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Definición de autoestima: ¿Qué es autoestima?

Definimos a la autoestima como la valoración que un individuo tiene de sí mismo. Este valor que el sujeto se adjudica puede ser positivo o negativo. Cuando nos referimos a la autoestima desde el punto de vista psicológico nos estamos refiriendo a la valoración emocional y subjetiva que una persona hace de sí misma.

Esta valoración suele estar basada en sus percepciones, sentimientos, pensamientos y experiencias y por lo tanto es tremendamente subjetiva y no tiene por qué coincidir con la valoración que otras personas hacen del sujeto. Puede darse el caso de que una persona tenga una baja autoestima y sin embargo los que le rodean tengan de él una valoración muy positiva.

Autoestima baja.

Cuando hablamos de autoestima baja en términos psicológicos nos estamos refiriendo a individuos que tienen dificultad a la hora de juzgar sus propios valores. No se sienten en absoluto valiosos, y al extender su propia autovaloración a los demás, están convencidos de no ser amados, ni valorados por los demás.

Al no sentirse queridos, ponen en marcha mecanismos psicológicos, a veces inconscientes, para conseguir la aprobación de las personas de su entorno. En cierto modo dejan de lado su forma de ser y se comportan haciendo justamente lo que creen que va a agradar a su entorno.

Pocas veces son capaces de decir lo que piensan realmente, salvo cuando saben que sus pensamientos coinciden con los de sus interlocutores. Esta actitud les crea inseguridad, indecisión e insatisfacción. Son personas muy sensibles a las críticas y suelen tener bastante dificultad para reclamar sus derechos, es decir, tienen un déficit de asertividad.

En determinadas situaciones, como a la hora de mostrar sus afectos o ser vistos en la intimidad suelen desarrollar bastante ansiedad, lo que se traduce en la pérdida de la espontaneidad dando lugar a conductas sociales bastante rígidas, para no sentirse expuestos a la crítica.

Autoestima alta.

Al contrario que la personas con baja autoestima, el sujeto con alta autoestima tienen un elevado concepto de sí mismo. Suelan tener una gran confianza en sus capacidades y no tienen ningún problema a la hora de tomar decisiones. Su valoración positiva les capacita para enfrentarse a retos difíciles de superar con optimismo y altas expectativas de éxito.

Alta autoestima en una mujer

Joven con alta autoestima

 

Autoestima infantil.

Al hablar de la autoestima infantil nos estamos refiriendo al grado de satisfacción que el niño tiene respecto de sí mismo. Al igual que en el adulto, se trata de una valoración subjetiva que el niño hace de sus capacidades personales.

El niño con alta autoestima.

Son muchos los rasgos que acompañan una alta autoestima en un niño. El sentimiento de autoestima positiva se va a manifestar en:

  • Tiene bastante estabilidad afectiva y emocional.
  • Seguridad en sí mismo.
  • Conocer adecuadamente sus puntos débiles. Igualmente sus puntos fuertes.
  • Generalmente suele ser un niño optimista.
  • Profunda aceptación de sí mismo en su totalidad.
  • Así mismo acepta a los demás de igual forma.
  • Tiene capacidad para afrontar de forma realista los problemas que le surgen.
  • Buena aceptación de las críticas.
  • Es tolerante con las ideas de los demás.
  • Actúa en coherencia a sus creencias y a sus valores.
  • Ayuda a los demás siempre que puede.
  • Manifiesta profunda empatía ante las necesidades ajenas.
  • Alta autonomía, es capaz de valerse por sí mismo.
  • Suele ser bastante independiente.

Desarrollo de la autoestima en el niño.

El grado de satisfacción que el niño tiene de sí mismo no es algo innato. El niño no nace con una autoestima alta o baja.  La autoestima es un sentimiento que se desarrolla desde los primeros meses de vida y que se ve altamente influido por la relación con los padres y muy especialmente con la madre.

Tras el momento del nacimiento, el bebé se encuentra totalmente desvalido. Ha sido expulsado del útero materno donde todo era comodidad y seguridad. De repente se encuentra en un mundo hostil y empieza a conocer el hambre, el frío, los ruidos, el dolor…

Desde los primeros minutos de vida el bebé desarrolla unos estrechos vínculos afectivos con los padres. La madre tiene aquí un papel fundamental, pues le va a proporcionar todo lo que necesita, le va a dar la seguridad perdida, le va a alimentar, a limpiar y asear, le va a acariciar y dar cariño.

No cabe la menor duda, de que el bebé al sentirse tan bien cuidado y agasajado por sus progenitores (o por sus cuidadores en ausencia de los padres) se sentirá alguien muy especial. Se va a sentir importante, se va a sentir una persona muy valiosa y todos estos sentimientos se traducirán en un aumento de su autoestima.

Baja autoestima en un hombre

Adulto con baja autoestima

 

La teoría del apego.

Al terminar la segunda guerra mundial el número de familias destrozadas y de hijos huérfanos por todo el mundo era interminable. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) encargó un estudio sobre como afectaba a los niños este desarraigo familiar.

El trabajo recayó sobre el psicoanalista y psiquiatra inglés John Bowly, estudioso de casos de niños huérfanos e inadaptados. En su artículo “Privación materna” plantó las bases de la que años más tarde sería conocida como teoría del apego.

Aún a riesgo de simplificar, podemos decir que Bowly considera que el niño establece unos fuertes vínculos, en los primeros meses de vida con sus padres o sus cuidadores habituales, cuando los padres no pueden desempeñar este papel.

El niño va a tratar de establecer un fuerte vínculo con su cuidador por una doble razón: una razón biológica que consiste en sobrevivir en un medio hostil y una razón psicológica que es la restauración de su seguridad perdida.

Vínculos afectivos del niño.

A la hora de referirse a estos vínculos que el niño establece con sus padres, Bowly considera que pueden ser de dos tipos: vínculos seguros e inseguros.

El niño con vínculos seguros no siente la ausencia de sus padres, se adapta a la presencia de extraños y no llora en su presencia. El niño ante la ausencia de su fuente de seguridad desarrolla una sana ansiedad adaptativa. Es un niño que está empezando a desarrollar una alta autoestima y no es dependiente de la presencia de sus progenitores.

Por el contrario el niño que ha desarrollado vínculos inseguros, es altamente dependiente de sus cuidadores, desarrolla una alta ansiedad por separación, no tolera la presencia de extraños y llora con facilidad y de forma continua hasta que aparecen sus padres. En esta situación el llanto incontrolable del bebé es la expresión inequívoca de la ansiedad que está sufriendo.

El tipo de vínculo que el niño desarrolle en sus primeros meses será determinante en etapas posteriores de su vida y condicionará en gran parte su seguridad afectiva, su autonomía, su independencia y su autoestima.

Conforme el niño va creciendo va consiguiendo una mayor autonomía y va extendiendo sus relaciones a otros familiares, hermanos, maestros, amigos o vecinos. La opinión de estas personas sobre el niño tiene una importancia capital en el desarrollo de su autovaloración y su autoestima.

Tipos de autoestima.

El sentimiento de autoestima del niño no es un “todo” global, sino un conjunto de valoraciones subjetivas sobre distintas áreas:

  1. La familia: Dependiendo de la relación con padres o hermanos, el niño, como miembro de la familia, se puede sentir más o menos apreciado y seguro.
  2. Aspecto físico: Según su aspecto físico y sus capacidades físicas se encontrará más o menos satisfecho consigo mismo.
  3. Escuela: Lo mismo ocurre con sus capacidades intelectuales y su rendimiento escolar.
  4. Amistad: El niño se compara y valora en relación a sus amigos. Esto dependerá fundamentalmente del grado de aceptación por parte de los compañeros y de su capacidad de participación en los juegos y actividades.

 

Teoría del Apego: Vinculo afectivo con la madre

Teoría del apego: Vínculo seguro con la madre

 

La autoestima en la adolescencia.

La adolescencia es un periodo crítico en el desarrollo del sujeto. Es un periodo de cambios continuos, tanto físicos como psíquicos, es un periodo de inseguridad y de comparaciones. Casi ningún adolescente está conforme con su físico, “demasiado gorda”, “demasiado delgado”, “muchos granos”, “pocos músculos”, “mucho culo”, “poco pecho”… la lista podría ser interminable.

Durante la adolescencia aparecen distintos factores que van a condicionar el desarrollo de la autoestima:

  1. El aspecto físico con todos los cambios corporales que conlleva. El adolescente, en general, no suele estar nada satisfecho con su aspecto físico.
  2. El desarrollo de las primeras relaciones amorosas: el enamoramiento. Aparece el temor a ser rechazado por la persona que le atrae.
  3. Exigencias académicas cada vez más altas, al pasar de los estudios primarios a los secundarios. Esto se acentúa si además hay un cambio de colegio y con ello la necesidad de integrarse a un nuevo entorno de amigos y profesores.

Durante la adolescencia la influencia de los adultos y sobre todo de los medios de comunicación y audiovisuales es brutal y el adolescente se siente inseguro no sólo en el plano físico sino también en el psicológico, en sus capacidades afectivas, sociales, intelectuales o deportivas.

Ante la presión social y los clichés de moda el adolescente se puede crear una imagen ideal que es irreal y que nunca va a poder conseguir y esto puede desembocar en una baja autoestima y acarrear problemas serios típicos de esta edad, como estados depresivos, o trastornos del comportamiento alimentario como la anorexia y la bulimia.

¿Tiene mi hijo problemas de autoestima?

La única forma de contestar a esta pregunta es estar muy atento a todas las manifestaciones de tu hijo, porque cuando haga comentarios en los que se refiere a su propia persona os puede dar valiosas pistas sobre su grado de autoestima.

La depresión, que es un trastorno muy frecuente en la infancia y que a menudo pasa desapercibida, suele cursar con un grado bajo de autoestima.

Indicadores de una baja autoestima.

  1. Ánimo triste
  2. Uso de frases similares a “no gusto a nadie” o “no me sale nada bien”.
  3. Se culpa de todo lo malo que ocurre en su entorno.
  4. Piensa que es más torpe y menos inteligente que sus compañeros de clase.
  5. Piensa que no se le da bien ningún deporte.
  6. Se siente rechazado y marginado por sus compañeros.
  7. Gran indecisión.
  8. Muy pesimista en cuanto a su futuro.
  9. No se siente capaz de hacer nada sin ayuda externa.
  10. No encuentra en él ninguna virtud, sólo ve defectos.
  11. Siempre está insatisfecho.
Adolescente con baja autoestima

Adolescente con baja autoestima

 

 

¿Cómo aumentar la autoestima de tu hijo?

  1. Tu hijo necesita sentirse querido en el hogar, independientemente de su comportamiento.
  2. Así mismo necesita sentirse seguro, rodeado de los miembros de la familia.
  3. Respetad a vuestro hijo, no os burléis de él, o de las cosas que hace o dice. Debéis valorar adecuadamente todo lo que hace. Esto hará que se sienta una persona única y muy especial.
  4. Si encontráis tiempo para compartirlo con él, le estaréis diciendo la importancia tan grande que tiene para vosotros.
  5. Resaltad sus cualidades y no le machaquéis con sus defectos.
  6. Si hace algo bien debéis decírselo para que aumente su confianza. Si hace algo mal, también hay que hacérselo saber, pero buscando la manera de decirlo sin herir sus sentimientos ni hacer que se sienta un inútil.
  7. Debéis ser objetivos en vuestros juicios y realistas, pues si los elogios son desmedidos no le ayudarán en nada.
  8. Todos los padres quieren a sus hijos, pero esto no es suficiente. Tenéis que demostrar vuestro cariño con alabando las virtudes del hijo, y siendo afectuosos con caricias, besos y abrazos. El niño necesita el contacto físico: Le da seguridad y confianza.
  9. Uno de los mayores errores, en el que casi todos los padres incurren, es la continua comparación con hermanos, amigos o familiares. El niño debe crecer sin buscar comparaciones con los que le rodean.
  10. Si hace algo mal no hagáis descalificaciones globales: “No vales para nada” o “Eres un inútil”. Simplemente señaladle lo que ha hecho mal.
  11. Los padres siempre queremos lo mejor para nuestros hijos, pero debemos ser realistas y no crearle expectativas irreales que nunca podrá conseguir. Con esto sólo conseguiréis que se sienta frustrado.

Por otro lado si las expectativas que ponéis en él son muy bajas o no le inculcáis la necesidad de fijarse objetivos, pensará que es un inútil que no sirve para nada provechoso.

 

Padre mejorando la autoestima de su hija

Padre mejorando la autoestima de su hija

 

Otras consideraciones para fomentar la autoestima.

 

Pedir la opinión de vuestro hijo.

En las reuniones de familia, y dependiendo de la edad de vuestro hijo, es bueno dejarle intervenir. Plantear problemas y dejadle que dé su opinión y aporte soluciones. Sentirá que su opinión es importante, que es tenido en cuenta por la familia y en suma mejorará su autoestima.

Evitar el castigo físico.

Los castigos físicos son inadecuados y contraproducentes cuando el niño hace algo mal. No se consigue nada con el castigo físico, salvo dañar su autoestima y generar en él la semilla de un posible maltratador. Además con el castigo físico empeorará considerablemente la relación afectiva con el padre que propina el castigo.

Animadle para que tome decisiones.

Dejadle que tome decisiones, que asuma riesgos (pequeños), que acierte y que se equivoque. Alabad su actuación cuando acierte y animadle a seguir cuando fracase y enseñadle que de todos los errores se puede aprender algo positivo.

Favorecer la autonomía y la independencia.

Hay que favorecer la autonomía del niño y su independencia. Hay que evitar la sobreprotección. Dejadle que tome iniciativas, que investigue y que experimente. Simplemente supervisar a distancia discreta para evitar que corra riesgos peligrosos. Con esta actitud conseguiréis que el niño crea en sus capacidades.

Dejadle resolver sus problemas.

Hay un dicho popular que dice que “Nadie escarmienta en cabeza ajena”. Quiere esto decir que una persona aprende de sus propios errores. En este sentido debéis dejar iniciativa a vuestro hijo para que resuelva sus problemas y tome sus decisiones. Si ante el menor problema aparece un padre solícito dispuesto a solucionarlo, vuestro hijo no aprenderá nunca a ser autosuficiente.

Poner metas y objetivos realistas.

Es una buena decisión animar a los hijos para que se fijen metas y objetivos realistas y que puedan conseguir. Haced que se sientan orgullosos de sus éxitos y logros personales. Cuando fracase, no dejéis que se desanime, elogiad el esfuerzo realizado. Enseñadle a ser perseverante, pues aumentará su confianza, cuando tras nuevos intentos consiga sus objetivos.

No menospreciéis sus éxitos.

Todas las personas tienen aspectos y cualidades positivas. No quitéis importancia a sus logros y le echéis en cara otros fallos. Si es bueno en el deporte y malo en los estudios, alabad su capacidad deportiva cuando lo haga bien. Debe haber tiempo para todo y también para alabar sus éxitos deportivos, aunque tenga malas notas. Ya habrá otros momentos para animarle con los estudios.

Ayuda a mejorar la autoestima de tus hijos

Ayuda a mejorar la autoestima de tus hijos

Conclusión.

Para su futuro desarrollo, la forma en la que el niño percibe sus cualidades y se hace un retrato objetivo de sus valores, es de una importancia incalculable.

Para conseguir este objetivo (desarrollar una autoestima elevada) hay que mostrar con palabras y hechos verdadero afecto. Hay que transmitir respeto y valoración de sus actos. Se debe demostrar interés por sus actividades y escuchar sus opiniones. Hay que animarle a fijar metas realistas. Ayudarle a ser independiente y gozar de autonomía propia.

Nota final:

Para los que ya son padres y han tratado de seguir estas normas, debo decir que es mucho más fácil escribir estas líneas que llevarlas a la práctica. ¡Ánimo!

 

Referencias.

La autoestima infantil – Gerardo Castaño Recuero.

Seguridad afectiva – Nuestro Psicólogo en Madrid.

Teoría del apego – Psicoactiva.

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La Autoestima: Como mejorar la autoestima de tus hijos
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Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.