La vigorexia. El complejo de Adonis.

La Vigorexia o Complejo de Adonis

La vigorexia se ha convertido en una auténtica plaga de nuestra moderna sociedad. Proliferan los gimnasios y se cuentan por miles los jóvenes que se machacan en ellos buscando un cuerpo ideal. En las siguientes líneas trataremos de profundizar en este trastorno, su historia, sus motivaciones y sus posibles consecuencias.

Massachusetts. 1993. Anorexia Inversa.

El profesor Harrison G. Pope sostenía en sus manos el último número de la revista “Comprehensive Psychyatry” donde aparecía publicado su trabajo de investigación sobre la preocupación obsesiva por el desarrollo muscular que había encontrado en varones frecuentadores de gimnasios y círculos culturistas.

Poco podía suponer el profesor Pope, que los trastornos descritos en su trabajo de investigación iban a convertirse, pocos años más tarde en una auténtica plaga social. Junto a su equipo de colaboradores habían estudiado a 108 culturistas y había encontrado que un número significativo de ellos creían que su cuerpo era flaco y poco musculado, cuando en realidad eran personas fuertes y con una considerable masa muscular.

Estos sujetos estaban avergonzados de su aspecto físico, rehuían eventos sociales y camuflaban sus cuerpos con vestimenta ancha para ocultar su cuerpo. Por supuesto, no se dejaban ver en playas o piscinas. Todas estas personas, además de frecuentar asiduamente el gimnasio, eran consumidores de esteroides anabolizantes para desarrollar su musculatura.

El doctor Pope daba clases como profesor en la facultad de Medicina de la Universidad de Harvard. En su trabajo de investigación defendía la tesis de que estos sujetos padecían un trastorno al que denominaba “anorexia inversa”. Al igual que la paciente anoréxica que siempre se ve gorda, aunque tenga una extrema delgadez, estos sujetos siempre se veían flacos y débiles, pese a poseer una buena musculatura.

Aunque una sonrisa de satisfacción se marcaba en su rostro, el entrecejo fruncido, dejaba entrever que aquel trabajo de investigación, acababa de empezar y aún quedaban muchas dudas por resolver.

Harrison G. Pope - Anorexia Inversa

(1) – El profesor Harrison G. Pope acuñó el término “Anorexia Inversa”.

Madrid. 2020. Vigorexia.

El joven J.G.R estaba sudoroso tras haber concluido una sesión doble de ejercicio físico en el gimnasio. Se había exprimido y había hecho más tandas de levantamiento de pesas que ningún otro día. Pero su expresión no era de cansancio por el esfuerzo ni de satisfacción por superarse día a día. Su rostro reflejaba contrariedad, mientras se observaba en los espejos del vestuario del gimnasio.

J.G.R. era un muchacho de 26 años de edad, alto, de complexión fuerte, anchos hombros y vientre plano. Cualquiera que hubiese visto el atlético cuerpo del joven, fácilmente hubiera adivinado su afición a los gimnasios.

Sin embargo, ahora delante del espejo, J.G.R. se veía a sí mismo como un chico delgado, cargado de hombros, sin apenas musculatura. Estaba muy disgustado, se machacaba en el gimnasio un día sí y otro también, buscando mejorar su deplorable aspecto físico. Cada día se exigía más, pero el espejo le devolvía una patética imagen.

Esteroides anabolizantes y dieta hiperproteica.

Se vistió con un chándal amplio, para que los demás no advirtieran lo que para él resultaba evidente (su escasa musculatura) y se acercó con su gran bolsa de deportes hacia uno de los rincones del gimnasio, donde mantuvo una breve conversación con un tipo, que le entregó de forma disimulada una bolsita con pastillas tras recibir unos billetes.

J.G.R. llevaba ya unas semanas consumiendo esteroides anabolizantes para incrementar su masa muscular. Por supuesto, seguía una rigurosa dieta hiperproteica con suplementos de aminoácidos y creatina, pero pese a todo, se sentía decepcionado por el resultado.

Salió del gimnasio con paso enérgico, pensando que cuando llegara a casa de su novia le esperaba una bronca monumental, por haber llegar con más de una hora de retraso, justo el tiempo que había pasado levantando pesas en el gimnasio.

Había quedado con su novia para conocer la nueva casa de unos amigos, pero una intensa angustia se había apoderado de él al mirarse en unos escaparates. En ese momento, no encontró otra forma mejor de eliminar su ansiedad que dirigirse al gimnasio, como tantos otros días, incumpliendo promesas y compromisos sociales.

Vigorexia o Dismorfia muscular.

Han pasado casi 30 años desde que Harrison Pope describió la anorexia inversa y en la actualidad ha pasado a convertirse en una auténtica plaga social. Cientos de jóvenes como J.G.R. se machacan a diario en los gimnasios en una lucha estéril y condenada al fracaso para conseguir una imagen de la que nunca estarán satisfechos.

Si bien inicialmente, la anorexia inversa se clasificó como un trastorno alimentario por su semejanza (invertida) con la anorexia, en 1997 las nuevas investigaciones de Pope y colaboradores, mostraron que estos sujetos encajaban mejor en la descripción que el DSM-IV-R hace de los trastornos dismórficos corporales. Es decir, no se trataría de un trastorno de la alimentación sino de una alteración de la forma en la que perciben sus propios cuerpos.

Inicialmente el grupo de Pope adoptó el término vigorexia (deformación latinizada del término anglosajón “Big Orexia”) para referirse a este trastorno. Poco después, lo sustituiría por el de Dismorfia Muscular. Observaron una gran similitud con el Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) donde existe una preocupación patológica por alguna parte del cuerpo. Por este motivo usaron el término Dismorfia Muscular o Trastorno Dismórfico Muscular (TDM) pues en estos casos la preocupación corporal aparece centrada en el desarrollo muscular.

En la actualidad el término vigorexia es el más utilizado en la literatura médica para describir este trastorno, junto al de “Complejo de Adonis” que se empezó a utilizar tras la publicación en 2001 del libro “El complejo Adonis. La crisis secreta de la obsesión del cuerpo masculino” de Pope y colaboradores.

Complejo de Adonis o distrofia muscular

(2) – Portada del libro “El complejo de Adonis” (2001).

Diagnóstico de la vigorexia.

Al no estar reconocida como una entidad patológica individualizada por el DSM-IV-R, el grupo de investigadores de Pope propuso los siguientes criterios diagnósticos:

“Preocupación por no estar suficientemente libre de grasa y no ser suficientemente musculoso. Las conductas características asociadas incluyen varias horas de levantar pesas y excesiva atención a la dieta.

La preocupación se manifiesta en al menos dos de los siguientes cuatro criterios:

El individuo frecuentemente abandona actividades sociales, laborales o recreativas importantes por una necesidad compulsiva de mantener su esquema de trabajo muscular y dieta.

El individuo evita situaciones donde su cuerpo resulta expuesto a otras personas o soporta dichas situaciones con un marcado malestar y ansiedad intensa.

La preocupación por ser poco musculoso o corpulento causa malestar clínico significativo o interfiere en su funcionamiento social, laboral u otras áreas importantes.

El individuo continúa entrenando, haciendo dieta o utilizando sustancias ergogénicas (aumentadoras del rendimiento físico) a pesar de conocer las consecuencias adversas físicas o psicológicas.” (Pope et al. 1997).

En estos criterios se vincula la vigorexia a los trastornos obsesivos compulsivos. En este sentido podríamos decir que el vigoréxico no realiza ejercicio físico para obtener placer, sino que mediante la práctica compulsiva del ejercicio se libera de la ansiedad que siente. En la vigorexia la ansiedad vendría condicionada por una excesiva presión social sobre la imagen corporal.

La Vigorexia – Preocupación obsesiva por la imagen corporal.

Desde las últimas décadas del siglo pasado venimos observando un aumento progresivo del culto hacia la imagen corporal. Los anuncios publicitarios invaden las ciudades y los medios de comunicación con imágenes de “cuerpos perfectos”. El cuerpo de la mujer aparece extremadamente esbelto y delgado, mientras que el cuerpo del varón aparece con una poderosa y marcada musculatura.

La influencia de esta imagen corporal publicitaria en patologías como la anorexia y la bulimia nerviosa ha sido ampliamente establecida. Pero, al igual que influye en la mujer tratando de llegar a la belleza a través de la delgadez extrema, también influye en los hombres marcando un canon de belleza que en algunos casos resulta sumamente perjudicial para la salud.

Muchos adolescentes y adultos jóvenes se sienten abrumados al no sentirse identificados con la imagen del hombre musculoso y atlético. En algunos casos estas personas se embarcan en una larga y dolorosa peregrinación en busca de la anhelada masa muscular.

Nuestra moderna sociedad ha impuesto unos estereotipos de la belleza tanto para el hombre como para la mujer. El lema del nuevo siglo podría ser “A la felicidad a través del cuerpo perfecto”. La persona que no cumple con estos ideales está abocada a la desdicha. Todos los esfuerzos van encaminados a buscar la soñada imagen corporal, tanto para hombre como para mujeres. Una nueva era de obsesiones ha comenzado.

Ideal de la belleza masculina

(3) – Ideal publicitario de la belleza masculina

Vigorexia – Buscando la ganancia de masa muscular

La vigorexia o complejo de Adonis va mucho más allá de la simple preocupación por la imagen corporal. Cuando hablamos de vigorexia estamos hablando de una seria patología, de un trastorno de índole mental, que se define como la obsesión por lograr un cuerpo musculoso.

El principal camino para llegar a este objetivo es el ejercicio físico realizado de forma abusiva y obsesiva. La primera consecuencia de esta obsesión es una alteración metabólica. De todos es conocida la sensación de bienestar que suele acompañar a la práctica de algún deporte de forma moderada. Esta sensación placentera viene mediada por la secreción de endorfinas cerebrales y es la causante de que “nos enganchemos al ejercicio”. En el caso del vigoréxico esta acción de las endorfinas potencia su cuadro obsesivo y le lleva a una dependencia cada vez mayor del ejercicio físico hasta el punto de desatender sus tareas laborales, familiares o sociales.

Aunque no siempre es así, en muchas ocasiones el ejercicio va acompañado por la modificación nociva de los hábitos alimenticios.  Las dietas hiperproteicas, los suplementos de creatina o el uso de anabolizantes son la compañía de la persona que pasa muchas horas al día entrenando en el gimnasio para lograr su objetivo: tener un cuerpo libre de grasa visible y con los músculos perfectamente esculpidos.

La vigorexia – ¿Patrimonio estrictamente masculino?

Si bien en sus comienzos, los primeros casos descritos correspondían a culturistas masculinos en los gimnasios, este patrón ha cambiado. Actualmente, la vigorexia es un trastorno padecido también por las mujeres, aunque en menor medida. La edad más afectada por la vigorexia es el rango comprendido entre los dieciocho y los cuarenta años, y en España la cifra de afectados raya el millón de personas.

La diferencia entre la vigorexia masculina y la femenina es la parte del cuerpo que se pretende hipertrofiar: mientras el hombre persigue el objetivo de agregar volumen a sus bíceps y ensanchar su espalda, las mujeres se centran en lograr glúteos firmes y llamativos. En cuanto a los abdominales, estos son perseguidos por ambos sexos, quienes trabajan sin descanso para lograr marcar esta parte del cuerpo.

La vigorexia en la mujer

(4) – La vigorexia también afecta a las mujeres

Consecuencias de la vigorexia.

En este trastorno aparecen unas consecuencias visibles, las cuales son más livianas y menos perjudiciales, así como otras que no saltan a la vista, pero que son más graves y pueden mermar la calidad de vida de quienes lo sufren.

Consecuencias menores de la vigorexia.

Las consecuencias más evidentes son:

  • Estar pendiente del espejo.
  • Pasar muchas horas en el gimnasio.
  • Disconformidad con la imagen que devuelve el espejo.
  • Práctica excesiva del ejercicio físico.
  • Pesarse varias veces al día.

 Consecuencias graves de la vigorexia

Las principales y más graves alteraciones que aparecen en la vigorexia vienen condicionadas por el consumo de anabolizantes esteroideos.

  • Virilización en la mujer.
  • Isquemia cardiaca.
  • Deshidratación.
  • Daño en las articulaciones y en la columna vertebral.
  • Desgarros musculares.
  • Pérdida de la vida social.
  • Distorsión de la imagen corporal.
  • Irritabilidad y depresión.

Virilización de la mujer.

El uso de esteroides anabolizantes resulta especialmente grave en la mujer que sufre toda una serie de efectos virilizantes entre los que podemos destacar la aparición de una voz más grave, disminución del tamaño de las mamas, caída de pelo, aumento del vello corporal, hipertrofia del clítoris y alteraciones del ciclo menstrual, pudiendo llegar a la amenorrea o a la aparición de ovarios poliquísticos.

Isquemia cardiaca.

Por otra parte, estas sustancias son particularmente nocivas tanto para hombres como para mujeres en lo que respecta a la salud cardiaca. Los esteroides provocan un aumento de la masa muscular y esto se puede traducir en una hipertrofia de los ventrículos cardiacos.

Este aumento de tamaño del corazón no va acompañado de un aumento paralelo de la circulación cardiaca por lo que pueden aparecer serias complicaciones de isquemia coronaria, como la angina de pecho o el infarto de miocardio.

Otros órganos también se ven comprometidos. Pueden aparecer alteraciones hepáticas y de la función renal. En los hombres puede aparecer impotencia y en las mujeres, como hemos visto, serias dificultades para concebir.

Deshidratación.

Una de las más frecuentes alteraciones que pueden aparecer en la vigorexia es la deshidratación. En un organismo debidamente hidratado, el agua disimula la turgencia muscular. Por este motivo, los culturistas en los concursos o los enfermos de vigorexia, pueden recurrir de forma sistemática a los diuréticos o a no consumir la cantidad de agua requerida para una buena salud.

Desgarros musculares y lesiones articulares.

Otro problema con el que la persona vigoréxica se enfrenta es el daño articular, muscular y de la columna vertebral. Estos problemas son la consecuencia directa del exceso de ejercicio, el cual en la mayoría de los casos se lleva a cabo al margen de un entrenamiento controlado por un profesional. No es raro que el abuso de ejercicio provoque desgarros y distensiones musculares, esguinces articulares e incluso hernias discales.

A su vez, estas lesiones físicas también impactan a nivel emocional, ya que obliga a la persona a alejarse del ejercicio, con lo cual pierde la masa muscular ganada y se sume en una profunda depresión.

La vigorexia puede ocasionar lesiones musculares

(5) – La vigorexia puede ocasionar lesiones musculares y articulares

Empobrecimiento de la vida social.

A su vez, nos enfrentamos a otro problema nada menor: la pérdida de la vida social. La vigorexia retiene a las personas en el gimnasio varias horas al día. Dado que estamos hablando de personas que trabajan o estudian, pasar entre cuatro y siete horas en un recinto de pesas, les aleja de sus amigos y de su familia.

El entrenamiento se convierte en su prioridad, por lo que no duda en rechazar salir a tomar una cerveza con sus amigos o acudir a una celebración familiar. Lo peor es que, si se ven presionada a hacerlo, el sentimiento de culpa hacia su propio cuerpo no le permitirá disfrutar.

Por último, no podemos pasar por alto el hecho de que todo el sacrificio que acepta el vigoréxico por su propia voluntad responde a una preocupante distorsión corporal. Esto hace que sus metas sean inalcanzables.

Esto se traduce en irritabilidad y frustración lo que dificulta, aún más si cabe, su vida social. Si a esto unimos que con el paso de los años la masa muscular se reduce de forma natural, la posibilidad de caer en la depresión es muy elevada.

Causas de la vigorexia.

La vigorexia es una patología con un origen multifactorial.

Canon estético socio-cultural.

Ya hemos hablado anteriormente de la importancia de la presión social y los cánones de belleza. La llegada de Internet y las redes sociales ha incrementado de forma alarmante la presión social sobre las personas más vulnerables. Si bien no todas las imágenes corporales publicitarias apelan al culto al cuerpo, las que lo hacen calan profundo en la autoestima de quienes no tienen una personalidad lo suficientemente fuerte como para tomarlas como lo que son: imágenes para vender.

La publicidad nos suministra un filón inagotable de imágenes tratadas con Photoshop para generar el deseo de compra en el consumidor. Esto genera en la persona con baja autoestima el deseo de poseer un cuerpo semejante al que ve, por lo que no tarda ni un minuto en contactar con un gimnasio. Sin embargo, omitimos un hecho fundamental: ese cuerpo no es real por lo que la frustración está asegurada.

Determinadas carencias en la personalidad.

Una personalidad fuerte y definida no se siente amenazada por no poseer un cuerpo esculpido. Sin embargo, una personalidad débil es más proclive a sucumbir ante los deseos de tener un físico espectacular.

La persona con carencias afectivas encuentra en el ejercicio una defensa narcisista. Cree de forma errónea que el ejercicio y un cuerpo musculado le van a proporcionar la felicidad y le va a resolver todos sus problemas latentes.

En el artículo sobre las motivaciones que subyacen en la anorexia nerviosa se trató ampliamente este tema. En el caso de la vigorexia ocurre algo parecido, pero usando el ejercicio físico, en lugar del rechazo a los alimentos, como camino hacia la felicidad.

(6) – El ejercicio físico y la musculatura como camino hacia la felicidad

Pensamientos obsesivos.

Ya comentamos anteriormente la semejanza entre los pensamientos obsesivos y la vigorexia. El sujeto con vigorexia siente la necesidad de realizar ejercicio como una forma de aplacar su ansiedad. No lo hace para disfrutar del ejercicio, lo hace para calmar su angustia.

Introversión.

Una de las causas de volcarse en el ejercicio compulsivo es la introversión natural. La persona introvertida encuentra un excelente refugio en la realización de ejercicios para aislarse de sus obligaciones sociales.

Sentimientos de culpa.

Los sentimientos de culpa que aparecen en la vigorexia son más la consecuencia que la causa de la enfermedad. Aparecen íntimamente ligados con las imágenes del cuerpo perfecto con las que somos bombardeados.

Al comparar nuestro cuerpo con ese que fue creado para vender un producto, vemos una diferencia que no nos agrada y que deseamos minimizar. Por lo tanto, el simple hecho de comer o de disfrutar de un rato de ocio, pone en marcha un fuerte sentimiento de culpa por no estar haciendo todo lo posible por conseguir un cuerpo perfecto.

Baja autoestima.

La baja autoestima hace especialmente vulnerable a los sujetos para padecer vigorexia. No quererse ni aceptarse a uno mismo es el germen de muchos problemas de personalidad que derivan en hábitos muy perjudiciales para nuestro bienestar. Cuando no me acepto, cualquier otra persona me parece mejor que yo. Por lo tanto, cuando se presenta ante mí una imagen que exhibe un cuerpo perfecto, despreciaré la mía para tratar de conseguir la imagen deseada del otro.

¿Vigorexia o simplemente amor por el ejercicio físico?

Como hemos visto, la vigorexia no es hacer ejercicio todos los días con mucho entusiasmo y con el cometido de mejorar mi cuerpo y mi salud, sino que consiste en obsesionarse al respecto, lo cual quiere decir que transformo al ejercicio y a sus resultados en el propósito de mi vida.

Es poco probable que un vigoréxico tome conciencia de su trastorno, pues al estar alterada la percepción que tiene de su cuerpo, le parecerá que todo lo que hace está justificado. Es más sencillo que un tercero se dé cuenta de que una persona padece de vigorexia pues verá con objetividad que la distorsión de la imagen corporal del vigoréxico no se corresponde con la realidad.

Los factores a los que debemos estar particularmente atentos y que nos pueden alertar sobre una posible vigorexia en una persona cercana:

  • Aumento de la actividad física que lleva a alterar los hábitos sociales de la persona.
  • Alteración de los hábitos alimenticios mostrando una especial preocupación por la dieta.
  • Sentimientos negativos en esa persona que no se corresponde con una visión objetiva de la misma.
Señales para detectar la vigorexia

(7) – Señales para la detección precoz de la vigorexia

¿Cómo puedo ayudar a una persona con vigorexia?

Si observamos los signos descritos anteriormente en una persona cercana a nosotros es el momento de buscar ayuda profesional.

De poco sirve tratar de convencer u obligar al vigoréxico a que deje sus ejercicios. El problema debe ser atacado de raíz tratando las causas que lo han originado. Esto pasa por un estudio detallado de la persona para averiguar las motivaciones que subyacen bajo su necesidad de ejercicio.

Una vez averiguados los posibles motivos el profesional deberá elaborar un plan de actuación para actuar sobre ellos: mejorar la autoestima, reforzar la imagen corporal, aumentar las habilidades sociales, disminuir la introversión, disminuir el sentimiento de culpa, etc.

Referencias bibliográficas.

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