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El trastorno narcisista de la personalidad puede ser de dos clases. Un primer grupo en el que los sujetos tienen un exceso de narcisismo. Un segundo grupo estaría formado por personas con un déficit de narcisismo.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, en su cuarta edición (DSM-IV) recoge y define el primer grupo, pero no hace referencia a los trastornos por déficit. En su 5ª edición (DSM-5) no hace ninguna modificación al respecto.

Veamos en primer lugar el trastorno por exceso de narcisismo, el llamado trastorno narcisista de la personalidad.

Diagnóstico del trastorno narcisista de la personalidad.

El DSM-5 define al trastorno narcisista de la personalidad caracterizado por:

“Un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:

  1. Tiene un grandioso sentido de auto importancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados).
  2. Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
  3. Cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status.
  4. Exige una admiración excesiva.
  5. Es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.
  6. Es interpersonalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
  7. Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
  8. Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.
  9. Presenta comportamientos soberbios o actitudes arrogantes”. (DSM-5. 2014).

Narcisismo grandioso o de piel gruesa.

La anterior definición del DSM-5 se corresponde con lo que se ha denominado narcisismo de piel gruesa o grandioso.

Cabe resaltar algunos aspectos en lo referente a esta descripción:

Los sentimientos de grandiosidad pueden estar en la imaginación o en el comportamiento. Esto quiere decir que puede haber personas muy tímidas, pero con unas enormes fantasías de grandiosidad.

El comienzo del cuadro suele suceder al principio de la edad adulta, lo que nos hace diferenciarlo de la grandiosidad del adolescente, qué frente a sus múltiples angustias propias de la adolescencia, desarrolla ideas de grandiosidad que no están estructuradas.

 

Narcisismo vulnerable o de piel fina.

Existe otro narcisismo llamado de piel fina o vulnerable. Se trata de pacientes con una gran vulnerabilidad y dificultad para afrontar las dificultades y fracasos.

“En el narcisismo de piel fina los pacientes son frágiles, vulnerables, hipersensibles, se sienten heridos con facilidad y les resulta muy difícil enfrentarse a cualquier trauma o fracaso. En contraste con estos pacientes, los pacientes narcisistas de piel gruesa son insensibles a sentimientos profundos, inaccesibles, se caracterizan por una intensa envidia que produce una desvalorización del analista y del análisis, así como de cualquier situación de dependencia”. (Rosenfeld, H. 1987).

En el trastorno narcisista de la personalidad están orgullosos de su patología

Los narcisistas presumen y alardean de sus rasgos patológicos.

Orgullosos de sus rasgos patológicos.

Un rasgo curioso de los pacientes con trastorno narcisista de la personalidad es que cuando ellos hablan de sí mismos, de su carácter o de sus actos, se sienten orgullosos y presumen de su soberbia, de cómo infravaloran o humillan a los demás, de cómo maltratan a la esposa o a los empleados. Al hablar sobre su conducta muestran sus rasgos patológicos, pero no se avergüenzan de ellos, muy al contrario, los exhiben orgullosos.

Toman sus rasgos patológicos y los elevan a categoría de virtud. A esto en psicoanálisis se le denomina narcisización del rasgo patológico y no es exclusivo de los narcisistas. Así vemos como los obsesivos se definen como pulcros, ordenados, organizados, y los paranoides como personas con gran conocimiento de la realidad.

Agresividad.

En muchos narcisistas aparece una notable actitud agresiva frente a los demás, a los que considera tontos, ineptos e incapaces. Los menosprecia y humilla, tratando de hacer siempre visible su valía.

Necesidad de admiración.

Otros sujetos con trastornos narcisistas no muestran agresividad, sino que lo que predomina es una actitud supuestamente generosa. Son individuos dadivosos, organizan grandes fiestas para obtener la admiración y sentirse superiores a los demás y creer que tienen todos los derechos del mundo. No atacan al otro, pero esperan de él una admiración incondicional. En el momento en que la otra persona rehúsa darle esa admiración se convierten en un ser terrible. Mantienen una actitud aparentemente amorosa y generosa, pero en realidad no dan algo al otro. Lo que hacen es darse a sí mismos una imagen como “soy alguien que le está dando algo al otro”. No hay necesidad del otro, sino necesidad de mostrarse grandioso ante el otro y conseguir una admiración ilimitada

Ausencia de angustia de separación.

Otro rasgo frecuente en las personas con trastorno narcisista de la personalidad es la ausencia de angustia de separación. Cuando pierden un objeto, rápidamente lo sustituyen por otro. Para ellos, la familia, la pareja o el analista, son simples objetos situacionales destinados a sostener su narcisismo. 

Junto a estos trastornos narcisistas de la personalidad, que describe el DSM-5, existen otros trastornos ocasionados por un déficit narcisista. Kohut se refiere a ellos como producto de una insuficiente narcisización. Entendemos por narcisización el proceso de investir al objeto de una carga narcisista. En este sentido, en psicoanálisis es frecuente encontrar el término, más técnico, de catexis narcisista.

Tipos de trastorno narcisista de la personalidad.

Podemos distinguir dos tipos de trastornos narcisistas de la personalidad:

Trastorno narcisista de la personalidad primario.

Aparece desde los primeros momentos de la vida debido a unos padres narcisistas que han convertido a su hijo en un ser grandioso: desde pequeños son soberbios, petulantes, con sentimientos de excepcionalidad. Además, el niño se identifica con las actitudes narcisistas de los padres. Si, por ejemplo, el padre trata despectivamente a camarero, el niño aprende y se identifica con este comportamiento. Se trata de proceso de estructuración primaria. 

Trastorno narcisista de la personalidad secundario.

El trastorno narcisista de la personalidad secundario es distinto. Se trata de personas que sufrieron mucho de pequeños y tuvieron un déficit narcisista. Estos realizan hacen un narcisismo patológico compensatorio. El ejemplo más claro es el del “nuevo rico”. El sujeto no busca una compensación por sana autoestima sino por la exagerada necesidad de sentirse superior. Esto sería trastorno narcisista secundario, porque primero ha habido déficit narcisista que le ha supuesto humillación, sufrimiento o vergüenza. 

En muchas ocasiones detrás de un trastorno narcisista secundario hay un enorme sufrimiento ocasionado por la vergüenza. Este sentimiento había sido bastante ignorado por grandes autores como Freud, Lacan o Melanie Klein. Se había estudiado mucho la culpa o la persecución, pero se había obviado la patología de la vergüenza. Este sentimiento será ampliamente estudiado por Kohut.

Trastorno narcisista de la personalidad secundario: El nuevo rico

El nuevo rico es un claro ejemplo de un trastorno narcisista secundario.

Mecanismos intrapsíquicos del trastorno narcisista de la personalidad.

En el trastorno narcisista intervienen varios mecanismos o procesos intrapsíquicos:

Gran exigencia interior.

En términos psicoanalíticos existe un superyó exigente. Entendemos el superyó con una instancia superior al yo, como una actividad psíquica de vigilancia y observación que continuamente compara la imagen que tenemos de nosotros mismos con nuestros propios ideales.

Esta vigilancia del superyó puede ser hacia la salud como en los hipocondriacos. En el caso del narcisista esta vigilancia se traduce en una comparación continua respecto a nuestra valía personal. El superyó no compara un ideal con lo que realmente somos, sino con la imagen que tenemos de nosotros mismos. Esta representación puede ser errónea como sucede en el depresivo que tiene una pobre imagen de sí mismo. Lo contrario sucede en el maníaco.

Las personas con un trastorno narcisista tienen ideales muy elevadas de lo que deben ser y además tienen un superyó implacable, que les hace sentir mal si no cumple con esos ideales. A esto lo llamamos severidad del superyó. 

Desbalance narcisista.

Fruto de esta continua comparación entre cómo se ve el sujeto y como le gustaría verse puede surgir un desbalance narcisista. Éste puede estar ocasionado: 

– El sujeto tiene una baja autoestima y siente que no vale nada. Puede que sus aspiraciones e ideales sean normales, pero no se ve capaz de conseguirlos.

– En otras personas el desbalance es debido a que tienen unas expectativas tan grandiosas y espectaculares que nunca pueden llegar a alcanzar por muchos esfuerzos que hagan para conseguirlo. 

– El desbalance puede ser debido a que el sujeto tiene la agresividad dirigida contra sí mismo, un superyó cruel, que haga lo que haga nunca es suficiente. Esto viene de padres agresivos que nunca valoran los logros de sus hijos. Siempre consiguen hacer sentir mal al hijo infravalorando todos lo que consiguen. Hay personas que están continuamente rabiosos contra sí mismos porque nunca pueden satisfacer a ese superyó implacable.

Necesidad de admiración.

Esto nos hace ver que el paciente con trastorno narcisista tiene una gran exigencia interna. ¿Por qué necesitan ser admirados? Porque si no es así, se sienten mal, porque desde dentro hay una fuerza que les exige grandes realizaciones para conseguir acercarse al ideal del yo. Tienen lo que se llama un superyó narcisista.

“En el trastorno narcisista de la personalidad, tanto primario como secundario, hay una gran exigencia interior, pues por mucho que el sujeto esté narcisizado y se haya identificado con padres narcisistas, sabe lo que es el sufrimiento por los momentos en que sus padres u otros lo criticaron. El sujeto puede tener una gran narcisización, pero tarde o temprano, en la vida, llega un momento en que deja de ser el más listo, el más fuerte o el más guapo y entonces conoce el dolor y el sufrimiento”. (Bleichmar, H. 2013).

Disociación.

Otro mecanismo intrapsíquico presente en los trastornos narcisistas es la disociación. Están divididos: por un lado, tienen una grandiosidad, orgullo y altivez. Por otro lado, hay un sentimiento de inseguridad y miedo a no dar esa imagen grandiosa.

Así, nos vamos a encontrar en el trastorno narcisista, la presencia de un superyó exigente que no da tregua y que demanda grandes realizaciones y por otro lado una disociación entre dos partes que coexisten: la grandiosidad y la angustia de hacer el ridículo.

El narcisista tiene angustia por hacer el ridículo

El narcisista siente angustia ante el temor a hacer el ridículo.

Mecanismos interpersonales del trastorno narcisista de la personalidad.

Dentro del trastorno narcisista, aparecen junto a los mecanismos intrapsíquicos, otros mecanismos externos que definen como se relacionan con los demás.

Idealización de figuras externas.

En primer lugar, podemos observar la idealización patológica de las figuras externas, a las que ellos se unen. Tanto el narcisista agresivo como el libidinal necesitan unirse a los que ellos valoran como grandiosos. Para ello idealizan de forma patológica a los que están a su alrededor y los vinculan a su persona. Es frecuente oír expresiones como: “tengo el mejor médico de la ciudad”, “me viste el modisto más famoso del país” u otras parecidas. Fabrican figuras idealizadas, con las que se relacionan para sentirse grandiosos.

Identificación proyectiva.

Otro mecanismo frecuente, en el narcisista de tipo agresivo es el uso de la identificación proyectiva. De forma continuada, denigran y descalifican a otras personas. Necesitan que los demás sean tontos o inútiles y a través de esa descalificación ellos se narcisizan. Cuanto más agresivos sean, más adjetivos denigrantes aparecen en su lenguaje.

Control omnipotente de los demás.

Un tercer mecanismo interpersonal que podemos observar en los trastornos narcisistas es el control omnipotente de los demás. Tienen que hacer que los demás piensen como piensan ellos. Tienen la necesidad de dominar la mente del otro, no solamente la conducta. Tratan de inocular en los demás sus propias creencias porque necesitan validarse a sí mismos a base de que otro piense igual que ellos.

 

La angustia en el trastorno narcisista de la personalidad.

En el trastorno narcisista de la personalidad existen una serie de sentimientos que aparentemente son diversos, pero que reflejan el grado de insatisfacción y sufrimiento que esa persona tiene consigo misma al no ser como quisiera, al no alcanzar una imagen ideal de sí misma.

Vergüenza.

En el trastorno narcisista aparecen la inferioridad y la vergüenza como expresión de la angustia. La vergüenza es la angustia narcisista por excelencia. Es el sentimiento experimentado cuando otro observa al sujeto en un estado de inferioridad.

El sentimiento de inferioridad es algo que se puede tener en soledad, en cambio, el sentimiento de vergüenza, exige siempre la presencia de otro (ya sea real o imaginario). 

La vergüenza no siempre tiene el mismo origen. Una persona puede sentir vergüenza por algo que hizo inadecuadamente en el pasado. También puede tener vergüenza ante un personaje imaginario que lo está observando. Finalmente, el sujeto puede sentir una anticipación de la vergüenza que sufriría en determinada situación.

“La vergüenza es un tipo de angustia que aparece frente a la mirada de otra persona que observa con desdén, con desprecio, e incluso a veces, con lastima. Pero siempre significa, por tanto, una mirada que hace que el sujeto se vea visto como insuficiente, como deforme, como fallido.” (Bleichmar, H. 2013).

Aburrimiento.

Estos sentimientos que hemos visto los puede tener el sujeto de forma consciente. Pero, hay manifestaciones de la angustia narcisista que son mucho más difusas. Puede existir un vago sentimiento de insatisfacción consigo mismo o un sentimiento de malestar indeterminado. De modo que no siempre la angustia narcisista aparece como un sentimiento consciente y reconocido por el sujeto. A veces aparece como un sentimiento de aburrimiento.

¿Qué es el aburrimiento? El aburrimiento es el sentimiento que aparece, cada vez que nosotros nos sentimos impotentes frente a algo y tenemos que tolerarlo. Esto implica que el aburrimiento no es solamente por malestar narcisista.  Pero existe un tipo de aburrimiento por malestar narcisista.

Es una situación en la que el sujeto no sabe qué hacer, empieza a hacer algo, se siente insatisfecho con eso que va a hacer y lo deja, va a hacer otra cosa que tampoco le satisface, pero nada llega a colmar su sentimiento de valía de estar haciendo algo realmente importante. O sea, cada vez que no somos activos, cada vez que no estamos haciendo algo que nos cause alguna satisfacción, hay aburrimiento. De modo que el aburrimiento deriva de un sentimiento de falta de actividad, de falta de control, de falta de dominio sobre lo que está sucediendo y es una de las angustias narcisistas más importantes.

La angustia narcisista puede expresarse como aburrimiento

La angustia narcisista puede expresarse como sensación de aburrimiento

Desvitalización.

Otro sentimiento que aparece en el trastorno narcisista es la desvitalización, o los sentimientos de impotencia. Cuando uno se siente mal con uno mismo, cuando uno siente que no alcanza las expectativas que tiene sobre sí, llega un momento en el que se desvitaliza. Significa, que pierde entusiasmo. Porque el entusiasmo deriva, no de lo que uno está haciendo, si no de sentir que lo que está haciendo o lo que quiere hacer le causa felicidad.

El hacer algo con entusiasmo provoca una satisfacción narcisista. Si no estamos contentos con nosotros mismos respecto a lo que hacemos, caemos en la desvitalización, que es una de las manifestaciones de la insatisfacción narcisista.

Angustia de desintegración.

En el trastorno narcisista puede aparecer también, la angustia de desintegración, que es el sentimiento de extrañeza respecto al cuerpo, de no poder controlar su funcionamiento. Este sentimiento de angustia de desintegración fue ampliamente estudiado por Kohut.

“… una de las principales funciones de la madre es la de mantener el equilibrio narcisista omnipotente del niño que se rompe frente a las inevitables demoras en la gratificación, y que provocan un intenso estado de displacer y una intensa angustia, a la que denominó “Angustia de fragmentación” o “Ansiedad de desintegración”. (Kohut, A. 1971).

 

Las defensas en el trastorno narcisista. 

Ya hemos visto que en el trastorno narcisista aparece la angustia narcisista, que se puede expresar como vergüenza, como aburrimiento, como sentimientos de malestar o como desvitalización.

Ante estos sentimientos desagradables, el psiquismo pone automáticamente en marcha ciertas defensas, que no son simplemente las clásicas (represión, negación, proyección, etc.) sino que son ciertas actitudes, ciertas actividades tendentes a contrarrestar ese malestar. 

Fobia Social.

La primera de estas defensas es la fobia social. En ella veremos la evitación y la retracción para evitar situaciones de vergüenza. La fobia social es el cuadro por excelencia en donde aparece una perturbación narcisista. El sentimiento dominante es el de sentirse observado, lo que provoca la evitación.

Estamos acostumbrados a pensar que detrás de los pacientes con fobia social, se encuentran personalidades esquizoides con angustia persecutoria y miedo a ser atacados, que buscan la evitación del contacto social y caen en la retracción y el aislamiento. Pero la angustia persecutoria, puede ser, no sólo por temor a sufrir una agresión psíquica, sino también por miedo a ser atacado mediante una valoración.

Encontramos, así, que uno de los subtipos de la angustia persecutoria es el sentimiento de vergüenza, el sentimiento a ser ridiculizado. En este sentido, el paciente con trastorno narcisista, puede evitar el contacto social, para no sentir la vergüenza de ser ridiculizado.

Experiencia de satisfacción sustitutiva.

En otras personas el mecanismo de defensa elegido es lo que llamamos experiencia de satisfacción sustitutiva. Estas personas no evitan la situación que les da vergüenza, o la situación que les produce insatisfacción, si no que la contrarrestan con una experiencia placentera. Es decir, el sujeto tiene un malestar narcisista y una insatisfacción consigo mismo, entonces, ése estado de malestar, es cambiado por otro estado placentero, y esto lo puede consigue a través de distintas vías. 

Esta experiencia de satisfacción sustitutiva puede venir a través de la adicción, del alcoholismo, de la drogodependencia. También puede compensar el malestar narcisista a través de la comida, el sexo, el donjuanismo, o el juego compulsivo, que le dé un sentimiento de vitalidad.

“Algunas personas, que tiene un sentimiento de aburrimiento, están esperando que abra sus puertas el casino para tener algún nivel de excitación. O sea, ese nivel de excitación de ir a jugar, de ir a una situación en la que incluso pueden correr peligro, es sentido como menos angustioso que el sentimiento de aburrimiento y desvitalización”. (Bleichmar, H. 2013).

Vemos así, que detrás de algunas conductas, que podemos juzgar como patológicas, hay un intenso sufrimiento. La experiencia de satisfacción sustitutiva supone la creación de un estado emocional para reemplazar otro estado emocional dónde existe un mayor malestar, aunque esta sustitución tenga luego graves consecuencias, como podemos ver en las drogas, el alcoholismo o la ludopatía.

El consumo de drogas puede ser una defensa ante la angustia narcisista

El consumo de drogas puede ser una defensa ante la angustia narcisista.

La anorexia.

En la anorexia vemos otra forma de defensa ante la angustia narcisista. La anorexia es una forma de conseguir, mediante la delgadez una imagen valorizada. Es una forma de compensación narcisista. La anoréxica piensa “si estoy delgada, si tengo los pómulos salientes, si tengo los muslos delgados, entonces soy bella”. Esto es claramente una forma de compensación narcisista. Aunque el tema es mucho más complejo, ante una joven con anorexia podemos pensar que esas chicas están insatisfechas por alguna razón y buscan un estado de bienestar psíquico por medio de la belleza de sus cuerpos, o de la delgadez del mismo.

Si bien el objetivo, la búsqueda de la delgadez, es un punto común, la condición psicológica de partida puede variar en un amplio rango. 

“En la clínica,  encontramos desde la jovencita que imita a sus compañeras en el colegio que hacen dieta y que la mueve exclusivamente un afán perfeccionista, ya que forma parte de ese perfil descrito para la anorexia/bulimia  de niña modelo, con excelente expediente académico, guapa y sociable, un poco “rellenita”;  la adolescente que no sintiéndose muy favorecida físicamente espera que la delgadez le otorgue los atributos necesarios para acceder al otro sexo; hasta las que fracasando en varios ámbitos encuentran en la empresa de la dieta una compensación ilusoria para su malestar general”. (Dio Bleichmar, E. 2000).

La fantasía.

Otra forma de compensar el malestar narcisista es mediante la fantasía. El sujeto puede tratar de contrarrestar su angustia con fantasías grandiosas. Estas pueden ser fantasías de omnipotencia y megalomanía. Pueden aparecer como sueños diurnos, como ensoñaciones dónde huimos de la realidad y del malestar.

Sadismo y masoquismo.

La angustia narcisista puede ser compensada con actividades como el sadismo y el masoquismo narcisista. El sádico obtiene un sentimiento de superioridad sobre el otro a través de su actitud sádica. Ésta puede ser de sadismo físico, o de sadismo mental (burla, humillación). El sádico obtiene una satisfacción al humillar a la otra persona. Ahora bien, ¿por qué la satisfacción? Porque gracias a que la otra persona queda en una posición desvalorizada, el sádico obtiene un sentimiento de valía. En el sadismo existe siempre una satisfacción narcisista oculta.

Pudiera parecer, qué al hablar de masoquismo, nos referimos solamente al masoquista sexual. Nada más lejos de la realidad. El masoquista sexual no es el más interesante, ni el más frecuente. El masoquismo más frecuente es el masoquismo narcisista. Son personas que se siente grandiosas gracias a su sufrimiento, al dolor o a la privación. Este sería el caso de los ascetas y eremitas, que se van al campo y se privan de todo tipo de placer, para obtener un sentimiento de grandiosidad a través del sufrimiento.

La agresividad.

Otra defensa muy básica y frecuente ante al sufrimiento narcisista es la agresividad. Cuando alguien agrede a otra persona, se siente más poderoso. Cuando alguien está humillado, una forma de salir del sentimiento de humillación es mediante la trama de venganzas. Así vemos que el sufrimiento narcisista es una condición que despierta agresividad. 

La agresividad es una defensa ante el sufrimiento del narcisista

La agresividad es una forma de defensa frecuente ante el sufrimiento narcisista.

“Hemos visto como síntomas muy diversos pueden ser despertados por la angustia de tipo narcisista. Entonces, significa que detrás de cuadros que desde el punto de vista descriptivo son diversos, puede haber una misma motivación. Y eso dependerá de la estructura de personalidad. Por otro lado, éstas son defensas que no se ponen en marcha solamente frente al narcisismo, algunas sí, pero otras defensas, se ponen en marcha frente a sufrimientos de distinto tipo”. (Bleichmar, H. 2013).

Este hecho debe inducir siempre al analista a mirar más allá de la descripción de superficie. Debe mirar más allá de los síntomas y hacerse la siguiente pregunta: “¿Qué angustia subyace? ¿Qué motivación está impulsando a esta patología?”.

Depresión y narcisismo.

Hemos repasado un conjunto de defensas que se despliegan ante el sufrimiento narcisista, pero ¿qué ocurre si las defensas fallan, es decir, si son insuficientes para contrarrestar el malestar narcisista? ¿Qué ocurre si las defensas traen consecuencias?

Un paciente puede contrarrestar el malestar narcisista con el alcohol o con la droga. Esto trae serias consecuencias tanto para su salud como para sus relaciones familiares, laborales y sociales. La defensa es capaz a corto plazo de contrarrestar las angustias narcisistas, pero a medio y largo plazo fracasa y es incapaz de evitar las consecuencias.

Cuando las defensas fracasan la consecuencia es la depresión. En el narcisismo patológico, hablamos de la existencia de defensas exitosas y de defensas fallidas. Es decir, defensas exitosas son las que logran realmente compensar a una persona de forma estable. Las defensas fallidas son las que por sus consecuencias producen efectos que después conducen a la depresión. En el narcisismo normal o no patológico no hablaríamos de defensas sino de compensaciones que hacen que el sujeto compense su sufrimiento narcisista y lleve una vida normal.

Los objetos narcisizantes.

Hasta ahora, hemos visto formas en que una persona obtiene bienestar narcisista o sale del malestar de la insatisfacción consigo mismo en base a ciertos movimientos psicológicos que realiza. Pero, algunas personas utilizan al otro como una forma de obtener un bienestar narcisista. Y el papel que juega el otro, puede ser muy diferente. En psicoanálisis se llama objeto al otro, a la persona, por eso se habla de objetos narcisizantes.  Hay tres formas de usar al otro, es decir al objeto, para compensar su narcisismo:

Una es la posesión narcisista, otra es el objeto de la actividad narcisista y la tercera es el uso del otro para ir depositando en él insatisfacciones. 

Posesión narcisista.

Entendemos por posesión narcisista a cualquier objeto o cosa con la cual la persona se siente de alguna manera relacionada, unido a ella y el valor que tiene esa persona o ese objeto lo hacer sentirse valioso. La valoración que se tiene sobre ese objeto, la persona la siente como propia. Vemos que no se trata de una valoración propia, es una valoración prestada.

Un ejemplo de posesión narcisista sería lo que puede ser un hijo para un padre.  El padre se exhibe a través del hijo. La posesión narcisista puede ser un objeto (una cosa) y no necesariamente una persona. Una posesión narcisista puede ser una casa, un automóvil, o lo que la esposa representa para el marido (o viceversa), o el niño/a para los padres (o viceversa), o un amigo, un grupo o una institución a la que se pertenece.

“El juicio de valor hecho sobre estos objetos, sea positivo o negativo, es trasladado al propio sujeto a través de un proceso de identificación parcial”. (Bleichmar, H. 2013).

La pareja como posesión narcisista

La casa, los hijos o la pareja pueden ser ejemplos de posesión narcisista.

Si la valoración del objeto cae por cualquier causa, la persona se siente mal. En la posesión narcisista el sujeto no tiene una individualidad, una valoración de sí mismo, sino que es algo que toma como prestado del objeto. 

Algunas personas logran compensar su narcisismo a través posesiones narcisistas mientras el objeto poseído es valorado socialmente. Si eso no sucede, hay una caída del narcisismo. En el momento en que se produce una pérdida en la valoración del objeto, tratan de romper totalmente su relación con él. Es decir, la persona acepta o rechaza al objeto en función de lo que le aporta narcisísticamente y esa es una relación narcisista de objeto.

Objeto de la actividad narcisista.

La segunda forma de usar al otro, se denomina objeto de la actividad narcisista. Consiste en usar a la otra persona (al objeto) para desplegar una actividad que narcisiza al sujeto. En esta situación el otro no interesa como persona, sino sólo como alguien que permite al sujeto narcisista realizar una actividad que le hace sentir a valioso. 

Podemos ver un ejemplo en el profesor, que enseña para exhibir sus cualidades, pero no le importa nada si los alumnos aprenden o no. Es decir, enseña, porque al hacerlo, despliega una actividad que lo hace sentir importante.

El objeto de la actividad narcisista permite al sujeto realizar una tarea que le proporciona valoración narcisista. El objeto es el instrumento imprescindible para realizar cierta actividad que ha sido investida de valor narcisístico. Por ejemplo, son objetos de actividad narcisista, el ajedrez y el oponente para un jugador de ajedrez, o el piano y la música para un pianista, o el estudiante para el profesor, o el paciente para el psicoanalista.

“Cualquier trabajo, profesión o hobby que permite que una función narcisísticamente valiosa sea realizada puede constituir un objeto de la actividad narcisista”. (Bleichmar, H. 2013).

El “otro” como depósito de insatisfacciones.

Una tercera forma de usar al otro es depositar en él todas las insatisfacciones. Algunos sujetos narcisistas pueden usar al otro para colocar en él todo lo malo, todo lo desvalorizado. Es decir, realizan una identificación proyectiva. El otro es utilizado como un montón de basura, donde el narcisista se sube para sentirse superior.

Tratamiento psicoanalítico del trastorno narcisista de la personalidad.

El tratamiento de este tipo de pacientes es muy duro y exigente, pues constantemente están buscando la admiración del analista, al que suelen considerar inteligente y tratan de impresionar.

Suelen ir a terapia cuando han fracasado en la realidad y tienen conflictos con familia o la pareja. Van a presentar una enorme resistencia al tratamiento y tratan de ocultar sus fracasos o sus dificultades.

Demandan una gran atención y suelen alternar la idealización del analista con la rabia narcisista, cuando se le contradice o se cuestiona su actitud. 

La terapia del narcisista es dura y complicada

La psicoterapia del paciente narcisista es dura y complicada.

Es bastante frecuente, que traten de fomentar una alianza con el terapeuta (los listos, los inteligentes) contra un tercero al que denigran (el tonto). Mediante esta alianza tratan de imponer al analista su propia opinión, intentando controlar los pensamientos de éste. Tratan de ir condicionando al terapeuta para que diga lo que ellos quieren oír. Cuando no lo consiguen pueden tener accesos de furia, o bien racionalizar la situación y decir que no les da la razón, aunque piense igual que él, porque se debe ceñir al papel de analista. 

Actitud del terapeuta.

El paciente narcisista no descansa hasta que consigue que el analista tenga un pensamiento similar al suyo. Un modo de abordar esta cuestión es plantearle por qué motivo es tan importante para él, que exista otra persona que piense de la misma forma.

El marco ideal para trabajar con pacientes con trastornos narcisistas exige mucha tolerancia, porque las ideas de grandiosidad del paciente responden a una necesidad muy grande de la persona. No suele ser útil cuestionar sus ideas grandiosas y a veces descabelladas, pues al enfrentarlos a la realidad desencadenamos su rabia narcisista y pueden dejar el análisis.

Tiene más utilidad hacer que esa persona se dé cuenta de por qué tienen esa necesidad de fantasear y de hacer cosas grandiosas. Pueden ser muy atrevidos y hacer preguntas incómodas: “Doctor, ¿le resulto atractiva”.

La mejor forma de salir de estos apuros es recurrir a la sinceridad y hacer ver al paciente que no se siente cómodo, como terapeuta, contestando ese tipo de preguntas personales. Puede ser muy fácil señalar y criticar sus deficientes relaciones interpersonales, pero lo que tiene de fácil lo tiene de poco productivo. Hacer esto convierte al terapeuta en un crítico y eso aumentaría la defensa al producirle un aumento de su angustia y dejaría el tratamiento.

Vulnerabilidad narcisista.

La vulnerabilidad narcisista es muy grande y el terapeuta debe ir dando la información a muy pequeñas dosis.  Es mucho mejor tratar de explicarle que es un esclavo de sus exigencias interiores, de su superyó. Pueden ser útiles frases como: “tengo la impresión de que se siente muy exigido consigo mismo, muy obligado a hacer las cosas bien, perfectas, a ocupar posiciones importantes, a no tener debilidad”.

Para el paciente es importante sentir que el terapeuta comprende esa necesidad interna que le origina sufrimiento.

El paciente narcisista tiene una especial debilidad en señalar los errores del analista. Ante este hecho es bueno relacionarlo con su historia infantil y cómo actuaban sus padres ante sus errores:

“me parece importante eso que me cuenta (narcisización), porque le debe de haber dejado un malestar frente a toda situación en que pudo haber cometido un error. Claro, usted me contó que cuando se equivocaba, su padre le castigaba duramente, así que es como si usted se hubiera hecho la determinación de: no cometer nunca más un error”. (Bleichmar, H. 2013).

Esta explicación exime al paciente de culpabilidad (es así porque hubo unas condiciones que le hicieron así) y propicia que quiera cambiar porque siente que no es el culpable y no se siente mal consigo mismo.

El terapeuta debe cuidar la vulnerabilidad narcisista

El terapeuta debe ser muy cuidadoso con la vulnerabilidad narcisista.

También es importante la actitud del terapeuta ante los insultos y las descalificaciones, es decir frente a la identificación proyectiva. La reconstrucción de la biografía es muy desculpabilizadora. El analista debe buscar hechos en la biografía del paciente que lo liberen de la culpa y expliquen esta actitud: “No le quedó más remedio  que …” y así transmitirle que lo hace para protegerse.

 

Bibliografía.

Este artículo es una parte del resúmen de la monografía “Narcisismo” que integra el TFM del “Curso de Especialista Universitario en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica“. Puedes descargar el trabajo completo en el siguiente enlace:

Monografía sobre Narcisismo

El Narcisismo – Gerardo Castaño Recuero

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