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Ansiedad por el coronavirus. ¿Es algo normal?

¿Tienes ansiedad por el coronavirus? Ante situaciones de incertidumbre como la que se está viviendo es normal sentirse preocupado. De hecho, es un signo de conexión con la realidad y ayuda a poner los medios necesarios para salvaguardar la propia salud y la del entorno más cercano.

Sin embargo, a pesar de saber que siempre ha existido el riesgo de contraer enfermedades, resuena mucho el número de fallecidos, lo que contribuye a activar los sistemas cerebrales relacionados con la propia respuesta ante el peligro y la incertidumbre sobre el mismo.

El miedo a la incertidumbre.

Cabe destacar que esta forma de hacer frente al peligro guarda una importante relación con los sistemas de ansiedad. Ésta es una emoción que prepara a la persona para enfrentar un peligro futuro y que, como es lógico, se encuentra muy ligada al miedo que se experimenta ante un peligro inmediato. En este sentido, hay que recalcar que las personas siempre buscan frenar la incertidumbre, dado que les genera inseguridad, por lo que utilizan ciertos mecanismos para completar esa falta de información de forma rápida.

Desgraciadamente, estos procedimientos, conocidos como heurísticos, no son siempre cien por cien lógicos o racionales, pues, aunque dan lugar a interpretaciones acerca de lo que sucede, contienen sesgos, especialmente cuando falta información. De esta manera, la inacción del Gobierno podría haberse interpretado como una señal de que no ocurría nada grave, haciendo pensar que existía una probabilidad de contagio muy inferior a la real.

Cuando el nivel de ansiedad es excesivo.

Por el contrario, también podría ocurrir que ese miedo ante lo desconocido pudiera provocar un nivel de ansiedad que la persona no supiera gestionar. Esto unido a unos procedimientos poco racionales y cada vez más fuertes (por ejemplo, que el contagio puede ser letal) puede llevar a la persona a considerar el contagio como algo mucho más probable de lo que realmente es.

El sujeto recurre a una omisión de las probabilidades reales. Esto conduce a la persona a tomar medidas de seguridad excesivas e innecesarias y a responder presa del pánico en caso de incumplirlas por miedo al contagio. Así, la única función real que tendrán esas conductas de seguridad será reducir el nivel de ansiedad de la persona, que caerá en una ilusión de control al creer que se está previniendo algo, aunque estas conductas en realidad sólo sirvan para alargar las rutinas diarias y provocar discusiones en el seno familiar al ejecutar acciones obsesivas y sin sentido para el otro.

Por otra parte, tal y como se ha comentado anteriormente, la persona puede llegar a sufrir, en los casos más severos, episodios de pánico debido al desbordamiento emocional al exponerse a situaciones consideradas de alto riesgo y al experimentar sensaciones somáticas fruto del miedo, malinterpretando las circunstancias como síntomas inconfundibles de la enfermedad.

Pánico ante el COVID-19

(1) – En casos graves pueden aparecer ataques de ansiedad por el coronavirus

¿Cómo reducir el exceso de ansiedad por el coronavirus?

El miedo ante lo desconocido es una reacción tan natural como adaptativa, pues es una respuesta automática, rápida y efectiva que prepara al cuerpo para la lucha o huida ante un peligro.

No obstante, tras ese miedo de carácter inmediato puede aparecer la ansiedad, que es cuando interviene el pensamiento y prepara para aquello que puede ocurrir en el futuro. Si bien la ansiedad ayuda a enfrentar y solventar problemas concretos y reales, puede llegar a desarrollarse una ansiedad desadaptativa, la cual no ayuda a huir ni enfrentar el verdadero problema.

En este sentido, el COVID-19 puede hacer que aquellas personas con un perfil obsesivo (hipocondriacos, somatizadores) o poblaciones de riesgo (ancianos, personas inmunodeprimidas o con enfermedades crónicas, especialmente respiratorias) puedan sentir que están en riesgo de morir.

Respuestas exageradas ante la ansiedad.

Esta percepción de riesgo puede llevar a exagerar las respuestas ante la posibilidad de enfermar, minimizando el riesgo de otras enfermedades que pueden ser más mortales (por ejemplo, la enfermedad neumocócica en caso de no vacunarse).

En el caso de ser una persona perteneciente a la población de riesgo, es recomendable seguir las instrucciones de Sanidad, sin caer en la obsesión de tomar medidas de seguridad “por si acaso” o en estigmatizar a las personas afectadas. Simplemente, hay que limitarse a seguir las recomendaciones sanitarias.

Evitar los pensamientos negativos.

Por otra parte, aquellas personas con un perfil más obsesivo deben intentar identificar los pensamientos catastróficos o negativos, y corregirlos. Deben diferenciar lo posible, de lo probable y de lo seguro, sopesando las pruebas que sustentan o niegan la hipótesis. En este sentido, es conveniente hacerse consciente de que se trata de pensamientos inútiles y generadores de ansiedad.

Ante estas ideas negativas se puede emplear un mantra que sirva para recordarlo (por ejemplo: “Aunque el virus se contagia con facilidad, la mayoría de casos son leves. Si tuviera esos síntomas ya sabría cómo hacerles frente, al igual que lo he hecho antes a un resfriado y otras enfermedades. Voy a cuidarme, siguiendo el plan de prevención trazado”).

Además, en estos casos, resulta especialmente importante mantenerse ocupado para no potenciar los pensamientos negativos propios de la cuarentena, recordando que se trata de una medida de carácter temporal.

En este sentido, es importante no olvidar que las emociones negativas afectan a la inmunodepresión personal, así que tratar de mantener el ánimo ante estas situaciones resulta primordial.

Esto último puede hacerse mediante las pautas explicadas en el apartado “Recomendaciones psicológicas para afrontar la cuarentena”. Además, se pueden realizar ejercicios de relajación y de respiración, viviendo el presente, es decir, sin anticipar situaciones dramáticas que no han tenido lugar.

Repasar las habilidades que le ayudaron a afrontar otras circunstancias adversas y emociones negativas en el pasado, puede ayudar a tomar consciencia de que uno puede controlar aspectos esenciales relacionados con su bienestar durante la cuarentena y en su vida en general.

Medidas de seguridad ante el COVID-19

(2) – Es importante seguir las medidas de seguridad ante el coronavirus

¿Cómo explicar a los menores el coronavirus?

Dada la excepcionalidad de la situación, de nada serviría intentar ocultar la realidad a los niños. Al final, terminarían recibiendo la información por otros medios y, probablemente, de manera sesgada.

Es por ello por lo que se debe ser honesto con los niños, proporcionándoles la información necesaria adaptada a su edad. En este sentido, es importante señalar que los menores no cuentan con los mismos recursos cognitivos ni emocionales que los adultos, de manera que aprenden a manejar sus propias emociones observando los comportamientos y emociones de los padres.

Información general para menores sobre el coronavirus.

Por ello, se recomienda, en primer lugar, informar al menor sobre los síntomas más frecuentes y explicarle el porqué de las pautas, por ejemplo, exponiendo la razón por la que debe lavarse las manos y no zanjarlo con una respuesta escueta del tipo “porque lo digo yo” o “porque las tienes sucias”.

Además, es esencial ir resolviendo las dudas y preocupaciones que puedan ir apareciendo, mediante explicaciones claras, sin abrumar con demasiada información y sin mentir al menor.

Hay que tener en cuenta que los niños recurren a argumentos fantasiosos para compensar la falta de información, por lo que es necesario normalizar el tema y preguntarles directamente si tienen alguna duda y corregir la información malinterpretada.

Dar confianza y seguridad al menor.

En caso de no conocer la respuesta a la duda del niño, se le puede decir que se puede buscar la respuesta conjuntamente. En este sentido, es fundamental proporcionar confianza, seguridad y tranquilidad al menor. Se le puede explicar que existen profesionales sanitarios capaces de curar la enfermedad y que puede contar con ellos si los necesita. Hay que evitar hacer referencias a personas especialmente enfermas o al número de fallecidos.

Un buen ejemplo vale más que mil palabras.

Asimismo, hay que tener en cuenta que los niños aprenden con el ejemplo, de manera que se debe ser cuidadoso en las relaciones con los demás, por lo que, aparte de seguir las pautas de prevención, debe evitarse llevar a cabo conductas inadecuadas, así como discriminatorias o de rechazo hacia el otro movido por el miedo al contagio.

Procurar una rutina horaria con tareas y responsabilidades.

Igualmente es importante procurar una rutina al menor, diferenciando los horarios y hábitos de fin de semana de los de entre semana, poniéndoles responsabilidades y tareas adecuadas a su edad, así como promoviendo la estimulación intelectual mediante la lectura u otras actividades, dejándoles también tiempo libre y espacio para el aburrimiento.

A este respecto, se puede y debe aprovechar la situación para pasar más tiempo de ocio en familia, incrementando en la medida de lo posible el movimiento corporal.

No obstante, cuando el trabajo (o teletrabajo) impida este incremento de tiempo de ocio familiar, no sólo debe limitarse a explicar la situación al niño, sino que debe procurar compensarlo de alguna manera, por ejemplo, realizando alguna actividad especial con él (contándole un cuento por la noche, viendo alguna película infantil…) o compartiendo más tiempo juntos el fin de semana.

Hay que dar seguridad a los niños ante el coronavirus

(3) – Hay que dar seguridad a los niños y evitar la ansiedad por el coronavirus.

Por último, es importante que el niño pueda mantener el contacto con aquellos familiares a los que solía visitar con frecuencia antes del COVID-19, promoviendo para ello los contactos virtuales y explicándoles que, aunque no puedan visitarles, sus familiares están sanos y saben cuidarse.

Información a menores de siete años.

Por otra parte, se debe tener en cuenta la edad del menor, pues los menores de siete años aún no han desarrollado el pensamiento abstracto, de manera que no tienen la capacidad de entender el pánico, pero acaban actuando en función de lo que perciben en su entorno más próximo (padres, cuidadores…). Una opción para explicar el coronavirus a los más pequeños es a través de cuentos (éste ha sido escrito por el Colegio Oficial de Psicólogos: Rosa contra el virus.

Información a partir de los ocho años.

A partir de los ocho años, el niño ya empieza a pensar por sí mismo, de manera que entiende las metáforas y puede basarse en ejemplos previos. Por ello, puede explicársele que el coronavirus se parece a un constipado, pero que puede ser más fuerte, de manera que el cuidado personal se ha vuelto más importante, para no caer enfermo y tener que guardar reposo medicado.

Dicha explicación puede dar pie a la introducción de nuevas rutinas de limpieza, como cuando se les explica que han de lavarse los dientes después de comer. En este sentido, usar dibujos para explicar cómo se produce el contagio puede resultar entretenido (por ejemplo, explicar que el coronavirus nación en China y que le gusta mucho viajar, siendo España e Italia dos países que le gustan mucho).

Explicaciones a niños de más de diez años.

A partir de los diez años, el niño comprende conceptos más complejos, por lo que es no es necesario adaptar tanto la información: bastará con explicarle bien las pautas de prevención, dando ejemplo de ello a los menores. Por último, es recomendable evitar que navegue solo por internet en busca de información del COVID-19, ya que gran parte de ésta suele estar incompleta o incluso ser errónea, lo que puede llevarle a sentir miedo.

Actividades grupales o escolares.

En lo que respecta al contexto escolar, debe integrarse a toda el aula en estas mismas rutinas, homogeneizando la información y la conducta de prevención los menores, actuando de manera consecuente. Esto puede convertirse en algo divertido, involucrando a los niños mediante canciones mientras se lavan las manos (también pueden contar hasta veinte, decir una tabla de multiplicar…) o haciendo que ellos mismos hagan los carteles de prevención.

Implicar a los niños contra el coronavirus

(4) – Implicar a los niños contra el coronavirus con dibujos y carteles

En este sentido, tanto padres como profesores pueden dar a los niños más pequeños (de cuatro a diez años) pautas más imaginativas, como si la prevención fuera un “superpoder“: por ejemplo, al toser o estornudar deben de cubrirse la nariz y la boca flexionando el codo o empleando un pañuelo que se tirará a la basura, “como si fuera una llave mágica de kárate que te protege frente a los virus malos”.

También puede plantearse el evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca como un juego en el que se pierde un punto cada vez que se haga. A este respecto, es importante recordar a los niños que, aunque les apetezca mucho tener contacto físico con otra persona, no han de tocar a nadie y que esto no durará mucho tiempo y podrá volver a abrazar a sus amigos muy pronto.

Si no has leído la primera parte de este artículo puedes hacerlo aquí:

Miedo al coronavirus. Cómo aprender a gestionarlo. (1ª Parte)

Referencias Bibliográficas.

  • Capiello, M. I. (2020). Estos consejos te ayudarán a manejar la ansiedad que genera la propagación del coronavirus. Univisión. Recuperado el 23 de marzo de 2020: Enlace. 
  • Chavez, V. (2020). Paranoia versus peligro real: cómo reacciona el cerebro ante la avalancha de información que circula sobre coronavirus. Infobae. Recuperado el 23 de marzo de 2020: Enlace. 
  • Coronavirus, cómo gestionar la incertidumbre generada. (2020). Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP). Recuperado el 23 de marzo de 2020: Enlace. 
  • La psicología del miedo al coronavirus y las claves para manejarlo. (2020). Infobae. Recuperado el 23 de marzo de 2020: Enlace.
  • Recomendaciones psicológicas para explicar a niños y niñas el brote de Coronavirus – COVID-19.  (2020). Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Recuperado el 23 de marzo de 2020: Enlace. 

Autor.

Mª Victoria Orbe Valls es psicóloga general sanitaria. Está graduada en Psicología por el CES Cardenal Cisneros (Universidad Complutense de Madrid), cuenta también con los másteres de Psicología General Sanitaria (Universidad Antonio de Nebrija) y Sexología Clínica y Terapia de Parejas (Instituto Superior de Estudios Psicológicos), así como con formación en Mindfulness y grafopsicología. En la actualidad compagina su actividad como psicóloga con la divulgación científica. Es colaboradora en el Blog de Nuestro Psicólogo en Madrid

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