Juana La Loca.
Juana La Loca es uno de esos personajes históricos que han levantado enormes pasiones. La Reina Juana I de Castilla fue hija de los Reyes Católicos y pasaría a la historia con el triste apodo de Juana “La Loca”.
La Reina Juana pasó los últimos años de su vida, casi medio siglo, encerrada en el castillo de Tordesillas. El cautiverio de Juana fue impuesto por voluntad de su padre, primero, y de su hijo, después, alegando locura e incapacidad para gobernar.
El Romanticismo, en el siglo XIX, encontró en el personaje de Juana la Loca un auténtico filón. Tanto la literatura como la pintura, se nutrieron de la pasión amorosa de Juana por su esposo Felipe el Hermoso, de sus celos desmedidos y de su necrofilia que nunca se ha podido constatar históricamente. (Wilkinson, G. 2020)
Para algunos autores, la reina Juana estaba Loca, para otros estaba endemoniada y necesitaba un exorcismo para liberar los demonios que se albergaban en su cuerpo.
Otros investigadores apuntan a una conspiración, para alejarla del trono de Castilla. Esta trama política habría utilizado la inestabilidad emocional de Juana, como pretexto para propagar los rumores sobre su locura, inhabilitarla para su cargo y encerrarla de por vida.
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Toledo, 1479. Nacimiento de Juana la Loca.
Las campanas tañían alegremente el 6 de Noviembre de 1479 en la ciudad de Toledo. La reina Isabel I de Castilla, más conocida como Isabel La Católica, acababa de dar a luz a una niña, la tercera de sus hijos. El rey Fernando II de Aragón la puso el nombre de Juana, en honor a su padre, Juan II El Grande, fallecido en Enero de ese mismo año.
Los carros tirados por bueyes, subían lentamente por la cuesta de las Armas hacia el mercado de Zocodover. Los toledanos, que abarrotaban la plaza ese frío día de otoño, levantaban la vista hacia la impresionante mole del Alcázar, donde se alojaba la Corte Real.
A pocos metros del Arco de la Sangre, en una tabernucha de mala muerte, una vieja gitana echadora de cartas, alborotaba a la clientela. Con voz grave y cavernosa anunciaba que “la recién nacida será reina, pero no reinará. Será madre de reyes y de reinas pero morirá en soledad”. Pocos debieron creer a la vieja, pues Juana era la tercera en la línea sucesoria, después de su hermano Juan, nacido un año antes, y su hermana mayor Isabel, de 9 años de edad.
En el verano de 1482, cuando Juana tenía 3 años, nació su hermana María y unos años más tarde, en 1485, su hermana Catalina. La niña Juana vivió una infancia agradable rodeada por sus hermanos. Recibió una educación estricta y sólida que la había de preparar para una futura boda con algún príncipe europeo.
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La educación de Juana.
Juana y sus hermanos contaron para su educación con prestigiosas figuras, como Beatriz Galindo, más conocida por el apodo de “La Latina”. Ésta era hija del secretario de la reina Isabel y fue una destacada escritora y humanista. Actuó como preceptora de los príncipes. Beatriz Galindo, siempre fue tenida en gran estima por Isabel La Católica, por sus sabios y prudentes consejos.
Los infantes gozaron de la presencia de otro gran personaje, el siciliano Lucio Marineo Sículo. Este famoso historiador y profesor de griego y latín, había venido desde su tierra natal a la corte castellana. Fue capellán y cronista del Rey Fernando.
En aquella época la educación que recibían las princesas, que no estaban destinadas a gobernar, consistía en una sólida formación religiosa, donde primaba la obediencia a los padres, los buenos modales, el arte ecuestre, la afición a la lectura, la música y la danza, así como conocimientos de latín y griego.
La reina madre intentó inculcar en Juana la pasión religiosa, que ella sentía. Para ello, contó con la ayuda del fraile dominico Andrés de Miranda. Todo parece indicar que ni la madre ni el dominico tuvieron éxito en su empeño.
La niña Juana, a sus seis años de edad, mostraba bastante desapego por los temas religiosos y por los ritos católicos. Esta falta de devoción mortificaba a la reina Isabel. Ésta, se sentía avergonzada y trataba de mantener en secreto el escaso fervor religioso de su hija.
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Arévalo. La abuela loca.
La vida de los infantes discurrió sin sobresaltos, en una corte itinerante que alternaba periodos de tiempo entre los reales alcázares de Toledo y de Segovia. Ocasionalmente, los niños viajaban con la reina Isabel, al castillo de Arévalo. Allí vivía su abuela materna, Isabel de Portugal, recluida y totalmente enajenada.
Isabel de Portugal se había casado con el rey Juan II de Castilla. Con él tuvo dos hijos, Alfonso e Isabel. A la muerte de Juan II, subió al trono su hijastro Enrique, fruto de un primer matrimonio. Según las crónicas de la época, la reina se volvió loca de dolor. Enrique recluyó a su madrastra y a sus hermanos en el castillo de Arévalo.
En los años que vivió en Arévalo, junto a su hermano Alfonso, la joven Isabel fue testigo de los ataques de locura de su madre. Ésta vagaba por el castillo como un alma en pena, dando gritos aterradores invocando el nombre, no de su esposo fallecido, sino del condestable Don Álvaro de Luna.
Éste había sido decapitado por orden del rey. Posiblemente, en la muerte de Don Álvaro, Isabel de Portugal, debió jugar un papel importante.
En posteriores visitas al castillo, acompañada de sus hijos, hemos de suponer el fuerte impacto emocional, que supondría para los infantes, la visión de su abuela loca, gritando el nombre de Don Álvaro.
Poco podía suponer Juana, el cruel paralelismo con su abuela loca, que le deparaba el destino. Años más tarde, sería ella la que estaría encerrada en el castillo de Tordesillas. Allí quedó recluida bajo la acusación por parte de su padre, el rey Fernando, de estar loca y ser incapaz de dirigir los destinos del reino de Castilla.
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Alianzas matrimoniales. Viaje a Flandes.
Los Reyes Católicos habían diseñado una inteligente política matrimonial para sus hijos. El fin último de esta estrategia era aislar a su enemigo el rey de Francia de posibles aliados.
Con este objetivo se acordó la boda entre el archiduque Felipe, hijo del Emperador Maximiliano de Habsburgo y la princesa Juana. Al mismo tiempo se fijaba la boda entre el príncipe Juan, heredero de los Reyes Católicos y la princesa Margarita de Austria, hija del Emperador.
Una impresionante flota naval partió del puerto de Laredo, en el verano de 1496, con dirección a Flandes. La reina Isabel pasó la última noche, antes de la partida, con su hija en una de las naves. Su padre, Fernando de Aragón, no acudió a despedirla. Juana era una chiquilla, que aún no había cumplido los diecisiete años.
El viaje fue largo y accidentado, perdiendo una de las naves donde iban todos los vestidos de Juana. Para colmo, su prometido, por cuyo amor recibiría el nombre de Juana La Loca, no acudió a recibirla a su llegada.
Aunque Felipe de Habsburgo, era un joven apuesto que habría recibir el apodo de “El Hermoso” por el rey de Francia, todos los cronistas coinciden en que la verdaderamente hermosa era su prometida Juana.
Cuando finalmente se conocieron, el amor a primera vista surgió entre ellos. Ese mismo día se casaron de forma extraoficial, para poder dar rienda suelta a su pasión.
Comenzaba así una de las historias de amor y celos más turbulentas de la historia. Poco después, se casaron oficialmente. Juana se instaló en una Corte que le era completamente ajena y dónde se sentía como una extraña.
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Pasión, infidelidad y celos.
El Archiduque Felipe, pronto empezó a mostrar signos de falta de interés por Juana, que se había quedado embarazada. Juana descubrió con dolor y sorpresa, que en la voluptuosa corte de Borgoña, no faltaban oportunidades a su esposo para engañarla con damas y sirvientas.
La infidelidad conyugal no era algo nuevo para Juana. Ella misma había visto con sus propios ojos, a su madre criticar con dureza las infidelidades de su padre, el rey Fernando. Había heredado de su madre la desconfianza hacia la fidelidad del esposo.
Esta desconfianza estaba totalmente justificada, tanto en el caso de su madre como en el suyo propio, pues tanto su padre como su esposo eran proclives a continuas aventuras amorosas.
Los arrebatos de ira y celos empezaron a ser conocidos en la corte de Flandes. Las infidelidades de Felipe se sucedían una tras otra, despertando los celos de su esposa, las reprimendas del archiduque, las peleas, los periodos de mutuo enfado y las apasionadas reconciliaciones.
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Los hijos de Juana la Loca.
Fruto de esta tortuosa historia de amor y celos nacieron, primero Leonor (1498) y posteriormente, Carlos (1500).
Cuentan las crónicas que el nacimiento de su primogénito, Carlos, se produjo en los lavabos del palacio de Gante. Éste es uno de los primeros episodios que los detractores de Juana la Loca, argumentan como prueba de su demencia.
Al parecer, Juana asistió a una fiesta, estando en avanzado estado de gestación, al no fiarse de su esposo, que coqueteaba con todas las damas de la Corte. Un año más tarde, en el verano de 1501 nació otra hija. Juana la puso por nombre Isabel, en honor a su madre.
Dejando de lado los arrebatos de ira y los ataques de celos, totalmente justificados por la frívola actitud de Felipe, los informes que llegaban a España sobre Juana, no dejaban lugar a la menor duda sobre su excelente salud.
El Obispo de Córdoba mandó una misiva a los Reyes Católicos, donde les comunicaba que Juana “era tenida por muy cuerda y muy asentada». Este hecho entra en flagrante contradicción con los que, ya entonces, la apodaban Juana la Loca.
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Heredera de la corona de Castilla y Aragón.
La inesperada muerte de su hermano Juan, de su hermana mayor Isabel y del hijo de ésta, convirtieron de forma inesperada, en el año 1500, a Juana la Loca en heredera de los reinos de Castilla y Aragón.
En 1502, la pareja regresó a España tras un largo viaje de casi seis meses de duración. Juana fue reconocida por las Cortes Castellanas como legítima heredera prestando juramento en la catedral de Toledo. La reina Isabel había planeado dejar a Juana como reina y a su esposo Felipe como consorte.
Felipe El Hermoso, pronto se cansó de la austera corte castellana y volvió a Flandes dejando a Juana embarazada de su cuarto hijo, que habría de llamarse Fernando, como su abuelo el rey de Aragón.
La reina Isabel quería que Juana aprendiera cuanto antes las tareas de gobierno, pero ésta estaba deseado volver a Flandes con su marido, actitud que contrariaba profundamente a su madre.
A tal punto llegó el enfrentamiento entre ambas por esta cuestión, que la reina encerró a su hija en el castillo de La Mota, en Medina del Campo y se negó rotundamente a escuchar las peticiones de Juana.
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Muerte de la reina Isabel.
Otro de los acontecimientos que se señalan, como muestra de la demencia de Juana la Loca, sucedió al ser encerrada en el castillo de La Mota por su madre.
Lo que la reina Isabel no podía esperar, era el extraño comportamiento de Juana. Ésta, como señal de protesta, por no ser atendida, pasó toda una noche de invierno a la intemperie en el patio de armas del castillo de La Mota, descalza y sin ropas de abrigo.
Ante esta actitud irreductible, que ponía en peligro su vida, Isabel escuchó a su hija y la dejó marchar a Flandes.
Este episodio amargó los últimos días de la reina, que padecía fuertes dolores abdominales, causados por un cáncer de útero en fase muy avanzada.
Tras la marcha de Juana, se produjo una clara divergencia entre madre e hija. La situación se hizo tan tensa que la reina modificó su testamento.
En él, dejó una nota donde decía que:
«si su hija no quería o no podía atender los asuntos del gobierno, sería su padre, el rey Fernando, el que ejercería el papel de regente». (RAH)
Implícitamente, contribuía al sobrenombre de Juana la Loca, que ya daban en la corte castellana a su hija y heredera. Unos meses más tarde, en noviembre de 1504 murió Isabel la Católica.
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Lucha por el trono.
Mientras moría su madre, Juana la Loca protagonizó otro sonado escándalo en la corte de Bruselas. Allí, trató de cortar el pelo y marcar la cara con unas tijeras a una amante de su marido.
Felipe se planteó recluir a Juana. Las noticias sobre la muerte de su suegra, Isabel la Católica, le hicieron ser más diplomático para conseguir el trono de Castilla.
La Concordia de Salamanca.
En la catedral de Santa Gúdula, en Bruselas, Felipe celebró un funeral por la reina muerta y trató de proclamarse rey, ante la sorpresa de Juana, que no sospechaba los deseos de su esposo para hacerse con la corona de Castilla.
Estando aún en Bruselas, Felipe empezó a tejer alianzas con los nobles castellanos. Esto le valió la enemistad de su suegro, Fernando de Aragón.
Tras la muerte de Isabel, Juana fue reconocida como reina legítima. Sin embargo, los documentos oficiales comenzaron a aparecer encabezados con fórmulas que diluían su autoridad efectiva (‘los Reyes y la Reina’). Esta manipulación refleja cómo se utilizaba su imagen como garante dinástico mientras se restringía su capacidad real de gobierno. (Segura Graíño, 2005).
A efectos prácticos, era Fernando quien gobernaba Castilla, alegando la incapacidad de Juana la Loca, para dirigir el reino. El enfrentamiento entre Felipe y Fernando llegó a tal punto, que ambas partes decidieron firmar la concordia de Salamanca en 1505. (García, C. M. 2018)
En este acuerdo se repartieron el poder entre Juana, Felipe y Fernando.
La Concordia de Villafáfila.
Juana dió a luz ese mismo año a su quinto hijo, una niña a la que llamaron María. Felipe estaba deseoso de volver a España para hacerse con el trono. En 1506 inició, junto a su esposa, un accidentado viaje por mar.
Debido a un fuerte temporal perdió una parte importante de su flota. Finalmente llegaron a La Coruña y se dirigieron al encuentro de Fernando. Por el camino, fueron ganando la lealtad de la mayor parte de la nobleza.
Fernando, reconoció su derrota y firmó la concordia de Villafáfila. En ella, renunció a Castilla y se retiró a Aragón a cambio de prebendas económicas. (Dialnet).
Pocos días después de la firma, Juana la Loca dio lugar a otro incidente muy comentado.
Juana paseaba a caballo por los jardines del Conde de Benavente. De pronto, sin motivo aparente, salió corriendo a galope en su caballo. Luego, se encerró en la granja de una campesina. Ni Felipe el Hermoso, ni sus soldados alemanes, ni los nobles castellanos, que cercaban la casa, consiguieron convencerla para salir.
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Felipe I, rey de Castilla
Las Cortes de Castilla, reunidas en Valladolid, nombraron rey de Castilla a Felipe el Hermoso en 1506. Su reinado fue efímero, pues apenas duró unos meses.
En septiembre de ese mismo año, murió de forma misteriosa en Burgos. Tras disputar un partido de pelota con un capitán vizcaíno bebió tras el partido una jarra de agua helada. Se cree que pudo sufrir una neumonía.
Mucho se ha especulado, sobre un posible envenenamiento, propiciado por su suegro. Parece ser que la causa más probable de su muerte, fue un brote de peste. En efecto, ese mismo año, una epidemia de peste bubónica asolaría la península Ibérica.
El mito de Juana la Loca.
Con la muerte de Felipe el Hermoso, Castilla se quedó sin rey. Juana estaba embarazada de su sexto hijo y a la vez desolada por la muerte de su marido. Sólo pensaba en trasladar el cadáver de Felipe a la cripta familiar en la catedral de Granada. Todos daban por hecho que Juana la Loca era incapaz de gobernar en ese estado.
Su heredero, el joven Carlos, de seis años de edad se encontraba en Flandes. Fernando vio una ocasión propicia, para hacerse con el poder. Mientras planeaba su regreso a la corte castellana, nombró al Cardenal Cisneros gobernador provisional.
Según relata el escritor Pedro Mártir de Anglería en sus crónicas, Juana ordenó abrir el ataúd. Estando en la cartuja de Burgos hizo exponer los restos del cadáver de su esposo. Allí, obligó a los presentes a contemplar la macabra escena, que acrecentaría la leyenda de Juana la Loca.
Luego hizo subir el féretro a una carreta y se inició una larga peregrinación hacia Granada. En diciembre del año 1506, en pleno invierno, Juana la Loca encabezaba una siniestra comitiva. Acompañada de un séquito de frailes y nobles atravesaba la llanura castellana, transportando el cuerpo de Felipe. Esta histórica escena fue plasmada en el cuadro de Pradilla, que sirve de imagen de cabecera a este artículo. (Museo del Prado, 1877).
El célebre episodio del féretro de Felipe el Hermoso ha sido interpretado como un signo de desequilibrio. Pero Wilkinson, G. (2020) señala que la idea de una reina ‘necrófila’ es más un recurso literario que una hipótesis clínica sustentada.
Referencias bibliográficas: [1] [3] [5] [8] [9] [11]
El cautiverio en Tordesillas.
En 1509 fue recluida por su padre en el castillo de Tordesillas. Allí permanecería encerrada hasta su muerte. En 1516 muere el rey Fernando. Su nieto, el joven Carlos, es coronado como Carlos I de España.
La reina Juana nunca fue desposeída de su título de reina. Su nombre aparecía en los edictos reales. Su hijo se encargó de que nunca gobernara y permaneciera en su encierro ajena a los acontecimientos políticos. (Zalama, M. Á. 2010)
En el momento de su reclusión, Juana tenía 30 años de edad y era madre de seis hijos.
Juana la Loca estuvo acompañada durante su encierro por su hija Catalina. En el año 1525, ésta se casó con Juan III de Portugal.
Durante el cautiverio en el castillo de Tordesillas, la reina Juana sufrió un trato vejatorio, físico y psicológico, por parte de los guardianes, en especial por el duque de Denia, que mostró especial dureza a la hora de tratar a la reina y a su hija.
Referencias bibliográficas: [1] [3] [7] [8] [9] [11]
Juan de Padilla y Juan Bravo.
Los nobles castellanos, Juan de Padilla y Juan Bravo, encabezaron en 1520 un levantamiento de las villas castellanas contra el reinado de Carlos.
La ciudad de Tordesillas fue tomada por los comuneros. Éstos asaltaron el castillo y exigieron hablar con la reina a la que reconocían como su única soberana.
Los nobles castellanos quedaron impresionados, pues esperaban encontrar a una mujer enajenada. Sin embargo, encontraron a una mujer cuerda, aunque desorientada y confundida. Ni siquiera había sido informada de la muerte de su padre Fernando.
Los comuneros deseaban mostrar al pueblo de Castilla que la reina no estaba loca. Necesitaban obtener una firma de Juana para poder refrendar sus acuerdos. Sin embargo, Juana, sabedora de que su firma podía significar el fin del reinado de su hijo Carlos, nunca firmó ningún documento.
Algún tiempo más tarde los comuneros fueron derrotados en la batalla de Villalar. Padilla, Bravo y Maldonado fueron decapitados por orden del rey Carlos. El marqués de Denia fue repuesto en su cargo de carcelero y Juana la Loca volvió a sufrir su encierro en el castillo.
Referencias bibliográficas: [7] [8] [9] [11]
San Francisco de Borja.
A partir de entonces su salud, tanto física como psíquica empeoró de forma considerable. Apenas podía moverse y su higiene era muy defectuosa. Acusaba a la familia del marqués de Denia de robar sus joyas y de estar endemoniados. En realidad, eran sus propios familiares, los que robaban las pocas joyas que aún poseía, en las contadas visitas que recibía.
Se negaba a confesar y a comulgar. En los círculos religiosos empezó a correr el rumor de que Juana la Loca podía estar endemoniada. Su nieto Felipe II, envió a un fraile jesuita a visitar a la reina.
El jesuita, que años más tarde sería canonizado como San Francisco de Borja, concluyó diciendo que no existía ninguna base para tales acusaciones y que la situación de la enferma era el resultado de no haber tenido los cuidados que precisaba.
El viernes santo de 1555, murió la reina Juana I de Castilla a los 76 años de edad. En la soledad de su cautiverio, musitó unas últimas palabras antes de expirar: “Jesucristo, crucificado, ayúdame”.
Todos sus hijos fueron reyes o reinas consortes. Sin embargo, en el momento de su muerte estuvo completamente sola. A su entierro acudieron algunos escasos familiares, invitados por su hijo Carlos.
El cadáver de Juana la Loca descansa en la catedral de Granada, junto al cuerpo de su marido Felipe El Hermoso.
Tras su muerte, se destruyó toda la correspondencia existente entre los carceleros de la reina y los reyes, Fernando, Carlos I e incluso su hijo Felipe II.
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Enfermedad de Juana la Loca.
Mucho se ha escrito sobre la naturaleza de la enfermedad de Juana la Loca. Hay versiones totalmente enfrentadas. Están los que defienden su locura y los que sostienen que fue víctima de una conspiración entre su padre, Fernando, y su hijo, Carlos, para apartarla del trono.
A lo largo de los siglos se le han atribuido diagnósticos que van desde la melancolía hasta la esquizofrenia. Sin embargo, como recuerda Wilkinson, G. (2020), muchas de estas lecturas se basan más en mitos que en evidencia clínica, y deben ser revisadas con cautela.
El primer investigador, que se apuntó a la teoría de la conspiración, fue Gustav Bergenroth, en 1860, tras encontrar documentación inédita, en el archivo de Simancas, que apuntaba en esta dirección.
En 1977, el psiquiatra español Juan Antonio Vallejo-Nágera, en su obra “Locos Egregios” apuntó a una esquizofrenia paranoide como causa de la locura de Juana. Su hija, la también psiquiatra Alejandra Vallejo-Nágera sostiene la tesis de su padre.
En el año 2000, el catedrático emérito de psiquiatría Francisco Alonso Fernández, en su obra “Historia personal de los Austrias Españoles” escribe que la enfermedad de Juana se trató de un delirio celotípico, que evolucionó hacia una esquizofrenia fantasiosa o fantasiofrenia.
Otros autores piensan que se trataba de una profunda depresión o de un trastorno depresivo. El psiquiatra Francisco Javier Torras, piensa que se trataba más bien de una psicosis esquizoafectiva, donde conviven síntomas esquizofrénicos con síntomas afectivos (depresión y manía).
Otro psiquiatra, Luis Mínguez Martín, se decanta por un cuadro psicótico más que por un trastorno bipolar.
Referencias bibliográficas: [1] [4] [8] [9] [10]
Vídeo sobre Juana La Loca.
Referencias bibliográficas: [1] [8] [11]
Epílogo.
El principal problema a la hora de llegar a un diagnóstico es que debemos interpretar las descripciones de sus síntomas, realizadas por personas sin formación psiquiátrica y asignarles una significación que puede ser muy distinta de la que tenían en su época.
La historiadora Bethany Aram ha recopilado una extensa información, durante más de 10 años, consultando archivos y nuevas fuentes bibliográficas, nacionales e internacionales. Fruto de esta investigación fue la publicación de su libro: “La reina Juana. Gobierno, piedad y dinastía” publicado en 2001.
En su obra Bethany Aram, desmonta toda la leyenda romántica sobre la supuesta necrofilia de Juana la Loca. Afirma además tajantemente, al pronunciarse sobre su supuesta locura, que no existen pruebas históricas suficientes para abordar este tema. (Aram, B. 2005)
Aram presenta una imagen de la reina Juana, como una mujer que sufrió la incomprensión de los que la rodeaban, que vivió privada de afecto, en un mundo marcado por las intrigas políticas de los varones de su familia: su padre, su marido y su hijo.
Pese a todo, Juana luchó en todo momento por ser una buena hija, esposa y madre, defendiendo sus derechos reales sobre las coronas de Castilla y Aragón.
En cuanto a la posible conspiración, para apartarla del poder, Aram sostiene que, al menos inicialmente, fue el resultado de un pacto con su padre, el rey Fernando, para preservar la corona de su hijo, el emperador Carlos.
Con su reclusión en Tordesillas, Juana evito ser pretendida como esposa por los codiciosos reyes europeos.
Referencias bibliográficas: [1] [3] [5] [7] [8] [9] [11]
FAQ sobre Juana la Loca
¿Quién fue Juana la Loca?
Juana I de Castilla, apodada la Loca, era hija de los Reyes Católicos y fue reina de Castilla y de Aragón por derecho dinástico. Sin embargo, el poder efectivo lo ejercieron sus regentes (primero su padre Fernando y después su hijo Carlos). Si quieres saber más, consulta la sección biografía y marco histórico.
¿La reina Juana estaba realmente “loca”?
No hay un diagnóstico clínico concluyente con los criterios médicos actuales. Las fuentes hablan de un duelo intenso por la muerte de su marido, de celos muy marcados y periodos de inestabilidad emocional. Esta supuesta “locura” se usó para apartarla del poder. Crea tu propia opinión en ¿locura o mito político?.
¿Por qué fue encerrada en Tordesillas Juana la Loca?
La versión oficial alegó incapacidad y locura. En la práctica, su cautiverio garantizaba el control del trono por parte de los regentes. Permaneció encerrada en el Real Monasterio de Tordesillas desde 1509 hasta su muerte. Detalles y documentos en: Encierro en Tordesillas.
¿Es cierto que viajó con el cadáver de Felipe el Hermoso hasta Granada?
Se ha exagerado el relato con tintes novelescos y necrófilos. Hubo traslados del féretro por motivos logísticos y ceremoniales, pero la literatura romántica consolidó el estereotipo de inestabilidad y «locura». Conoce más detalles en el mito del cadáver itinerante.
¿Juana I siguió siendo reina durante su reclusión?
Sí. Jurídicamente conservó el título y la titularidad del reino; otra cosa es que el poder efectivo quedara bajo control de los regentes (su padre primero y su hijo Carlos después), limitando su capacidad real de decisión. Lo explicamos en estatus legal y regencia.
Bibliografía
Relación de bibliografía académica, fuentes de divulgación y clásicas, periodismo histórico, documentos legales, fuentes primarias y otras fuentes.
Bibliografía académica
- [1] Aram, B. (2005). Juana the Mad: Sovereignty and Dynasty in Renaissance Europe. Johns Hopkins University Press. 👉 Ver en Academia.
-
[2] García, C. M. (2018). Don Fernando el Católico, dueño o «Señor de las Indias…». Revista de Indias, 78(272), 9-47. CSIC. Este artículo incluye descripción detallada de la Concordia de Salamanca.
👉 Texto completo (CSIC) -
[3] Segura Graíño, C. (2005). Juana I de princesa a reina (1502-1509). Universidad Complutense de Madrid.
👉 Referencia UCM -
[4] Wilkinson, G. (2020). Joanna the Mad (1479–1555): Queen of Castile and of Aragon – and necrophiliac? The British Journal of Psychiatry, 217(2), 449.
👉 Enlace al texto. -
[5] Zalama, M. Á. (2010). Juana I. Arte, poder y cultura en torno a una reina que no gobernó. Centro de Estudios Europa Hispánica.
👉 Enlace en CEEH -
[6] Décadas del Nuevo Mundo / Pedro Martir de Anglería (Internet Archive).
👉 Internet Archive
Obras de divulgación / fuentes clásicas
- [7] Alonso Fernández, F. (2000). Historia personal de los Austrias Españoles. Espasa.
- [8] Fernández Álvarez, M. (2000). Juana la Loca, la cautiva de Tordesillas. Espasa.
- [9] Pfandl, L. (1930/2000). Juana la Loca. Espasa-Calpe. (Ed. moderna de la obra clásica de 1930).
- [10] Vallejo Nágera, J. A. (1997). Locos egregios. Espasa.
-
[11] Joan. (2024). Encyclopædia Britannica. National Geographic. Juana la Loca.
👉 Artículo en Britannica
Documentos primarios / fuentes legales e históricas
-
[12] Isabel I de Castilla. (1504). Testamento y codicilo de Isabel la Católica. Real Academia de la Historia.
👉 Texto digital (RAH) -
[13] “Concordia de Villafáfila” (27 de junio de 1506). Elías Rodríguez Rodríguez.
👉 Texto Digital (Dialnet)
Contexto iconográfico
- Ficha del Prado de Doña Juana la Loca (Pradilla). Museo del Prado
Gerardo Castaño Recio está licenciado en Medicina y Cirugía, especializado en Medicina de Familia y Comunitaria. Colegiado nº 45/03187-1.
Estudió Psicoanálisis en el Centro Peña Retama de Madrid. Aficionado a la informática se ha dedicado a la programación sobre inteligencia artificial.
Ha sido campeón de España de programas de ajedrez y 4º clasificado en el campeonato del mundo en París. Autor del programa Salud 2000 para la gestión integral de consultas de Atención Primaria.
En la actualidad, desempeña tareas de asesoramiento médico y escribe artículos en el Blog de Nuestro Psicólogo en Madrid.
Aficionado a la historia y la literatura.
