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El descubrimiento de la transferencia es una de las mayores aportaciones de Freud. Por todos es conocido, que Sigmund Freud es el padre del psicoanálisis. A él son debidas contribuciones tan notables como la interpretación de los sueños, la libre asociación y los actos fallidos como instrumentos imprescindibles para estudiar el inconsciente. Sin embargo, es mucho menos conocido, al menos a nivel popular, su aportación a la psicología al descubrir la transferencia y sus implicaciones en la terapia psicoanalítica.

La transferencia: Introducción.

En la vida cotidiana se usa el término transferencia para referirse a transacciones bancarias o de forma más general a aquellas acciones que suponen trasvasar algo de un objeto a otro o de una persona a otra. En este trabajo no nos vamos a referir a ninguna de estas dos acepciones al hablar de transferencia y nos ceñiremos al ámbito psicoanalítico, pues es aquí donde este concepto ha alcanzado una mayor significación.

El inconsciente.

Todo el mundo coincide en señalar el concepto de inconsciente como uno de los mayores descubrimientos de Sigmund Freud. Pero, no menos importante, fue la elucubración sobre la existencia de la transferencia. El descubrimiento de la transferencia supuso además de un importante aporte teórico al cuerpo doctrinal del psicoanálisis. Se trata de una valiosa herramienta para la técnica analítica.

El ser humano va creando relaciones interpersonales desde el mismo momento del nacimiento. Estas interacciones generan deseos, pulsiones, emociones, sentimientos y fantasías que guardan relación con las principales figuras que rodean al niño.

Estas producciones del psiquismo son propias de cada individuo. Están condicionadas por la estructura psíquica y neuronal y del sujeto. Estas respuestas psíquicas, en ocasiones, quedan reprimidas en el inconsciente durante la infancia. Desde aquí, condicionan la conducta específica de esa persona durante el resto de su vida.

Podemos decir que en el inconsciente de la persona se alojan pulsiones, afectos y fantasías reprimidas. Estos elementos originariamente iban dirigidas hacia las personas del entorno infantil. Estos contenidos reprimidos, a lo largo de la vida, pueden ser despertados por situaciones concretas y proyectados hacia otras personas, distintas de aquellas hacia las que originariamente iban dirigidos en la infancia.

Reactivación de contenidos inconscientes.

El individuo, en el desarrollo de sus actividades cotidianas se enfrenta a multitud de situaciones, muchas de las cuales, despiertan en él un vínculo emocional ligado a esas huellas alojadas en su inconsciente, haciéndole reaccionar de la misma forma que lo hizo en su infancia. Cada individuo tiene múltiples formas de reacción, que se ponen en marcha dependiendo de los estímulos externos que recibe en el momento presente, desencadenando una u otra forma de actuación. Ésta variará con la persona, el ambiente, la situación o la carga emocional, desencadenando una conducta repetitiva que ya vivió inicialmente en su infancia.

Los vínculos que el sujeto establece en sus relaciones del presente producen emociones, actuaciones o conductas, que son el fruto de revivir antiguos sentimientos, afectos y deseos infantiles, dirigidos inicialmente hacia otra persona y reprimidos en el inconsciente. Este traspaso de sentimientos y emociones se realiza con todas las personas con las que interactúa, con los compañeros de trabajo, con la pareja, con la familia, con los vecinos, con el médico o con el psicólogo o analista.

A este fenómeno psíquico, en el que el paciente actúa en el presente reviviendo situaciones inconscientes infantiles es a lo que en psicoanálisis denominamos transferencia.

El inconsciente se manifiesta en la transferencia

En la transferencia el paciente revive situaciones infantiles inconscientes.

La contratransferencia.

Ahora bien, en el contexto de la relación psicoanalítica, el terapeuta no es inmune a estas relaciones transferenciales. Al igual que el paciente revive ante el terapeuta, distintos roles, en función de la situación analítica, el analista reacciona ante el paciente con sus propias transferencias. De esta forma, el analista puede sentir agresividad, cariño, inquietud o un sinfín de emociones, durante el curso del análisis, motivadas por la repetición de sus vivencias infantiles reprimidas, originariamente dirigidas a las figuras más representativas de su entorno, y en el momento actual proyectadas hacia su paciente.

A esta transferencia del analista, que surge durante el análisis, es a la que denominamos contratransferencia. Es fácil observar que es casi la misma definición que hemos usado al hablar de transferencia. Así, algunos autores prefieren hablar de transferencias cruzadas.

Es de vital importancia, para la correcta progresión de la terapia psicoanalítica, que el terapeuta sepa reconocer y analizar las transferencias del paciente, pues el análisis transferencial es una poderosa herramienta para acceder a los contenidos inconscientes. Si reconocer la transferencia y analizarla adecuadamente es importante, no menor es la trascendencia de que el terapeuta sepa ver su contratransferencia y sepa encauzarla para que el análisis progrese adecuadamente.

El analista y sus sentimientos.

El analista debe ser consciente de la transferencia del paciente y de sus propios vínculos afectivos, emocionales y conductuales con el analizado. Debe tener en cuenta en todo momento, que lo no trabajado en el análisis con el paciente durante la consulta, va a aflorar, en ausencia de éste, en su vida cotidiana: “Lo que no se trabaja en el análisis lo vive el paciente fuera de la terapia”.  

En este artículo analizaremos la base teórica que sustenta la transferencia y contratransferencia. A efectos de aportar mayor claridad al trabajo veremos primero la transferencia y su evolución conceptual a lo largo de la historia. Posteriormente haremos lo mismo con la contratransferencia, que será tratada en otro artículo.

La transferencia: Antecedentes históricos.

La mayoría de los autores están de acuerdo en situar el descubrimiento de la transferencia, hecho por Freud, en el estudio que publica sobre el caso Dora, que veremos más tarde. No obstante, podemos encontrar vestigios de lo que acabará siendo el concepto de transferencia en algunos episodios previos.

La prehistoria de la transferencia.

Por supuesto, ninguna de estas situaciones reúne los requisitos que definen a la relación transferencial, pero sí dejan ver el interés de Freud por el especial vínculo que surge entre analista y terapeuta.

Freud trabajó en París, junto a Charcot. Allí usaba la sugestión hipnótica como una forma de tratamiento de las pacientes histéricas. Ya entonces notó la importancia de la relación terapeuta-paciente mientras utilizaba el método sugestivo. Lo expresó en el texto “Tratamiento psíquico, tratamiento del alma” del año 1890. Para él habría una dependencia que se establece en la relación médico e hipnotizado. Esta relación en palabras de Freud “…no puede contarse entre los propósitos de este procedimiento terapéutico”.

En 1882, Breuer comentó a Freud el tortuoso final que había tenido el tratamiento de Anna O. La terapia acabó con el enamoramiento entre la paciente y Breuer y los celos de la esposa de éste. Este hecho fue tenido como un episodio humano ajeno a la terapia. Incluso Freud, aseguró a su novia y futura esposa que algo así no le ocurriría nunca a él.

Berta Pappenheim más conocida como Anna O.

Berta Pappenheim, más conocida como Anna O. se enamoró de Breuer.

Años más tarde, Freud trató de animar a Breuer para que publicara el caso de Anna O. Le animó a vencer el desasosiego causado por la historia amorosa. A tal fin le confesó que a él también le había ocurrido un caso parecido. Freud consideró que este enamoramiento del paciente con el analista es típico de las pacientes histéricas.

El caso Dora.

Fue con la publicación de “Análisis fragmentario de un caso de histeria. Caso Dora” en 1905, cuando Freud habla por primera vez de la transferencia. Consideró que la interrupción del tratamiento había sido debida a sentimientos agresivos que la paciente tenía hacia su padre. Estos sentimientos habrían sido proyectados en Freud.

En el año 1900, Freud trató a una paciente Ida Bauer durante tres meses. Ésta es más conocida con el pseudónimo de Dora. El tratamiento se interrumpió de forma brusca por parte de la paciente. A partir de este hecho Freud formuló a posteriori la existencia de sentimientos transferenciales.

Dora fue llevada a la consulta por su padre, antiguo paciente de Freud. Éste observó en Dora claros síntomas neuróticos. Dora presentaba tos, astenia, depresión y opresión el pecho. La paciente había tenido un gran cariño hacia su padre, pero últimamente lo trataba con frialdad.

El padre de Dora frecuentaba al matrimonio K, y Dora creía que la señora K. era la amante de su padre. El señor K. por su parte declaró su amor a Dora y la acosaba sexualmente. Dora comunicó esta situación a su padre. Éste no hizo nada al respecto, para no enturbiar su relación con el matrimonio K. Esta actitud del padre molestó a Dora que se sintió traicionada por su padre.

Freud consideró que Dora padecía un claro caso de histeria. Ella, que era una chica culta y de buena familia se sintió menospreciada ante ese diagnóstico y puso fin al tratamiento. Freud entendía que los síntomas de Dora eran un claro intento para apartar a su padre de la señora K. Suponía, que una vez conseguido su objetivo, estos síntomas histéricos desaparecerían.

La transferencia como obstáculo.

Años más tarde al analizar el caso, Freud consideró que Dora había proyectado en él la hostilidad reprimida que sentía hacia su padre (por la permisividad que daba al señor K.) A raíz de este hallazgo formuló la existencia de la transferencia. Para él la transferencia era considerada como un obstáculo que se interponía en el avance del tratamiento analítico. Solamente desaparecía cuando se explicaba e interpretaba al paciente.

Como en tantas otras ocasiones a lo largo de la historia un error propició un gran descubrimiento. Dora no interrumpió el análisis por su transferencia agresiva hacia Freud. Lo hizo porque se sintió injustamente tratada, al ser diagnosticada de histérica. Freud no fue capaz de reconocer en su modo de actuación una contratransferencia negativa hacia la propia Dora.

La transferencia agresiva de la figura paterna hacia Freud existía. Sin embargo, Freud se equivocó al no ver su contratransferencia como motivo de interrupción de la terapia. Estos fenómenos contratransferenciales llevarían a Jung en 1904 a proponer a Freud que los analistas fueran previamente analizados.

Freud describe la transferencia en el Caso Dora

Freud describió la transferencia en el Caso Dora – Ida Bauer y su hermano.

Concepto freudiano de transferencias.

Freud, en el caso Dora, se pregunta ¿Qué son las transferencias?

“Son reediciones, recreaciones de las emociones y fantasías que a medida que el análisis avanza no pueden menos que despertarse y hacerse conscientes; pero lo característico de todo el género es la sustitución de una persona anterior por la persona del médico. Para decirlo de otro modo: toda una serie de vivencias psíquicas anteriores no es revivida como algo pasado, sino como vínculo actual con la persona del médico” (Freud, S. 1905).

Años más tarde, Freud recopilando sus experiencias escribe en “Esquema del psicoanálisis” sobre el fenómeno de la transferencia:

“Lo más asombroso es que el paciente ve en el analista una reencarnación de una persona importante de su infancia, de su pasado, y por eso transfiere sobre él sentimientos y reacciones que sin duda se referían a ese arquetipo. Este hecho de la trasferencia pronto demuestra ser un factor de insospechada significatividad: por un lado, un recurso auxiliar de valor insustituible; por el otro, una fuente de serios peligros.” (Freud, S. 1938).

Freud usaba como método tradicional de trabajo la libre asociación y la interpretación de los sueños. En su terapia se encontró de pronto con algo muy distinto y que no podía obviar. Encontró algo que podía ser una valiosa herramienta de trabajo o un obstáculo insalvable.  

Al cabo de los años, Freud reformuló su planteamiento inicial sobre la transferencia. Acabó aceptando que la transferencia es un proceso psíquico que se extiende fuera de la relación terapéutica. Este proceso se manifiestaría de muchas formas en la vida cotidiana.

Tipos de transferencia.

Sigmund Freud clasifica en dos tipos básicos la transferencia. Tiene importancia reconocerlas con la finalidad de no perder las riendas u orientación de la terapia. Estos dos tipos son:

  1. La transferencia positiva. Es aquélla en la que los afectos proyectados hacia el psicoanalista son amistosos y agradables. Esta transferencia de naturaleza favorable, si se vuelve demasiado intensa puede resultar perjudicial (transferencia erotizada) ya que se convierte en una resistencia que conlleva el fin de las asociaciones.
  2. La transferencia negativa. Es en la que hay sentimientos de odio y aversión hacia el especialista. Para Lacan, una transferencia negativa suave es beneficiosa para el tratamiento. Por el contrario, una transferencia negativa intensa puede conllevar el fin de la terapia.

 

Un vínculo entre pasado y presente.

En psicoanálisis, la transferencia y la contratransferencia tienen su origen en la experiencia que crea un vínculo psíquico del pasado con el presente. Esta experiencia no depende del nivel social, cultural o educativo de la persona. Depende de una respuesta psico-neurológica específica e individual, que la hace diferente a otra en las mismas circunstancias.

El terapeuta no escapa de sus vínculos formados en el pasado remoto o reciente. Él también “sufre” el proceso de la transferencia. Lo que lo hace diferente a su paciente, es tener el conocimiento técnico para reconocer esa transferencia y aprender a utilizarla. Para ello, es necesario ir superándolos con la persona adecuada (terapeuta de apoyo o psicoanálisis didáctico). Todo esto se tratará más a fondo en el capítulo de la contratransferencia.

Para iniciar el camino del conocimiento de la génesis de la transferencia, se puede decir, en primer lugar, que es la forma en que la mente humana revive situaciones del pasado. Estamos ante un concepto complejo del psicoanálisis, que involucra la función psíquica del paciente que transfiere inconscientemente sus antiguos sentimientos, afectos o deseos infantiles reprimidos (en su relación con personas cercanas de su infancia, padres, hermanos y otros), y los proyecta en el presente hacia otra persona, en este caso el terapeuta. 

La transferencia como vínculo entre pasado y presente

La transferencia aparece como un vínculo psíquico entre pasado y presente.

Ampliación del concepto de transferencia.

La concepción clásica de la transferencia, inicialmente asumida por Freud, es que se trata de una mera repetición. Hoy sabemos a ciencia cierta, que esta afirmación es incompleta. Se trata, en efecto de una repetición, pero es una repetición que necesita ser activada por la presencia del analista, de un analista en concreto. Otro analista podría haber activado otra respuesta completamente distinta.

Veamos esto en detalle. Cada persona dispone en su inconsciente de numerosos esquemas de relación con distintas personas. Ante algunos individuos puede sentirse atacado, ante otros puede sentirse seductor, ante otros paranoico y así sucesivamente en una larga serie de “papeles cinematográficos”.

En el análisis, cada terapeuta, en función del momento, puede hacer que el paciente “interprete” uno u otro de esos guiones. Freud acertaba al hablar de “transferencias”, en plural, pues muchos son las formas en que puede manifestarse. Lo que Freud no acertó a ver, es que era su propia figura la que activaba los distintos comportamientos del paciente.

Esto significa, que ya no estamos ante una repetición mecánica, y hace que nos formulemos una pregunta: Ante un fenómeno transferencial, ¿cuánto de esa transferencia depende del paciente y cuánto es despertado por la figura del analista? Esta cuestión, cambia la forma en que vemos la terapia analítica. Ya no se trata sólo de observar al paciente, sino de observar la conducta del analista y del paciente y ver cómo interactúan.

Enfoque intersubjetivo.

Para comprender esto se requirió el desarrollo de lo que se conoce como enfoque intersubjetivo. La transferencia no sólo es algo que tiene el paciente sino algo que se desarrolla en conjunto con otra persona. Si el paciente tiene una serie de esquemas organizativos o modelos internos relacionales, se activarán en ciertas circunstancias y con ciertas personas.

Deberíamos hacer una salvedad a la norma general citada anteriormente. En algunos pacientes, que presentan una excesiva rigidez de carácter, da igual cómo actúe el analista: El paciente tiene tan poca espontaneidad y flexibilidad, que siempre reacciona de la misma forma.

Profundizando en como las transferencias del paciente y del analista interactúan entre sí, podemos decir, que existe un binomio “analista analizado” y que estos dos elementos se ven envueltos en un tipo de juego interrelacionar y, por tanto, se influencian entre sí de forma recíproca.

Este influenciarse de forma mutua se da a través de un proceso dinámico que lleva al camino de la creación de un espacio único, que de alguna forma es propicio para el surgimiento de una tercera subjetividad. Podemos entender la creación de este tercer espacio, como el resultado del encuentro intersubjetivo entre el analista y el analizado.

Reformulación del concepto de transferencia.

Las sucesivas reformulaciones conceptuales de la transferencia nos han traído algunas aportaciones de interés. En la concepción clásica de la transferencia el paciente revive su pasado. Esta definición, hoy en día ha sido superada y se acepta que el paciente no solamente puede revivir el pasado, sino también lo deseado que no tuvo oportunidad de vivir en el pasado. El concepto clásico es muy mecánico: se revive el pasado tal cual. Lo que se plantea en la actualidad, es una ampliación: algunos pacientes no reviven sólo lo vivido, sino lo que para ellos fue muy deseado en su infancia, pero nunca llegó a ser vivido.

A veces el paciente trata de inducir al paciente, para que actúe de una determinada forma. Esto fue estudiado por Sandler, que estableció el concepto de respuesta de rol. Para Sandler, en ocasiones el terapeuta debe responder al rol al que el paciente trata de arrastrarlo, para que la terapia prospere. El concepto de respuesta de rol se verá más ampliamente en el capítulo de contratransferencia.

Mediante la transferencia se puede revivir lo deseado en la infancia

Mediante la transferencia se puede revivir lo deseado en la infancia.

La transferencia para Greenson.

A lo largo de los años, el concepto inicial de transferencia se ha ido enriqueciendo con las aportaciones teóricas de diversos autores. Creo, que merece la pena citar la definición de transferencia propuesta por Greenson, pues aporta un nuevo elemento. Dice Greenson que “la transferencia es vivir fantasías, sentimientos, actitudes y defensas hacia una persona del presente que no resultan apropiados para esa persona o situación y que son repetición de una relación significativa del pasado, desplazada ahora hacia el presente”. 

Vemos que este autor incorpora un nuevo elemento “revivir defensas”. Es decir, el paciente no sólo puede vivir fantasías y deseos reprimidos, sino que también puede volver a vivir y las defensas que utilizaba en su infancia.

La naturaleza de las defensas que puede revivir el paciente es muy variada. Un paciente puede adoptar, por ejemplo, una actitud bondadosa, condescendiente, poco asertiva, plegándose continuamente a los deseos del analista. ¿Qué nos indica esto? Pues se trata, ni más ni menos, de la forma en que el sujeto reaccionaba en la infancia para huir de los conflictos y de la persecución.

La transferencia es una resistencia a la terapia, pues según describió Freud, aparece cuando el paciente guarda silencio y cesan las asociaciones libres. En ese momento los contenidos inconscientes que no pueden ser verbalizados se proyectan y se viven sobre el terapeuta. En este sentido, es la mejor de las resistencias (neurosis de transferencia), pues mediante ella el paciente transforma un recuerdo reprimido en algo presente, vivo y directo.

Importancia clínica de la transferencia.

La transferencia tiene un valor superior al de la historia contada por el paciente. El paciente narra sus vivencias desde el presente y siempre de forma subjetiva y tendenciosa. Por el contrario, el comportamiento mostrado en la transferencia nos deja ver claramente cómo vivió su vida el sujeto.

Esta apreciación no es irrelevante, pues de ella se desprende la importancia clínica de la transferencia. En el análisis, el paciente nos puede decir con su narrativa cómo es, cómo siente o cómo actúa, pero luego sus palabras pueden quedar desmentidas por su forma de vivir el vínculo con el terapeuta. El examen de la transferencia nos deja ver los automatismos inconscientes del analizado, que pueden diferir, en ocasiones, de su narrativa.

Abordaje de la transferencia.

A lo largo del psicoanálisis ha habido distintas actitudes a la hora de realizar el abordaje terapéutico de la transferencia. 

Actitud clásica.

La actitud clásica ha sido poner al descubierto la transferencia mediante la interpretación. Durante mucho tiempo, los analistas clásicos han tratado de modificar la distorsión del analista, generada por la transferencia, a través de la interpretación. Es decir, el analista explica al paciente que está confundiéndole con su padre o con su madre. Le dice “esto no es conmigo, esto es con papá”, “yo no soy tu padre, yo no soy tu madre”.

Esta actitud clásica para poner al descubierto la transferencia mediante la interpretación puede servir en algunos casos, pero en otros casos es poco útil.

El psicoanálisis clásico analiza la transferencia

El psicoanálisis clásico analiza la transferencia mediante la interpretación.

Nuevas formas de abordaje.

En estas situaciones el analista, en lugar de interpretar lo que hace es tratar de establecer un tipo de relación que modifique la vivencia, trata de favorecer el vínculo y la unión entre analista y analizado.

Es el caso de los pacientes paranoides que ven al analista como alguien que siempre va a cuestionar, como alguien que siempre tiene razón, el señalamiento de la posición paranoide genera una mayor defensa paranoide, con lo que se logra el efecto contrario al deseado. En estos casos puede ser más útil decirle algo así como “Estuve pensando de nuevo lo que me dijo y creo que tiene razón, y yo no lo tuve en cuenta”.

Esta actitud implica el reconocimiento del error, algo que ha sido ignorado durante años por el psicoanálisis clásico. Este reconocimiento de los errores va creando un vínculo de confianza en la relación entre analista y analizado. La interpretación no es el único instrumento de cambio. La actitud de terapeuta y lo que uno hace puede producir cambios excepcionales. En determinados momentos, lo que más transforma a un paciente es el vínculo de la relación terapéutica.

La actitud del analista.

Otra cuestión de bastante importancia es la actitud que el analista muestra ante la transferencia del paciente. Algunos analistas, con una actitud equivocada pueden reforzar la patología del paciente. Si tenemos un paciente muy enfático y yo como terapeuta soy muy enfático, puedo reforzar la patología del paciente. La actitud del terapeuta puede modelizar al paciente, ya sea para bien o para mal.

De cara al abordaje terapéutico de la transferencia es importante tener en cuenta el modo de actuación ante las defensas del paciente. Sobre esto hay dos orientaciones en psicoanálisis: Algunos analistas trabajan directamente la defensa y sin embargo, otros prefieren trabajar primero las ansiedades.

El inconveniente de señalar inicialmente la defensa es que cuestionamos al paciente sin haber señalado antes la ansiedad oculta tras la defensa. Por el contrario, si analizamos en primer lugar la ansiedad y la angustia, al paciente le queda la tranquilidad de saber y entender que su defensa es un modo de protegerse y se siente justificado en su actitud y no se ve cuestionado. Como norma general, es preferible mostrar lo que causa angustia al paciente, antes que mostrarle como se defiende ante esta angustia.

Actuaciones y “acting out”.

Ahora bien, dentro de todos los aspectos que rodean a la transferencia, merece un apartado especial el abordaje del término “acting out” en sus siglas en inglés. El “acting out”, debe ser tomado en consideración durante el tratamiento analítico, pues lo que no es trabajado en la relación paciente – terapeuta, queda como algo no encarado, y el paciente lo actúa fuera de la consulta.

¿Qué es el acting out?

En 1914 Freud publicó su trabajo “Recuerdo, repetición y elaboración”. Allí describe un concepto novedoso para el psicoanálisis denominado “agieren”, que ha sido traducido al inglés como “acting out”.

Freud describe el “acting out” como una forma de “repetir” en lugar de “recordar”. Es “un empuje a repetir el pasado infantil en un acto, sin recordarlo”. Es decir, el sujeto no tiene consciencia de los motivos de dicho acto. Mediante esta repetición revive “experiencias emocionales reprimidas de la infancia” ya sea con la figura del analista o con diversos aspectos del encuadre.

Es decir, que sus actos, más que formas de actividad racionalmente emprendida, son repetición de situaciones infantiles o intentos de poner fin a conflictos de la infancia. Utilizan una situación real, de algún modo vinculada, por asociación, con un conflicto reprimido, como una oportunidad de descarga. 

Acting Out

El “Acting Out” como forma de vivir comportamientos infantiles reprimidos.

Este fenómeno que el paciente utiliza como recurso repetitivo, tratando de ocultar la raíz de la situación que lo hace actuar de esa manera, es de suma importancia para el psicoanalista. Éste debe saber identificar e interpretar dicho acto para poder hacer consciente el problema original.

Posteriormente, Freud en 1940, amplió el significado del término “acting out”. Señaló que puede aparecer fuera del encuadre psicoanalítico y fuera de la transferencia. Esto hizo que el término “acting out” empezara a vulgarizarse. Se empleó para definir “cualquier conducta inapropiada, disruptiva e inesperada” que el paciente pudiera presentar, dentro y fuera del encuadre analítico.

Múltiples escenarios.

Si el analista no detecta y analiza, por ejemplo, el sufrimiento del paciente, éste puede actuar fuera de la consulta y vivir lo que no ha trabajado dentro. En 2014, en su “Curso de especialista universitario en clínica y psicoterapia”, en el capítulo sobre la transferencia, señala Bleichmar:

Lo no elaborado con el terapeuta, se actúa fuera. La pelea dialéctica que no se tuvo con el terapeuta, se termina teniendo fuera”.

Para el analista es tan importante lo que ocurre en la sesión como fuera de ella. A veces, lo que el paciente se calla y omite en la sesión lo actúa fuera, En otras ocasiones la impotencia que tiene el paciente en su vida diaria hace que venga a la terapia y lo trabaje con el analista.

Es interesante reseñar un punto: si alguien está en distintos contextos o escenarios (por ejemplo terapia/vida diaria,o trabajo/pareja) lo que no se puede conseguir en un escenario se trata de conseguir en el otro actuando: si en el trabajo se siente acosado, en la pareja será un acosador. Así, no sólo es el pasado, sino también el presente el que determina la conducta.

“En la determinación de la conducta de un paciente: está el pasado, la relación terapéutica y la relación fuera de la terapia. A veces predomina el pasado. A veces predomina la relación terapéutica y a veces predomina la relación fuera de la terapia. La relación de fuera puede hacer que se viva la relación terapéutica de determinada manera. A su vez,la situación terapéutica puede hacer que se haga un acting out”. (Bleichmar, H. 2014).

Referencias bibliográficas.

  • Bleichmar, H. (2014). La Transferencia. En “Curso de especialista universitario en clínica y psicoterapia”. Elipsis. Madrid.
  • Bleichmar, N. (2017) El psicoanálisis después de Freud. Teoría y clínica. México. Pág. 14-17.
  • Etchegoyen, H. (2004). Fundamentos da técnica psicoanalítica. Artes Médicas: Porto Alegre. Brasil.
  • Freud, S. (1890). Tratamiento psíquico, tratamiento del alma. Recuperado el 20/08/2018 de Club de Ensayos.
  • Freud, S. (1895) Fragmento de análisis de un caso de histeria. Recuperado el 20/08/2018 de: El Caso Dora.
  • Freud, S. (1938) Obras completas, Ed. Amorrortu, Tomo XXIII.

 

Este artículo es una parte del resúmen de la monografía “Transferencia y Contratransferencia” que integra el TFM del “Curso de Especialista Universitario en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica“. Puedes descargar el trabajo completo en el siguiente enlace:

TFM La transferencia - Gerardo Castaño Recuero

Transferencia y Contratransferencia – Gerardo Castaño Recuero

 

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