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Carlos II de España «El Hechizado»

El Rey Carlos II de España "El Hechizado"

La figura de Carlos II de España, conocido popularmente como «El Hechizado», emerge de la historia de España como un intrigante caso de estudio donde se mezcla la historia, la psicología y la medicina. Nacido en 1661, fue el último monarca de la Casa de Habsburgo en España.

Su vida estuvo marcada por una serie de trastornos físicos y mentales, que han fascinado tanto a historiadores como a profesionales de la medicina.

Murió sin dejar hijos y con él acabó la dinastía de la casa de Austria, que había comenzado con el reinado del hijo de Juana la Loca, el emperador Carlos I de España.

Carlos II fue apodado «El Hechizado» debido a las creencias populares y supersticiones de la época que atribuían sus numerosas enfermedades y su incapacidad para concebir un heredero a maleficios o hechizos.

En este artículo analizaremos el complejo panorama de su personalidad y las posibles patologías que condicionaron su reinado.

Contexto histórico de la figura de Carlos II

Cuando Carlos II subió al trono de España en 1665, el país estaba inmerso en un contexto histórico, social y cultural complejo, marcado por las secuelas de un largo período de conflictos militares, dificultades económicas y tensiones políticas internas y externas.

Este período forma parte de la decadencia española, que comenzó en el siglo XVII, y presenta varios aspectos importantes.

Contexto Histórico

Declive Imperial: España estaba experimentando un declive gradual de su poderío imperial, que había alcanzado su apogeo en el siglo XVI bajo el reinado de Carlos I y su hijo, Felipe II.

Las guerras prolongadas, especialmente los conflictos en Europa, como la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), y los enfrentamientos con Francia, habían agotado los recursos del país.

Paz de los Pirineos: Poco antes del nacimiento de Carlos II, la Paz de los Pirineos (1659) había puesto fin a la guerra con Francia, pero a costa de significativas concesiones territoriales.

Este tratado también incluyó el matrimonio de María Teresa, la hermana de Luis XIV rey de Francia, con Felipe IV, el padre de Carlos II, en un intento de asegurar la paz entre las dos naciones.

Contexto Social

Crisis socioeconómica: La sociedad española enfrentaba una profunda crisis económica, exacerbada por la pérdida de población debido a las guerras, el hambre y las epidemias.

La economía estaba marcada por la dependencia de la plata de las Américas, que era insuficiente para cubrir los costos de los conflictos europeos y mantener la burocracia imperial.

Desigualdad y tensiones internas: Había una marcada desigualdad social y económica, con una nobleza poderosa que a menudo estaba exenta de impuestos y una gran masa de campesinos y trabajadores urbanos que vivían en condiciones difíciles.

Contexto Cultural

Siglo de Oro: A pesar de las dificultades económicas y políticas, España estaba viviendo el final de su Siglo de Oro, un período de florecimiento artístico y literario. Aunque muchos de los grandes artistas y escritores como Cervantes, Velázquez y Calderón de la Barca habían vivido durante el siglo anterior o a principios del XVII, su influencia aún perduraba.

La Inquisición tenía un gran peso en el Siglo XVII en España
(1) – «Condenados por la Inquisición» de Eugenio Lucas Velázquez

Religiosidad y Superstición: La religión católica desempeñaba un papel central en la vida de los españoles, y la Inquisición mantenía una influencia significativa en la sociedad, buscando preservar la ortodoxia católica frente a las herejías.

«Las supersticiones también estaban muy presentes, como se refleja en las creencias populares en torno a la figura de Carlos II».

En resumen, el reinado de Carlos II comenzó en un momento en que España estaba tratando de recuperarse de las dificultades acumuladas a lo largo del siglo anterior, enfrentando desafíos internos y externos que afectaban todos los aspectos de la vida en el reino.

La combinación de problemas económicos, tensiones políticas, y una rica vida cultural, en un contexto de declive imperial, configuró el escenario en el que el joven y enfermizo rey heredó el trono.

El nacimiento de Carlos II, heredero al trono.

Carlos II nació el 6 de noviembre de 1661, cuando Madrid aún estaba de luto por la muerte de su hermano.

Solo habían pasado cinco días del fallecimiento del príncipe Felipe Próspero, a la edad de cuatro años, cuando los sirvientes del Real Alcázar de Madrid comunicaban al monarca Felipe IV el nacimiento de un nuevo hijo, que automáticamente se convertía en el heredero de la corona.

Un heredero muy deseado.

Felipe IV recibió la noticia con alegría, pues estaba preocupado por el tema de la descendencia, y no porque fuera un monarca poco fértil, pues la villa de Madrid estaba plagada de hijos bastardos, resultado de sus aventuras amorosas fuera del matrimonio.

Solamente había reconocido a uno de estos hijos ilegítimos, Juan José de Austria, que vivía con buena salud, pero sus hijos varones fruto de sus dos matrimonios habían fallecido, y ahora todas sus esperanzas sucesorias recaían en el recién nacido Carlos.

Carlos II era hijo de la segunda esposa de Felipe IV, Mariana de Austria, que era sobrina del monarca y trece años más joven que él. El nacimiento se transmitió con júbilo a todos los madrileños. La «Gazeta de Madrid» describió con gran elogio, al recién nacido como

«un robusto varón, de hermosísimas facciones, cabeza proporcionada, pelo negro y algo abultado de carnes».

Sin embargo, esta representación idealizada contrastaba profundamente con las observaciones de los enviados de las cortes de París y Viena. En una carta de Viena se decía expresamente al embajador:

“Dicen claramente, entre otras cosas, que no creen tenga España un príncipe, porque no es varón sino hembra”.

Por su parte, el embajador francés, al informar al rey Luis XIV poco después, ofreció una imagen bastante menos halagadora.

Según el diplomático, el joven príncipe se mostraba frágil y con claros signos de deterioro físico, presentando lesiones herpéticas en las mejillas, una cabeza cubierta de costras y un constante drenaje de pus por uno de sus oídos, llegando incluso a describirlo como alarmantemente desagradable a la vista.

Felipe IV, padre de Carlos II
(2) – Felipe IV de España pintado por Diego Velázquez

La precaria salud de Carlos II

Durante sus primeros años, Carlos fue alimentado por catorce nodrizas hasta la edad de cuatro años cuando fue coronado.

El joven rey creció enfrentándose a constantes problemas de salud, como resfriados recurrentes, diarreas, y una notable falta de desarrollo muscular, además de un retraso significativo en su crecimiento físico y cognitivo, ya que no empezó a caminar hasta pasados los seis años.

A lo largo de su niñez, Carlos padeció enfermedades como el sarampión, la varicela, la rubéola y la viruela. Además, su mandíbula inferior pronunciada, un rasgo característico de la familia Habsburgo conocido como la «mandíbula Habsburgo», dificultaba su habla y su alimentación.

Sufrió episodios epilépticos hasta los quince años. Además, su desarrollo intelectual fue limitado, comenzando a hablar de manera comprensible solo a la edad de diez años y nunca logró dominar la escritura adecuadamente.

Su comportamiento era impredecible, con arranques de ira espontáneos y una dieta muy peculiar con preferencia casi exclusiva por el chocolate.

Ante su precario estado de salud, se prestó poca atención a su formación educativa, bajo la suposición de que no viviría mucho tiempo.

En 1665, falleció su padre y su salud era tan frágil que el rey de Francia y el emperador del Sacro Imperio Germánico acordaron repartirse el imperio español si Carlos fallecía. 

A la temprana edad de cuatro años, Carlos fue proclamado rey, asumiendo el trono mientras su madre tomaba las riendas de la regencia, apoyada por un consejo de gobierno.

Carlos fue sobreprotegido por su madre y tuvo una infancia triste y solitaria, sin contacto con niños de su edad y privado de cualquier actividad física que supusiera un peligro potencial, prácticamente recluido en lo que hoy es el Palacio de Oriente y que en aquella época era el Real Alcázar de Madrid.

La regencia de Mariana de Austria.

Mariana de Austria, durante su regencia, se mostró como una mujer autoritaria, lo que debilitó aún más la capacidad de Carlos para tomar decisiones.

La reina regente confiaba en sus favoritos para gobernar, generando un profundo malestar entre la nobleza, liderada por Juan José de Austria, el hijo bastardo de Felipe IV.

En 1677, Juan José entró en Madrid y desterró a la regente, Mariana de Austria, a Toledo. Sin embargo, tras la muerte de Juan José, dos años más tarde, Mariana regresó a Madrid.

Ese mismo año, María Luisa de Orleans, sobrina de Luis XIV, el Rey Sol de Francia, llegó a Madrid para casarse con Carlos.

La primera esposa de Carlos II: María Luisa de Orleans

La boda con la joven María Luisa de Orleans, que solamente tenía 17 años de edad fue el resultado de largas y laboriosas negociaciones. La ceremonia se llevó a cabo el 18 de noviembre de 1679 en un pueblecito, cerca de Burgos.

Después de un año de matrimonio, la pareja no había concebido un heredero, y se cree que nunca llegaron a consumar su matrimonio, posiblemente debido a las patologías médicas de Carlos, como el hipogonadismo e hipogenitalismo.

Según una confesión de la reina a una de sus doncellas, el rey padecía una severa eyaculación precoz, que le impedía engendrar un heredero.

María Luisa de Orleans la primera esposa de Carlos II
(3) – María Luisa de Orleans, pintada por José García Hidalgo. 

La preocupación por la falta de descendientes era tal, que llegaron a robar los calzoncillos del rey para analizar el semen, ya que recientemente se había descubierto la existencia de los espermatozoides.

Se intentaron múltiples métodos, tanto divinos como terrenales, para lograr un embarazo, causando a la reina constantes problemas intestinales y llevándola a creer que intentaban envenenarla.

María Luisa murió en 1689 de una apendicitis complicada con una peritonitis. Podemos hacernos una idea del nivel de la medicina de la época, observando que

«la peritonitis fue tratada con compresas de pan empapadas en vino y aplicadas sobre el vientre de la reina».

La autopsia reveló que su útero estaba intacto. El rey quedó profundamente afectado por su muerte.

La segunda esposa de Carlos II: Mariana de Neoburgo.

Diez días después del entierro de la reina, el Consejo de Estado eligió una nueva esposa para Carlos II. La dama elegida fue Mariana de Neoburgo, cuya madre había dado a luz en 24 ocasiones, hecho que fue muy tenido en cuenta a la hora de la elección.

El matrimonio se celebró en el año 1690 y la nueva esposa no tardó en tener serios enfrentamientos con la madre de Carlos II.

Fruto de esta enemistad con la reina madre y como los hijos no llegaban, Mariana de Neoburgo fingió hasta doce embarazos que supuestamente terminaron en abortos espontáneos.

Tras la muerte de la madre del rey en mayo de 1696, se le presentó la oportunidad de intervenir en los asuntos políticos.

Su fuerte personalidad y carácter intimidante jugaban un papel significativo en el monarca, que se sentía acobardado ante su esposa.

Hechizos, brujerías y encantamientos.

A medida que las posibilidades de un heredero se desvanecían, la salud de Carlos II empeoraba, sufriendo desde enero de 1696 de problemas gástricos, convulsiones, desmayos y otros trastornos que los médicos no lograban curar.

Ante un rey enfermo y sin capacidad de procrear, y una corte inmersa en intrigas políticas sobre la sucesión, surgió la hipótesis de que Carlos II podía estar hechizado.

La idea del hechizo del monarca fue discutida en el Consejo de la Inquisición, que finalmente desestimó el caso por falta de pruebas.

Sin embargo, Carlos II estaba al tanto de estos rumores y en enero de 1698 pidió en secreto al inquisidor general, Juan Tomás de Rocabertí, investigar la posible brujería.

A pesar de la falta de pruebas y las recomendaciones en contra, Rocabertí y el confesor real, Froilán Díaz, decidieron actuar por su cuenta.

El confesor real, Froilan Díaz se enteró de que un excompañero, fray Antonio Álvarez de Argüelles, estaba realizando exorcismos en Asturias y pensó en utilizar esto para averiguar sobre los posibles hechizos del rey. 

El inquisidor general, Tomás de Rocabertí ordenó a Argüelles interrogar al demonio durante los exorcismos de las monjas.

El 9 de septiembre, el demonio, a través de las monjas poseídas, afirmó que el rey había sido hechizado dos veces: una para enfermarlo y otra para hacerlo infértil.

Carlos II pensaba que estaba hechizado
(4) – Carlos II «El Hechizado» retrato de John Closterman

Según el demonio, el rey había sido víctima de un hechizo, el cual

“se lo habían dado en una taza de chocolate el 3 de abril de 1675, en la que habían disuelto sesos de un ajusticiado para quitarle el gobierno; entrañas para quitarle la salud y riñones para corromperle el semen e impedir la generación”.

El demonio afirmó que la reina madre y su valido Valenzuela estaban involucrados en el hechizo. Sin embargo, más tarde el demonio se retractó, alegando que todo era mentira.

Muerte de Carlos II el Hechizado.

El Inquisidor General, Tomás de Robercatí falleció en 1699 y el rey nombró para el cargo al Cardenal Alonso de Aguilar, con la misión expresa de liberar al rey del hechizo al que creía estar sometido.

“Muchos me dicen que estoy hechizado, y yo lo voy creyendo: tales son las cosas que dentro de mí experimento y padezco. Y pues seréis presto nuevo inquisidor general y haréis justicia a todos, hacédmela a mí también, descargando de mi corazón esta opresión que tanto me atormenta”.

Carlos II experimentó un deterioro significativo en su salud durante los últimos dos años de su vida, exacerbado por tratamientos ineficaces como exorcismos y pócimas repugnantes y dañinas.

Sufrió de extrema debilidad, incapaz de sostenerse de pie por más de una o dos horas, y padeció un edema generalizado que afectó incluso su capacidad de hablar.

Su estado físico fue empeorando con una serie de síntomas como edema, fatiga, ataques epilépticos, diarreas y fiebre, culminando en su fallecimiento el 1 de noviembre, tras dos días en coma debido a una severa diarrea.

La  muerte de Carlos II marcó el fin de la dinastía Habsburgo. Su autopsia reveló

“un corazón del tamaño de un grano de pimienta, los pulmones corroídos, los intestinos putrefactos y gangrenosos, en el riñón tres grandes cálculos, un solo testículo, negro como el carbón y la cabeza llena de agua”.

Patologías médicas de Carlos II

Muchos autores se han aventurado a discernir las posibles patologías de Carlos II. Uno de los primeros en hacerlo fue el célebre médico español Gregorio Marañón que habló de “la bárbara consanguineidad” familiar como la causa de la patología de Carlos II.

Marañón creía que el monarca padeció panhipopituitarismo, progeria y raquitismo por falta de vitamina D. Esta hipótesis de Marañón no se sustenta hoy en día.

Síndrome de Klinefelter.

Algunos investigadores, como Gargantilla y Castillo han propuesto que Carlos II podría haber padecido el síndrome de Klinefelter, una cromosomopatía identificada por primera vez por el Dr. Harry Klinefelter en 1942.

Este síndrome es la cromosomopatía sexual más común en humanos y una causa frecuente de hipogonadismo e infertilidad masculina, afectando a 1 de cada 500 a 1.000 varones.

Generalmente implica la presencia de un cromosoma X extra, es decir el sujeto presenta los 44 cromosomas normales, la pareja de cromosomas XY propia del varón y un cromosoma X de más.

Los afectados suelen tener infertilidad, niveles bajos de testosterona, hipogonadismo, hipogenitalismo, ginecomastia, y un aspecto eunucoide, con características como talla alta, extremidades largas y escaso vello facial.

También se asocia con criptorquidia, hipospadias, escoliosis, diabetes y bronquitis crónica en los adultos.

¿Padecía Carlos II el síndrome de Klinefelter?
(5) – Carlos II a caballo, pintura de Giordano (Museo del Prado)

A menudo, el síndrome de Klinefelter no se detecta hasta la pubertad o la edad adulta, ya que no hay un fenotipo característico en la preadolescencia. En la infancia, puede manifestarse con retrasos en el desarrollo motor y del lenguaje, y en algunos casos con un leve retraso mental.

El hipogonadismo se hace evidente durante la pubertad y algunos hombres son diagnosticados durante una consulta por infertilidad.

En el caso de Carlos II, aunque no presentaba ciertas características comunes del síndrome de Klinefelter como la ginecomastia y una estatura alta, la gravedad de su cuadro clínico y la presencia de síntomas que no son propios de esta enfermedad hacen menos probable que efectivamente tuviera esta cromosomopatía.

Síndrome del cromosoma X Frágil.

Otros autores, como Navalón y Ferrando, creen que Carlos II podía padecer un Síndrome del cromosoma X frágil. Se basan, para llegar a esta conclusión, en el particular aspecto físico del monarca y en la discapacidad mental que probablemente padecía.

El síndrome X frágil o síndrome de Martin y Bell, fue descrito por estos autores en 1943 (7) y es la causa más frecuente de retraso mental hereditario. Afecta más severamente a los varones (las mujeres pueden compensar la patología gracias al otro par cromosómico X sano).

El fenotipo físico incluye cara alargada, mentón y orejas prominentes y macrocefalia. Es evidente que estos rasgos físicos son coincidentes con los retratos de Claudio Coello y Carreño de Miranda.

Existe laxitud e hiperextensibilidad articular, pies planos e hipotonía muscular, lo cual produce y coincide con alteraciones de la deambulación que tenía Carlos en su niñez.

Los niños presentan retraso mental y autismo en un 30% de los casos. Las niñas, timidez, ansiedad social, dificultad de aprendizaje, problemas de atención, conductas caprichosas y compulsivas, todo ello en grado variable.

Es evidente que del estudio del comportamiento de Carlos II no se deduce un retraso mental muy acentuado, pero sí actitudes coincidentes con las alteraciones presentes en las niñas.

Aparte de otros cambios neuroanatómicos, existe hidrocefalia y un agrandamiento de los ventrículos laterales del cerebro, lo que puede explicar el hallazgo de “la cabeza llena de agua” que se relata la autopsia del monarca.

Estados intersexuales. Hermafroditismo.

Al poco de nacer Carlos II, en una carta de la corte de Viena se afirmaba: “Dicen claramente, entre otras cosas, que no creen tenga España un príncipe, porque no es varón sino hembra”.

Esto nos hace pensar que el recién nacido tenía unos genitales poco definidos y de carácter ambiguo y por lo tanto presentaba un estado intersexual.

Por otra parte, la afirmación de la reina sobre la eyaculación precoz de Carlos y la imposibilidad de engendrar, podía significar que el monarca padeciera un hipospadias y por lo tanto su eyaculación no penetraba en la vagina.

El hipospadias es una malformación congénita del pene en la que la abertura de la uretra no se encuentra en su posición normal en la punta del glande, sino en la parte inferior del pene, en el escroto o, en casos más raros, detrás del escroto.

Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV
(6) – Mariana de Austria, casada con su tío Felipe IV – (Endogamia)

Dentro de los estados intersexuales, lo más probable es que Carlos II padeciera de hermafroditismo verdadero, una condición caracterizada por la presencia de tejido ovárico y testicular debido a mosaicismo de los cromosomas sexuales, o una translocación del cromosoma Y.

El patrón más común en Europa es el mosaicismo 46-XX/46-XY o 47-XXY. Esto sugiere que el rey pudo haber tenido un ovario o un ovotestes no detectado en la autopsia, posiblemente intraabdominal, además de un testículo criptorquídico.

Esta condición suele presentar hipospadias y una fusión incompleta de los pliegues labioescrotales.

Inversión sexual: Varón XX.

Otra posibilidad es una inversión sexual, donde existe un fenotipo masculino y un cariotipo femenino XX. Los individuos XX masculinos suelen ser más bajos que el promedio y pueden presentar genitales ambiguos, hipospadias, y testículos criptorquídicos.

Cuando estos casos no se asocian con genitales ambiguos, a menudo se consultan por esterilidad debido a azoospermia, encontrándose atrofia testicular.

La presencia de un síndrome X frágil, asociado al cuadro anterior, podría explicar por qué el retraso mental de Carlos II no fue tan pronunciado.

Otras patologías de Carlos II.

La salud de Carlos II estuvo marcada por una complejidad de síntomas y enfermedades. Desde su infancia, sufrió episodios frecuentes de fiebre, algunos acompañados de hematuria (sangre en la orina), que se iniciaron a los ocho años de edad.

En sus últimos años, las fiebres se atribuyeron a la malaria, que fue tratada con quinina y remedios de la época, como carne de pollo alimentado con polvo de víboras, lo que posiblemente contribuyó a sus problemas gastrointestinales crónicos.

Dos años antes de su fallecimiento, el embajador francés notó edemas generalizados en el rey. La necropsia reveló un corazón pequeño y tres grandes cálculos en el riñón.

La mención en la autopsia de «el» riñón sugiere que Carlos II podría haber tenido un único riñón desde el nacimiento. Los edemas y un corazón no hipertrofiado apuntan a un síndrome nefrótico y a una insuficiencia renal crónica como causas de su muerte.

El síndrome nefrótico y la insuficiencia renal crónica pudo haberse desarrollado por la litiasis renal y las infecciones urinarias repetidas, contribuyendo al deterioro renal que llevó a la muerte del rey.

Conclusión

Tras revisar la historia clínica de Carlos II, el último rey de la dinastía de los Habsburgo, se deduce que las dificultades para procrear, atribuidas a un supuesto hechizo, podrían explicarse por su condición intersexual, probablemente un caso de hermafroditismo verdadero o un cuadro de varón XX, que podría haber estado asociado con el síndrome del cromosoma X frágil.

Todo ello sería consecuencia de la extensa endogamia en la familia Habsburgo durante varias generaciones. La causa de su fallecimiento fue una insuficiencia renal crónica, posiblemente originada por los cálculos renales e infecciones. Es probable que Carlos II tuviera un único riñón desde su nacimiento.

Más allá de su patología, el reinado de Carlos II, tradicionalmente visto como la culminación de la decadencia española, está siendo reevaluado a la luz de nuevas investigaciones.

Estatua de Carlos II en el Parque del Retiro
(7) – Estatua de Carlos II en el Parque del Retiro (Madrid)

Estos estudios sugieren una perspectiva más matizada del último monarca Habsburgo de España, desafiando mitos como su supuesto «hechizamiento» y la creencia en una decadencia irreversible durante su gobierno.

Se destaca su digno enfrentamiento contra el rey francés Luis XIV y su apoyo al arte, así como el inicio de una recuperación demográfica.

Se supo rodear de consejeros muy preparados, en lugar de los nobles perezosos de la Corte, lo que supuso una recuperación económica que sentaría las bases para el siglo XVIII.


Referencias Bibliográficas

  • Ángel García-Escudero López, A. Arruza Echevarría, J. Padilla Nieva y R. Puig Giró. (2008). «Carlos II: Del hechizo a su patología génito-urinaria». Consultado el 01/02/2024.
  • Cerda L. Jaime. (2008). «Carlos II de España, El hechizado». Rev. Méd. Chile  [Internet].  136( 2 ): 267-270. Disponible en: Enlace. Consultado el 01/02/2024.
  • María Lara. (2022). «Carlos II el hechizado, el último monarca de la casa de Austria». National Geographic [Internet]. Consultado el 01/02/2024.
  • José Calvo Poyato.  (1996). «La vida y la época de Carlos II el Hechizado». Ed. Planeta, Barcelona, 1996. Consultado el 01/02/2024. Enlace.
  • Gargantilla Madera, Pedro. (2005). «Enfermedades de los reyes de España, los Austrias : de la locura de Juana a la impotencia de Carlos II el Hechizado». Editorial La Esfera de los Libros, Madrid. Consultado el 01/02/2024.
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  • Atlas of Genetic Diagnosis and Counseling. (2006). «Klinefelter Syndrome«. Humana Press. Consultado el 01/02/2024.
  • Lea. (2020). The Autopsy of Charles II of Spain. Portal Medium.

Otros artículos del autor


Galería de Imágenes.

  • Imagen de Portada del Museo Nacional del Prado en Wikimedia Commons.
  • (1) – Imagen de Eugenio Lucas Velázquez  en Wikimedia Commons.
  • (2) – Imagen de la National Gallery, London.
  • (3) – Imagen del Museo Nacional del Prado en Wikimedia Commons.
  • (4) – Imagen de Alamy.com en Wikimedia Commons.
  • (5) – Imagen del Museo Nacional  del Prado en Wikimedia Comons.
  • (6) –  Imagen de The Yorck Project en Wikimedia Commons.
  • (7) – Imagen de Pablo Alberto Salguero Quiles en Wikimedia Commons.

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Gerardo Castaño Recio está licenciado en Medicina y Cirugía, especializado en Medicina de Familia y Comunitaria.
Estudió Psicoanálisis en el Centro Peña Retama de Madrid. Aficionado a la informática se ha dedicado a la programación sobre inteligencia artificial.
Ha sido campeón de España de programas de ajedrez y 4º clasificado en el campeonato del mundo en París. Autor del programa Salud 2000 para la gestión integral de consultas de Atención Primaria.
En la actualidad, desempeña tareas de asesoramiento médico y escribe artículos en el Blog de Nuestro Psicólogo en Madrid.

Aficionado a la historia y la literatura.