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Concepto.

Con este nombre nos referimos a un hecho que cada vez es más frecuente en nuestra sociedad: los niños que tiranizan a sus padres y se comportan como pequeños déspotas en sus hogares. Podemos encontrar referencias bibliográficas sobre este comportamiento con otros nombres como síndrome del niño tirano, síndrome del pequeño emperador o síndrome del niño rey. En la literatura más especializada se refieren a esta patología de la conducta infantil como el trastorno de oposición desafiante (TOD) o trastorno negativista desafiante.

Los doce césares.

Cayo Suetonio Tranquilo fue un historiador romano que nació en el año 70 después de Cristo y que pasó a la historia por escribir el libro “De vita Caesarum” o “Vida de los doce Césares”.

En esta obra se cuenta la vida de los doce primeros césares romanos, desde Julio César al emperador Domiciano. El historiador nos ilustra sobre el despotismo y la crueldad que iban ligadas en muchas ocasiones al cargo de emperador romano. Así, hoy en día, conocemos la brutalidad de Tiberio, sus orgías y su afición por la pederastia con sus “jóvenes pececillos” en la isla de Capri, las excentricidades de Calígula que se presentaba como un Dios y nombró cónsul a su caballo Inzitato o la crueldad de Nerón que prendió fuego a Roma culpando de ello a los cristianos.

La mayoría de los historiadores coinciden en que la obra de Suetonio ha trascendido más por las anécdotas sobre los personajes que por su calidad literaria o histórica. Sea por un motivo u otro, gracias a sus escritos, hoy conocemos muchos detalles de la biografía de los emperadores romanos, sus actitudes tiránicas, su megalomanía y en muchos casos una crueldad desmedida. Estos rasgos son los que han dado nombre al comportamiento de los hijos que imponen un maltrato físico y psicológico a los demás miembros de una familia.

Emperador Romano

Padres maltratados.

Vivimos en una sociedad cada vez menos permisiva respecto a la violencia de género, a pesar de que muchos días nos desayunamos con la muerte de alguna mujer por parte de su pareja. Lo mismo ocurre con el maltrato infantil, que nos provoca una repugnancia infinita, pues no entra en nuestra mente, como un padre puede matar y quemar a sus hijos o aporrear a un bebé que llora hasta la muerte, porque le molestan sus gemidos.

Todos nos sentimos sensibilizados ante el maltrato físico o psicológico dirigido hacia una mujer o hacia los niños. Sin embargo, pocas veces reparamos en un fenómeno cada día más frecuente: el maltrato que sufren algunos padres, por parte de sus hijos.

Este maltrato puede ser tanto físico como psicológico y en general suelen ser las madres las víctimas preferidas de los pequeños tiranos. Falta de respeto, desobediencia, gritos, malos modos, insultos, vejaciones y agresiones físicas forman parte del repertorio que el dictador emplea con los miembros de la familia.

El pequeño déspota.

Muchos son los padres que se sorprenden cuando un día descubren que en su casa, en su familia ya no se hace lo que ellos quieren. A la hora de ver la televisión es su hijo el que maneja el mando de la tele y decide lo que es interesante y lo que no. El pequeño manda y ordena a su madre lo que quiere comer y grita e insulta cuando esa comida no le satisface.

Se dan cuenta horrorizados de que no son libres para decidir el lugar de vacaciones, porque hay un pequeño déspota en la familia que impone su criterio vacacional. El niño tirano no está sometido a horarios porque sus padres tiraron la toalla hace mucho tiempo y ahora el niño vuelve a casa a la hora que le da la gana.

Los padres miran hacia atrás y ven una larga serie de rendiciones y claudicaciones ante las rabietas de un hijo que ha ido imponiendo su voluntad de una forma metódica e implacable. Les cuesta trabajo recordar, a estos padres afligidos, en que momento empezaron a ceder su autoridad a su pequeño vástago.

Ya no recuerdan cómo empezó todo, solamente ven el doloroso presente: en la casa se hace la santa voluntad de su hijo. Los padres y los hermanos son víctimas de los caprichos del pequeño tirano. Los gritos y los insultos aparecen ante la menor contrariedad del “rey de la casa”. Las rabietas, los objetos rotos e incluso las agresiones físicas pueden aparecer cuando alguien osa contradecir al “pequeño emperador”.

El pequeño tirano

El origen de la tiranía.

Educación demasiado permisiva.

La mayoría de los autores coinciden en señalar que la tiranía, impuesta por algunos hijos, es el resultado de una educación demasiado permisiva.

Muchos padres actuales vivieron su infancia con un modelo educativo, donde antes de rechistar, recibían un tortazo por parte de su padre. No son pocos los que recuerdan cómo su padre se quitaba el cinturón para castigar la menor desobediencia.

Estos padres no quisieron perpetuar ese modelo de “hiper autoritario” vivido en sus propias carnes, y sin transición, se desplazaron al extremo opuesto: dar a sus hijos todos los caprichos.

Ahora el niño tiene todo lo que desea, a veces incluso, antes de que formule sus deseos. Los padres quieren a toda costa que sus hijos “sean felices” y tratan de ahorrarles cualquier sufrimiento y cualquier contrariedad.

Padres enfrentados en su modelo educativo.

No siempre los padres están de acuerdo en este modelo permisivo. En ocasiones un padre puede tener un modelo de mayor autoridad, pero si el otro cónyuge no piensa igual, surge entonces una discrepancia entre ambos, que puede llevar a enfrentamientos delante de los hijos, que toman buena nota para explotar las debilidades de cada uno y obtener beneficios.

Lo más frecuente, es que uno de los dos acabe cediendo para conservar la integridad de la pareja y se imponga el modelo del otro. Cuando el modelo vencedor es el permisivo el efecto educativo es igual o peor que cuando los dos padres ceden su autoridad convencidos de que es lo mejor para sus hijos.

Padres con sentimiento de culpa.

Es evidente que este modelo permisivo ha ganado muchos puestos en nuestra sociedad. En muchas familias los dos padres trabajan, apenas tienen tiempo para compartir con sus hijos y como consecuencia de ello, cambian el afecto por los juguetes, el cariño por el dinero.

Se sienten culpables por el poco tiempo que dedican a sus hijos y lo compensan permitiéndoles todos sus caprichos, el ordenador, el más reciente videojuego, el último modelo de teléfono móvil… Quieren que sus hijos tengan todo lo que no tuvieron ellos. Quieren que disfruten sin ningún esfuerzo de todo lo que a ellos les costó sudor y lágrimas conseguir.

Rabietas infantiles

¿Todo es culpa de los padres?

Es posible que pequemos de simplistas, si creemos que un niño que tiraniza y maltrata a su familia, es solamente consecuencia de un modelo educativo demasiado permisivo.

Los hijos tiranos.

En el año 2005, el autor Vicente Garrido Genovés, psicólogo y criminólogo, publicó el libro “Los hijos tiranos. El Síndrome del Emperador”. El autor describe en el prólogo que su intención al escribir el libro es desculpabilizar a los padres que se sienten señalados por el dedo acusador de la sociedad. Muchos tertulianos con escasos conocimientos o los medios de telecomunicación o telebasura más sensacionalistas acusan a los padres de ser los responsables del trastorno de sus hijos. Es evidente que el modelo educativo actual es más permisivo, pero no es menos cierto que en la mayoría de los hogares no hay un “pequeño Nerón”. Por suerte, aunque cada vez sea más frecuente, los hijos tiranos son una minoría y a su lado crecen millones de hijos que han recibido una educación permisiva, pero sin embargo son obedientes, quieren a sus padres y muestran respeto hacia los demás miembros de la familia. En una misma familia varios hermanos pueden recibir la misma educación y sin embargo, sólo uno de ellos acaba convirtiéndose en un reyezuelo tirano.

Vicente Garrido señala dos motivos fundamentales:

Alteración del carácter del niño.

El primero de ellos es una alteración en el carácter de estos niños. Se trata de niños con dificultad para sentir cariño, con una baja empatía, con un escaso sentimiento de culpabilidad. No conocen la compasión, se creen por encima de los demás miembros de la familia y no respetan las normas ni los derechos de los padres y los hermanos.

Los hijos no son enteramente moldeables por la educación, vienen al mundo con una carga genética predeterminada. En el caso de los niños con este síndrome los padres pueden detectar las primeras señales, poner en marcha medidas preventivas, pero a pesar de todos sus esfuerzos y sacrificios el resultado no siempre será positivo.

Falta de apoyo social a los padres.

El segundo motivo es la falta de apoyo que los padres afectados por el “Sindrome de Emperador” encuentran en la sociedad. Cuando buscan ayuda, solamente se sienten señalados como responsables de lo que les sucede.

Los estudios realizados sugieren que si estos niños con “Síndrome del Emperador” hubieran nacido en hogares menos permisivos hubieran acabado desarrollando la misma patología.

La sociedad que tanto lucha contra la violencia de género y el maltrato infantil, ha virado demasiado y no acepta que los padres desempeñen su autoridad. Los hijos son conscientes de ello y ante cualquier castigo amenazan con denunciar a los padres por malos tratos.

Los niños tiranos

Rasgos de los pequeños tiranos.

Aunque algunos niños pueden mostrar los primeros síntomas a la edad de cuatro o cinco año, lo más común es que éstos empiecen a aparecer alrededor de los ocho años de edad. Los principales rasgos son:

Buscan discusiones con las personas mayores.

Son desobedientes y mentirosos.

Tienen mucha rabia. Son muy susceptibles.

No reconocen sus errores y culpan a los demás de ellos.

Tienen pocos amigos.

Suelen dar problemas en la escuela.

Son vengativos y rencorosos.

Escasa tolerancia a la frustración.

Son egocéntricos.

Si estos síntomas bastantes comunes en otros trastornos, persisten más de seis meses y repercuten negativamente en la vida del niño, es aconsejable consultar con un especialista ya sea un psicólogo o un psiquiatra.

El ascenso al trono.

Ya hemos dicho que los niños con el Síndrome del Emperador vienen con una carga genética que les predispone para desarrollar este trastorno. Las primeras manifestaciones aparecen a la edad en que el niño aprende a verbalizar sus emociones, como la rabia y a ser capaz de controlar las rabietas infantiles (5 años aproximadamente).

Los niños con este síndrome son incapaces de controlar sus rabietas, que se eternizan hasta que los padres ceden de puro agotamiento. Este es el primer paso para que el niño se convierta en el príncipe de la casa.

Posteriormente aparecen comportamientos impulsivos, se vuelven mentirosos, son vengativos e insensibles. Se sienten por encima de los demás, no tienen empatía. A los once años estos rasgos pueden ser ya muy acentuados. Algunos años más tarde será muy difícil conseguir que estos niños lleven una vida normal.

Los padres van cediendo ante los caprichos del niño, para evitar espectáculos y rabietas en lugares públicos, para tener un poco de paz. Con cada cesión de autoridad paterna se refuerza el comportamiento tiránico del niño.

La frustración es un elemento necesario para moldear el carácter. Estos niños crecen sin conocer la frustración y ello conlleva un sentimiento de omnipotencia. Sienten que pueden hacer lo que quieran, están por encima de las normas. No conocen límites y se aprovechan de ello.

De ahí al maltrato psíquico y físico sólo hay un paso. En muchos casos cuando los padres quieren reaccionar ya es demasiado tarde.

Enfado infantil continuo

Prevención del Síndrome del Emperador.

Una educación con unas normas de comportamiento coherentes es la mejor forma de prevenir estas conductas.

Poner límites claros y aplicar castigos razonables cuando se incumplen.

Proponer objetivos alcanzables.

Favorecer la autoestima de los niños.

Evitar tanto la sobreprotección como el autoritarismo excesivo.

Inculcar la responsabilidad y la autonomía.

Tener una postura educativa común tanto el padre como la madre.

No imponer castigos que luego no se vayan a cumplir.

Evitar los castigos físicos.

Evitar descalificaciones globales: “No vales para nada”, “Eres un inútil”.

Elogiar los éxitos de los hijos.

Animarles a buscar nuevas amistades e integrarse con otros niños.

Tomar parte en sus juegos y compartir con ellos el tiempo libre.

Como ya hemos dicho anteriormente, todos los esfuerzos educativos pueden ser inútiles en algunos casos. En estas ocasiones se deberá consultar a un especialista para que el niño reciba la psicoterapia adecuada y como última instancia un tratamiento médico que evite que el pequeño tirano perpetúe su dictadura.

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El Síndrome del Emperador
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Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.