Saltar al contenido

El desarrollo psicológico infantil y la importancia de los vínculos afectivos

    La importancia de los vínculos en el desarrollo psicológico infantil

    En los últimos años diversas investigaciones han reconocido el papel fundamental que los vínculos tempranos tienen sobre el desarrollo psicológico infantil. La manera en la que nos cuiden desde que somos pequeños es muy relevante para el futuro.

    La vida adulta viene precedida por las experiencias pasadas del individuo, las cuales moldean su desarrollo junto con las variables genéticas con las que éste haya nacido. Es decir, el ambiente donde el niño se cría es de vital importancia, así como las relaciones que haya desarrollado con sus progenitores.

    El desarrollo psicológico infantil. Introducción.

    El ser humano es incapaz de sobrevivir por sí solo y mucho menos en los primeros años de vida. Es dependiente de sus cuidadores hasta edades avanzadas, sobre todo, si lo comparamos con animales de otras especies. Es decir, el cuidado de los adultos hacia las nuevas generaciones es fundamental y hace posible la vida humana.

    Se ha comprobado la importancia vital que las relaciones entre padres e hijos tienen durante los primeros años de la vida. Esto se ha podido observar en los estudios donde se separaban a los niños de sus madres. Estas separaciones siempre se viven con angustia y desconcierto por parte del niño.

    “Si la separación de la madre se prolonga demasiado tiempo puede provocar serias perturbaciones emocionales en el niño”.

    En este artículo se pretende demostrar la importancia que los vínculos tempranos tienen en el desarrollo psicológico infantil y cómo pueden desarrollarse ciertas patologías si dichos vínculos no son los adecuados para el niño.

    Bases biológicas y psicológicas del desarrollo psicológico infantil.

    La especie humana, dada su naturaleza, ha prosperado gracias a las estrechas relaciones sociales que construye. Es decir, desde que nace, el bebé es un ser irremediablemente social. Las posibilidades de supervivencia de nuestra especie están estrechamente relacionadas con nuestra capacidad de relación.

    Al contrario que otros animales, el ser humano es muy frágil y vulnerable al nacer. Y lo seguirá siendo muchos años después. Es por ello que las relaciones juegan un papel fundamental en el correcto desarrollo psicológico infantil. Los factores genéticos tienen su influencia, pero se suelen manifestar a partir de la interacción con otros factores (ambientales, experienciales, relacionales, etc.).

    “Se ha demostrado que lo que ocurre en los primeros años de vida es fundamental para el futuro del individuo. Es en esta época cuando comienza la estructuración de nuestra psique y la formación de la personalidad.”

    Importancia de los vínculos afectivos en los primeros meses de vida
    (1) – Los vínculos afectivos son importantes en los primeros años

    Nuestra supervivencia depende de lo disponibles que estén los adultos del entorno para cuidarnos. Por ello, el niño viene predispuesto a comunicar y responder a los signos verbales y no verbales de las personas de su alrededor.

    El bebé desde muy temprano aprende a discriminar diferentes señales comunicativas. Además, cuando siente que los adultos se alejan de él, el niño posee varias conductas comunicativas intensas (como el llanto, el berreo…) destinadas a que los cuidadores vuelvan a él.

    Ahora bien, si este comportamiento no tiene respuesta (es decir, los adultos no nos hacen caso), el niño puede entrar en un estado de tristeza, apatía, desesperación… semejantes a las reacciones de duelo en adultos. Si esto se prolonga en el tiempo, el niño podría perder el interés en contactar socialmente con su entorno y fijarse en otros objetos inanimados de menor carácter personal.

    En definitiva, el niño va a aprendiendo lo que puede o no puede pedir, coger o esperar… de su entorno.

    La seguridad en las relaciones tempranas con mamá/papá.

    Cabe preguntarnos entonces qué interacciones, en el rango de 0 a 8 años, son deseables y crean un vínculo seguro entre padres e hijos. Es decir, qué puede definir a una “familia sana”. Normalmente, todo empieza con la comunicación que se da entre el bebé y sus cuidadores.

    La comunicación entre padres y niños suele ser cara a cara y muy cercana.  Como ya se ha mencionado, el bebé no es un ser pasivo, sino social. Registra lo que ocurre a su alrededor y también puede transformarlo. Por ejemplo, si tiene hambre llora para que sus cuidadores le den alimento. Si estos responden eficazmente a las necesidades del niño, este irá experimentando sensaciones positivas relacionadas consigo mismo y su entorno. Se sentirá seguro (mamá y papá están ahí para atenderme), importante (me atienden cuando lo necesito), auto eficaz (puedo comunicarme y me hacen caso), etc.

    Con estas experiencias el niño irá adquiriendo aprendizajes sobre qué se puede esperar del entorno y sobre quién es él (si se ve como digno de ser cuidado, querible, etc.).

    “Sin estas sensaciones de seguridad, satisfacción y autoeficacia el niño desarrollará un peor concepto del entorno y de sí mismo”.

    Es posible que el niño comience a expresar sus necesidades a través de comportamientos que pueden ser patológicos, como conductas tiranas o victimistas.

    El llanto como forma de comunicación en el desarrollo psicológico infantil
    (2) – El llanto como forma de comunicar necesidades infantiles

    Desarrollo psicológico infantil: Las figuras cuidadoras.

    Los cuidadores son responsables de mantener al niño en un buen equilibrio emocional, ya que él, al principio, será incapaz de regular sus emociones por sí solo. Los padres se deben esforzar por fomentar estados emocionales positivos en el niño y reducir los negativos.

    Es inevitable que, a veces, los padres no logren detectar las necesidades del niño o fallen en la regulación emocional. No existen padres perfectos. Para el correcto desarrollo psicológico del infante no hace falta que todo sea impecable, sino que, en general, los padres sepan atender a las emociones de sus hijos adecuadamente. Cuando se falla en esta regulación siempre existe la posibilidad de reparar el daño.

    De hecho, gracias a que la comunicación entre padre-hijos es imperfecta, el niño puede desarrollar capacidades de comunicación, autoconocimiento, autonomía, etc. El problema surge cuando habitualmente no se atienden ni se regulan las emociones del infante.

    “Los padres tienen la misión de entender qué le sucede a su hijo y poder atenderlo adecuadamente”.

    Por ejemplo, si el niño siente miedo y el cuidador le abraza para calmarlo, esta comunicación es congruente y eficaz. Sin embargo, si, por ejemplo, el cuidador se muestra más nervioso que el niño, éste no podrá regularse y la angustia de ver a su cuidador desbordado le hará sentir intranquilo, inseguro y vulnerable ante el peligro.

    De hecho, puede ocurrir que el niño aprenda a guardar sus emociones y calmar a sus padres y atender primero a las necesidades de estos en vez de a las suyas. Esto ocurre porque el infante necesita que sus padres estén enteramente bien, pues son su salvaguarda y principal recurso de supervivencia.

    Podrían darse casos donde el niño creciera sabiendo atender a las necesidades de los demás, pero no las suyas propias.

    Sistemas de exploración y de aproximación

    Los niños poseen dos sistemas básicos que les ayudan a manejarse por el mundo y serán sus guías de adaptación principales. Uno de ellos sería el sistema de exploración. El niño tiene una capacidad innata para salir a explorar su entorno, ser curioso, divertirse, conocer cosas nuevas.

    “El sistema de exploración es fundamental para el aprendizaje de la autonomía, fomento de la curiosidad, etc.”

    El niño necesita separarse de sus cuidadores lo suficiente para seguir desarrollándose, tanto física como psicológicamente.

    Por otro lado, está el sistema de aproximación, complementario al de exploración. Es el que permite que el infante pueda apegarse a sus figuras cuidadoras y más adelante a sus amigos, parejas cuando sean adolescentes/adultos, etc. Es decir, que el niño también necesita de cuidados, protección, cariño.

    Cuando los niños se mueven por el mundo, normalmente tienen activados uno de estos dos sistemas. Hay señales donde el niño indica que necesita salir a explorar, jugar, conocer… y otras donde necesita la proximidad de sus padres (llanto, miradas angustiantes, etc.). Las conductas de exploración y aproximación son muchas y variadas y dependen del contexto cultural, situacional…

    Importancia del juego y el lenguaje escrito en el desarrollo psicológico infantil
    (3) – Es importante incorporar el lenguaje escrito al juego

    Los cuidadores deben aprender a responder correctamente a ambas señales: cuando sea necesario dejar que el niño explore, se aleje (hasta cierto punto), descubra cosas nuevas, y cuando sea necesario atenderle, consolarle, abrazarle, etc.

    En las primeras interacciones, se fomenta y celebra la autonomía del niño; en las segundas, se protege al niño y se permanece a su lado. Los padres deben aprender a gestionar los diversos estados emocionales del niño (rabietas, llantos, miedos, etc.) para enseñarle a hacerlo adecuadamente.

    Interacciones incongruentes e inseguras

    Puede ocurrir que los padres no interpreten o regulen adecuadamente las necesidades del niño. En ocasiones, los cuidadores dan respuestas incongruentes (como por ejemplo, gritar al niño cuando este tiene miedo) o demasiado intensas (preocuparse en exceso y consolar demasiado al niño cuando se ha caído, por ejemplo).

    En estos casos, siempre es posible reparar el daño mediante disculpas, pues como ya hemos comentado, los padres no son perfectos. El problema radica en los casos donde se dan incongruencias muy a menudo sin reparaciones.

    Los padres con su comunicación verbal y no verbal transmiten a los niños (de forma normalmente inconsciente) sus deseos, miedos, preocupaciones… el infante viene programado para leer estas señales. Como su supervivencia depende del vínculo con sus padres, este intentará complacerlos a costa incluso de sus propias necesidades. Esto puede dar lugar a distintos problemas:

    1. Unos cuidadores sobre-preocupados suelen impedir que el niño explore y se aleje por miedo a que se haga daño. El niño aprende, a través de las señales ansiosas de los padres, que el mundo “es un lugar peligroso”, por lo que puede desarrollar en el futuro diversas patologías asociadas a la ansiedad, baja autoestima o inseguridad.
    2. Puede ocurrir también al contrario: unos padres excesivamente desapegados que castigan de manera más o menos implícita la “dependencia (natural)” del niño hacia ellos, provocan que éste no les busque cuando necesite consuelo y se centre más en conductas autónomas.

    Si cualquiera de estas dos interacciones se mantiene en el tiempo, el niño aprenderá a rechazar a uno de los dos sistemas (el de exploración o el de aproximación). Para su desarrollo es fundamental que existan los dos.

    “El ser humano necesita de las relaciones de apego, pero también debe aprender a ser relativamente autónomo”.

    La importancia de los vínculos afectivos entre padres e hijos
    (4) – Se deben favorecer relaciones de apego y a la vez de autonomía

    Tipos de vínculos

    John Bowlby y sus colaboradores clasificaron distintos patrones vinculares, a los que denominaron tipos de apego, desarrollados a partir de la relación cuidador-infante.

    Mary Ainsworth estudió la interacción entre cuidador-infante en un procedimiento de laboratorio donde se sometía al bebé a encuentros y separaciones con el cuidador y a reuniones y separaciones con un extraño. Éste es el llamado Procedimiento de la Situación Extraña.  

    “Con este estudio se pudieron clasificar cuatro tipos diferentes de vínculo/apego”.

    Apego seguro.

    Los niños que desarrollaban un apego seguro mostraban un evidente placer por el contacto físico con su cuidador. Cuando el cuidador desaparecía brevemente, el niño no se alteraba en exceso.

    “Un niño con apego seguro tolera sin alteraciones las ausencias breves del cuidador”.

    El niño recuperaba la confianza y la tranquilidad tan pronto como la figura cuidadora regresaba. Además, podía alternar entre los sistemas de aproximación y exploración adecuadamente.

    Estos niños tenían la experiencia de que sus figuras cuidadoras estaban disponibles si las necesitaban y que no había peligro alguno en la exploración. Esto reflejaba que los padres habían sabido manejar adecuadamente las necesidades del bebé, quien, a su vez, se sentía tranquilo con ellos.

    Apego inseguro ambivalente/resistente.

    En casos de apego ansioso, el bebé solía mostrar ansiedad significativa, tanto en presencia como en ausencia de su figura cuidadora. El niño experimentaba muy a menudo una preocupación exagerada hacia su figura cuidadora y su paradero. Por supuesto, en estos casos la conducta exploratoria era prácticamente nula.

    “Los bebés con este tipo de apego experimentan sensaciones intensas y prolongadas de ansiedad y de ira, sintiéndose continuamente preocupados”.

    Esta preocupación aumentaba considerablemente cuando la madre desaparecía. Cuando la figura cuidadora regresaba, el infante no lograba calmarse adecuadamente, manteniendo un estado de ansiedad.

    Probablemente, estos niños no habían experimentado una regulación emocional adecuada con frecuencia; incluso cuando ocurría, no parecía ser suficiente. De ahí el agobio y la angustia derivados de si sus figuras cuidadoras estarían en esa ocasión disponibles para ellos o no. La constante alerta impedía, por tanto, que pudieran explorar y jugar de manera tranquila.

    Apego inseguro evitativo.

    Estos bebés, caracterizados por su marcado comportamiento defensivo, tendían a interactuar lejos de su figura cuidadora, enfocándose intensamente en la exploración del medio.

    La expresión afectiva del niño hacia la madre estaba notablemente suprimida, con escasas o nulas manifestaciones de rabia, ansiedad o apego. Los niños con este tipo de apego raramente lloraban o se ponían nerviosos en los periodos de separación y, durante las reuniones, evitaban activamente el contacto con su figura cuidadora. Habían aprendido a inhibir las manifestaciones emocionales y conductuales del vínculo con su cuidador.

    “En este tipo de apego, los niños evitan intencionadamente el contacto con su figura cuidadora.”

    Probablemente, estos niños habían experimentado separaciones más prolongadas de sus madres y una respuesta inadecuada a sus necesidades. Finalmente, estos niños terminaban por desarrollar un ‘desapego’ hacia sus padres.

    John Bowlby clasificó los tipos de Apego infantil
    (5) – John Bowlby propuso distintos tipos de apego infantil

    Apego inseguro desorganizado.

    En el estudio, se identificaron bebés que no encajaban en las categorías existentes, lo que llevó a la creación de una nueva clasificación para su patrón de vínculo: el apego inseguro desorganizado. Estos niños mostraban comportamientos extremos e intensos, como autolesiones, bloqueos, estereotipias, aturdimiento y tics, reflejando una conducta extraña, inconsistente y errática.

    “Este patrón de apego inseguro desorganizado es común en niños severamente descuidados o víctimas de maltrato”.

    También se observó en hijos de padres con trastornos psicológicos graves, como la bipolaridad, quienes trataban al niño de manera impredecible. Debido a estas profundas incongruencias, estos niños no habían desarrollado estrategias afectivas o exploratorias adecuadas, resultando en un comportamiento imprevisible y errático.

    Impacto del tipo de vínculo en el desarrollo psicológico infantil

    Como ya hemos comentado, la calidad de los primeros vínculos tiene una influencia significativa en el desarrollo psicológico. Las relaciones futuras, la capacidad de regulación emocional, la empatía, y la habilidad para cuidar y ser cuidado se aprenden en las primeras interacciones con los cuidadores. Los patrones de regulación emocional temprana establecen las bases para los estilos individuales de regulación emocional en el futuro, afectando cómo se desarrollará la conducta del individuo hacia los demás y su entorno.

    Los niños con apego seguro suelen mostrar mayor colaboración, resolución de problemas, empatía, y expresan más afectos positivos y menos conductas violentas que los infantes con apego inseguro. En situaciones lúdicas y de resolución de problemas, estos niños presentan periodos de exploración más prolongados y muestran mayor curiosidad y capacidad de resolución. También son capaces de ofrecer, solicitar y aceptar ayuda. Suelen obtener mejores puntuaciones en pruebas de desarrollo y lenguaje.

    Los niños con un apego seguro, en su edad adulta, tienden a tener una mayor calidad y satisfacción en sus relaciones personales. Por ejemplo, se ha observado que el apego seguro se relaciona positivamente con la satisfacción y calidad en las relaciones de pareja y sexuales.

    “El apego seguro favorece un adecuado y positivo desarrollo psicológico infantil”.

    Estos individuos se implican más emocionalmente con sus allegados en comparación con aquellos con apego inseguro, que suelen experimentar mayores niveles de insatisfacción en sus relaciones afectivas. El apego seguro también está asociado con un mejor manejo de las emociones negativas, mayor conocimiento sobre estas y una mejor capacidad para buscar ayuda y consuelo cuando es necesario.

    Los niños que crecen con un apego seguro tienen mejores relaciones personales
    (5) – El apego seguro favorece relaciones positivas en la vida adulta

    Conclusiones sobre el desarrollo psicológico infantil.

    El ser humano, debido a su naturaleza social, necesita de los demás para desarrollarse plenamente.

    “Los primeros vínculos son fundamentales en la construcción de la psique del bebé, influyendo en el manejo de sus emociones, la calidad de sus relaciones, y su autoconcepto”.

    Estos aspectos se van forjando a partir de las primeras relaciones tempranas con sus figuras de apego y son fundamentales en el desarrollo psicológico infantil.

    Aunque los efectos de un vínculo de mala calidad no son irreparables, pueden observarse en la adolescencia y la adultez del individuo. Por lo tanto, los investigadores subrayan la importancia de intervenir terapéuticamente en la vital relación padres-hijos para el desarrollo de los más pequeños, no solo por las ventajas generales de un vínculo de calidad, sino porque este constituye un elemento crucial para la calidad de vida futura de los individuos.


    Referencias Bibliográficas.


    Autora.

    Sofía Rodríguez Pantoja

    Sofía Rodríguez Pantoja es Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid. Ha cursado el Máster en Psicología General Sanitaria y el Máster en Psicoterapia Humanista Experiencial y en Terapia Focalizada en la Emoción en la Universidad Pontificia de Comillas. También está formada en psicoterapia EMDR y terapia breve por la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia (SEMPyP). Fue voluntaria en el Centro Joven de Atención a la Sexualidad en Madrid (CJAS Madrid). Actualmente está cursando el Experto en Trastornos Alimentarios por la SEMPyP.

    Twitter: @Sofia_psico.


    Otros artículos de la misma autora.

     


    Galería de Imágenes.


    Artículos relacionados con el desarrollo psicológico infantil.


     

    Visited 28 times, 1 visit(s) today