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La agresividad infantil.

Muchos padres se quedan muy sorprendidos cuando advierten en sus hijos las primeras y hasta ahora desconocidas señales de agresividad infantil. Se quedan perplejos ante la rabieta del niño, las pataletas de la hermana o la agresión que sufre el hermanito pequeño. Algunos padres, incluso sonríen y se siente divertidos por esta nueva actitud, que desconocían de sus hijos, puede que les “haga gracia el genio del niño”, sin embargo, esta no es una situación que deba provocar diversión, sino más bien requiere toda la atención de los padres.

Todos nacemos con un determinado instinto agresivo, que aprendemos a controlar y a canalizar a lo largo de nuestra vida.

El comportamiento agresivo en los niños puede ser frecuente. Sin embargo, a medida que van creciendo, deben aprender a expresar su frustración y enfado de forma no agresiva, sin hacer daño al otro para no ser rechazados y así poder establecer relaciones sociales constructivas.

Si se manifiesta un comportamiento excesivamente agresivo en la infancia es necesario tenerlo en cuenta, ya que si no se interviene pronto, probablemente derivará en otros problemas a medida que el niño vaya creciendo.

 

Tipos de agresividad infantil.-

En el niño la agresividad puede manifestarse de distintas formas:

  1. Como agresividad física: El niño se pelea, da pellizcos, empujones, puñetazos o patadas.
  2. Como agresividad verbal: El niño insulta, da gritos, puede proferir amenazas.

Ahora bien estas dos formas de agresividad no necesariamente tienen que darse siempre. Hay niños que solamente muestran agresividad verbal, sin llegar a manifestarla como agresividad física, pero podemos considerar sin temor a equivocarnos que los dos tipos de agresividad están íntimamente relacionados.

El control la agresividad en el niño no es un tema carente de importancia. Un niño que crece sin ningún control sobre su agresividad, se verá afectado de forma muy negativa en su desarrollo, y es más que probable, que termine desarrollando comportamientos violentos y antisociales cuando sea mayor.

Aunque a primera vista podríamos pensar todo lo contrario, el niño agresivo no se encuentra a gusto consigo mismo, a pesar de dar rienda suelta a sus instintos, ni tampoco con los demás, y esto va originar que tenga problemas para relacionarse con sus compañeros.

Ayudamos a los padres a controlar la agresividad infantil

Las primeras señales de agresividad en los niños pueden sorprender a los padres

Cuando hablamos de controlar la agresividad infantil no estamos proponiendo que el niño se vuelva dócil, sumiso, pasivo y se dejar pegar impunemente. El niño debe saber defenderse ante una agresión.

Los estudios realizados hasta la fecha, son concluyentes al señalar que el niño que presenta un comportamiento agresivo, lo hace así, porque lo ha aprendido de su entorno. Si damos la vuelta a la moneda, podemos concluir diciendo, que también podemos enseñar  a los niños a “aprender”  pautas de conducta no agresivas.

 

Causas de la agresividad infantil.-

A la hora de analizar la etiología de la agresividad vemos que en el origen de este fenómeno hay una serie de elementos multifactoriales. Entre estos factores los más relevantes son:

1.- El tipo de sociedad: Es evidente, que la sociedad actual promueve valores como el individualismo, la agresividad y la competitividad. Las metas sociales son el placer, el dinero, el materialismo y el poder. Es inevitable que estos mensajes produzcan una profunda huella en los niños.

2.- El entorno social: Cuando un niño vive en un entorno agresivo, donde mediante cualquier forma de agresividad o violencia, se obtiene algún tipo de beneficio, es muy difícil evitar que adopte estas pautas de conducta como un prototipo a imitar.

3.- Los medios de comunicación: Parece claro que los medios de comunicación, y en especial la televisión favorecen la difusión de contenidos violentos. Cuando el niño ve excesivamente la televisión y pasa horas delante de ella sin el menor control parental, la posibilidad de adoptar esos roles violentos se ve muy favorecida.

4.- Los factores biológicos: Los factores biológicos, la herencia genética tiene también un peso importante para inducir conductas violentas y agresivas.

5.- Las relaciones familiares: Uno de los factores primordiales en el desarrollo de la agresividad infantil son las relaciones familiares y el comportamiento de cada uno de los miembros. Cuando los padres hacen de la violencia y de la agresividad una herramienta en sus relaciones, están condicionando que sus hijos el día de mañana, adopten esas mismas pautas agresivas.

6.- El estilo de educación: Tanto la negligencia por parte de los padres, con una permisividad absoluta con los hijos, como el comportamiento rígido, sin comunicación y excesivamente autoritario, puede ser un factor más, que influya en la aparición de comportamientos agresivos en los niños.

7.- La edad: La aparición de comportamientos agresivos en los niños es bastante frecuente, pero es misión de los padres controlarlos según van creciendo. La pubertad es un momento crítico, donde la irritabilidad es frecuente en los adolescentes. Si la familia no sabe actuar adecuadamente, esas actitudes pueden acabar en conductas violentas.

Es obligación de los padres manejar la agresividad infantil

Los padres deben aprender a controlar la agresividad de sus hijo

Como mencionamos anteriormente, al igual que se aprende a ser agresivo, también se puede aprender a no serlo, y en este sentido el ambiente familiar es la escuela por excelencia. Si la forma de relacionarse los miembros de la familia es correcta, el lenguaje adecuado y las actitudes no tienen tintes agresivos estáis sentando la primera piedra para prevenir comportamientos violentos en el niño. Entre los miembros de la familia es forzoso que aparezcan opiniones distintas y desacuerdos, pero es importante manifestar las discrepancias con respeto y siempre con una actitud pacífica. Es misión de los padres ayudar al niño a verbalizar sus emociones, preguntarle cómo se siente, dejando que exprese sus sentimientos, pues todo ello contribuye a disminuir sus niveles de frustración y ansiedad.

El niño debe saber que el enfado es un fenómeno normal que todos experimentamos en algún momento, pero así mismo es importante que sepa canalizar y expresar ese enfado de una manera correcta. La televisión y los contenidos violentos es un excelente caldo de cultivo para las conductas violentas, por eso es misión de los padres supervisar el tiempo que el niño pasa delante del televisor y evitar que vea programas de violencia explícita no adecuados para su edad. En caso contrario, el niño entiende como normales esos comportamientos agresivos y la violencia como el mejor medio para resolver cualquier conflicto.

Si el niño presencia una situación violenta, no deseada, ese es un buen momento, para hacerle entender que esa es una forma de comportamiento inadecuado, y que existen otras formas de resolver las diferencias entre las personas sin tener que recurrir a comportamientos agresivos. Es muy conveniente favorecer la participación del niño en actividades sociales donde se pueda relacionar con otros niños y aprender a integrarse y formar parte de un colectivo. En este sentido la práctica del deporte es una buena manera de fomentar la relación con otros niños, integrarse en un equipo, canalizar su energía y aprender a aceptar las normas del juego, enseñarle que lo importante es participar, no sólo buscar la victoria a toda costa, y sobre todo respetar al compañero, aunque en ese momento sea su rival.

Ya mencionamos anteriormente que fomentar actitudes no violentas en el niño, no es ni mucho menos enseñarle a ser pasivo y dejarse avasallar por otros niños. Debemos enseñar a nuestros hijos a hacerse respetar, a defenderse cuando son agredidos. El niño que sabe defenderse no aceptará el papel de víctima, se sentirá más seguro y sabrá enfrentarse a las agresiones con firmeza y determinación.

Es tarea de los padres saber inculcar en el niño la auto confianza, el aceptarse y valorarse como es. Si el niño se siente valorado y aceptado por los padres aumentará su autoestima, mejorará el concepto que tiene de él mismo, y es poco probable que desarrolle comportamientos agresivos. Cuando el niño presencia una discusión entre los padres, cosa que por desgracia suele ocurrir, es conveniente explicarle que la discusión está motivada por tener distintos puntos de vista sobre una determinada cuestión, pero que como personas civilizadas que somos, podemos llegar a una solución dialogando y tratando de comprender el punto de vista de la otra persona.

A veces es inevitable que aparezcan situaciones más o menos tensas entre los padres y los hijos, en esos casos es importante mantener a toda costa la tranquilidad y la calma, y si veis que la situación os desborda, un buen remedio, puede ser cualquier excusa para salir y evitar perder los nervios. Más tarde, podremos volver para buscar una solución, ya más calmados.

Como mencionamos anteriormente, al igual que se aprende a ser agresivo, también se puede aprender a no serlo, y en este sentido el ambiente familiar es la escuela por excelencia. Si la forma de relacionarse los miembros de la familia es correcta, el lenguaje adecuado y las actitudes no tiene tintes agresivos estáis sentando la primera piedra para prevenir comportamientos violentos en el niño. Entre los miembros de la familia es forzoso que aparezcan opiniones distintas y desacuerdos, pero es importante manifestar las discrepancias con respeto y siempre con una actitud pacífica. Es misión de los padres ayudar al niño a verbalizar sus emociones, preguntarle cómo se siente, dejando que exprese sus sentimientos, pues todo ello contribuye a disminuir sus niveles de frustración y ansiedad.

En nuestra consulta tratamos eficazmente los problemas de agresividad infantil

No se deben tolerar las conductas violentas

 

Pautas a seguir ante la agresividad infantil.-

Como norma general, y no referido solamente al tema de la agresividad infantil, es primordial que la pareja adopte las mismas posturas y criterios ante los comportamientos agresivos del niño. Si éste percibe una discrepancia en la valoración de sus acciones por parte de sus padres, la causa estará inevitablemente perdida. Esta actitud conjunta de los padres debe ponerse de manifiesto ante las primeras manifestaciones agresivas del pequeño. No se le debe tolerar insultar, ni pegar a sus amiguitos o a sus hermanos, ni maltratar a los animales o tener rabietas con rotura de objetos. Es una costumbre muy habitual de los padres reír, como si de una gracia se tratara, los primeros “tacos” o “palabrotas” del niño. Cuando esto sucede se refuerza su comportamiento y si más tarde es reprendido por este motivo, se quedará perplejo y confuso pues no podrá entender que lo que antes era motivo de risas ahora sea motivo de castigos.

Es inevitable que el niño ocasionalmente profiera algún insulto. Con actitud tranquila, serena y sin gritar se le debe explicar que se pueden decir las cosas sin llegar al insulto o a la falta de respeto. Es cuestión de cambiar el vocabulario y decir las cosas con palabras “más civilizadas”.

El niño debe saber y tener muy claros los límites que no puede traspasar, y cuando esto suceda, por ejemplo si pega al hermanito o insulta a un amigo, se le debe recriminar la conducta, haciéndole saber, que podéis entender cómo se siente, que sabéis el enfado tan grande que tiene, pero que no vais a tolerar en modo alguno esos comportamientos, y por lo tanto recibirá un castigo. Cuando el niño comprende que sobrepasar los límites, tiene una respuesta unánime por parte de ambos padres, con consecuencias negativas para él, la próxima vez se lo pensará dos veces antes de actuar de forma agresiva.

La actitud de los padres no puede ser solamente punitiva, como un juez severo que espera que el niño haga algo malo para castigarle. Se trata de crear en él un modelo de comportamiento, por lo tanto de la misma forma que se le castiga cuando traspasa los límites marcados, se le debe elogiar cuando adopta conductas  no agresivas y es capaz de canalizar su agresividad de forma no violenta. Decir al niño lo orgullosos que os sentís ante esa conducta, le motivará para perseverar en actitudes no beligerantes.

En cualquier caso, los niños son personas, y a pesar de todo harán actos que merezcan ser recriminados. Es muy importante que los padres no caigan en la descalificación global del niño con expresiones como “Eres tonto” o “Siempre haces todo mal”. Si el niño ha incurrido en una conducta agresiva, se le debe hacer ver que lo que ha hecho (esa acción concreta) está mal y no debe volver a repetirla. Igual que no se deben hacer descalificaciones globales del niño como persona, tampoco es bueno, recordarle continuamente acciones pasadas donde actuó mal, sobre todo cuando el pequeño muestra interés y se esfuerza por tener una mejor conducta. Esto sólo lleva a la desmotivación y a que deje de seguir esforzándose.

El castigo de un comportamiento violento, no debe ser nunca físico, pues le estamos mandando un mensaje contradictorio: “No hay que ser agresivo, pero te has ganado unos azotes en el culo.” Podéis estar bien seguros de que esta actitud tendrá una consecuencia nefasta: Cada vez se hará más violento y agresivo.

Uno de los factores correctivos que más pueden favorecer la erradicación de la agresividad infantil, es hacer reflexionar al niño, cuando se ha portado mal con un amigo o un hermano, si le hubiera gustado que la situación hubiera sido al revés. Intentar que se ponga en el lugar de la víctima y que trate de imaginar lo que habrá sentido el niño ofendido o golpeado.

Ser padres es una labor muy complicada, una cosa es la teoría y otra la práctica, y a veces incluso, aplicando la teoría todo lo mejor que sabemos, no obtenemos los resultados esperados. Quizás ese es el momento de consultar con un psicólogo y buscar la ayuda especializada de un profesional.

Autor: Nuestro Psicólogo en Madrid

 

 

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Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.

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