Saltar al contenido

La transferencia en el psicoanálisis. Concepto y antecedentes históricos (1ª Parte)

La Transferencia aparece durante las sesiones de Psicoanálisis

El descubrimiento de la transferencia es una de las mayores aportaciones de Freud. Por todos es conocido, que Sigmund Freud es el padre del psicoanálisis. A él son debidas contribuciones tan notables como la interpretación de los sueños, la libre asociación y los actos fallidos como instrumentos imprescindibles para estudiar el inconsciente. Sin embargo, es mucho menos conocido, al menos a nivel popular, su aportación a la psicología al descubrir la transferencia y sus implicaciones en la terapia psicoanalítica.

Por ser un tema muy amplio, dividiremos el estudio de la transferencia en dos partes. Aquí veremos el concepto de transferencia y los antecedentes históricos de la misma.

En el siguiente artículo del blog veremos la ampliación del concepto de transferencia, el abordaje de la misma y el «acting out».

La transferencia: Introducción.

En la vida cotidiana se usa el término transferencia para referirse a transacciones bancarias o de forma más general a aquellas acciones que suponen trasvasar algo de un objeto a otro o de una persona a otra. En este trabajo no nos vamos a referir a ninguna de estas dos acepciones al hablar de transferencia y nos ceñiremos al ámbito psicoanalítico, pues es aquí donde este concepto ha alcanzado una mayor significación.

El inconsciente.

Todo el mundo coincide en señalar el concepto de inconsciente como uno de los mayores descubrimientos de Sigmund Freud. Pero, no menos importante, fue la elucubración sobre la existencia de la transferencia. El descubrimiento de la transferencia supuso además de un importante aporte teórico al cuerpo doctrinal del psicoanálisis. Se trata de una valiosa herramienta para la técnica analítica.
El ser humano va creando relaciones interpersonales desde el mismo momento del nacimiento. Estas interacciones generan deseos, pulsiones, emociones, sentimientos y fantasías que guardan relación con las principales figuras que rodean al niño.
Estas producciones del psiquismo son propias de cada individuo. Están condicionadas por la estructura psíquica y neuronal y del sujeto. Estas respuestas psíquicas, en ocasiones, quedan reprimidas en el inconsciente durante la infancia. Desde aquí, condicionan la conducta específica de esa persona durante el resto de su vida.
Podemos decir que en el inconsciente de la persona se alojan pulsiones, afectos y fantasías reprimidas. Estos elementos originariamente iban dirigidas hacia las personas del entorno infantil. Estos contenidos reprimidos, a lo largo de la vida, pueden ser despertados por situaciones concretas y proyectados hacia otras personas, distintas de aquellas hacia las que originariamente iban dirigidos en la infancia.

Reactivación de contenidos inconscientes.

El individuo, en el desarrollo de sus actividades cotidianas se enfrenta a multitud de situaciones, muchas de las cuales, despiertan en él un vínculo emocional ligado a esas huellas alojadas en su inconsciente, haciéndole reaccionar de la misma forma que lo hizo en su infancia. Cada individuo tiene múltiples formas de reacción, que se ponen en marcha dependiendo de los estímulos externos que recibe en el momento presente, desencadenando una u otra forma de actuación. Ésta variará con la persona, el ambiente, la situación o la carga emocional, desencadenando una conducta repetitiva que ya vivió inicialmente en su infancia.

Los vínculos que el sujeto establece en sus relaciones del presente producen emociones, actuaciones o conductas, que son el fruto de revivir antiguos sentimientos, afectos y deseos infantiles, dirigidos inicialmente hacia otra persona y reprimidos en el inconsciente. Este traspaso de sentimientos y emociones se realiza con todas las personas con las que interactúa, con los compañeros de trabajo, con la pareja, con la familia, con los vecinos, con el médico o con el psicólogo o analista.

A este fenómeno psíquico, en el que el paciente actúa en el presente reviviendo situaciones inconscientes infantiles es a lo que en psicoanálisis denominamos transferencia.

El inconsciente se manifiesta en la transferencia
En la transferencia el paciente revive situaciones infantiles inconscientes.

La contratransferencia.

Ahora bien, en el contexto de la relación psicoanalítica, el terapeuta no es inmune a estas relaciones transferenciales. Al igual que el paciente revive ante el terapeuta, distintos roles, en función de la situación analítica, el analista reacciona ante el paciente con sus propias transferencias. De esta forma, el analista puede sentir agresividad, cariño, inquietud o un sinfín de emociones, durante el curso del análisis, motivadas por la repetición de sus vivencias infantiles reprimidas, originariamente dirigidas a las figuras más representativas de su entorno, y en el momento actual proyectadas hacia su paciente.

A esta transferencia del analista, que surge durante el análisis, es a la que denominamos contratransferencia. Es fácil observar que es casi la misma definición que hemos usado al hablar de transferencia. Así, algunos autores prefieren hablar de transferencias cruzadas.

Es de vital importancia, para la correcta progresión de la terapia psicoanalítica, que el terapeuta sepa reconocer y analizar las transferencias del paciente, pues el análisis transferencial es una poderosa herramienta para acceder a los contenidos inconscientes. Si reconocer la transferencia y analizarla adecuadamente es importante, no menor es la trascendencia de que el terapeuta sepa ver su contratransferencia y sepa encauzarla para que el análisis progrese adecuadamente.

El analista y sus sentimientos.

El analista debe ser consciente de la transferencia del paciente y de sus propios vínculos afectivos, emocionales y conductuales con el analizado. Debe tener en cuenta en todo momento, que lo no trabajado en el análisis con el paciente durante la consulta, va a aflorar, en ausencia de éste, en su vida cotidiana: “Lo que no se trabaja en el análisis lo vive el paciente fuera de la terapia”.    

En este artículo analizaremos la base teórica que sustenta la transferencia y contratransferencia. A efectos de aportar mayor claridad al trabajo veremos primero la transferencia y su evolución conceptual a lo largo de la historia. Posteriormente haremos lo mismo con la contratransferencia, que será tratada en otro artículo.

La transferencia: Antecedentes históricos.

La mayoría de los autores están de acuerdo en situar el descubrimiento de la transferencia, hecho por Freud, en el estudio que publica sobre el caso Dora, que veremos más tarde. No obstante, podemos encontrar vestigios de lo que acabará siendo el concepto de transferencia en algunos episodios previos.

La prehistoria de la transferencia.

Por supuesto, ninguna de estas situaciones reúne los requisitos que definen a la relación transferencial, pero sí dejan ver el interés de Freud por el especial vínculo que surge entre analista y terapeuta.

Freud trabajó en París, junto a Charcot. Allí usaba la sugestión hipnótica como una forma de tratamiento de las pacientes histéricas. Ya entonces notó la importancia de la relación terapeuta-paciente mientras utilizaba el método sugestivo. Lo expresó en el texto “Tratamiento psíquico, tratamiento del alma” del año 1890. Para él habría una dependencia que se establece en la relación médico e hipnotizado. Esta relación en palabras de Freud “…no puede contarse entre los propósitos de este procedimiento terapéutico”.

En 1882, Breuer comentó a Freud el tortuoso final que había tenido el tratamiento de Anna O. La terapia acabó con el enamoramiento entre la paciente y Breuer y los celos de la esposa de éste. Este hecho fue tenido como un episodio humano ajeno a la terapia. Incluso Freud, aseguró a su novia y futura esposa que algo así no le ocurriría nunca a él.

Berta Pappenheim más conocida como Anna O.
Berta Pappenheim, más conocida como Anna O. se enamoró de Breuer.

Años más tarde, Freud trató de animar a Breuer para que publicara el caso de Anna O. Le animó a vencer el desasosiego causado por la historia amorosa. A tal fin le confesó que a él también le había ocurrido un caso parecido. Freud consideró que este enamoramiento del paciente con el analista es típico de las pacientes histéricas.

El caso Dora.

Fue con la publicación de “Análisis fragmentario de un caso de histeria. Caso Dora” en 1905, cuando Freud habla por primera vez de la transferencia. Consideró que la interrupción del tratamiento había sido debida a sentimientos agresivos que la paciente tenía hacia su padre. Estos sentimientos habrían sido proyectados en Freud.

En el año 1900, Freud trató a una paciente Ida Bauer durante tres meses. Ésta es más conocida con el pseudónimo de Dora. El tratamiento se interrumpió de forma brusca por parte de la paciente. A partir de este hecho Freud formuló a posteriori la existencia de sentimientos transferenciales.

Dora fue llevada a la consulta por su padre, antiguo paciente de Freud. Éste observó en Dora claros síntomas neuróticos. Dora presentaba tos, astenia, depresión y opresión el pecho. La paciente había tenido un gran cariño hacia su padre, pero últimamente lo trataba con frialdad.

El padre de Dora frecuentaba al matrimonio K, y Dora creía que la señora K. era la amante de su padre. El señor K. por su parte declaró su amor a Dora y la acosaba sexualmente. Dora comunicó esta situación a su padre. Éste no hizo nada al respecto, para no enturbiar su relación con el matrimonio K. Esta actitud del padre molestó a Dora que se sintió traicionada por su padre.

Freud consideró que Dora padecía un claro caso de histeria. Ella, que era una chica culta y de buena familia se sintió menospreciada ante ese diagnóstico y puso fin al tratamiento. Freud entendía que los síntomas de Dora eran un claro intento para apartar a su padre de la señora K. Suponía, que una vez conseguido su objetivo, estos síntomas histéricos desaparecerían.

La transferencia como obstáculo.

Años más tarde al analizar el caso, Freud consideró que Dora había proyectado en él la hostilidad reprimida que sentía hacia su padre (por la permisividad que daba al señor K.) A raíz de este hallazgo formuló la existencia de la transferencia. Para él la transferencia era considerada como un obstáculo que se interponía en el avance del tratamiento analítico. Solamente desaparecía cuando se explicaba e interpretaba al paciente.

Como en tantas otras ocasiones a lo largo de la historia un error propició un gran descubrimiento. Dora no interrumpió el análisis por su transferencia agresiva hacia Freud. Lo hizo porque se sintió injustamente tratada, al ser diagnosticada de histérica. Freud no fue capaz de reconocer en su modo de actuación una contratransferencia negativa hacia la propia Dora.

La transferencia agresiva de la figura paterna hacia Freud existía. Sin embargo, Freud se equivocó al no ver su contratransferencia como motivo de interrupción de la terapia. Estos fenómenos contratransferenciales llevarían a Jung en 1904 a proponer a Freud que los analistas fueran previamente analizados.

Freud describe la transferencia en el Caso Dora
Freud describió la transferencia en el Caso Dora – Ida Bauer y su hermano.

Concepto freudiano de transferencias.

Freud, en el caso Dora, se pregunta ¿Qué son las transferencias?

“Son reediciones, recreaciones de las emociones y fantasías que a medida que el análisis avanza no pueden menos que despertarse y hacerse conscientes; pero lo característico de todo el género es la sustitución de una persona anterior por la persona del médico. Para decirlo de otro modo: toda una serie de vivencias psíquicas anteriores no es revivida como algo pasado, sino como vínculo actual con la persona del médico” (Freud, S. 1905).

Años más tarde, Freud recopilando sus experiencias escribe en “Esquema del psicoanálisis” sobre el fenómeno de la transferencia:

“Lo más asombroso es que el paciente ve en el analista una reencarnación de una persona importante de su infancia, de su pasado, y por eso transfiere sobre él sentimientos y reacciones que sin duda se referían a ese arquetipo. Este hecho de la trasferencia pronto demuestra ser un factor de insospechada significatividad: por un lado, un recurso auxiliar de valor insustituible; por el otro, una fuente de serios peligros.” (Freud, S. 1938).

Freud usaba como método tradicional de trabajo la libre asociación y la interpretación de los sueños. En su terapia se encontró de pronto con algo muy distinto y que no podía obviar. Encontró algo que podía ser una valiosa herramienta de trabajo o un obstáculo insalvable.      

Al cabo de los años, Freud reformuló su planteamiento inicial sobre la transferencia. Acabó aceptando que la transferencia es un proceso psíquico que se extiende fuera de la relación terapéutica. Este proceso se manifiestaría de muchas formas en la vida cotidiana.

Tipos de transferencia.

Sigmund Freud clasifica en dos tipos básicos la transferencia. Tiene importancia reconocerlas con la finalidad de no perder las riendas u orientación de la terapia. Estos dos tipos son:

  1. La transferencia positiva. Es aquélla en la que los afectos proyectados hacia el psicoanalista son amistosos y agradables. Esta transferencia de naturaleza favorable, si se vuelve demasiado intensa puede resultar perjudicial (transferencia erotizada) ya que se convierte en una resistencia que conlleva el fin de las asociaciones.
  2. La transferencia negativa. Es en la que hay sentimientos de odio y aversión hacia el especialista. Para Lacan, una transferencia negativa suave es beneficiosa para el tratamiento. Por el contrario, una transferencia negativa intensa puede conllevar el fin de la terapia.

Un vínculo entre pasado y presente.

En psicoanálisis, la transferencia y la contratransferencia tienen su origen en la experiencia que crea un vínculo psíquico del pasado con el presente. Esta experiencia no depende del nivel social, cultural o educativo de la persona. Depende de una respuesta psico-neurológica específica e individual, que la hace diferente a otra en las mismas circunstancias.

El terapeuta no escapa de sus vínculos formados en el pasado remoto o reciente. Él también “sufre” el proceso de la transferencia. Lo que lo hace diferente a su paciente, es tener el conocimiento técnico para reconocer esa transferencia y aprender a utilizarla. Para ello, es necesario ir superándolos con la persona adecuada (terapeuta de apoyo o psicoanálisis didáctico). Todo esto se tratará más a fondo en el capítulo de la contratransferencia.

Para iniciar el camino del conocimiento de la génesis de la transferencia, se puede decir, en primer lugar, que es la forma en que la mente humana revive situaciones del pasado. Estamos ante un concepto complejo del psicoanálisis, que involucra la función psíquica del paciente que transfiere inconscientemente sus antiguos sentimientos, afectos o deseos infantiles reprimidos (en su relación con personas cercanas de su infancia, padres, hermanos y otros), y los proyecta en el presente hacia otra persona, en este caso el terapeuta. 

La transferencia como vínculo entre pasado y presente
La transferencia aparece como un vínculo psíquico entre pasado y presente.

Referencias bibliográficas.

  • Bleichmar, H. (2014). La Transferencia. En “Curso de especialista universitario en clínica y psicoterapia”. Elipsis. Madrid.
  • Bleichmar, N. (2017) El psicoanálisis después de Freud. Teoría y clínica. México. Pág. 14-17.
  • Etchegoyen, H. (2004). Fundamentos da técnica psicoanalítica. Artes Médicas: Porto Alegre. Brasil.
  • Freud, S. (1890). Tratamiento psíquico, tratamiento del alma. Recuperado el 20/08/2018 de  Club de Ensayos.
  • Freud, S. (1895) Fragmento de análisis de un caso de histeria. Recuperado el 20/08/2018 de: El Caso Dora.
  • Freud, S. (1938) Obras completas, Ed. Amorrortu, Tomo XXIII.

Este artículo es una parte del resumen de la monografía “Transferencia y Contratransferencia” que integra el TFM del “Curso de Especialista Universitario en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica“. Puedes descargar el trabajo completo en el siguiente enlace:

TFM La transferencia - Gerardo Castaño Recuero
Transferencia y Contratransferencia – Gerardo Castaño Recuero

1b79c0d80ecd9d2c6608eb89042bfd2d?s=150&d=mp&r=g
Nuestro Psicólogo en Madrid | 687466946 |

Gerardo Castaño Recuero es el fundador y director de Nuestro Psicólogo en Madrid desde 2016. Desde entonces, trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en este centro.
Estudió Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid. Completó su formación con el Master de Especialista en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica (2013-2015).
Curso de Experto en Primeros Auxilios psicológicos en la Universidad Autónoma de Barcelona (2015).
Amplió su formación con el Master en Psicoterapia Humanista Experiencial Psicoterapia Focalizada en la Emoción en en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid (2016-2017).
Curso de Emotion Focused Therapy Level 1 en Glendon Campus of York University (2017).
Curso de Emotion Focused Therapy Level 2 en Canterbury Christ Church University (2018).
Certificación de Nivel B y C de Práctica Supervisada de TFE en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid. (2023-2024).
Colaborador habitual del Blog de Nuestro Psicólogo en Madrid.