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Los trastornos alimentarios son bastante frecuentes en la infancia. En ocasiones pueden ocasionar serios problemas, que pueden repercutir en la familia y en la salud de nuestros hijos. 

Los primeros conflictos pueden aparecer cuando la lactancia materna no es posible porque la madre tiene poca leche o mucho dolor en los pechos al amamantar.

En la primera infancia los problemas pueden ser por escaso apetito, intolerancia o rechazo de determinados alimentos, como las verduras.

En la adolescencia nos encontramos con trastornos alimentarios muy serios como son la anorexia nerviosa y la bulimia.

Trastornos alimentarios en la infancia.

Durante los primeros años de vida, pueden aparecer trastornos alimentarios que se manifiestan a través del rechazo a ciertos alimentos o como una falta generalizada de apetito. Muchos de estos casos responden a problemas de disciplina. Sin embargo, también pueden deberse a causas psicológicas e incluso orgánicas.

Los padres debemos estar muy atentos a este respecto para ayudar al profesional de la salud a encontrar la causa exacta y así poder diseñar un plan de tratamiento efectivo para nuestro hijo.

Trastornos de alimentación en la primera infancia y en la adolescencia.

Un error bastante frecuente es creer que los trastornos alimentarios en la infancia obedecen a las mismas causas que en la adolescencia. Dado que se trata del mismo problema, podemos llegar a creer que se deben a las mismas causas, pero en ningún caso es así.

Mientras que los problemas de alimentación durante la primera infancia, es decir hasta los seis años, pueden manifestarse tanto en niños completamente sanos como en aquellos que padecen alguna enfermedad, a partir de la pubertad, y muy especialmente en la adolescencia y en la vida adulta, esto es totalmente diferente.

Los trastornos alimentarios en la adolescencia, como la anorexia o la bulimia, son una auténtica plaga social. A la hora de buscar las causas de la anorexia nerviosa debemos valorar los factores sociales, las motivaciones personales y los rasgos de carácter.

Por lo tanto, nunca debemos asociar el problema de un niño pequeño a uno de una persona de mayor edad, ya que esto solo nos haría perder tiempo en iniciar un tratamiento adecuado para solucionarlo.

Tipos de trastornos alimenticios en niños pequeños.

Existen dos grandes grupos de problemas alimenticios:

  • Los que ocurren a causa de un problema de salud.
  • Los que ocurren en niños sanos.

Causas más comunes de los trastornos alimentarios en la infancia.

  • Patología digestiva.
  • Alergia o intolerancia a determinados alimentos.
  • Dificultad para ajustar el ritmo de hambre y saciedad.
  • Dificultades de sueño.
  • Trastornos post-traumáticos.
  • Enfermedades crónicas.
  • Relación del niño con su madre.
  • Influencia de la familia y de los cuidadores sobre el niño.
  • Falta de límites.
Celiaquía o intolerancia al gluten de los cereales

La celiaquía es debida a la intolerancia al gluten de los cereales (1).

La aversión a ciertos alimentos puede deberse a una alergia o a cierta intolerancia a determinados componentes. Por ejemplo, un niño al que la fibra le produce malestar gastrointestinal, rechazará los vegetales con alto contenido en ellas.

Existen, por otra parte, enfermedades crónicas silenciosas, como lo es la celiaquía o intolerancia al gluten, que no son fáciles de diagnosticar. Por esta razón, es fundamental recurrir al médico en primera instancia. Una vez se hagan los exámenes físicos pertinentes, se hallará la causa y podrá tratarse el problema. En cambio, si éste persiste y ya hemos descartado el origen orgánico, nos encontramos ante una causa psicológica, la cual será más compleja de determinar.

Debido a la importante influencia que tienen en el niño los adultos que forman parte de su entorno, la terapia para tratar los trastornos alimenticios en la primera infancia debe hacerse incluyendo a la familia de forma obligada.

La falta de límites en la educación de los hijos.

Cuando el niño se encuentra sano y no hay problemas con su entorno ni hubo un trauma en su vida, lo más probable es que estemos ante un caso de falta de límites.

El trastorno alimenticio en la primera infancia produce un alto nivel de estrés y tensión en los padres del niño. Escenas de berrinches, de ofuscamientos y de negaciones, se convierten en el panorama cotidiano. Lo que debería ser un momento de unión y disfrute, se convierte en un severo malestar para todos. Ante esta situación, los padres tienden a flexibilizar sus límites hasta un punto tal que éstos se desdibujan.

La educación infantil en la actualidad es el efecto rebote de lo que sucedía sesenta o setenta años atrás, cuando los límites eran tan rígidos y el margen era tan escaso, que se atentaba contra la libertad personal. En la actualidad, nos hemos ido al otro extremo y permitimos todo a nuestros hijos. Hay hogares en los que el niño pequeño solo es alimentado con hamburguesas, patatas fritas y refrescos. Éste es un camino fácil y así logramos que coma toda la comida, pero estamos incurriendo en dos grandes errores:

  • La mala alimentación
  • La falta de límites

Dejemos el primer error para el campo de la medicina, pero ya sabemos que existe y no podemos ignorarlo, y tomemos el segundo, ya que nos atañe directamente.

Un problema educacional.

La falta de límites es un problema que está afectando el comportamiento de millones de niños en todo el mundo. Existen múltiples factores que influyen en su aparición. Por un lado están los padres que trabajan todo el día. Se encuentran estresados y llegan agotados a casa sin energías para librar una batalla por un brócoli. Por otro lado está también la influencia de los medios de comunicación y de los amigos.

Cuando creíamos haber ganado terreno con la ensalada de verduras, resulta que nuestro hijo es invitado a la casa de su amigo Pedrito. Allí le ofrecen croquetas de pollo de esas que vienen en la “caja blanca y roja” (de una conocida cadena de comida rápida) y que Pedrito come todos los días.

La comida rápida es una tentación para los niños

La comida rápida es una tentación irresistible para los niños (2).

Ante tal situación, creemos que lo tenemos todo perdido y dejamos que nuestro hijo opte por los seis alimentos que más le gustan y pase olímpicamente de todos los demás. El siguiente paso es diseñar un menú para los adultos y otro para el pequeño. La solución parece haber llegado, pero en el fondo sabemos que esto no es lo correcto.

La lactancia y los trastornos alimenticios.

La lactancia es más que un proceso alimenticio, es una conexión entre madre e hijo. Los beneficios de la lactancia materna son evidentes, tanto a nivel físico (aumento de defensas en el bebé) como a nivel psicológico.

En ocasiones y por distintos motivos la lactancia materna no es posible. En estos casos hay que recurrir a la lactancia artificial sustituyendo la leche materna por biberones de leche artificial. Sin embargo, hemos llegado a un punto en el que se defiende tanto la leche materna, que se puede caer en la culpabilización de la madre que no puede dar el pecho a su hijo.

Hay mujeres que no producen leche y otras a las que el dolor les resulta insoportable. En el primer caso, está de más decir que con la sustitución de la leche materna solucionaremos el problema. Sin embargo, no todos los pediatras están de acuerdo en que el dolor sea razón suficiente para buscar el camino de las leches comerciales.

El problema, en este caso es que tenemos a una madre que no se conecta con su hijo durante la lactancia porque este acto va acompañado con un intenso dolor. En cambio, si le da un biberón, podrá transformar ese momento en lo que debe ser: una instancia de comunicación, caricias, palabras y conexión.

Evitar conductas extremistas.

No debemos caer en conductas extremistas que culpabilicen a las madres. Emplear en estos casos el sentido común parece obvio. Por desgracia, ya sabemos, que el sentido común es el menos común de los sentidos.

Los problemas que se generen entre el niño y la madre durante la etapa de la lactancia, incidirán en su desarrollo, lo que quiere decir que podemos esperar que aparezcan trastornos alimenticios en la primera infancia cuando la lactancia fue traumática.

Por otra parte, se defiende tanto la lactancia que se termina por no incluir a tiempo la alimentación sólida. A partir de los cinco meses, el bebé debe comenzar a comer.

Más allá de que la leche materna tenga todos los nutrientes necesarios para cubrir las necesidades nutricionales, el bebé debe acostumbrarse a comer, ya que al principio le resultará molesto. Retrasar la incorporación de los alimentos sólidos es adentrarse en futuros problemas alimenticios.

La lactancia artificial puede solucionar muchos problemas

La lactancia artificial puede solucionar muchos problemas (3).

El autismo y los problemas de alimentación.

Cuando nuestro hijo tiene trastornos alimenticios, el primer paso es realizar la visita al pediatra. Entre otra información que nos preguntará y que intentará observar, es su reacción ensuciarse, su dificultad para ganar peso y si suele vomitar con frecuencia. Ensuciarse cuando comen o tener reacciones adversas exageradas hacia ensuciarse las manos o la ropa en general, pueden ser indicativos de autismo.

Los niños que padecen de esta condición suelen tener trastornos alimenticios que pueden acabar con la paciencia de los padres. Por si fuera poco, a una falta generalizada de apetito, se añaden, en al menos uno de cada dos niños autistas, problemas orgánicos en el tubo digestivo. Alteraciones como esofagitis, gastritis y colitis han sido objetivadas tras estudios de endoscopia y biopsia digestiva.

Si bien los síntomas pueden inducir a los padres a llevar al niño al pediatra, es éste el que, una vez confirmado el diagnóstico, debe ayudar a los padres para enfrentarse con este trastorno y específicamente para abordar los problemas alimentarios, que en muchas ocasiones requieren la ayuda de nutricionistas.

Nos puede ayudar a comprender la desesperación de los padres, el libro que una madre inglesa (Brena Legge) con un hijo autista publicó en el año 2002: “No puedo comer, no voy a comer: Problemas dietéticos y trastornos del espectro autista”. En este libro relata las experiencias, recogidas personalmente, de más de ochenta familias de niños autistas con serios problemas de alimentación.

El rol del pediatra ante los trastornos alimentarios en la infancia.

El pediatra indagará hasta llegar al núcleo del problema, el cual puede ser físico, psicológico o educacional. Si es físico, lo tratará con medicación o tratamientos médicos; si es psicológico, lo derivará al psicólogo; mientras que, si es educacional, recomendará a los padres ciertos pasos a seguir.

No obstante, debemos tener presente que, en los casos donde el problema reside en la educación del niño, el pediatra tiene un mero rol orientador, pero quienes estaremos día a día con nuestros niños somos nosotros.

Si se descubre que el trastorno alimenticio tiene bases educacionales, ahora el problema será nuestro y lo tendremos que solucionar. No es admisible llegar a la próxima consulta seis meses más tarde, alegando que no hemos logrado que nuestro hijo se alimente de forma correcta. Es ahora más que nunca cuando debemos intentar fijar los límites.

No es misión del pediatra educar a nuestros hijos

No es misión del pediatra educar a nuestros hijos

¿Cuándo ceder y cuándo ponerse rígido?

Todos hemos oído esta frase en más de una ocasión: “Los niños necesitan límites”. Es una frase desgastada por el uso, pero sigue siendo una verdad ineludible.

Los niños necesitan límites .

Hoy el problema es un trastorno alimenticio, pero los niños crecen y se vuelven adolescentes. Llegar a los quince años acostumbrados a dominar, porque los adultos eligieron el camino de la no confrontación, puede acarrear serios problemas para ese joven. Además de tener en casa a un verdadero tirano, ese chico saldrá al mundo y se encontrará con una dura realidad, opuesta a la que había en casa: hay reglas, normas y hasta leyes. Un niño que crece sin límites es una amenaza para la sociedad y para sí mismo.

Por lo tanto, está en manos de los adultos plantarse firmes y conseguir que el trastorno alimenticio sea superado. ¿Cómo? Usando las siguientes tácticas.

Alimentos de todos los grupos.

Nuestra tarea será transformar el “yo no como verduras” por el “yo no como berenjenas ni calabacines.” Como podemos ver, los padres del primer niño no han puesto límite alguno, mientras que los del segundo cedieron en una mínima parte.

El niño tiene derecho a elegir ciertos alimentos que no quiere comer porque no le gustan. No es necesario tiranizarlo ni llevarlo al borde del vómito ante algo que no tolera. Tampoco podemos permitir que excluya todo un grupo de alimentos.

Tiene que comer frutas, verduras, lácteos, cereales, legumbres, pescados y carnes. Incluso también se le puede permitir optar por una dieta vegetariana. Hay niños nacidos y criados en ambientes en los que se come carne, que deciden no hacerlo. En este caso tenemos que ceder y mucho, ya que juegan factores emocionales que no podemos vulnerar. Si nuestro hijo decide ser vegetariano, lo primero es apoyarlo y lo segundo es acudir a un nutricionista para que nos oriente cómo sustituir las proteínas de la carne y el pescado.

Combinaciones de alimentos.

Hoy toca comer calabaza y nuestro niño se muestra apático y desganado. No le resulta tan desagradable como para excluirla del grupo de verduras, pero se queja de que no tiene gusto a nada. ¿No será que no la ha probado en forma de puré, condimentada con cúrcuma y curry, y puesta dentro de un pastel de masa crocante sobre una base de queso?

Ser padres es ser muchas cosas, y entre ellas está la alta cocina. El mejor remedio para un niño que es apático a comer ciertos alimentos, es lograr fusionarlos con otros que les resulten realmente apetecibles. Por ejemplo: ¿Ya sabes qué piensa de la ensalada de frutas con una crema cocida? ¿Has probado hacerles yogur casero de chocolate?

Trastornos alimentarios en la infancia: La alimentación infantil debe ser creativa y variada

La alimentación infantil debe ser creativa y variada

No a los premios.

No debemos premiar la conducta del niño que nos soborna con la comida. Todos conocemos casos de niños que reciben doble postre o una golosina después de haber comido las verduras. También existen casos de padres o cuidadores que les han llegado a dar dinero o a comprarles un juguete por comerlas.

Además de demostrarles que nos han ganado y no hemos sido capaces de ponerles límites esta clase de recompensas refuerzan la idea de que las verduras son malas. Le estamos diciendo: las verduras son tan malas que hay que contrarrestar su “nefasto” efecto.

Por otro lado, esta actitud de los padres, también tienen serias consecuencias para su futura  vida como adultos. Tómatelo con naturalidad y dale al plato de verduras el trato que se merece: el de una comida como cualquier otra, y verás que comienza a perder fuerza negativa en tu hijo.

Predicar con el ejemplo.

A la hora de educar el ejemplo vale más que mil palabras. Lo ideal es que todos coman lo mismo en casa. Si por alguna razón tú no comes algo de lo que le sirves al pequeño, le explicas el por qué, pero también le muestras que todo lo demás está incluido.

Horarios sí, pero no rutina. 

Las comidas se comen a determinada hora. Tenemos un horario fijo para las principales comidas. Es importante respetar estos horarios y no hay que saltarse las comidas. En cambio, la rutina puede ser una gran enemiga del placer de alimentarse.

Como bien sabemos, todo aquello que hacemos con disgusto el cuerpo tiende a rechazarlo y generar una reticencia hacia ello. Por eso, no solo cuenta alimentarse bien, sino hacerlo con gusto.

¿Qué queremos decir? Que no es emocionalmente saludable que el desayuno sea con leche y cereales todos los días, que los viernes sea el día para comer pescado y que los martes se cene sopa. Debemos evitar las rutinas alimenticias. Hay que intentar ser creativo en la alimentación. Las rutinas generan dependencia, y no queremos eso para nuestros peques. En la variedad podrá encontrar una excelente ayuda para comer sanamente.

Trastornos alimentarios en la infancia: Hay que evitar la rutina en las comidas

Hay que evitar la rutina en las comidas y aportar imaginación.

Estos consejos constituyen una base para ayudarte a desarrollar tus propias estrategias. Todo lo que puedas aportar de tu propia creatividad y partiendo del conocimiento de tus hijos, será siempre bienvenido. Recuerda que la vida es un péndulo cuyos extremos debemos evitar, ya que cuando se llega a ellos, la caída es inminente.

Referencias bibliográficas.

  • Alimentación y trastornos del espectro autista – Enlace.
  • Legge, B. (2002). Can’t eat, won’t eat: Dietary difficulties and autistic spectrum disorders. Philadelphia, PA: Jessica Kingsley Publishers.
  • Anorexia y bulimia nerviosa. Enlace.
  • Signos de alerta en los trastornos alimentarios. AEPAD. Enlace.

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