada de la leyenda sobre los cuadros malditos. En los últimos diez años se produjeron más de treinta incendios en casa de Rebeca. En ninguno de ellos han sufrido daño las pinturas.

Al cabo de los años Rebeca se enteró de la maldición viendo en televisión el programa “Cuarto Milenio”. A partir de ese momento se realizaron experimentos parapsicológicos y sesiones de “ouija” en su domicilio para aclarar los sucesos, pero no hubo ninguna evidencia razonablemente científica que de fe de las conclusiones.

Superstición o fenómenos paranormales.

En la vida cotidiana suceden con frecuencia sucesos, difícilmente explicables por la lógica, que tienden a ser catalogados como misteriosos, mágicos o diabólicos.

Si nuestros abuelos vieran a nuestros hijos en una sesión de videoconferencia a través del móvil o del ordenador, pensarían que están ante un caso de brujería. Sin embargo, podemos afirmar a ciencia cierta, que se trata solamente de un avance tecnológico.

Pensamiento mágico.

El ser humano tiende a caer en las supersticiones y a dar un significado a determinados sucesos que le pueden acarrear mala suerte. La creencia en la superstición está basada en el pensamiento mágico, y tiene sus orígenes en los ritos primitivos de la humanidad, donde se hacían rituales y sacrificios para conjurar a los espíritus y evitar maleficios.

La superstición y la creencia en las leyendas urbanas, responde a un ancestral e íntimo mecanismo, mediante el cual creemos que podemos controlar los sucesos y evitar desgracias.

Vemos a famosos deportistas realizando rituales porque piensan que de esa forma van a tener suerte. Otros no se ponen una determinada camiseta porque piensan que su equipo perderá el partido.

¿Quién no conoce a alguien, que no quiere ver un partido de su equipo rival, porque dice que en cuanto encienda la televisión, van a marcar un gol?

Las supersticiones en mayor o menor grado forman parte de nuestra personalidad, pero debemos evitar en todo momento que nuestra existencia quede limitada o restringida por esas supersticiones.

Dicho lo cual, la pregunta que te hago es ¿dormirías esta noche con el cuadro de “El niño que llora” colgado en la cabecera de tu cama?

El niño que llora de Bruno Amadio

“El niño que llora” de Bruno Amadio, un cuadro maldito según la leyenda.

Nota del autor.

Este artículo ha nacido de una revisión y ampliación de un artículo sobre los cuadros de los niños llorones, que se publicó hace dos años en la comunidad de “Nuestro Psicólogo en Madrid” en Google+.

Al haber desaparecido recientemente Google+, hemos revisado y rescatado dicho artículo.

Si quieres ver la colección de los “Niños llorones” haz clic en este enlace: http://bit.ly/2kxxiWW

Referencias bibliográficas.

Bruno Amadio – Wikipedia.
Los cuadros del pintor Bruno Amadio – Mundo Parapsicológico.
Historia del cuadro maldito – Diario Panorama.
La maldición de los cuadros – Conspiraciones1040.blogspot.

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