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La televisión ha sido una herramienta audiovisual revolucionaria, que ha trasformado la sociedad. La importancia de la televisión radica en que no es solamente una fuente de información, sino que cada vez ha cobrado más protagonismo en las familias. En ocasiones la televisión se ha convertido en un nuevo miembro de la familia.

Adicción a la televisión.

¿Qué es una adicción? 

Una adicción es una actividad o un hábito de una persona, que domina su voluntad. La persona adicta es totalmente dependiente del consumo de una sustancia, del ejercicio de una actividad o de la satisfacción de un deseo. Valgan como ejemplos: la adicción al alcohol o las drogas, la ludopatía o juego patológico.

Es importante recalcar el concepto de dependencia: la adicción provoca en el sujeto la necesidad de satisfacer su deseo. La adicción se apodera de la voluntad del individuo y este vive por y para satisfacer ese deseo, ya sea consumiendo o realizando alguna actividad. Si no puede hacerlo, siente un gran malestar. Las adicciones alteran profundamente la vida de las personas.

¿Crea adicción la televisión?

No cabe la menor duda de que la televisión cambió radicalmente la vida de las personas. Era como un milagro, fruto de la tecnología, apretar un botón y ver en la pequeña pantalla personas que estaban a cientos o miles de kilómetros.

Ahora bien, esta revolución audiovisual, ha hecho que muchas personas vayan limitando su vida, pasando cada vez más horas delante del televisor, hasta el punto de que cuando no pueden “ver la tele” sienten ansiedad. En general no son conscientes de esa necesidad y de esa dependencia, pero cuando se ven privados de la “caja tonta” se sienten nerviosos, irritables o deprimidos.

Una adicción nostálgica.

La tecnología evoluciona a un ritmo tan frenético, que cuesta trabajo estar al día de las novedades. La televisión fue la revolución del siglo XX. Media humanidad vio a Neil Amstrong, el 21 de julio de 1969, poner su pie en la luna, en televisores en blanco y negro. Hoy en día nos cuesta imaginar ver un programa que no sea en una televisión en color.

Tras la televisión vinieron los primeros ordenadores personales en la década de los 80. Con ellos apareció Internet, con unos modem que nos permitían mandar mensajes de pocas palabras a una velocidad que hoy nos parecería ridícula.

Luego vino la revolución de los teléfonos móviles, cada vez más pequeños y con más funcionalidades. Los móviles, internet de banda ancha y las redes inalámbricas wifi fueron los cimientos de la revolución whatsapp y las actuales redes sociales: Facebook, Google+, Twitter, YouTube, Pintorest, Instagram….

Adicción y dependencia de la televisión

La televisión es una adicción nostálgica.

Adicción a las nuevas tecnologías.

La evolución de las tecnologías audiovisuales es tan fulgurante, que muchas personas son incapaces de estar al día y se van quedando en la cuneta del avance de las redes sociales. Cualquier adolescente tiene hoy más soltura y habilidad con su Smartphone que sus padres. La televisión se va quedando obsoleta para estas nuevas generaciones que consumen su tiempo y sus dioptrías devorando la pantalla de sus móviles.

Hoy en día, la adicción a la televisión ha quedado reducida a los que no han podido seguir el avance tecnológico. Los jóvenes de hoy son adictos a YouTube, al whatsapp, a Facebook o a Twitter. Algunos de sus padres son adictos a la televisión. La televisión es la adicción de los que han sucumbido al imparable avance audiovisual.

En este sentido, este artículo sobre la adicción a la televisión es un poco nostálgico, pues a los más jóvenes, que no se apartan de su móvil ni para comer, les resultará extraño y hasta poco creíble. Sin embargo todo lo que digamos de la adicción a la televisión es perfectamente extrapolable a la adicción a las nuevas tecnologías.

La televisión y la pareja.

Muchos hombres y mujeres son los miembros silenciosos de un “menage a trois” infernal en el que el televisor es el tercer miembro del trío y el único que habla. No hay relación amorosa que pueda soportar durante mucho tiempo esta relación a tres bandas.

¿Qué harías hoy por la noche, tú y tu pareja, si al volver a casa descubrís que la televisión está estropeada? Si tenéis la vida programada de acuerdo con los horarios televisivos, lo más seguro es que os encontréis totalmente perdidos. Si por el contrario, la televisión ocupa poco lugar en vuestra relación de pareja, este incidente no tendrá ninguna consecuencia. Seguro que ambos descubriréis mil maneras diferentes de pasar un buen rato juntos.

Al principio, cuando nació la televisión, se pensó que este nuevo invento afectaría al mundo del espectáculo, llevaría al desastre total a la industria cinematográfica y vaciaría los restaurantes. Pero lo que nunca nadie se atrevió a imaginar, es que se convertiría en una seria amenaza para la vida de la pareja.

En realidad, este maravilloso invento enriquece los espíritus curiosos, relaja y distrae. Pero si no se pone un límite a su uso, se introduce en los rincones más profundos de la vida cotidiana, llegando incluso a invadir la intimidad del dormitorio.

Adiccion a las nuevas tecnologías

Adicción a las nuevas tecnologías.

De la telefilia a la teleadicción.

La televisión ha cambiado la vida de todo el mundo. Nos trae imágenes increíbles a nuestro domicilio. En sus inicios, la televisión era un excelente pretexto para el encuentro con familiares y amigos que, al no disponer de televisión propia, aceptaban con gusto el ir a pasar un rato, frente a la pequeña pantalla de sus anfitriones, que mostraban orgullosos su nueva adquisición. Posteriormente, todos los hogares acabaron por tener su propio aparato de televisión. A partir de ahí las parejas empezaron a ver la tele solos en casa y, siendo como era algo nuevo para ellos, encontraban incluso la ocasión para comentar lo que veían.

Es cierto que la televisión nos ha proporcionado ya desde sus comienzos momentos maravillosos: Vimos caminar al primer hombre sobre la luna, hemos visto ceremonias de coronación de la realeza, bodas espectaculares, espectáculos deportivos de gran altura. Al mismo tiempo hemos sido testigos de las noticias de más cruel actualidad: el asesinato del presidente Kennedy, el atentado contra las torres gemelas, la guerra en Irak, terremotos, tsunamis, hambrunas, represión y ejecuciones.

La televisión puede ser una fuente de conocimientos y una forma de diversión con espectáculos o películas, que pueden dar lugar a interesantes conversaciones en el seno de la pareja. La televisión, siempre que se vea con moderación, puede ser un entretenimiento agradable y, en ocasiones instructivo.

Una tarde frente al televisor.

Hay parejas que se instalan confortablemente para pasar la velada frente al televisor: un acontecimiento que se repite ¡todos los días! Esperan encontrar en “la caja boba” una diversión que les ayude a escapar de sus problemas, de sus silencios y de su falta de comunicación.

Pero están muy equivocados: recibiendo pasivamente todo lo que les ofrece la televisión, no sólo no escapan de la mediocridad de su relación, sino que la agravan. Un estudio realizado sobre este fenómeno, revelaba que las parejas que veían la televisión una media de 20 horas semanales, no hablaban entre ellos más de 20 minutos a la semana.
En estos casos la telefilia (amor por la tele) se ha convertido en teleadicción (dependencia de la televisión).

Esclavos de la programación.

Si tu vida de pareja está programada de acuerdo con el horario televisivo, lo más seguro es que te estés acercando peligrosamente a la teleadicción.

En primer lugar, este aparatito te impone sus pasatiempos. Tienes la impresión de que no puedes perderte nada de lo que te ponen. Todas las tardes tienes una cita con tu tertulia favorita. No puedes perderte ningún capítulo de la telenovela del momento. La mesa tiene que estar recogida para ver las noticias o el parte meteorológico. Hay que hacer la compra de la semana antes de la serie policiaca. Puedes incluso, saltarte un semáforo, para llegar a casa antes de que empiece el partido de tu equipo de fútbol.

La pareja y la televisión

La televisión y la pareja: un “menage a trois” peligroso.

Las parejas teleadictas se encuentran uno al lado del otro, pero frente a la televisión, en cuanto acaban de comer o cenar o incluso mientras están sentados a la mesa. Así pasan toda la velada, sin encontrar la ocasión de intercambiar ni una palabra ni una mirada.

La televisión habla, piensa, viaja por nosotros. Te quedas pegado a la pequeña pantalla aun cuando lo que estás viendo no te interesa nada. Sólo estás esperando que acabe un programa para ver si lo que viene después te interesa algo más.

Llega un momento, en que es ver por ver, sin hacer ninguna valoración crítica de la programación. El caso es que el televisor permanezca encendido.

La comunicación se hace difícil.

La televisión puede acallar temporalmente las dificultades que puede estar atravesando una pareja. En efecto, deja poco tiempo para encontrarse frente a frente. De esta forma, los que cada vez tienen menos que decirse o no abren la boca más que para discutir, encuentran cierta paz viendo el televisor.

Cuando uno de los dos no quiere oír al otro, se puede refugiar delante del televisor y hacer como si le interesará mucho lo que están poniendo. Al rato, su pareja se instalará su lado, furioso porque no ha dicho todo lo que quería decir y porque sabe que interrumpir la visión del programa de la tele, sólo serviría para empeorar las cosas. En este “menage a trois”, el único que tiene derecho a hablar, en esos momentos, es el televisor.

Además la pequeña pantalla impone sus horarios a la pareja de teleadictos ¿En qué momento puede uno sentarse cara a cara para hablar tranquilamente? ¿Cuándo queda tiempo para hacer el amor? Si se tienen niños, ¿Cuándo podemos jugar con ellos? ¿Qué momento del día nos queda para ocuparnos de ellos, escucharles y hablarles?

Avería del televisor y pánico en la pareja.

Hay muchas parejas que cuando ven desaparecer la televisión en manos del técnico se sienten casi angustiadas. El compañero indispensable acaba de abandonar el hogar. ¿Qué hacemos hoy después de cenar? ¿Vamos al cine? ¿Llamamos a los amigos? Cualquier cosa es válida, menos encontrarse los dos cara a cara sin saber que decirse, porque ya han perdido el hábito de contarse las cosas.

Para los teleadictos resulta más fácil que sean los personajes televisados los que afronten y resuelvan los problemas de la vida común, que intentar hacerlo ellos mismos.

Ansiedad con la televisión rota

La ansiedad aparece cuando se rompe el televisor.

Dos personas, dos televisores, dos soledades.

La ruptura de la comunicación queda consagrada en la pareja cuando se compran un segundo televisor.

Y ¿qué es una pareja sin comunicación? ¿Se puede hablar de la existencia de la pareja, cuando ya no existe comunicación? El hombre puede entonces ver sin problemas el partido de fútbol, mientras su mujer ve la película en otra cadena. Cada uno de ellos vive así, en total soledad, las emociones que corresponden a sus gustos, a su personalidad.

Una vez abierto este abismo en la relación, puede incluso llegar a suceder que ambos cónyuges estén viendo el mismo programa, pero cada uno por su lado, frente a su tele particular en distintas habitaciones.

Cuando están juntos es para hacer alguna tarea doméstica, cumplir con las obligaciones sociales o familiares y, por supuesto, para dormir. En muchos casos la vida sexual de la pareja está ya muerta.

No se pueden tener relaciones sexuales frecuentes y satisfactorias, cuando la tele no nos libera de sus garras hasta horas muy avanzadas de la noche y al día siguiente hay que madrugar.

Rompiendo el hábito.

La televisión es fuente de diversión y de información cuando se usa con prudencia. Pero, cuando no es así, puede convertirse en la tumba de la pareja. Los que han decidido romper la costumbre de verla de forma constante, observan como su salud física y la calidad de sus relaciones, tanto personales como sociales, empiezan a mejorar.

Ahora bien, para muchas personas adictas a la televisión, no es tarea fácil desengancharse. Dejar la televisión puede ser tan difícil como dejar el alcoholismo. Cuando se deja de absorber la “dosis diaria” de televisión, se sufre un fuerte shock psicológico similar al que aparece en otras adicciones.

Los teleadictos con “el mono” pueden volverse irritables, verse como un león encerrado en su jaula, sentir una profunda angustia o un pánico sordo. Todo esto, puede llegar a sentir un teleadicto, a menos que se le ofrezca un producto sustitutorio y atrayente.

Por suerte, no para todo el mundo es igual de difícil liberarse de la teleadicción. En muchas ocasiones, basta un nuevo estímulo externo o una propuesta diferente para conseguir apagar el televisor.

A este respecto, las parejas de teleadictos que deseen revitalizar su relación, no deberían nunca rechazar la ocasión de escapar, aunque no sea más que por unas horas, al dominio de la pequeña pantalla.

Esto supone que se ha de tener el deseo y la firme voluntad de romper con este hábito. Pero, ¿qué drogadicto podría abandonar su adicción y recuperar su libertad y su dignidad sin una voluntad firme y decidida?

Al teleadicto le sucede lo mismo: Debe desear dejar su adicción y debe luchar por ello.

La televisión crea dependencia

El teleadicto está atrapado por la televisión.

Consejos para escapar de la teleadicción.

– Cuando no sepas que hacer una tarde ¡sal fuera! Haz una visita a un pariente, o a un amigo. Ve a ver un espectáculo. Sal a dar un paseo. Asiste a alguna actividad deportiva o, todavía mejor, ¡haz algún deporte!

– Si te quedas en casa no enciendas la televisión “sólo para ver que están poniendo”. Coge un buen libro, o inicia algún tema de conversación con tu pareja: ¡a ver qué pasa!

– Saca el aparato de televisión del comedor y, sobre todo del dormitorio. En la cama debes ser tú mismo el protagonista de la película de la noche.

– Mejora tu relación de pareja: reserva unos momentos sagrados cada semana para dedicarlos a actividades románticas y sexuales: cenas tardías y prolongadas sólo los dos, paseos por el parque, sesiones de masaje mutuo, salidas fuera, relaciones sexuales, etc.

– No compres nunca ninguna guía de programación. Fíate de lo que te digan, para conocer los programas que no te puedes perder. Y si te pierdes alguno, enseguida descubrirás que no es el fin del mundo.

– Si tienes mucho interés en consultar la programación de la tele, haz un uso inteligente de la misma: escoge de antemano los programas que te interesan de verdad durante la semana y no veas ningún otro. (Esto es altamente desaconsejable para ex-teleadictos rehabilitados: no es conveniente que te expongas a la tentación).

– Cada vez que enciendas la televisión mecánicamente, pregúntate si te apetece de verdad ver este programa y no el que empieza dentro de media o una hora. Si la respuesta es no, apaga el aparato. El silencio nunca ha matado a nadie.

Ve la televisión con moderación

Usa la televisión con moderación.

Sustituye la televisión por otras actividades.

– Escucha la radio de cuando en cuando. Este “antiguo” medio de difusión permite hacer otras cosas al mismo tiempo: leer, cocinar, pasear, etc.

– Destierra la televisión de tus viajes, vacaciones y fines de semana. El encontrarte en un medio diferente al habitual ofrece un montón de ocasiones más agradables para distraerte y enriquecerte ¡Aprovéchalas!

– Adopta un estilo de vida activo: haz ejercicio, matricúlate en un curso de alguna actividad que te guste. No te quedará tiempo para perderlo delante de la pequeña pantalla.

– No veas en la televisión pasar la vida ante tus ojos. ¡Vívela!

Referencias.

– Cómo detectar la adicción a la televisión – La Informacion: Salud

– Definición de adicción – Definición.de

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Adicción a la televisión
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Gerardo Castaño Recuero trabaja como psicólogo y psicoterapeuta en "Nuestro Psicólogo en Madrid". Ha estudiado Psicología en la Universidad Pontificia de Comillas en Madrid y también ha cursado dos Máster, uno sobre Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica y otro sobre TFE: Terapia Focalizada en las Emociones.